Historia de la Vuelta Ciclista a Toledo y el Legado de Bahamontes

Entre los grandes nombres del ciclismo español, no se puede olvidar el de Federico Martín Bahamontes, uno de los mejores escaladores de la historia de este deporte. El corredor toledano murió el 8 de agosto de 2023, a los 95 años de edad. El Águila de Toledo, como así se le conoció durante gran parte de su carrera, destacó especialmente en las etapas de montaña, favorecido por su gran resistencia y su estilo atrevido e imprevisible.

Federico Martín Bahamontes, el "Águila de Toledo"

Federico Martín Bahamontes, el Águila de Toledo, es venerado universalmente como el mejor escalador de la historia del ciclismo. Primer español en ganar el Tour de Francia y seis veces rey de la clasificación de la montaña, se convirtió en un héroe nacional en una España que trataba de levantarse tras la devastación de la Guerra Civil.

En esta segunda edición, Alasdair Fotheringham ofrece el retrato completo de un deportista genial y excéntrico. Alasdair Fotheringham es un periodista freelance británico radicado en España. Ha cubierto diecisiete Tours de Francia y quince Vueltas a España, así como muchas otras carreras importantes. Entrevistó a Bahamontes por primera vez en 1993. Actualmente es corresponsal de ciclismo del Independent y también ha escrito para las principales publicaciones ciclistas británicas Cycling Weekly y Cycle Sport. Suyos son otros libros como Indurain: La historia definitiva del mejor corredor del Tour de Francia, Reckless.

Juventud y Años como Aficionado

Comenzando por el principio, hay que empezar por decir que, en realidad, Bahamontes tendría dos nombres. Una vez explicó que, aunque fue bautizado como Alejandro y en muchos de sus documentos oficiales consta con este nombre, su tío Federico quería que le pusieran su nombre, por lo que casi todo el mundo le llamaba así y con este nombre desarrolló toda su carrera profesional.

Nació el 9 de julio de 1928 en el municipio de Val de Santo Domingo, en la provincia de Toledo, y su familia se trasladó a la ciudad del mismo nombre cuando él tenía pocos meses de vida. Al poco de terminar la Guerra Civil comenzó a trabajar en el taller de bicicletas del ex ciclista toledano Moisés Alonso, a la vez que hacía de repartidor para varios comerciantes de la ciudad. También se dedicó al estraperlo, comprando en las localidades de Gálvez y de Torrijos productos que no podían conseguirse en Toledo para luego revenderlos en la ciudad.

En los duros años de la posguerra, al borde de la inanición, el joven Bahamontes utilizó la bicicleta para el estraperlo, antes de descubrir que aquellas huidas de la Guardia Civil le preparaban para un futuro de gloria deportiva. En aquellos años empezó a perfilarse su futuro perfil de escalador, ya que una de las cosas que hacen famosa a Toledo son sus numerosas y empinadas cuestas. En cada viaje Federico debía recorrer unos 60 km. entre ida y vuelta cargado con una carretilla, llevándola cuesta arriba hacia la ciudad.

Con ese sueldo compró su primera bicicleta a un herrero, un sencillo modelo de paseo pero que le permitiría empezar a correr como aficionado. Con esa bicicleta, a los 19 años ganó su primera carrera, una competición local en la que le dieron su primer mote, “El Lechuga”, y al año siguiente empezó a participar en carreras para aficionados.

El año 1951 fue el de su despegue, al ganar la Vuelta a Ávila y el campeonato de España de ciclismo amateur. A estos siguieron competiciones semiprofesionales, abiertas tanto a corredores profesionales como a aficionados. En su último año como aficionado participó en la Vuelta a Cataluña, clasificándose como el mejor escalador de la prueba.

El Debut Profesional y la Consolidación

Bahamontes hizo su debut como profesional en 1954, cuando disputó su primer Tour de Francia, ganando la clasificación de la montaña y quedando entre los 25 primeros en la general. En aquella edición atrajo la atención por la famosa "anécdota del helado": al pinchar una rueda durante un ascenso a la cima de La Romèyre, tuvo que esperar al vehículo de asistencia y, ya que contaba con varios minutos de ventaja respecto a sus competidores, mató el tiempo tomándose un helado; un hecho que fue interpretado por la prensa como un acto de soberbia con el que remarcaba su dominio en la montaña.

A su vuelta a Toledo abrió un taller de bicicletas con las ganancias de la carrera, con el que complementaba su sueldo como corredor. En la ciudad fue recibido como un héroe y desde entonces se le conoció como “el Águila de Toledo”, en referencia al escudo de la ciudad con el águila bicéfala de Carlos I de Habsburgo, rey de España y emperador del Sacro Imperio Romano.

No obstante, su debut profesional también estuvo marcado por su dura rivalidad con Jesús Loroño, su eterno competidor y compañero de equipo en sus primeros años, ya que ambos corredores se caracterizaban por su fuerte temperamento. Esta rivalidad provocó momentos muy tensos, como cuando su entrenador favoreció a Loroño en detrimento de Bahamontes durante la Vuelta a España de 1957.

En las temporadas siguientes se perfiló como gran dominador de la montaña en las Grandes Vueltas, así como en otras competiciones. Al mismo tiempo iba acercándose a los primeros puestos de la clasificación general: en el Tour de Francia de 1958 llegó a quedar octavo, y ese mismo año se adjudicó la sexta posición en la Vuelta a España y la primera en el Campeonato de España de Ciclismo en Ruta.

Cuando el Águila de Toledo Alzó el Vuelo

Sería al año siguiente, en 1959, cuando le llegaría la gloria: tras ganar el bronce en la Vuelta a Suiza, hizo el mejor papel de su carrera profesional en el Tour de Francia, en el que ganó tres de las cuatro categorías: general, montaña y combatividad; en la cuarta categoría, la clasificación por puntos, quedó en cuarto lugar. Aquella sería su mejor temporada y, aunque intentó igualarla en años posteriores, no lo consiguió.

Al año siguiente estuvo a punto de repetir su hazaña en el Tour, pero finalmente quedó en segunda posición de la clasificación general, aunque conservó el podio de mejor escalador. Tras retirarse como corredor, Bahamontes se dedicó a su tienda de bicicletas en Toledo. También organizó una carrera amateur, la Vuelta a Toledo, que se disputó entre 1966 y 2016; y dirigió su propio equipo profesional entre 1968 y 1974.

Bahamontes en el Tour de Francia de 1959

Aunque los mitos suelen tener como protagonistas a dioses y seres sobrenaturales, en la vida real también hay personajes cuyas hazañas calan tan hondo en el alma colectiva de una comunidad que pronto adquieren la condición de legendarias. En Federico Martín Bahamontes, la ciudad de Toledo tiene uno de ellos. Bautizado con el nombre de Alejandro, Martín Bahamontes siempre ha sido “Fede”.

Aquellos difíciles años, en los que Federico ejerció los más duros trabajos, incluidas algunas acciones de estraperlo para contribuir a la economía familiar, marcaron su espíritu luchador, vivo y sagaz, sabiendo que jamás hay que rendirse mientras quede un mínimo esfuerzo por hacer. Treinta duros le costó la primera bicicleta que compró a un herrero y con la que en 1947, a la edad de diecinueve años, comenzó a participar en carreras ciclistas por los pueblos toledanos. En la segunda de ellas, ganó. Fue en el verano de 1948 con un trazado entre Toledo-Puente del Guadarrama-Cabañas de la Sagra-Toledo. En su primer año como profesional, en 1954, Bahamontes comenzó a escribir los mejores renglones de su leyenda.

Llegado a la cima del Col de Romeyère y debiendo esperar a su mecánico para reparar una avería en la bicicleta, no dudó en detenerse a comer un helado, ante la mirada atónita de cuantos le veían. Cinco veces más consiguió alzarse con tal premio, sellando en letras dorados uno de los principios indiscutibles de este esforzado deporte: escalar y decir “Bahamontes” son la misma cosa.

En 1959 llegó la apoteosis. El 18 de julio -fecha emblemática del régimen franquista y en la que se cumplían once años de su primera carrera ganada- Federico Martín Bahamontes entró vestido de amarillo en el Parque de los Príncipes de París. Era el primer español que lo conseguía. Alejandro, aquel duro y fino ciclista nacido en una casilla de peón caminero, dejaba de ser “El Lechuga” para convertirse en el “Águila de Toledo”. Había marcado un hito en el devenir del ciclismo patrio. ¡Ya era posible tratar de “tú a tú” a monstruos sagrados como Fausto Coppi o Jacques Anquetil!

Hasta su muerte ha sido el decano de cuantos ganadores de Tour de Francia continúan vivos. Los recibimientos que en 1954 y 1959 le hizo la ciudad de Toledo fueron espectaculares y aún son recordados por quienes lo vivieron. Las imágenes de su recorrido en coche descapotable hasta la plaza del Ayuntamiento, acompañado por ciclistas locales y jaleado por miles de toledanos y toledanas siguen poniéndonos la piel de gallina. Esa misma sensación se tiene al releer las crónicas periodísticas de aquellos eventos. En septiembre de 1959, el Ayuntamiento le nombró Hijo Adoptivo.

Retirado en 1965 con un palmarés inigualable, ciento veinte victorias profesionales, continuó ligado al ciclismo, alentando y dirigiendo distintos equipos de juveniles y de aficionados. Su popular tienda en la Plaza de la Magdalena, espacio urbano dedicado a él por el Consistorio, se convirtió en lugar de peregrinaje y visita obligada para cuantos aficionados a este deporte llegaban a nuestra ciudad. También tomó las riendas de organizar la Vuelta Ciclista a Toledo, que celebró cincuenta ediciones, siendo la última en 2015.

Habiendo tenido al hambre como maestra de la vida y sabiendo que nada puede conseguirse sin esfuerzo, Bahamontes ha mantenido durante toda su vida los pies muy bien asentados en el suelo. Ha sido una persona querida por su cercanía, su simpatía natural, su conversación siempre amena y plagada de jugosas anécdotas, sus certeros análisis sobre el ciclismo de nuestros días, su gran capacidad para saber distinguir entre quienes se iniciaban en este deporte a los que tenían madera de líderes de los que no, su inagotable capacidad de trabajo hasta sus últimos meses o la sincera espontaneidad con que expresaba sus opiniones sobre cuanto se le preguntase, le han granjeado el cariño unánime de todo el mundo.

Como se indicaba el principio de estas líneas, este homenaje nos nuestra al Federico ciudadano más que al Bahamontes deportista, aun sabiendo que ello es difícil de discernir, como bien quedó demostrado el 6 de mayo de 2018 cuando el Ayuntamiento de Toledo y la Fundación SOLISS le rindieron un emotivo homenaje inaugurando una estatua en su honor en la curva del Miradero, representándosele ascendiendo en su característica posición de ataque hacia la meta.

Aquel domingo, Bahamontes, como en 1959, subió desde la Puerta de Bisagra en un coche descapotable, acompañado por la entonces alcaldesa Milagros Tolón Jaime, a quien él conocía desde recién nacida por cercana amistad con sus padres, y escoltado por aficionados el ciclismo. Junto a “Fede” no solo estaban los representantes sociales y políticos de toda la ciudad, sino también algunos de a quienes él abrió camino para que un día ganasen el Tour: Perico Delgado, Miguel Induráin y Carlos Sastre.

Desde su inauguración, no faltan grupos ciclistas aficionados que suben hasta su escultura para fotografiarse junto a nuestro “Águila”. Así lo hicieron el 9 de julio de 2023 decenas de ellos encabezados por el alcalde de Toledo Carlos Velázquez, rindiéndole homenaje con motivo de su noventa y cinco aniversario. Conscientes de que nadie muere mientras perviva su recuerdo, desde el Archivo Municipal de Toledo sabemos que Federico Martín Bahamontes siempre estará presente en la memoria colectiva de esta ciudad y de todos los amantes del ciclismo.

El 12 de octubre de 1965, al finalizar la subida a Montjuic, el «padrino» de Federico Martín Bahamontes (Val de Santo Domingo, 1928), que en realidad se llama Alejandro Federico, le dijo: «Ahora cuelga la bicicleta y no se te ocurra montar» . Aquella carrera fue la última de un tipo que había nacido pobre sin remedio, como la gran mayoría de españoles de su generación, arrasada su infancia por la guerra, y que dando pedales encima de una bicicleta acabó por ser el ídolo de esa y las siguientes generaciones con su Tour de Francia en 1959, sus seis premios de la Montaña y sus helados al final del puerto para engrandecer aún más al personaje.

Y «Fede», que otra cosa no pero ufano es un rato, presume de cumplir lo dicho por el «padrino» y no ha vuelto a montar desde entonces. Y fíjate tú que la historia de la plaza de la Magdalena no se entiende sin la tienda de bicicletas de Bahamontes ni la Vuelta Ciclista a Toledo sin la mirada del «Águila», que se inventó esta carrera en 1966 y que estos días sigue pateándose en coche las carreteras de la provincia siguiendo a los chavales aspirantes a ciclista.

Aparte de en Bahamontes, la Vuelta a Toledo tiene su origen en su peña y en un par de árbitros. Uno de ellos, Faustino Suárez, «Fausti», inseparable de «Fede» durante estos 50 años. Para poder organizar la prueba, se buscó un patrocinador (Cimasa, una empresa de maquinaria agrícola) y la peña tuvo que renombrarse como Club Peña Bahamontes porque si no naranjas de la China. De no ser club «ni un duro de subvención te daba la Delegación de Deportes», cuenta «Fede». «El que movió los papeles para hacerlo club, en vez de peña, fue Francisco Vázquez González», apunta «Fausti».

Con todo listo, el 18 de agosto de 1966 el periódico «El Alcázar» titulaba a cuatro columnas: «Mañana, ciclismo y toros» . En la información se contaba que, además de una corrida de Samuel Flores para Antoñete (aunque finalmente actuó José Fuentes), «El Cordobés» y «El Pireo», en la ciudad había expectación por la primera etapa de la I Vuelta a Toledo. Una carrera que se disputó el viernes 19 de agosto de 1966 y cuyo itinerario fue: Toledo, Burguillos, Ajofrín, Sonseca, Orgaz, Los Yébenes, Urda, Consuegra, Mora, Mascaraque, Almonacid, Nambroca y Toledo.

«En total, 140 kilómetros con los puertos de la cuesta de las Nieves y de Yébenes para el premio de la Montaña», se lee en la hemeroteca del «Alcázar». El ganador de aquella primera etapa fue José Luis Uribezubia, del Kas, que acabaría la Vuelta segundo a un minuto y seis segundos del ganador Enrique Cifuentes, del Mantova . Tras la jornada inaugural, el sábado 20 y el domingo 21 de agosto se celebraron cuatro etapas, dos por día, en sesión de mañana y tarde, algo habitual en la época. El sábado, las etapas fueron Toledo-Talavera de la Reina y Talavera de la Reina-Toledo. La matinal del domingo, recorrido por La Sagra con final en Toledo, y por la tarde 50 vueltas a la avenida de la Reconquista.

Esto último, acabar la Vuelta en un circuito en la Reconquista, se convirtió en tradición y solo se cambió cuando vinieron «los saltos (resaltos), los vecinos que protestan porque quieren tener el coche en la puerta, la Federación que no te autoriza si los circuitos no tienen equis distancia (tres kilómetros)...», cuenta Bahamontes. En la I Vuelta a Toledo participaron diez equipos (Regna, Mantova, Kas, Picadero-Damm, Askar Radio y Televisión, Pepsi-Cola, Club Ciclista Chamartín, Zeus-Licor Karpy, G. D. Standard y La Casera-Peña Bahamontes) y 60 corredores.

Organizar la I Vuelta a Toledo costó 160.000 pesetas (menos de 1.000 euros) y los premios los detalló Bahamontes en una entrevista publicada por «La Voz de Talavera» el 18 de agosto de 1966: «Mil pesetas (seis euros) al primer clasificado en cada etapa, 750 al segundo y 500 al tercero. En la clasificación general hay un premio de 15.000 pesetas para el primero , 10.000 para el segundo, 6.000 al tercero y así hasta 15 clasificados...».

En la 50º edición de la Vuelta a Toledo, el ganador de cada etapa se lleva 250 euros, mientras que para la clasificación general hay reservados 695 euros para el primero, 540 el segundo, 270 el tercero... Según le ha dicho Bahamontes estos días al diario AS, la presente edición cuesta «16 millones de pesetas» (casi 100.000 euros). El dinero es un buen termómetro para explicar la evolución de la Vuelta a Toledo. «En las primeras Vueltas, los ciclistas venían como yo iba: con el macuto a la espalda. Yo he dormido hasta en la cárcel, en un saco de paja, y otras veces pasábamos la noche en el tren de mercancías para correr al día siguiente.

La Vuelta a España Llega a Toledo

Este viernes la Vuelta Ciclista a España llega a Toledo, que por novena vez en su historia acogerá un final de etapa. La meta, cuesta arriba, estará situada junto al Ángel del Alcázar, muy cerca de la casa de Federico Martín Bahamontes , el eterno campeón de 91 años al que la gran carrera nacional rinde homenaje. El Ayuntamiento de Toledo ha hecho una gran esfuerzo de logística para poder ubicar la cinta de llegada en un lugar tan complicado. De hecho, solo dos veces la meta se ha situado en el Casco Histórico .

Haciendo un repaso a la historia de la Vuelta, esta celebró su primera edición en 1935, pero no fue hasta 23 años más tarde cuando aterrizó en la ciudad imperial por primera vez. El 7 de mayo de 1958 (entonces la Vuelta se disputaba durante la primavera) se disputó la octava etapa entre Cuenca y Toledo, con victoria del francés Jean Stablinski , quien, además, se impuso en la clasificación general. Un año después, la capital toledana repitió llegada. Fue en la primera etapa, con inicio en Madrid, y venció el gran sprinter belga Rick Van Looy . La general sería para el español Antonio Suárez. Ese 1959 Bahamontes ganaría el Tour de Francia.

Mientras, Toledo tuvo que esperar 15 años para ver de nuevo la Vuelta a España. El 30 de abril de 1974, la séptima etapa arrancó de Ciudad Real y los ciclistas tuvieron que enfrentarse a una meta ubicada en el Alcázar. Toda una novedad, ya que hasta entonces el final se ubicaba en el paseo de La Vega y aledaños. Ese día se impuso el gran Domingo «Txomín» Perurena y la general sería para el inolvidable escalador asturiano José Manuel Fuente, el «Tarangu».

Tras otros 14 años de parón, la serpiente multicolor paró de nuevo en Toledo el 11 de mayo de 1988, en una décimosexta etapa que había partido desde Albacete y finalizaría en la plaza de Zocodover. Se impuso el británico Malcolm Elliott , mientras que el irlandés Sean Kelly se llevó la general. El 30 de abril del año siguiente también hubo final de etapa, la séptima, en la capital de Castilla-La Mancha. El italiano Massimo Ghirotto fue el primero en cruzar la meta de una carrera que se había iniciado en Ávila. El segoviano Pedro «Perico» Delgado fue el ganador final.

Por último, hubo que esperar 19 años para que Toledo fuera, otra vez, meta de la Vuelta Ciclista a España. Eso sí, lo hizo en tres ediciones consecutivas, en los años 2008, 2009 y 2010. En la primera de ellas, sexta etapa, con salida en Ciudad Real el 4 de septiembre, venció el campeón del mundo italiano Paolo Bettini . La general fue para Alberto Contador. Al año siguiente, el 19 de septiembre la penúltima etapa fue una espectacular contrarreloj de casi 28 kilómetros con salida en el barrio del Polígono y llegada en La Vega. La victoria parcial se la llevó el escocés David Millar y un día después Alejando Valverde se coronó en Madrid.

Finalmente, el 17 de septiembre de 2010 la antepenúltima etapa completó un recorrido entre Piedrahita (Ávila) y Toledo, con victoria para el clasicómano belga Philippe Gilbert , también campeón del mundo. La general fue para el italiano Vincenzo «Tiburón» Nibali. (L. Casualidad o no, el hecho es que cuatro de los ocho ciclistas que ganaron en Toledo fueron campeones del mundo: Rick Van Looy en 1969 y 1961, Jean Stablinski en 1962, Paolo Bettini en 2006 y 2007, y Philippe Gilbert en 2012. Además, otros tres estuvieron bastante cerca de serlo: David Millar fue segundo en contrarreloj en 2001 y 2010, a Massimo Ghirotto le sobraron 500 metros en 1994 y terminó cuarto, y Txomin Perurena terminó quinto en 1977. De todos, Gilbert es el único que sigue en activo y esta Vuelta ya ha ganado en Bilbao.

Toledo la revivido este viernes algunas de las grandes historias de la Vuelta Ciclista a España, lo ha hecho de un toledano, Álvaro Calleja, y de su último libro, Historias de la Vuelta, todo ello, aderezado de la flor y nata del ciclismo español y del deporte toledano. Porque en la presentación del libro en El Abrasador, intervinieron Javier Guillén, director de la Vuelta a España, Miguel Ángel Chico, director de la revista Ciclismo a Fondo, y Miguel Ángel Martín Perdiguero, exciclista profesional; y estuvieron presentes los ciclistas Rafa Díaz Justo, Nemesio Jiménez y Faustino Suárez, y los corredores Julio Rey, Vanessa Veiga y Fernando Rey.

Calleja lleva más de una década especializado en ciclismo. Es también autor de Historias del Tour, libro que se vendió bastante bien. De ahí que le la editoria propusiera escribir este Historias de la Vuelta. Calleja al principio se negó, convencido de no volver a escribir jamás un libro general, dado que es un proceso muy costoso. Al final, se fue enamorando del tema y fue construyendo en libro, buceando en archivos y hablando con protagonistas. Se dio cuenta de que no había casi nada escrito en literatura sobre el tema, y además, «me di cuenta de que las cosas que han sucedido en la Vuelta no tienen nada que envidiar a las del Tour, hay historias igual de emocionantes o de trágicas».

Así nación Historias de la Vuelta, prologado por Alberto Contador, ganador en tres ocasiones de la carrera, un viaje repleto de momentos emocionantes, trágicos y algunos inimaginables. Para empezar, apunta, no se conoce casi nada del creador de la Vuelta. "En esa España en blanco y negro lo que consiguió Federico fue una verdadera gesta, Le ha convertido en uno de los grandes mitos del deporte y uno de los mejores ciclistas de la historia".

En una comparecencia en el patio del Ayuntamiento, Velázquez ha recordado que Bahamontes, Hijo Adoptivo de la ciudad y "leyenda del deporte español", fue el primer español vencedor del Tour de Francia -la carrera ciclista más prestigiosa- en el año 1959. "La ciudad llora la muerte de un toledano muy querido", ha señalado el alcalde, que ha recordado que durante 50 años Bahamontes puso en marcha la Vuelta Ciclista a Toledo.

Con su muerte, añade Velázquez, "comienzan los homenajes que copan los periódicos deportivos de España y el mundo". "Todo lo que hacemos lo hacemos en comunicación continua con la familia, tanto la capilla ardiente como la misa funeral que se celebrará en un lugar por determinar. Ya han firmado el decreto por el que declaran dos días de luto oficial en la ciudad y por el que las banderas de los edificios municipales ondean a media asta.

La historia de la Vuelta Ciclista a Toledo y el legado de Federico Martín Bahamontes son inseparables. Su influencia en el ciclismo español y su impacto en la ciudad de Toledo perdurarán por siempre.

A continuación, se presenta una tabla con los ganadores de etapa de la Vuelta a España en Toledo:

AñoEtapaGanador
19588Jean Stablinski
19591Rick Van Looy
19747Domingo "Txomín" Perurena
198816Malcolm Elliott
19897Massimo Ghirotto
20086Paolo Bettini
200920David Millar
201019Philippe Gilbert

Así era Federico Martín Bahamontes, leyenda del ciclismo español

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