El ciclismo es más que un deporte; es una parte esencial de nuestra vida diaria. Desde sus inicios en el siglo XIX, la bicicleta ha evolucionado de manera impresionante, convirtiéndose en un símbolo de progreso. Acompáñanos en un recorrido por la vida de ciclistas destacados y los desafíos que enfrentan en este apasionante mundo.

Nairo Quintana durante el Tour de Francia. Fuente: Wikimedia Commons
Los Humildes Comienzos de Nairo Quintana
Hay regalos que suelen marcar un antes y un después en la vida de los chicos. Y esto lo sabe muy bien Nairo Quintana. Vaya si lo sabe. A los 15 años, decidió comenzar a usar una bicicleta para recorrer los 20 kilómetros de distancia que separaban su casa de la escuela a la que iba, junto con sus hermanos. La bicicleta que usaba era vieja, pesada, pero cumplía con el objetivo de transportarlo.
Nairo no iba solo. Dayer y Esperanza, sus hermanos, lo acompañaban en el recorrido. Ellos fueron seguramente los primeros en notar que Nairo tenía un talento especial sobre las dos ruedas. Es que cuando llegaban al pueblo, y pese a estar encima de una bicicleta común y corriente, pedaleaba más rápido que otros ciclistas de la zona que solían entrenarse en las calles.
Más: para hacer más rápido el regreso, ataba con una soga en la rueda trasera la bici de su hermana, y ni aún así mermaba el rendimiento. La noticia, al poco tiempo, llegó a oídos de los padres. Don Luis Quintana, su papá, escuchó con atención el relato de los hermanos, que contaban admirados cómo Nairo realizaba esas subidas empinadas del terreno con total naturalidad. Y decidió regalarle una bicicleta nueva, que si bien era de acero, estaba en mejores condiciones.
Con ella, Nairo comenzó a demostrar que lo suyo era cosa seria. Los primeros pasos en la alta competencia los dio en el equipo Boyacá es para Vivirla, donde con 19 años debutó en 2009. El futuro comenzaba a encaminarse luego de una infancia difícil, sobre todo a partir de un accidente de auto que sufrió su padre.
Varias operaciones y una discapacidad importante como para trabajar con normalidad hicieron que Nairo y sus hermanos tuvieran que ayudar desde muy chicos a la familia. Así, luego o antes de la escuela, la tarea era recorrer el campo y seleccionar las mejores frutas y verduras de sus tierras para que los papás pudieran venderlas en el pueblo. Nunca habló de pobreza Nairo, aunque tampoco escondió el origen humilde de su familia, que llevó siempre con orgullo.
Orgullo y sacrificio que muestra cada vez que sale a pedalear, ahora en los selectos circuitos internacionales. Quintana es sin dudas uno de los grandes ciclistas de estos tiempos a nivel mundial, y de la historia de Colombia. Entre otros logros, se consagró campeón y sub campeón en el Giro de Italia, tercero en el Tour de Francia, ganador del Tour de Romandía, de la Tirreno Adriático, de la Vuelta al País Vasco…
Con el título en el Giro, Quintana se convirtió en el primer colombiano en ganar esta emblemática prueba, y en el segundo ciclista de ese país que conquista una de las tres grandes competencias luego de que Luis Herrera ganara, en 1987, la Vuelta a España.
La gente lo adora como a pocos. Es lógico, teniendo en cuenta que se trata de un ciclista de prestigio internacional, en un país donde el ciclismo es uno de los deportes más seguidos. Pero la idolatría de la gente va más allá del deporte que practica. Y tiene que ver con lo que sienten cuando lo ven: uno como ellos, que desde un lugar muy humilde llegó a codearse con los mejores del mundo.
Paola Muñoz: Pasión y Perseverancia en el Ciclismo Chileno
Paola Muñoz no para. En medio de esta pandemia, la destacada ciclista nacional ha sabido reinventarse y darle full a lo que más ama: la bicicleta. Hace un año se preparo junto a su equipo para participar en el Giro del Lago, pero debido al coronavirus la competencia se canceló y, aprovechando que los pasajes estaban comprados, viajó a Puerto Varas (no está en cuarentena) para continuar con sus actividades. A sus 34 años, la única chilena que ha participado en un Tour de Francia, además disputó el prestigioso Giro de Italia, está más vigente que nunca.
“Hasta que el cuerpo me dé”, es su frase al ser consultada por su fecha de retiro. No se le pasa por la cabeza despegarse de su bicicleta, pues su vida misma está entrelazada con las dos ruedas.

Paola Muñoz, ciclista chilena. Fuente: Comité Olímpico de Chile
Desde muy pequeña era muy activa, me gustaba todo tipo de deportes, jugué tenis, tres o cuatro años en la fundación Fillol, después entre al ciclismo y me atrapó por completo. Iba al cerro San Cristóbal con mi familia, subíamos caminando porque éramos muy chicos, pero bajábamos pedaleando muy rápido con mi hermano. Así partí.
Todavía no me doy cuenta, llevo 20 años en esto. Tengo 34 y sigo viviendo cada año más intenso. Estoy estudiando ingeniería en administración financiera en la universidad Andrés Bello, con beca completa, ha sido un tremendo apoyo. Me he demorado más en sacar la carrera, pero sin excusas, voy más lento pero entendiendo que tengo una carga familiar, soy mamá, apoderado, dueña de casa, esposa, ciclista profesional, tenemos nuestro emprendimiento, tenemos que entrenar, a veces viajes, compromisos con el Comité Olímpico, y suma y sigue.
Fui mamá muy joven, tenía ganas, sentía que era la manera de disfrutar a mi hija de mejor manera. Nació Javi y fue una energía a full, tenía 20 años, y me dieron muchas ganas de volver. A los seis meses que nació Javi estuve compitiendo en los Juegos Sudamericanos de Buenos Aires. Era mi retorno post embarazo. Le di con todo y saqué dos medallas de plata, nadie lo podía creer.
Pensé en retirarme pero volví rápidamente, el ciclismo es una adicción. Para mí, creo que es una gran mujer, Kristin Armstrong, campeona olímpica de Río 2016 en contrarreloj. Ella muestra que en el ciclismo lleva una carga adicional de lo que es criar, es algo muy potente, no muchas mujeres lo han vivido, incluso algunas tienen un poco de miedo y respeto, y eso no es así. Son parte de tu equipo de trabajo, y ella lo mostró así. Ella es mamá de tres hijos, es una tremenda mujer.
El Tour de Francia, pensé que no iba a terminar, era primera vez que competía en una prueba por etapas tan larga, fueron siete días. Antiguamente se hacía el Tour de Francia femenino, hoy no se hace, así que es un honor haber sido parte de esta carrera. Éramos un equipo italiano aliado con Colombia, y me llamaron a ser parte de la escuadra. Había una etapa doble, que partíamos en la mañana 60 kilómetros, y en la tarde 90, había una crono de 40 kilómetros. Para los que no entienden mucho, la crono es lo máximo que se corre, en las mujeres en campeonatos nacionales son 20, pero en vuelta andan en los 15, no más que eso. Allá corrimos una individual de 40, fue casi 50 minutos dándole duro a los pedales.
Quedé en el lugar número 32. Que una chilena esté en la cita más grande del mundo, es algo impensado. Además me gané un premio, me llamaron al podio y no entendía nada, era porque en cada etapa elegían a la más bella, y me gané un bouquet de flores, gigante, hermoso. Pensé que no iba a terminar, durísimo, días con lluvia y frío.
Si Paola sigue andando fuerte, hay Paola para rato. Me gustaría tener escuelas formativas, para poder enseñarles el rigor del deporte, los valores que hay atrás.
El Ciclismo Laboral en Chile: Un Doble Desafío
Dedicarse al deporte es una decisión arriesgada. Pocos son los que ganan mucho dinero, mientras que muchos son los que ganan poco. En Chile los equipos profesionales de ciclismo son escasos, existen tan solo dos por el momento: Plus Performance y Stamina. Por esta razón, quienes obtienen estabilidad por dedicarse a esta disciplina son contados con los dedos de las manos.
En un gran pelotón de doscientos ciclistas, menos de una decena son los que pueden dedicarse completa y devotamente al deporte. El resto estudia o trabaja para tener un ingreso paralelo al alto rendimiento. Esa es la realidad del ciclismo en el país. Ciclistas laborales son quienes tienen que financiar de una u otra forma de su bolsillo el deporte que aman.
Rodrigo Rivera se levanta todos los días a las siete de la mañana, se ducha, se viste, prepara su desayuno y empaca su mochila con el almuerzo del día, listo para ir a la oficina. A las ocho ya está afuera de su departamento ubicado cerca del Hospital El Salvador. Se sube a su bicicleta de competencia y parte rumbo al trabajo en una oficina ubicada en calle La Concepción, Providencia. En su trabajo revisa distintos correos e informes. Labores monótonas y tediosas para él. Rodrigo trabaja como asistente. Recibe un poco más del sueldo mínimo, pero la mayor ventaja de su trabajo es la flexibilidad que tiene para salir a entrenar por la tarde.
A las dos de la tarde Rodrigo cambia la camisa de lino y el pantalón de algodón por el uniforme ciclista de Lycra. Para finalizar el día, Rodrigo vuelve a su casa alrededor de las seis de la tarde a preparar su almuerzo para el día siguiente, ya que tiene una estricta dieta que seguir para mantenerse en un peso ideal para las competencias. Ya a las diez se está preparando para dormir. Así es la vida de un ciclista laboral la mayor parte del tiempo, corriendo de un lugar a otro para poder cumplir con los entrenamientos y las obligaciones del trabajo. “De algo hay que vivir, y el ciclismo no da plata”, dice Rodrigo.
La mayoría de las personas aprovecha el fin de semana para descansar. El rigor del horario laboral no apremia para levantarse temprano. La junta es en Plaza Ñuñoa a las siete y media, la ruta, camino a Baños Morales. Así Rodrigo se embarca en una nueva aventura junto a sus compañeros. La mayoría de los domingos Rodrigo compite en Canadela, la liga de ciclismo laboral de la Región Metropolitana.
Nicolás Cortez, ciclista del club CRC, es ingeniero civil de profesión, pero debido al mercado laboral trabaja en Decathlon como vendedor y mecánico de bicicletas. Nico tiene una rutina similar a la de Rodrigo en la semana.
En Canadela la mayoría de las competencias son en las afueras de Santiago, así lo requiere la naturaleza del ciclismo de ruta, en que los circuitos suelen superar los cien kilómetros, por lo que es necesario cerrar extensos tramos de carretera. El costo del combustible para viajar a las carreras no es baladí, por lo que ciclistas como Nicolás suelen irse pedaleando a competir. “Suma como entrenamiento”, dice Nico.
Competencias como el Giro Pichidegua atraen a gran cantidad de deportistas, el pelotón élite suele componerse por ciento cincuenta ciclistas. Más del setenta por ciento del pelotón vive una situación similar a Nicolás, pero de la totalidad de deportistas, son pocos los que tienen chances de levantar los brazos victoriosos. La sed por ganar siempre está, pero no lo es todo. Nico jamás se ha subido al podio y sabe que sus posibilidades son mínimas, pero nunca cero. Su pasión por el deporte es la del viaje en sí mismo.
Tabla Comparativa: Ciclismo Profesional vs. Ciclismo Laboral en Chile
| Característica | Ciclismo Profesional | Ciclismo Laboral |
|---|---|---|
| Ingresos | Salario mínimo (UCI) o más | Ingresos de trabajos paralelos |
| Equipos | Equipos con patrocinio privado | Clubes con financiamiento limitado |
| Dedicación | Completa y devota al deporte | Combinación de trabajo y entrenamiento |
| Estabilidad | Mayor estabilidad económica | Dependencia de ingresos externos |
Riesgos y Desafíos del Ciclismo
“Il ciclismo è uno sport di merda” (El ciclismo es un deporte de mierda), es una frase que ilustra la cruda realidad de este deporte. Originalmente dicha por el técnico de un equipo ciclista italiano, cuando dos de sus deportistas bajan al vehículo de apoyo a pedir algo caliente, pues estaban congelándose en una competencia bajo la lluvia.
Las caídas son una de las peores caras del ciclismo, y a la vez, un elemento intrínseco a las competencias. Existen en todos los niveles; profesional, amateur y recreacional. Hasta Tadej Pogacar, cuatro veces ganador del Tour de Francia, se ha caído mínimo tres veces en este año.
En las caídas no solo se ve comprometida la salud de los ciclistas, sino también su estado financiero. En las carreras existe una posibilidad no menor de romper el material, lo que significa una nueva inversión millonaria para seguir compitiendo.
El costo del deporte es alto, en la salud, financiera y emocionalmente. La principal motivación es la pasión por el deporte, la sed de victoria, pero el combustible se agota de vez en cuando, y en esos momentos surgen las dudas. ¿Para qué hago esto?
Duve comenzó en el ciclismo hace tres años. Era compañero de equipo de Nicolás en CRC, pero luego se cambió al Club Ciclista Astorga, donde comparte con Rodrigo. En su primer año de competencia, en la liga amateur, José ganaba todo fácilmente, así se acostumbró al sabor de la victoria. Todo es más sencillo cuando hay una recompensa. La transición a una liga mucho más exigente no fue amable. José pasó de ganar todo, a aguantar a duras penas una competencia completa, muchas veces teniendo que bajarse de la bicicleta antes de que finalice la carrera.
En los dos años venideros, José no vio progresos significativos. Lo que sí vio fue su motivación y estado financiero erosionar lentamente. “No hay suficientes horas en el día para entrenar, estudiar y estar con la familia” Dice Duve.
Bajo este complicado panorama, la gota que rebalsó el vaso fue una nueva caída en Canadela. La bicicleta no sufrió daños mayores, pero José se esquinzó la mano, alejándose del deporte por varias semanas. En este periodo de reflexión, las dudas invadieron al ciclista, ¿Para qué hago esto? De este modo, la respuesta pragmática fue que el costo supera a la recompensa, por lo que José decidió dar un paso al costado y solo pedalear recreacionalmente.
En el pasado, el ciclismo chileno estaba más profesionalizado, existían clubes con patrocinios privados que aportaban grandes sumas de dinero, tales como el club ciclista de Clos de Pirque o el club deportivo Bata. “Hasta los clubes más chicos nos pagaban por competir, unas cien lucas por carrera, eso sí, nosotros nos financiábamos el alojo, comida y pasaje.