El mundo del ciclismo es un crisol de historias de esfuerzo, dedicación y superación. Desde las demandantes etapas del Tour de Francia hasta las inspiradoras hazañas de atletas paralímpicos, las piernas de los ciclistas son el motor que impulsa sueños y rompe barreras.

Chris Froome, campeón del Tour de Francia.
El Desafío del Tour de Francia
A solo semanas de comenzar una de las pruebas ciclistas más importantes del mundo, ciclistas de todo el mundo se preparan para afrontar este reto. Tras la disputa de las primeras etapas del Tour de Francia muchos corredores del pelotón ya notan la fatiga por el esfuerzo realizado en las primeras semanas de carrera.
El ciclista polaco Pawel Poljanski quiso compartir con sus seguidores en Instagram una foto en la que mostraba el esfuerzo realizado durante la etapa.

Ben O'Connor, del Team Jayco AlUla, ganó la 18.ª etapa del Tour de Francia, con un brillante ataque y conquistando la subida final al Col de la Loze, el punto más alto del Tour de este año. Esta fue la victoria más importante del ciclista australiano desde que se unió al equipo Jayco AlUla al comienzo de esta temporada.
O'Connor se alzó con la victoria con una Giant Propel Advanced SL especial, con un acabado superligero y negro, diseñada para la contrarreloj de montaña de la Etapa 10 y otras llegadas a cumbre.
El australiano sufrió un revés al verse involucrado en una caída en la primera etapa, pero demostró su resiliencia para remontar y ganar la etapa más dura, una agotadora jornada de 171 km con tres puertos de categoría especial, incluyendo el Col du Glandon, el Col de la Madeleine y la llegada en alto al Col de la Loze, cerca de Courchevel.
Sabiendo que tenía las piernas, O'Connor se centró en la táctica, realizando las maniobras adecuadas para conseguir una de las victorias más importantes de su carrera. Se adelantó en la escapada a 41 km de meta, llevándose consigo a Rubio y Matteo Jorgenson.
“Valió la pena intentarlo”, dijo. “En la subida final, solo se trataba de esperar la parte más empinada, justo antes de entrar en Couchevel. Luego, todo se trataba de mantener el ritmo y la velocidad, como siempre en una contrarreloj. El ciclista de 29 años tuvo tiempo de saborear la victoria mientras dominaba la recta final.
Highlights: 2025 Tour de France, Stage 18 finish | Cycling on NBC Sports
Chris Froome y su ambición en la Vuelta a España
A solo semanas de comenzar la tercera prueba ciclista más importante del mundo, el británico y campeón del Tour de France, Chris Froome, ajusta sus piernas para coronarse en la Vuelta a España y de paso ganar el doblete. El ciclista nacido en Kenya viene de ganar su cuarto Grande Boucle el domingo pasado en frente de los Campos Elíseos en París.
“La Vuelta es una carrera que me encanta. Es despiadada pero son tres semanas que disfruto mucho”, agregó. “He sido segundo en tres ocasiones y ahora me gustaría ganarla. No hay razones para que no pueda hacerlo.
La París-Brest-París: Un Desafío de Ultra Ciclismo
Carlos Carvajal es un ciclista experimentado, parte de la primera generación de randonneurs de Chile. La París-Brest-París afirma ser uno de los desafíos de ultra ciclismo más difíciles del mundo y, con más de un siglo de historia, es sin duda el evento de resistencia de mayor tradición.
Domingo, Un pie en el pedal, el otro en el suelo. Parado junto a Luis, otro chileno, en medio de cientos de ciclistas del Grupo S, escuchamos “¡Allez!” y comenzamos a pedalear el primer kilómetro de los 1.200.
El primer punto de asistencia (CP 1, a 120 km) nos encuentra a medianoche. Allí me como un sándwich y relleno mis botellas. Voy sólo con una primera capa al salir del CP 1, pero al llegar a Villaines-La-Juhel (CP 2, a 202 km) siendo las 04:00 AM, decido seguir el ejemplo de otros ciclistas y abrigarme más (chaqueta, cabeza, piernas y pies) para el momento más frío de la noche, antes del amanecer.
Poco después de salir del CP 2, el desviador delantero de la bicicleta deja de funcionar y por más de 20 km voy sólo usando el plato pequeño de 32 dientes. Por suerte, un punto de asistencia no oficial en el kilómetro 245 tiene servicio mecánico y el problema se soluciona. También allí hay reponedora sopa caliente y pan.
Renovado además con el amanecer y el nuevo día, me focalizo en llegar a Brest (el punto medio, CP9 a 609 km) poco después de medianoche. En Fougeres (CP 3, 292 km) me encuentro con otros chilenos. Rodando durante una calurosa mañana, llegamos a Tinteniac (CP 4, 353 km) a las 12:45, justo a tiempo para el almuerzo. Como pasta, descanso un poco y reanudo la marcha a través de la tarde calurosa aún.
Todavía hay luz natural cuando llego a Saint Nicolas Du Pelem (CP 7, 482 km), pero allí vuelvo a abrigarme para el último empujón del día. Después de Carhaix (CP 8, 515 km), atravesamos un bosque muy denso y las interminables subidas y bajadas mezcladas con agotamiento me hacen bajar el ritmo.
En Brest pierdo valioso tiempo. El hotel que reservé está cerrado y sin recibir respuesta en la puerta ni el teléfono, me pierdo en el camino de regreso al Punto de Control. Dando vueltas por la ciudad y viendo consumirse mi tiempo de descanso, empiezo a preocuparme.
Dos horas después, me levanto para una ducha y un buen desayuno, lo que me deja en excelente forma para reanudar a las 08:00. El recorrido hasta Carhaix (CP 10, 697 km) es duro y agotador, pero también sorprende. Pueblo tras pueblo, e incluso entre ellos, encontramos gente animándonos y saludándonos con agua y comida. Imposible no detenerse y compartir unos breves minutos con ellos.
Con un sol abrasador sobre nuestras cabezas y el horizonte en nuestra espalda, pasamos por Guarec (CP 11, 732 km), Loudeac (CP 12, 782 km) y Quedillac (CP 13, 842 km), hasta llegar a Tinteniac (CP 14, 867 km) a las 01:00 AM del 23 de agosto. Mi cuerpo pide un descanso (y, por cierto, debería hacerlo aquí), pero decido seguir por otros 60 km, encontrando en la ruta sólo unos pocos randonneurs que pedalean atravesando la tercera noche.
La recompensa aparece en una empinada subida, donde aparece un grupo de jóvenes locales tocando música y actuando como locos (incluso con “caras pálidas”), tal como las imágenes del Tour de Francia que vemos en televisión.
Luego, el cansancio ataca fuerte, y los siguientes 7 km es una dura batalla contra el sueño. Tras una hora de sueño, estoy listo para volver a la bicicleta para afrontar (espero) mi último día. Salgo de Fougeres al amanecer y paso la marca de los 1.000 km en camino hacia Villaines-La-Juhel (CP 16, 1.018 km) donde marco a las 11:40.
Este punto es una hermosa fiesta, con una larga calle bordeada por ambos lados con nuestras bicicletas y llena de gente animándonos, tomándonos fotos y dándonos la mano. Una vez más, el cansancio da paso a la emoción de esta festividad.
Gran parte del siguiente segmento de 81 km voy dentro de un grupo internacional a buen ritmo. Cuando llegamos a Mortagne-Au-Perche (CP 17, 1.099 km), a las 16:30, siento una mezcla de felicidad y hastío, por la proximidad de la meta y el cansancio acumulado. También se siente dolor en el culo.
Intento no pensar en eso mientras nos disponemos a partir de nuevo, pero es difícil, así que hago una parada en un “punto de asistencia” improvisado, en un bar; y esto me ayuda a realinear la mente. Desde aquí continúo solo.
A las 21:00 estoy en Dreux (CP 18, 1.177 km) y ya con el final a la vista, la felicidad ha llegado para quedarse. El precioso atardecer es el telón perfecto para acompañar la marcha, hasta que nos adentramos en un bosque y la ruta se oscurece.
Es aquí donde mi desviador deja de funcionar nuevamente. Es frustrante no poder pedalear los últimos kilómetros como mi corazón y mi mente quieren. Todas las emociones colapsan en una especie de shock. Cuesta creer lo que acaba de ocurrir y lo que he logrado.
Algunos compañeros de la “delegación chilena” están ahí para compartir, así que la cama aún (y con gusto) debe esperar.
Juan José Florián: Del Conflicto a la Gloria Paralímpica
La casa en la que se crió Juan José Florián quedaba en un espacio despejado en la selva de Colombia. La familia se ganaba la vida cultivando papayas, naranjas y aguacates. Pero, de noche, la región quedaba en manos de los grupos armados ilegales.
Aquellos que desafiaran el toque de queda obligatorio eran retenidos, atados fuertemente y dejados a la intemperie durante el resto de la noche o, si era reincidentes, ejecutados. Los cuerpos aparecían a diario en las trochas del bosque.
No había lo que se pudieran llamar carreteras, no había televisión. Tanto Florián como su hermano Miller habían resuelto volverse soldados cuando crecieran.
Cuando Miller tenía 23 años, viajó al pueblo más cercano, presentó sus documentos en un retén y le dijeron que hacía tiempo debía haberse inscrito para prestar el servicio militar obligatorio. Unas semanas después, un grupo de combatientes de las FARC visitaron la casa de los Florián en su apartado claro en la selva con un mensaje.
«Mi madre intentó oponerse. Les rogó. «Fuimos sometidos a horas de presión psicológica», revela Florián. «Los valores que nos enseñaban eran contrarios a los de mi madre. Siempre estaba pensando en cómo escapar. Me pasaba días mirando, escuchando, planeando.
Su unidad, el Frente 27, fue desplegado para atacar una estación de policía. «Nos detectaron y dispararon», dice. «Me escondí bajo la copa de un árbol.
«Le dije que necesitaba ropa. El hombre me dio unos jeans y una camisa blanca. Los obligué a él y su esposa a tenderse en el piso y, con mi mano libre, me cambié de ropa.
«Encontré un retén del ejército, boté mi rifle y me acerqué. Le informé al oficial que era un guerrillero y quería entregarme. Le dije que no había comido en dos días. Me dieron alimento y les conté mi historia. Me preguntaron en qué batallón estaba mi hermano.
«Tenía miedo de salir a la calle en caso de que me encontraran», dice. «Era horroroso. Cuando Florián cumplió 18 años en 2000, se integró al ejército colombiano.
«Fue un operativo muy confuso en el que disparó y mató un hombre», explica Florián. «Cuando identificaron el cadáver, resultó que había matado a su mejor amigo. Le dio muy duro. Miller empezó a mostrar señales de esquizofrenia paranoide crónica. Florián viajó a casa para verlo.
Su madre había vendido la granja , y rehusó pagar el llamado impuesto (extorsión) de las FARC. La habían rastreado hasta su nueva casa.
Esto cuenta Florián: «Recuerdo ver algo cerca a la puerta. Me acerqué, me agaché y extendí las manos.
«La pierna derecha estaba cercenada arriba de la rodilla. Sufrí quemaduras de segundo y tercer grado por todas partes. Perdí mi ojo derecho y la audición en el oído derecho. Mi hermano sostenía mi cabeza y yo le gritaba, ‘Mátame. Dame un tiro.
Además de perder los dos brazos y una pierna, Juan José quedó ciego de un ojo y sordo de un oído. «Acarició mi cabeza y me dijo, ‘No me pidas eso. Vas a estar bien’. Le grité insultos para tratar de encolerizarlo.
Florián se despertó después de estar 12 días en coma. Siguieron meses de operaciones e injertos de piel.
«Contemplé arrojarme por la ventana o por unas escaleras», dice. «Pero pensé, ‘¿Qué pasa si fracaso y termino peor?’ Decidí aprender a caminar para poder tirarme enfrente de un vehículo.
«Estaba cansado de que me mostraran compasión, pero me encontré en un lugar de risas y hermandad», señala Florián. «Los otros soldados me miraban y me llamaban «Cuarto de pollo». Me tocaban los muñones, se reían de mí. Nos amenazábamos con cogernos a puños, pero ¡nadie tenía puños!
Como parte de su tratamiento, Florián empezó con hidroterapia. Discapacidad: «Quedé hecho una piltrafa. Un trapo botado.
Florián fue campeón de ciclismo paralímpico en ruta y contrarreloj de 2021 en Colombia.

Juan José Florián, campeón de ciclismo paralímpico.
Descubrió que podía aguantar la respiración bajo agua más tiempo que sus colegas, y les ganaba nadando una piscina. Empezó a cronometrarse y mejorar sus tiempos. En la piscina conoció civiles que habían sufrido lesiones en accidentes de tránsito o afectados por enfermedades degenerativas, compitiendo en la Liga de Natación Paralímpica de Bogotá.
«Algunos de mis amigos se pasaron la vida bebiendo para aliviar el dolor. «Empecé a nadar distancias más largas. Con lo poco que me quedaba de extremidades, mi ambición creció. En la natación paralímpica, no había obstáculos, ni barreras, ni discriminación.
Venía de un tratamiento psiquiátrico donde dependía de medicamentos para dormir mantener la tranquilidad. Con la natación me deshice de los medicamentos. Florián ganó su primera medalla en Estados Unidos en un evento organizado por la Universidad de Minnesota en 2013. Compitió durante tres años en la categoría mariposa S5, rompiendo récords en Colombia, Venezuela, Brasil, EE.UU. Ganó su última medalla en los juegos nacionales de 2015.
El año siguiente, cuatro después de la explosión, se jubiló del ejército y empezó a estudiar psicología en la universidad.
«Mi padrastro, el hombre que me crio, estaba obsesionado con el ciclismo, como la mayoría de los colombianos», explica. «Y pensé que nunca lo haría. «Alguien le había regalado una bicicleta a mi hermana para ir al trabajo.
«Pensé que perdería el equilibrio y me caería de lado. De hecho, pensé en mil cosas, todas negativas. Pero en el momento en que me subí a la bicicleta y empujé el pedal con mi pierna buena, me di cuenta de que estaba equivocado. Le dije a mi amigo, ‘¡vamos!’, subimos por la calle, dimos la vuelta y regresamos, y grité ‘¡Puedo ser un ciclista!
Angie, la esposa de Florián, lo ayudó a adaptar mejor la bicicleta. Usó herramientas eléctricas para formar láminas de metal en forma de embudos para los muñones de los brazos, pero esos le producían dolores de espalda y tendinitis. Solicitó asistencia a las autoridades deportivas nacionales.
«En Colombia, el sistema paralímpico está más abierto a los atletas profesionales que han sufrido discapacidades mucho menores que las de un triple amputado.
«Me invitaron a dar una charla motivacional en una base aérea en la región cafetera de Colombia, donde está el Cuerpo de Mantenimiento del a Fuerza Aérea de Colombia.
«En conversación con los ingenieros, descubrí que ellos eran expertos en aerodinámica y trabajaban con fibra de carbón. Juan José Florián, con su bicicleta especial de fibra de carbón, tiene más metas deportivas en su futuro.
Florián sostiene que él tiene más amputaciones que cualquier otro ciclista C1 del mundo. Sus lesiones presentan una gran dificultad para diseñadores de bicicletas.
En 2019, la empresa de telecomunicaciones Movistar Colombia empezó a patrocinarlo.
«En Colombia, a la gente con amputaciones las llaman mochos. Con sólo tres cupos para el ciclismo paralímpico y una larga lista de ocho corredores, Florián no tuvo éxito en su intento para ira a los Juegos Paralímpicos de Tokio. Pero lo tomó filosóficamente. Y tiene una nueva meta.
Como ya es un consumado nadador y ciclista, el objetivo de Florián es competir en un triatlón Ironman.
«Estoy en proceso de correr, trotar, y estoy muy entusiasmado. «Quiero demostrarles al mundo que puedes hacer tus sueños realidad. No se trata sólo de rehabilitación; va más allá de eso.