África, aunque no sea el continente con mayor tradición ciclista, ha visto surgir corredores excepcionales. Sudáfrica se destaca como líder, con figuras como Daryl Impey y Louis Meintjes, habituales en el pelotón internacional.
El desarrollo del ciclismo en África es evidente, con la mayoría de los ciclistas destacados compitiendo en el siglo XXI. Un ejemplo notable es Biniam Girmay, con el potencial de ser el mejor ciclista africano de todos los tiempos.

Biniam Girmay, una de las promesas del ciclismo africano.
El ciclismo, en su esencia, necesita extenderse globalmente. El Team MTN-Qhubeka, un equipo africano que ha hecho historia, personifica esta expansión. Su presencia y éxitos, junto con ciclistas como Chris Froome y Dan Craven, demuestran el potencial del ciclismo africano.
El equipo sudafricano es muy activo en redes sociales y se acompaña de importantes éxitos de ciclistas nacidos en ese continente como Chris Froome o el emblemático Dan Craven, cuya barba cautivó en la Vuelta. Muchos lo critican, obviamente tiene mucho de futbolero (un saludo a la Juve y Udinese), pero es elegante y original, rompe el esquema habitual y se sitúa, en mi opinión, entre los más bonitos. Felicidades por el atrevimiento.
Para el año que viene el equipo amarillo y negro ha incorporado grandes nombres como el de Eduald Boasson Hagen, Theo Bos, Tyler Farrar, Serge Pauwels y Matt Goss, quien como Ciolek tiene en San Remo su gran y casi único hito.
El equipo africano es muy activo en redes sociales y se acompaña de importantes éxitos de ciclistas nacidos en ese continente como Chris Froome o el emblemático Dan Craven, cuya barba cautivó en la Vuelta.
Shimphine, un niño sudafricano, es un ejemplo del impacto del Team MTN-Qhubeka Samsung. Gracias a las bicicletas distribuidas, su tiempo de viaje al colegio se redujo significativamente.
Desde 2005, el Team MTN-Qhubeka Samsung ha repartido más de 53.000 bicicletas en Sudáfrica. Su lema, ‘Bicycles change lives’ (‘Las bicicletas cambian vidas’), refleja su misión de mejorar la vida de las comunidades.
“Los niños las necesitan para ir al colegio y volver a casa pronto y hacer los deberes cuando hay luz natural, porque la mayoría de las aldeas no tienen electricidad. También las usan los adultos para transportar sus cultivos e ir a otras aldeas a vender fruta y verduras, e incluso para llevar a enfermos a otros pueblos porque en el suyo no tienen médico”, cuenta Sergio Pardilla, ciclista del Caja Rural que militó en la escuadra sudafricana en 2013 y 2014.
Qhubeka significa “progresar” en idioma Nguni. Las aldeas se benefician de la labor del equipo, mejorando la asistencia escolar y el rendimiento académico de los niños.
Wendy van Eyck, responsable de comunicación de la vertiente solidaria del equipo ciclista, detalla que con una bici el tiempo que gastan los niños en ir al colegio se reduce un 75%, su asistencia aumenta un 28% y su rendimiento académico un 59%.
Además de las bicicletas, el equipo fomenta el desarrollo local, construyendo las bicis con mujeres del propio país y promoviendo la plantación de árboles frutales.
La estructura deportiva surgió de la reflexión sobre el potencial de los africanos en el ciclismo. La falta de bicicletas era la principal barrera.
“Los ciclistas africanos tienen un potencial enorme”, añade Pardilla. “Van a llegar muy alto y muy pronto. La UCI (Unión Ciclista Internacional) lleva años trabajando con jóvenes corredores del tercer mundo en un centro de alto rendimiento en Suiza donde les enseñan alimentación, táctica… Y, para los niños, el Qhubeka es un referente: les demuestra que hay futuro. Muchos de los ciclistas que ahora son profesionales han vivido en esos pueblos y han sufrido las penurias de esa vida”, afirma.
Veit Hammer, jefe de prensa del Qhubeka, coincide en que en pocos años habrá grandes campeones africanos. El equipo trabaja en colaboración con el UCI World Cycling Centre en Aigle (Suiza) para desarrollar el talento africano.
El reto era actuar frente al mundo como el primer equipo africano en correr el Tour (por cierto, ganado por Chris Froome, un británico nacido en Nairobi, Kenia), y ellos han respondido con éxito.
Steve Cummings ganó la 14ª etapa el 18 de julio, aniversario del nacimiento de Nelson Mandela (1918-2013), el símbolo de Sudáfrica. Cummings cruzó la línea de meta con la mano derecha abierta hacia el cielo y los cinco dedos extendidos, el símbolo de Mandela, y también una forma de expresar un deseo: el de las 5.000 bicicletas que el Qhubeka quiere entregar en 2015.
Además, el erítreo Daniel Teklehaimanot lució el jersey de líder de la montaña, convirtiéndose en el primer africano en vestirlo.
El futuro del ciclismo profesional pasará, tarde o temprano, por África. Pero hay algo más importante: el porvenir de muchos africanos, gracias a una simple bicicleta, también cambiará a mejor.
Decir que el Tour de Francia ha sido dominado por europeos es minimizar el brutal eurocentrismo de la carrera en sus 102 años de vida. Solo dos ciclistas nacidos fuera del Viejo Continente (el estadounidense Greg LeMond y el australiano Cadel Evans; tres, si contamos a Lance Armstrong) han logrado imponerse en la veterana competición gala.
En los últimos años, el Tour ha empezado a diversificarse. Ciclistas de China, Etiopía, y Costa Rica han representado a sus respectivos países por primera vez en los últimos cinco años.
El sudafricano Douglas Ryder fundó el equipo en 2007 con el sueño ambicioso de convertir el continente africano en una cantera de ciclistas. Ryder fue capitán del equipo nacional sudafricano de ciclismo en los 90. Tras retirarse se puso a trabajar inmediatamente para armar una escuadra profesional.
Construir un equipo de ciclismo de la nada es una tarea complicada, especialmente cuando unas pocas escuadras de élite concentran cada vez más poder en sus manos. Ni siquiera esto, sin embargo, detuvo a Douglas Ryder. El sudafricano es un luchador: es por eso que tanto él como su equipo han llegado tan lejos. Progresando.
Chris Johnson, que fundó un equipo estadounidense hace tres años con ambiciones similares a las de Ryder, me dijo que el sudafricano estaba haciendo un trabajo ejemplar y que sus ciclistas era fantásticamente talentosos.
Johnson lo sabe por experienciapropia: su equipo Airgas-Safeway corrió contra MTN-Qhubeka en el Tour Mzansi en 2014. Los africanos se llevaron coparon las primeras cuatro plazas.
Aunque aún quede mucho trabajo por hacer, parece claro que Ryder estaba en lo cierto cuando habló del talento ignorado de su continente.
Cinco de los nueve titulares de MTN-Qhubeka en el Tour son africanos, en consonancia con la regla autoimpuesta por Ryder de tener una mayoría de ciclistas procedentes de África.
Para agregar el necesario poso a su equipo, Ryder reclutó a ciclistas experimentados como Edvald Boasson Hagen y Tyler Farrar. Su ‘savoir faire‘ debía ayudar a guiar a los más jóvenes y a la vez sumar algunas victorias para mantener el perfil del equipo en lo más alto.

Edvald Boasson Hagen, un ciclista experimentado en el equipo.
Puede que ese ciclista sea Teklehaimanot, o quizás Merhawi Kudus, un eritreo tan talentoso como inexperimentado.
La ambición de Ryder, sin embargo, no se queda ahí. Qhubeka no es un segundo patrocinador, sino una organización caritativa dedicada a la distribución bicicletas en las comunidades del sur de África con el objetivo de reducir los déficits de espacio e infraestructura.
El Tour de Francia es una de las plataformas de patrocinio más grandes del mundo: gracias a la popularidad que comporta, Ryder tendrá la oportunidad de agrandar un programa ya exitoso como el MTN y al mismo tiempo ayudar a popularizar el ciclismo en África.
Mucha gente con buenas intenciones y excelentes credenciales ha fallado en esta meta. Los problemas que comporta no se solucionan únicamente con dinero.
Ryder dice querer ver a un ciclista africano en el podio en cinco años: es una meta complicada, aunque Louis Meintjes es una apuesta interesante para terminar en los diez primeros lugares del Tour.
Logre Meintjes el éxito o no, Ryder ha mostrado con dedicación y capacidad para conseguir que alguien cumpla el objetivo en el futuro.
Junto estas grandes figuras del pelotón, la flor y nata del planeta bici, que lucharán por el jersey rojo final formarán nueve corredores que con cada pedalada harán historia. Historia para el ciclismo, pero también para un continente: África. Se trata del MTN-Qhubeka, el primer equipo del hemisferio negro en correr una gran vuelta por etapas.
La formación sudafricana, que contará con el español Sergio Pardilla y el alemán Gerald Ciolek como estrellas, sigue rompiendo barreras desde que debutará en el profesionalismo el pasado año -logró el triunfo en la prestigiosa Milán-San Remo con su velocista Ciolek-.
La formación sudafricana es el motor de la ilusión de un continente que quiere aprovechar la globalización del ciclismo para mejorar sus condiciones de vida. El lema del equipo deja bien a las claras la intención de un conjunto que lucha por conseguir triunfos en la carretera y victorias en la vida: 'Bicicletas para cambiar la vida'.
MTN, la mayor compañía telefónica del sur de África, ha unido sus fuerzas con la Fundación Qhubeka, una organización benéfica que recauda dinero para fabricar bicis que después son repartidas entre los menos favorecidos del continente africano para que de esta manera tengan un medio de locomoción para ir a la escuela, al trabajo... En definitiva, para cambiar sus vidas.
Al cargo del equipo se encuentra Manel Lacambra, un director español amante del ciclismo femenino que fue seducido por el proyecto Qhubeka. "La parte benéfica de esta empresa me enamoró", cuenta Manel a El Confidencial.
"Somos un equipo ciclista, pero tenemos una labor social que nos hace diferente al resto de equipos. Corremos más con el corazón y con unas historias humanas detrás que nos hacen especiales", apunta el director catalán.
Qhubeka organiza a lo largo del año diferentes campus para entregar las bicicletas a los pequeños de las aldeas menos favorecidas de toda África. "Cuando acudí al primer campus que organizamos en diciembre me quedé impactado, allí me di cuenta de nuestra labor", relata Lacambra.
"Hacía frío y llovía bastante. Los pequeños iban descalzos, con la ropa raída y no tenían donde cobijarse. Sin embargo, cuando les dimos las bicicletas se les cambió el semblante. Todo eran sonrisas y gritos de alegría. Se organizó una especie de carrera alrededor de una pista de tierra y estuvieron disfrutando todo el día", añade.
"Me tocó tanto la fibra ver su situación que no paré de llorar. A veces digo que estuve dos horas con lágrimas en la cara, pero porque realmente no quiero decir el tiempo que estuve llorando. Cuando llegué a mi hotel y pensé que los niños estaban en una choza pasando frío y mojándose sólo pensaba en que en mi habitación cabían 10 pequeños y que era injusto que no estuvieran allí", admite Manel aún emocionado al recordar ese momento.
Pero la labor de Lacambra y los corredores del MTN está ahora en Europa. Tienen que exportar la idea solidaria del proyecto Qhubeka al mundo y el ciclismo es el vehículo elegido.
"Nuestros ciclistas se han convertido en un espejo para los niños africanos. Algunos de los corredores han pasado por esa situación de desfavorecimiento y ahora marcan el camino a los pequeños para salir de una situación complicada. A través del equipo amateur tratamos de fomentar el ciclismo africano y que de ahí puedan dar el salto al profesionalismo con el MTN-Qhubeka", desarrolla el director español.
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El conjunto sudafricano crece a pasos agigantados, pese a que su presupuesto es diez veces inferior al de cualquier formación del World Tour. "Este equipo crece más rápido de lo que se esperaba. A veces se nos va de las manos, pero nuestra ambición es racional. En la carretera no ponemos límites, pero a nivel económico gastamos lo justo y en lo justo. No se derrocha dinero para crecer más rápido, el dinero si hay que dárselo a alguien es a los niños desfavorecidos", apunta Manel.
"No obstante, la idea del equipo es seguir evolucionando y en breve poder correr el Tour de Francia". La presencia en la Vuelta a España ya es un triunfo para MTN-Qhubeka, aunque prometen batalla y no conformarse con ser meros comparsas de la que apunta a mejor carrera del año. "Conocemos nuestras limitaciones, pero nos vamos a dejar ver y plantearemos guerra. Queremos ser protagonistas", avisa el español.
"Los corredores africanos tienen muy buenas aptitudes, pero deben mejorar en aspectos técnicos y estratégicos. Trabajamos en ese sentido y confío en hacer una buena carrera a nivel deportivo". La historia deportiva del MTN en las grandes vueltas comenzó este sábado. Su tiempo no fue el mejor en la línea de meta, pero sí alcanzaron el primer triunfo de los muchos que tienen que llegar cada día. Un entorchado que no es otro que dar a conocer el proyecto Qhubeka al mundo y ayudar a que este crezca para así dotar de bicicletas y sonrisas a esos pequeños que un día querrán ser ciclistas para ayudar a otras generaciones y que la rueda de la solidaridad no paré nunca para que las bicicletas cambien la vida y el mundo siempre a mejor.
No todos los ciclistas que recorren estos días las calles de Galicia con la Vuelta a España tienen como único fin alzarse con la victoria a su llegada a Santiago de Compostela. Los miembros del conjunto MTN-Qhubeka quieren aprovechar la oportunidad de que los seguidores de este clásico del ciclismo están pendientes de ellos para cambiar la vida de uno de los continentes más olvidados del mundo: África.
"Como equipo ciclista enseñamos a la gente que las bicicletas no son sólo para competir o para ganar una carrera ya que para muchas personas son una necesidad básica que les cambia la vida", explica el director del conjunto sudafricano Manuel Lacambra.
Este equipo ciclista es el motor de un proyecto solidario que distribuye bicicletas en África para mejorar las condiciones de vida de miles de personas del Hemisferio Sur. La organización sin ánimo de lucro, Qhubeka, se sumó al proyecto en 2011 y desde entonces premia a las comunidades rurales que plantan árboles en su entorno entregándoles bicicletas.
La Fundación creada por Anthony Fitzhenry pretende contribuir al progreso de los poblados africanos movilizando a los niños con las bicicletas. "Por cada 100 árboles plantados se les distribuye una bicicleta. Si una aldea ha conseguido plantar muchos árboles y ya ha obtenido suficientes bicis para su poblado se les otorgan vales para canjear por comida o por bienes de primera necesidad. No se les da por nada", precisa el ciclista español del MTN Qhubeka, Sergio Pardilla.
Desde el año 2005 el proyecto Qhubeka ha distribuido más de 46.000 bicicletas en el continente africano con el fin de acortar los largos trayectos que los sudafricanos realizan a diario desde sus aldeas para ir a la escuela o al trabajo. En definitiva, para facilitar el acceso a la educación, la asistencia sanitaria, las tiendas y demás servicios de la comunidad.
Entre otras ventajas, con el uso de las bicicletas el tiempo empleado para llegar a la escuela se ve reducido en un 75 %, los médicos pueden visitar al doble de pacientes por día y las tasas de escolaridad se han elevado hasta un 18% de media.
El 85% de las bicicletas donadas son asignadas a los estudiantes y el 15% restante a los maestros y personas implicadas en la comunidad. En este sentido, destaca el alto compromiso con las niñas de las aldeas a las que se les entrega el 70% del total de bicicletas concedidas a los estudiantes con el fin de garantizar su seguridad y promover su empoderamiento en los poblados.
"Una niña tarda dos horas de media en ir caminando a la escuela. Con la bici llegan en 30 minutos por lo que evitan pasar por zonas peligrosas andando y esto les da seguridad", explica el director ciclista del equipo sudafricano.

Bicicletas Qhubeka Buffalo, diseñadas para el terreno africano.
Lacambra piensa que el aumento de la tasa de escolarización entre las niñas sudafricanas es muy importante para los poblados puesto que ayudará a promover un cambio para las futuras generaciones. "Al acudir a las escuelas les otorgará una educación con la que educarán a sus hijos. Y la educación es la base que sostendrá el futuro del país. Es como una rueda que gira y que hará posible un cambio", precisa.
Las bicicletas Qhubeka Buffalo están construidas específicamente para las necesidades del terreno y de carga africanos. El diseño simple y robusto está pensado para superar las irregularidades del terreno y las largas distancias en las áreas rurales. Asimismo, las piezas de repuesto están disponibles a nivel local lo que garantiza una larga vida a la bicicleta.
"Mecánicamente son muy sencillas para que no sufran averías y todo el mundo puede darles uso. Son bicicletas muy sencillas para que no causen problemas y lo máximo que puede ocurrir es que haya un pinchazo o un problema en la cadena", precisa el ciclista Sergio Pardilla.
Qhubeka ha desarrollado un programa de entrenamiento mecánico para acompañar a la distribución de las bicicletas en las que se enseña a los lugareños técnicas básicas para el mantenimiento y reparación de las bicicletas. La Fundación organiza a lo largo del año diferentes campus para entregar las bicicletas a los pequeños de los poblados en las que se les entrega un casco, un cable de bloqueo así como una pequeña herramienta.
El ciclista español Sergio Pardilla acudió a una de las aldeas rurales sudafricanas en las que se distribuyeron 600 bicicletas. Pardilla recuerda cómo los niños le enseñaron orgullosos la enorme superficie de árboles que habían plantado. En otro de los campus los ciclistas del MTN-Qhubeka pudieron disfrutar de una competición en toda regla en la que participaron todos los lugareños, cuenta emocionado el ciclista ciudadrealeño.
Pardilla explica que las aldeas no cuentan con luz eléctrica y dependen de la luz solar. "Por ello es tan importante ganar dos o tres horas a la vida", apunta. El jefe de filas en la Vuelta a España cuenta que al principio no le dio mucha importancia al proyecto solidario de Qhubeka, pero durante su primera concentración en Sudáfrica comprendió lo relevante que era y todo lo que conllevaba: "Cuando entras aquí y te involucras la cosa cambia y empiezas a pensar de otra forma. Y piensas que tus compañeros de equipo han pasado por todo eso y sientes mucho respeto. Mucho respeto hacia tus compañeros y claro te cambia la vida", concluye.
La historia deportiva del equipo ciclista MTN-Qhubeka comenzó en 1997 con el objetivo de formar el primer conjunto africano que compitiese en el Tour de Francia.
Principales Logros de Ciclistas Africanos
La siguiente tabla muestra los principales logros de algunos de los ciclistas africanos más destacados:
| Ciclista | País | Logros Destacados |
|---|---|---|
| Daryl Impey | Sudáfrica |
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| Louis Meintjes | Sudáfrica |
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| Robert Hunter | Sudáfrica |
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| Biniam Girmay | Eritrea |
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| Reinardt Janse van Rensburg | Sudáfrica |
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| Merhawi Kudus | Eritrea |
|
| Ryan Gibbons | Sudáfrica |
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| Tsgabu Grmay | Etiopía |
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| Ahmed Kebaili | Argelia |
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