Análisis profundo de "Diarios de motocicleta": Un viaje a través de la identidad y la memoria

Diarios de motocicleta (2007) es una obra que invita a la reflexión sobre la identidad, la memoria y la transformación personal. A través del viaje de Ernesto Guevara y Alberto Granado por América Latina, la película explora temas de injusticia social, desigualdad y la búsqueda de un sentido de pertenencia.

El viaje como catalizador de la transformación

La película narra el viaje de Ernesto Guevara, un joven estudiante de medicina, y Alberto Granado, un bioquímico, a través de América Latina en 1952. Este viaje no es solo una aventura, sino un catalizador que transforma profundamente sus vidas.

A lo largo del recorrido, Ernesto y Alberto se enfrentan a la realidad de la pobreza, la enfermedad y la opresión que sufren los pueblos latinoamericanos. Estas experiencias los llevan a cuestionar sus propias vidas y a replantear su futuro.

La construcción de la identidad

El viaje en motocicleta permite a Ernesto Guevara construir su identidad como líder revolucionario. Al entrar en contacto con las comunidades indígenas, los mineros y los campesinos, Ernesto comprende la necesidad de luchar por la justicia social y la igualdad.

La película muestra cómo Ernesto se va transformando a medida que avanza el viaje. Su visión del mundo se amplía y su compromiso con los oprimidos se fortalece.

La memoria como herramienta de concientización

Diarios de motocicleta es una película que apela a la memoria histórica de América Latina. A través de las imágenes y los testimonios de los personajes, la película nos recuerda las luchas y los sufrimientos de los pueblos latinoamericanos.

La película también nos invita a reflexionar sobre el presente y a tomar conciencia de las desigualdades que aún persisten en la región.

Análisis de la obra "¡Ladran Che!"

En este marco se inscribe la obra de ¡Ladran Che! (1994), en tanto que vino a cuestionar los discursos políticos y la devastación social que sucedía en el menemismo. Por todos estos motivos, nos interesa analizar de qué modo se utilizó en aquella obra el intertexto de Don Quijote de la Mancha.

Así observaremos cómo se relaciona el personaje cervantino con la vida de Ernesto Guevara a partir de una serie de anécdotas. La intención es mostrar cuáles son los paratextos de los que parte la obra. Para dicha tarea revisamos la biografía sobre el comandante escrita por Pacho O'Donell y los capítulos del Quijote que se pueden encontrar como intertextos en la obra de Alsina.

Estos vínculos intertextuales entre el paratexto y el exotexto (Pérez Firmat, 1978) construyen desde nuestro punto de vista una composición de los personajes que nutren algunos imaginarios y mitos sobre el Che.

En primer lugar nos interesa preguntarnos el motivo por el cual Alsina, en 1994, estrena su obra en Mendoza con la finalidad de repensar la figura de Guevara en ese contexto histórico. Hay que tener en cuenta que el proceso de escritura estuvo enmarcado en el período de la posdictadura y bajo las políticas del período neoliberal.

Esta etapa se caracterizó por la producción de textualidades que criticaban los discursos políticos debido a la reutilización de previos estandartes que se convirtieron en material de uso del capitalismo. En el caso de la imagen del Che ese perfil se instauró con una gran variedad de merchandising superando las fronteras latinoamericanas.

La dramaturgia sin dogmas de Carlos Alsina

En este nuevo contexto cultural se vislumbran los cambios estéticos en las búsquedas de Carlos Alsina. Jorge Dubatti sostiene que el teatro de Carlos Alsina se circunscribe a la diversidad de poéticas, a una idea de "dramaturgia sin dogmas".

Los años noventa, señala Dubatti, tuvieron la característica de que "nadie se jacta de poseer el discurso ideológico o estético más claro, de acuerdo con la caída de las grandes certezas" (Dubatti, s/f). Y agrega que se trataba de un teatro que le contestaba al neoliberalismo a través de la "destemporalización" y la "destotalización", algo que se puede vislumbrar en ¡Ladran Che! al transcurrir la acción en un no-lugar y al desarticular la idea de existencia de una verdad.

Así se sucede otro punto interesante en la obra de Alsina, que Dubatti observa como propio de la época. Existen multiplicidad de formas para dar cuenta de una gran variedad de "imaginarios y visiones de mundo en perpetua modificación, de acuerdo a la percepción de la realidad" (Ídem).

Escribí ¡Ladran, Che! entre los años 1993-1994. La terminé en Brasil, en dónde vivía en algunos meses del año por esa época, trabajando allí y alternando mi quehacer entre Italia, Suiza y Argentina.

El texto empezó a nacer en mi cabeza luego de 1990 con la implementación de la política neoliberal menemista en la Argentina. Tal momento de auge del post modernismo en el mundo (caída del Muro de Berlín en 1989, implosión de la URSS en 1991-1992, etc.) con la malintencionada postura de hacer creer que "la historia se había terminado", que el mundo "unipolar" era el vencedor incontrastable, fueron de "ayuda" para imaginar un texto teatral que tratara de refundar las utopías.

La constitución del héroe guerrillero en el caso de la figura del Che se suele transfigurar en el héroe sobre el que Joseph Campbell señala una serie de características en su camino heroico. Este camino posee un primer paso que es la separación del mundo ordinario, la iniciación con una serie de viajes y el retorno con una serie de llegadas al mundo extraordinario.

Esto se puede vislumbrar en la figura del Che con matices que varían entre considerarlo un hombre cercano al cristianismo, un líder romántico y hasta una estrella de rock. En este punto Carlos Alsina intenta huir de ese lugar de héroe romántico idealizado.

El autor hace dialogar al Che Guevara con Don Quijote: un héroe con un camino similar, en términos de Joseph Campbell, pero que Cervantes se ocupó de parodiar en su novela Don Quijote de la Mancha publicada originalmente en 1615. El tipo de heroísmo que construyó Cervantes, tal como señala Joaquín Casalduero (1981), es uno burlesco sobre todo en lo caballeresco y en lo amoroso, dos puntos que Alsina retoma en la propuesta de ¡Ladran Che!

Don Quijote se dirige a Dulcinea, Sancho a la ínsula-, son semejantes, son aspectos distintos del mismo mundo mental. Por eso Sancho puede estar solo, solo en la ínsula, solo cuando muera Don Quijote.

Dulcinea y la ínsula son dos aspectos distintos de la mente de Don Quijote. El gracioso no existe sin el caballero; si hacemos desaparecer a este, la acción, la palabra del gracioso son incomprensibles. Por eso, en el primer Barroco las figuras cómicas son siempre cómicas y no pueden dejar de serlo.

El gracioso nunca es serio, pero no siempre es cómico. A veces es el gracioso el que con su gesto y tono propios nos hace penetrar en el mundo de la culpa o del castigo, es él quien puede expresar toda la bajeza del cuerpo y al mismo tiempo presentarnos la realidad del alma. Así como Miguel de Cervantes parodia las historias caballerescas, Alsina parodia toda la construcción mítica alrededor de Ernesto Guevara incorporándolo al mundo Cervantino.

El personaje del Che Guevara en el texto dramático mezcla su lenguaje con el que produce Don Quijote. Alsina explicaba que había utilizado fragmentos de la novela, por ejemplo el de bate entre las armas y las letras que es cita textual de la novela y algunas expresiones de los odres de vino.

A su vez, en relación al Che, el autor retomaba textos que hacían referencia a la imposibilidad de visitar la Isla de Pascua provenientes del diario Notas de viaje. Diarios en motocicleta (2007). A través del testimonio de Alsina y del estudio de la obra podemos ubicar el vínculo entre el exotexto y los paratextos (Pérez Firmat, 1978) que utilizó el autor para construir la dramaturgia.

Lo que nos interesa es ver cómo estos intertextos establecen un diálogo directo y abierto entre ambos personajes. Este diálogo, en boca del personaje histórico Che Guevara y del personaje de ficción Don Quijote, provoca nuevas lecturas sobres los episodios que se retoman de los textos originales.

Por ejemplo, el inter-texto con el capítulo XXXVIII del Quijote I se desarrolla durante algunos apartados dentro de ¡Ladran Che! En este capítulo Cervantes elabora un breve ensayo en el que Don Quijote expresa una comparación crítica entre la importancia de las armas y de las letras, dando a esas primeras un mayor peso.

Casi como una discusión entre el personaje ficticio y su creador se establecen muchos puntos comparativos que, con ironía y comicidad, Alsina traslada al diálogo con el Che. Allí, Don Quijote expresa nuevamente su postura sobre las armas, vehículo para lograr la paz según este personaje; y declara lo mal que le cae Cervantes como letrado.

El diálogo se extiende al Che, personaje complejo también por su rol de guerrillero y por su legado escrito, quien acuerda con Quijote que sufre más el soldado que el escritor. El otro ejemplo que mencionaba Alsina sobre la imposibilidad de visitar la Isla de Pascua (una isla que se encuentra sobre el Océano Pacífico frente a Valparaíso, Chile) es trabajado en la obra mediante una cita textual y una serie de alusiones a lo narrado en el diario Notas de viaje. Diarios en motocicleta.

Lo que es interesante es ver que en ese fragmento, el propio Guevara da cuenta en su diario de un contenido imaginario sobre la Isla, lo que le agrega cierta ficción al propio relato del Che. Como ve, el proceso de escritura de la obra, que junta a estos dos personajes (uno real y otro de ficción) viene de lejos, aunque haya "aparecido" en Brasil en 1993, condicionado por el clima adverso que, para mi concepción y sentir del mundo, se había instaurado.

En la etapa de "escritura interior" (o sea: a la de estar atento al retorno de algunas imágenes) los veía juntos y encerrados en algún lugar planificando una fuga. Y aparecía una figura que lo impedía. Fue entonces que se comenzaron a unir elementos: la fuga, la resistencia para no perder la utopía (pienso que ambos personajes son símbolos de la utopía: una idealista, otra material y concreta), apareció la moto del Che de su viaje por Latinoamérica (y el Rocinante del Quijote), la figura de Ella, como un personaje simbólico que, satisfaciendo los deseos de lo que fueron ambos, de la repetición de sus mitos, los anestesia y los hace impotentes.

Se ve que, adentro mío, me preguntaba si no era conveniente resistir apelando a nuevas armas ya que el mundo y el capitalismo había logrado una "victoria" que, sabía, no era tal, pero que nos colocaba frente a nuevos desafíos. Allí cerró todo y encontré el final.

La moto arranca (o Rocinante cabalga) cuando los personajes se despojan de lo que les sirvió en el pasado y se animan a aventurar otras armas para pelear por un mundo mejor. Esto no significaba, para mí, que la experiencia histórica del Che, o el mundo de la caballería en el Quijote, debía ser olvidada. No. Simplemente me preguntaba: ¿Con estas experiencias frente al "mundo unipolar" y al "triunfo planetario" del capitalismo, qué armas oponer?

Ambos personajes articulan recuerdos a través de las cartas de amistades que los siguieron en sus aventuras. Se trata de Camilo Cienfuegos y del propio Sancho Panza. Sancho escribe desde su mundo al que gobierna, imaginario y ficcional; y Camilo escribe poéticamente perdido entre las nubes.

El Che y Don Quijote se miran con complicidad elevando un mensaje irónico en el que el discurso revolucionario ha sido el que ha triunfado. Ambos desde un espacio no definido y mediante sus gestos dan cuenta que el mundo mental que comparten con sus amistades fue devastado por el tiempo presente, por el neoliberalismo de los noventa.

En este punto sucede lo que señala Casalduero: las cartas poseen elementos cómicos porque terminan de conformar el carácter de guerrillero del Che y de caballero de Don Quijote en tanto que no les queda otra que intentar mantener la farsa del supuesto triunfo de la revolución. Lo que se parodia, justamente, es esa manera de recordar a Guevara muchas veces plasmada en las biografías.

Por ejemplo, Pacho O'Donell recupera un testimonio que habla del Che como "(...) un líder revolucionario, un idealista, un romántico. (...) debería servir para que todos tengamos su vida y su pensamiento como referencia de un líder romántico que nunca vaciló en sus ideales. Sin miedo y sin tacha, su vida es una parábola perfecta, sin objeciones" (2012, 43). Así la nostalgia de la revolución, parodiada, es uno de los puntos que comienza a definir los personajes, más allá que Alsina no narre en su obra la historia familiar del Che. ¡Ladran Che!

La obra de Alsina revisita desde la comedia la idea del amor, aunque a diferencia de la historia de Cervantes lo desliga del cristianismo. En ese punto Alsina rompe con la idea de Guevara vinculado al cristianismo, que imaginariamente se lo constituyó en algunos testimonios históricos.

Así, Alsina cuestiona el mundo sobrenatural con ese supuesto ascenso imagi nario que en Guevara fue anclado a partir de la circulación de algunas fotografías: la de Freddy Alborta y la de Alberto Korda. Recordemos que las imágenes habían recorrido el mundo a través de la prensa brindando una lectura mítica sobre el cuerpo de Guevara.

Alrededor de la foto de Korda circuló y se conformó el vivo estandarte del héroe guerrillero. En cuanto a la foto de Alborta existieron un sinfín de lecturas populares que lo ubicaron al lado de Cristo. Los "guardianes" del imaginario social también son guardianes de lo sagrado. El margen de libertad y de innovación en la producción de representaciones colectivas, sobre todo imaginarios sociales, es particu larmente restringido.

El simbolismo del orden social, de la dominación y de la sumisión, de las jerarquías y de los privilegios, etc., se caracteriza por una remarcable rigidez. Las técnicas de manejo de esos símbolos se confunden con la práctica de los ritos que reproducen el fondo mítico y son técnicas tanto del cuerpo como del arte y del lenguaje". Entonces, la figura del Che Guevara se desarrolla míticamente en el ámbito de los imaginarios sociales como caballero andante.

Alsina, en su obra, asocia a Guevara a su pensamiento de hombre nuevo y desde allí lo vincula con el amor a toda la humanidad.

DON QUIJOTE: Ese "hombre nuevo" de quien tanto hablas, ya existió en los libros de caballería. Es el Caballero Andante, para quien están guardados los peligros, las grandes hazañas, los valerosos hechos.

CHE: ¡Sí, claro!...el "desfacedor" de entuertos que ingenuamente creyó que sólo bastaba con hacer prometer al patrón de no azotar más a su criado para que dieras vuelta la "esquina" y todo volviera a la normalidad: los azotes al muchacho.

Dentro de los mitos que descompone Alsina se encuentra el juego que propone con la metamorfosis de médico-guerr...

Discurso del Che Guevara, en audio latino

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