El presente volumen documenta el primer congreso que tuvo lugar en la Universidad Heinrich Heine de Düsseldorf (Alemania) del 4 al 6 de febrero de 2009, organizado en cooperación con el grupo de UC-Mexicanistas (Intercampus Research Group on Mexican and Cultural Studies de las Universidades de California), encabezado por Sara Poot-Herrera (UC, Santa Bárbara).
El asunto de las migraciones, generalmente tratado en clave sociológica, se va transformando en un paradigma de productividad cultural. Sin olvidar las desigualdades sociales de la gran cantidad de personas que se encuentran en muy diversos procesos de migración -solicitantes de asilo, migrantes temporales o permanentes, entre otros- y viven y trabajan en regiones o países distintos de los de su nacimiento o nacionalidad, cabe abordar el tema de las migraciones en clave de recursos culturales, un paradigma que, desde luego, permite también invertir la óptica sociológica, vertiendo luz sobre el potencial de los migrantes frente a la impotencia del poder.
Las migraciones culturales son la condición de emergencia de las culturas. De manera aún más decisiva, ponen en marcha transformaciones e innovaciones, pues los movimientos y los contactos entre culturas y lenguas favorecen las interrelaciones y dan lugar a otras percepciones espacio-temporales y en ocasiones incluso a otras prácticas sociales. En el estadio actual de la globalización, las migraciones de idiomas, textos e imágenes que menudean en las redes tecnológicas son, además, tan transcendentes como el tránsito de migrantes de carne y hueso.
Las migraciones conllevan, por tanto, el abandono de concepciones dualistas vinculadas al territorio nacional o al origen. Un enfoque de este tipo permite asimismo hallar la potencialidad del vaivén de las tradiciones culturales en los “entre-lugares”: entre lo nacional y lo regional, la ciudad y el campo, entre la oralidad y la escritura, entre las identidades locales y las nacionales o globales, entre el sujeto y los demás o en las diferencias de géneros.
La geografía política se enfrenta, por ende, a otras topografías, escritas según las errancias de las migraciones culturales. Si bien en la presente fase de la globalización las migraciones y las diferentes configuraciones sociales vinculadas a ellas (diáspora, nomadismo, sujetos locales y comunidades de frontera, hibridación) forman parte de la experiencia cotidiana a escala mundial, el tránsito tanto de conquistadores y viajeros como de las letras y los saberes en el espacio transatlántico se encuentra ya en los inicios de lo que se denomina la ‘cultura latinoamericana’, y especialmente la mexicana. Obviamente, lo opuesto también es cierto: las culturas cruzaron el océano Atlántico también en la otra dirección. La historia de la cultura europea no debe y no puede prescindir de los aportes culturales latinoamericanos.
En México la exploración de la productividad de las migraciones culturales tiene una larga tradición de estudios. Las contribuciones a este tema son varias y presentan interesantes modelos de desconexión o dislocación de las culturas unitarias. Se hacen visibles en el ‘criollismo cultural’ de Bernardo de Balbuena, Rafael Landívar, Fernández de Lizardi u otros, pasan por la ‘cultura transplantada’ las ‘culturas híbridas’ y las migraciones mediáticas en los mass media, hasta llegar a la presencia de la literatura actual en las lenguas ‘indígenas’ y en sus traducciones. Tales modelos son particularmente estimulantes para la exploración de las migraciones culturales en tierras europeas, en las que vuelven a imprimir su sello.
Sin embargo, pese a la idea del nomadismo intrínseco a las culturas propuesta por Gilles Deleuze o Vilém Flusser, la búsqueda de la ‘identidad’ sigue siendo un tópico privilegiado por los discursos de política cultural en el ámbito de la comunidad europea. La escritura proporciona no solamente el testimonio de las experiencias de migración, sino que resiste también al poder hegemónico de la ‘identidad nacional’; el espacio de la escritura pone en juego los tránsitos, las traducciones y las transcripciones entre lenguas, literaturas y medios, encontrando en las migraciones del imaginario la fuente de su propia creatividad.
El presente tomo aborda el potencial de las migraciones culturales en el área transatlántica que relaciona a México con Europa para contribuir, con visiones polimorfas, al análisis del potencial de las culturas vistas desde el punto de vista del movimiento.
La Escritura como Espacio Migratorio
La primera parte, titulada La escritura como espacio migratorio, reúne las contribuciones de Margo Glantz, Vittoria Borsò y Juan Bruce-Novoa. Margo Glantz la inaugura con “Migraciones personales interoceánicas: Viaje a la India”, un relato de viaje que encabeza el libro a manera de programa. Unos quinientos años después de la expedición de Cristóbal Colón a la India, que le llevó erróneamente en dirección oeste, presenciamos aquí un paso transoceánico diferente. Pues el viaje de la escritora de México a la India corrige la ruta de los conquistadores, quienes se equivocaron y llegaron a las Indias. Con sus ojos,
