Con el Ciclismo en la Sangre: Historia de Maipú

En el corazón de Maipú, Argentina, late una historia de inmigración, familia y pasión por el ciclismo. Este relato, tejido con los hilos de la nostalgia y la perseverancia, nos transporta a la década de 1950, cuando una familia granadina emprendió un viaje que cambiaría sus vidas para siempre.

Corría el mes de junio de 1950 cuando cinco granadinos, dos matrimonios y el único hijo de uno de ellos, embarcaron en un buque de la naviera Ybarra, probablemente en el puerto de Cádiz, emprendiendo el viaje que cambiaría sus vidas para siempre, una travesía hacia Buenos Aires, la capital federal de la República Argentina.

Los cónyuges más mayores, los que viajaron con su retoño, eran mis tíos abuelos Cecilio Archilla Martín (1911-1974) y Martirio López Burgos. Cecilio era el hermano mayor de Pepa, mi abuela materna, Josefa Archilla Martín (1922-2005), un veterano obrero del gas, colocado desde adolescente en la fábrica de los Lebón.

Casado con Martirio en enero de 1936, el golpe franquista de julio le sorprendió como trabajador de la factoría, en la que también prestaba servicios su padre, el bisabuelo José Antonio Archilla Martín (1883-1957). En plena contienda nació Ricardo Archilla López (1937-2005), el primer y único descendiente de Martirio y Cecilio, criado en las cuevas del Monte Sedeño por su madre y su abuela paterna, mi bisabuela Angustias Martín López (1891-1969).

Al término de la década de los cuarenta, parece que Cecilio se cansó del escaso sueldo que cobraba en Gas Lebón, decidiéndose con Martirio a emigrar a Argentina, un país próspero y boyante en contraste con la empobrecida España de la posguerra. La noticia del viaje conmocionó a la familia Archilla Martín.

Cecilio intentó convencer a sus padres y a sus hermanos de que se marcharan todos a tierras argentinas, dejando atrás Granada y empezando de nuevo en Mendoza, al amparo de los negocios del tío Pantaleón.

Paco, un carpintero muy reputado, contrajo matrimonio con Angustias Morón Gómez (1923-2017) poco tiempo antes de la partida hacia América, en el mismo 1950. Angustias era modista y compañera de taller de mi abuela Pepa, especialmente unida a su hermano Paco, solo dos años y medio menor que ella.

Los cinco Archilla se despidieron de su patria de origen en aguas gaditanas, a bordo del barco de la compañía Ybarra, haciéndose a la idea de que una nueva patria los esperaba, dispuesta a hacerles prosperar.

Las dos familias se establecieron en la localidad de Maipú, en unas viviendas propiedad de Pantaleón, que además proporcionó un trabajo a ambos hombres. Con el paso de los años, tanto Cecilio como Paco se independizaron económicamente de su tío, abriendo el primero un restaurante y el segundo una carpintería.

En 1973, meses antes de su muerte, Cecilio volvió de visita a España junto con Ricardo, que le sucedería al frente del restaurante, y que regresó una segunda vez a nuestro país, en 1984, acompañado en esta ocasión de Martirio, su madre, a la que sus nietos argentinos llamaban Nona. La abuela Pepa pasó las Navidades del 86 en Mendoza, reencontrándose con su hermano Paco y su cuñada Angustias y conociendo a sus sobrinas y a la respectiva prole de cada una de ellas (y a la parentela de Ricardo).

El primo Ricardo falleció en Argentina, sin llegar a cumplir los setenta, por la misma época en la que, en España, su querida tita Pepa jugaba el tiempo del descuento. Angustias y Paco murieron siendo nonagenarios, hace menos de una década, compartiendo asimismo la enfermedad de la desmemoria. Jamás retornaron a su añorada Granada, la ciudad en la que nacieron y en la que surgió su amor.

Los Archilla que cruzaron el charco son ya polvo cósmico, un recuerdo que permanece en el corazón de los que los quisieron.

Silvana Santos Archilla, hija de Alicia y nieta de Paco y Angustias, visitó España en el verano de 2016, permitiendo que nos conociéramos en persona, tras años de contactos a través de Internet y las redes sociales.

Mapa de la Provincia de Mendoza, donde se encuentra Maipú.

Legado y Recuerdos

La historia de los Archilla en Maipú es un testimonio de la resiliencia y el espíritu emprendedor de los inmigrantes españoles en Argentina. Su legado perdura en los corazones de sus descendientes, quienes mantienen viva la memoria de sus antepasados y sus contribuciones a la comunidad.

La palabra «rodomontade» no tenía el significado negativo que le vincula hoy a fanfarronería, sino que se entendía a cuando la altanería de palabra y acción se acompañaba de ingenio y agudeza.

El soldado, viajero y escritor Pierre de Bourdeille escribió diversos libros sobre su tiempo y sobre la potencia hegemónica de entonces. Este aventurero francés admiraba por muchas razones el carácter español y dedicó un texto a lo que él llamó las « Rodomontades Espaignolles ... », que se ha traducido de forma poco precisa como « Bravuconadas de los españoles ».

No obstante, en su momento «rodomontade» no tenía el significado negativo que le vincula hoy a fanfarronería, sino que se entendía a cuando la altanería de palabra y acción se acompañaba de ingenio y agudeza.

“Aunque he creado mi propio territorio de ficción en mi obra y el referente es obviamente Faulkner-decía Juan Marsé-, hay otros como el de Santa María de Onetti, un escritor que me gusta mucho. Hay que escribir de lo que uno conoce. No he vivido nunca en el monte Carmelo, aunque sí cerquita. Desde niño íbamos a jugar al monte Carmelo porque nos atraía el peligro, el riesgo. Allí vivían aquellos chicos de cabeza rapada, y los hijos de inmigrantes sin escolarizar, vivían libres y nos daban mucha envidia porque nosotros teníamos que ir al colegio y ellos siempre estaban jugando a la pelota. Aquellas incursiones al monte Carmelo implicaban un cierto riesgo porque estos niños eran tremendos. También el Guinardó, el parque Gûell. Pero yo vivía más abajo, cerca de la plaza Rovira en el barrio de la Salud. (…) Decir que sospecho que escribir novelas es ante todo una manera de estar vivo, es decir bien poco, y suena, paradójicamente, a pretencioso. Es así, sin embargo, y no sabría aclarar mejor esta sospecha. Decir que escribir es también una forma de protesta y de crítica frente a cualquier tipo de sociedad, es algo que parece muy obvio y tampoco aclara mucho la cosa. Diría, como ya se ha dicho, que la novela está ahí para establecer mediante una ficción los límites de la apariencia y la realidad constantemente embrollados, para recrear ( no simplemente copiar) una y otra y replantearse constantemente el mundo, y es evidente que si el novelista hace esto es porque el mundo no le gusta, porque piensa que el mundo no anda bien. Esta parece ser una razón de peso, aún dentro de su ambigüedad.

De Una BICI Sin LLANTAS A Ser De Los MEJORES CICLISTAS del MUNDO / Richard Carapaz

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