Al abrir sus ojos por primera vez seguramente miró hacia el cielo. Y entonces se enamoró para siempre, incluso hasta la eternidad, de ese espacio alto, abierto, infinito y azul. Venía predestinada.

Margot Duhalde Sotomayor, una inspiración para las futuras generaciones de aviadoras.
Sus Primeros Años y la Atracción por la Aviación
Nacida el 12 de diciembre de 1920, en Río Bueno, Provincia de Valdivia. Nació en Río Bueno el 12 diciembre 1920, y luego de unos pocos días fue llevada al hogar de su familia, en el sector rural Trafún, en donde se juntan y se hacen uno solo los ríos Chirre y Pilmaiquén, donde su familia ejercía la agricultura.
“¡Ah, mi niñez! Puedo decir que fui una niña muy feliz, acompañada además por una familia numerosa. Era la segunda de doce hermanos, de los cuales actualmente sobrevivimos siete, de las cuales ahora resulto la mayor. A parte de nacer en el Día de la Aeronáutica Nacional, Margot recordaría que: “A veces pienso que el inicio de mi larga carrera de aviadora comenzó justamente en el vientre de mi madre, cuando yo tenía algunos meses de gestación. Según contaba ella misma, en esa oportunidad voló el juez, por ser la autoridad de la comarca y a continuación lo hizo ellas.
La aviación la atraía de manera total, también porque el día que nació se cumplían exactamente dos años del 12 de diciembre de 1918, día en que Dagoberto Godoy Fuentealba, teniente de la aviación militar que realizó el primer cruce de la Cordillera de Los Andes, por su parte más alta, en un ligero monoplano. Por lo mismo, en homenaje a aquella proeza e hito de la aviación chilena desde 1956, cada 12 de diciembre se celebra el Día de la Aeronáutica Nacional. Ahora tiene agregado el nombre de una mujer.
Entre algunos de los vivos relatos escolares en Río Bueno, que recordara Margot, años más tarde, hacía referencia a su primer contacto directo con un avión, en los siguientes términos: “…una vez durante esas aburridas horas de clases en cuarta preparatoria, escuché un ruido familiar que casi me hizo paralizar el corazón: ¡un avión!… que pasaba muy bajo sobre mi colegio y que me hizo pensar por alguna razón, que estaba en dificultades. Entonces, sin pedir permiso, salí corriendo a la mayor velocidad posible, en dirección donde suponía que se había dirigido el avión, un potrero cercano a una de las plazas. No me había engañado la intuición: ¡allí había un avión aterrizado y entero! Es difícil explicar la sensación que experimenté, solamente recuerdo que la emoción no me dejaba hablar.
Su Determinación y Carácter
Otro registro general de niñez y de su carácter, sea uno publicado en una entrevista que la revista ZigZag le hiciera en marzo de 1940, donde señalaba que “…hasta los once años fue campo de mis pequeñas maldades la ciudad de mi nacimiento, por la que guardo como es natural, un cariño entrañable. Hice mis preparatorias en un colegio de monjas del lugar, las monjitas eran tan buenas, como lo son todas ellas, pero yo no debo haberme portado muy bien en un tiempo, porque estuve separada de las clases una temporadita. Mi tristeza duró hasta que me hice de nuevas amigas y comencé otra vez con mis diabluras.
Cumplidos los 16 años de edad y acompañada de su padre, concurrieron a la oficina del Club Aéreo para inscribirse como socia y realizar su ansiado curso de piloto civil. Washington Silva Escobar, quién la “largó” sola a volar el día 23 de febrero.

Margot Duhalde, una joven aviadora que desafió las convenciones de su época.
Su Participación en la Segunda Guerra Mundial
Margot Duhalde Sotomayor marchó literal y conscientemente a la Guerra, en Europa, para pelear bajo los colores de Francia, la tierra de sus antepasados paternos. Eran los años 40. Se hizo literalmente una mujer aguerrida.
Enterada que en Santiago se había formado un Comité para buscar voluntarios, decidió colaborar con la “Francia Libre”, -tal como el general De Gaulle denominó al gobierno francés en el exilio, que se instaló en Londres como consecuencia de la ocupación alemana del territorio francés- y se apresuró por acudir e inscribirse.
El 11 de abril de 1941, viajaban trece voluntarios rumbo a Mendoza desde donde tomarían el tren a Buenos Aires. Dos mujeres integraban el grupo, siendo una de ellas Margot. Debido a que las Fuerzas de Aire y Tierra de la Francia Libre operaban en un país ajeno y en condiciones disminuidas por la guerra, el orden y las órdenes jugaban algunas veces en contra de los deseos. Es así, que al poco tiempo de su arribo, Margot descubrió que había sido aceptada como piloto, porque pensaron que era hombre. Su enrolamiento realizado en Santiago de Chile, aparentemente decía Marcel y no Margot. Los franceses sólo le ofrecían un puesto de Asistente de Hospital o en la cocina, situación que nuestra flamante piloto, rechazó tajantemente.
Recordaba que en Inglaterra eran como seiscientos pilotos, de veintiocho nacionalidades distintas, que transportaban aviones desde las fábricas hasta las escuadrillas de combate. Eran como 500 pilotos, de ellos solo cien eran mujeres; y ella era la más joven y la única latinoamericana.
En agosto de 1941 fue comisionada al Air Transport Auxiliary (A.T.A.) de la Real Fuerza Aérea (R.A.F.), como Cadet-Pilot en el Aeródromo de Hatfield, donde funcionaba la Elementary Flying School. “En cuanto llegamos a Hatfield fuimos conducidos a la oficina de la comandante Pauline Gower, por Miss Curtis, la oficial quien una vez que nos presentó se retiró para que explicáramos el motivo de nuestra visita.
Es importante explicar para esta reseña, lo que fue la A.T.A., ya que era una organización civil militarizada encargada de transportar los aviones, tanto para la Real Fuerza Aérea (RAF) como los de la Fleet Air Arm (FAA- Rama aérea de la Armada británica) que salían desde las fábricas hacia las unidades de mantenimiento y las escuadrillas de combate.
“Mi primer día en el aeródromo fue horrible, porque no sabía qué hacer, ni con quién hablar. Al mediodía tenía mucha hambre y no sabía cómo conseguir almuerzo, pero por suerte una oficial me invitó, por señas, a almorzar y solucioné mi problema. Al día siguiente comenzaron las clases y allí encontré a otras dos mujeres y tres hombres vestidos de civil que eran alumnos igual que yo. La instructora de navegación era la First Officer Patterson, una de las pilotos con más experiencia de vuelo, según supe después. Empezó por preguntar nuestros nombres y cuando llegó mi turno, pronuncié el mío como de costumbre, por lo que ella no entendió nada y me pidió que lo escribiera en la pizarra, después de pensarlo por algunos segundos, me preguntó si tenía otro nombre, a lo que contesté negativamente. Entonces dijo: ya tenemos otra Margot en la escuadrilla, por lo tanto te llamaremos Chile.
Luego el 2 de febrero es destinada al Elementary Flying Training School (E.F.T.S.) de White Waltham cerca de Maidenhead, Berkshire, y más tarde al aeródromo Luton en Bedford. El 9 de octubre de 1942, es enviada a la base del Nº1 FPP (Ferry Pilot Pool) al Advanced Flying Training School (A.F.T.S.) de White Waltham para un curso de aviones de caza. El 15 de marzo de 1943 regresa al Advanced Flying Training School (A.F.T.S.) de White Waltham para un curso de bimotores Iivianos y pesados. Un año más tarde, el 1 de abril de 1944, regresaría una vez más al A.F.T.S. de White Waltham para elcurso de Four Plus (+4), en bombarderos livianos Hudson Mk. I y Armstrong Whitworth A.W.41 Albemarle.
“Un par de meses después de haber terminado mi curso de Four Plus, una mañana al acercarme a Operaciones para retirar mis órdenes de vuelo de ese día, me encontré con la desagradable sorpresa que una de las órdenes era para un Albemarle, aquel avión triciclo inglés, que tan malos recuerdos me había dejado, al accidentarme antes de obtener mi categoría de 4+. Las otras eran: una para un Tempest y la otra para un Ventura. Partí con la sensación de mariposas en el estómago porque volar nuevamente un Albemarle no me hacía ninguna gracia, pero no podía admitir que ese avión me daba miedo, menos frente al cadete que asignaron como ayudante.
Una piloto inglesa (Diana Barnato Walker, en su libro “Spreading my wings”, expandiendo mis alas) la recuerda: “Otro piloto fue Margot Duhalde, quien vino desde Chile para ayudarnos en nuestro esfuerzo de guerra. Ella siempre fue llamada afectuosamente Chile … era extremadamente bonita, oscura de pelo, pero de piel blanca y ojos claros. Cuando llegó, el jefe le dijo que no le sería posible hacer transporte de aviones si no hablaba inglés. Entonces se le permitió ir a trabajar a los hangares y fue justamente ese invierno, el del 41-42, el peor que tuvimos. Mientras yo estaba calentita en mis clases, la pobre Chile estaba muerta de frío en el hangar. Solía llegar en las tardes absolutamente cubierta de grasa y congelada. Pero ella estaba decidida a volar por Inglaterra y lo hizo. Aprendió bien poco del buen inglés y mucho del malo. Fue una eficiente y muy querida piloto y tuvo un excelente record.

Margot Duhalde en la Air Transport Auxiliary (ATA) durante la Segunda Guerra Mundial.
Su Regreso a Chile y Desafíos Profesionales
“En Los Cerrillos me esperaban mis padres, algunos de mis hermanos, que eran casi desconocidos para mí por haber dejado de verlos cuando eran jóvenes, algunos curiosos y periodistas que nunca faltaban. Como único saludo me preguntó cuántas horas de vuelo tenía, al contestarle, me dijo: ¡Bah, yo tengo más! Y se alejó dejándome con la rara impresión que no sería bien recibida en el gremio de pilotos.”20
Tal como lo había pensado, no le fue inicialmente tarea fácil el conseguir un trabajo como piloto, pues en esos días era casi una tarea privativa para los hombres, no importando la vasta experiencia con que Margot contara. Los primeros vuelos se realizan entre Puerto Montt y la isla de Chiloé, recalando en Ancud y Castro.
“Ser piloto de LIPA-SUR no sólo era volar el avión, sino que además había que subir y bajar maletas, cargar aceite, ayudar a llenar los estanques de combustible, etc., tareas en las que los pasajeros solían ayudarme. Un día en que un elegante y joven diputado viajaba como mi pasajero, se ofreció muy galantemente para rellenar uno de los estanques de aceite, pero ya sea por desconocimiento o por descuido, se paró contra el viento fuerte que soplaba en ese instante y empezó su tarea de recarga, resultado es que se bañó de arriba abajo con aceite, estropeando totalmente su elegante terno. La empresa se fue haciendo conocida y respondiendo a un imperativo de la época, comenzó a adquirir nuevos aviones ampliando sus servicios ahora desde Santiago a Temuco, con escalas en Los Ángeles, Traiguén y Angol dos veces por semana.
Pero cuando comenzó a crecer, la Línea Aérea Nacional (L.A.N.), vio en ella un peligro, por lo que rápidamente se opuso a sus vuelos e hizo valer su monopolio en el país, obligando a LIPA-SUR, a restringir los gastos y despedir personal.
“Sentimos comunicarle que, debido a la forzada paralización de las actividades de LIPA-SUR, motivada por el invierno y por haberle denegado la Línea Aérea Nacional autorización para volar, en esa época, a Ovalle y La Serena, nos vemos obligados a restringir nuestros gastos y, por lo tanto, a reducir nuestro personal de planta. En tal situación y seguros de que Ud. De convenir a sus intereses, no tendríamos inconveniente, llegado el caso, en utilizar sus servicios, a razón de un tanto por viaje o por hora de vuelo. Agradeciéndole, muy sinceramente, la valiosa y desinteresada cooperación que, en todo momento, nos ha brindado y ciertos de que apreciará las razones de nuestra determinación, nos suscribimos de Ud., como SS.SS.SS p.p.

Margot Duhalde, un legado que perdura en el tiempo.
Su Legado y Reconocimientos
Siempre le gustaron los animales. Tuvo solo un hijo, Fernando Martínez-Conde Duhalde. Cada vez que el piloto hacia una maniobra brusca, se despertaba. Entonces Margot retaba al alumno, diciéndole que Niki lo había acusado. Era mujer de carácter. Un amigo la describió para una publicación como “mujer súper valiente, no sé a qué le puede temer miedo. Tiene personalidad, prestancia y defiende muy bien sus derechos, Pero ella misma reconocía que le tenía miedo a cualquier bicho. Una vez dispuso fumigar completo su departamento, “porque encontró una arañita”.
Cuando cumplió sus 80 años de edad, los celebró lanzándose en paracaídas, en el aeródromo de Castro.
En Río Bueno se le declaró Hija Ilustre y existe una población, la Villa Alejandro Magnet Pagueguy, donde su principal calle lleva su nombre, la que ella conoció y recorrió. Esa calle corresponde exactamente a la antigua cancha de aterrizaje Choncomilla, por lo tanto, por donde los aviones despegaban y aterrizaban.
Falleció en Santiago la madrugada del lunes 5 febrero 2018. Tenía 97 años de edad. Ese día voló hacia más allá de la vida y hacia más allá del cielo. Y así como nació en Río Bueno, también se quedó en su tierra y en sus aguas después de su partida. Margot Duhalde S.
Me parece increíble estar celebrando, este 12 de diciembre, el Centenario de tu nacimiento. Pensando que hace muy poco tiempo que emprendiste rumbo. Siempre te decía que tenías que vivir hasta los 100 años y tú te enojabas.
En esta oportunidad, contaré algo de lo mucho que hiciste por “Alas Andinas”. Entre otras actividades, nos entusiasmaste y ayudaste, consiguiéndonos incluso combustible, para efectuar un hermoso e interesante Raid Aéreo hasta la ciudad de Arica. Convenciste a la Fuerza Aérea de Chile para que nos hiciera un Curso Especial de Reservistas. En el cual, no sólo incluiste a las Pilotos de Alas Andinas, sino también, otras Mujeres en la Aeronáutica, como algunas funcionarias de la DGAC (Dirección General de Aeronáutica Civil). Yo creo que tu espíritu de participación procedía, en parte, del hecho de haber sido, por corto tiempo, Mecánica de Aviación en la A.T.A. (Air Transport Auxiliary) durante la Segunda Guerra Mundial, de lo cual tenías muy buenos recuerdos. Aunque, al principio, lo tomaste como “castigo”; pero después, consideraste “una oportunidad” el que te enviaran a aprender y trabajar en esa Sección como parte integral de tu profesión de Piloto.
Posteriormente a la Segunda Guerra Mundial, como integrante de la Fuerza Aérea Francesa, tuviste que hacer el Curso de Piloto de Planeador. Igualmente, el afecto y reconocimiento de los Clubes Aéreos, varios de los cuales te nombraron Socia Honoraria.
Tu tremenda experiencia se manifestaba espontáneamente.
Margot Duhalde al centro, sobre la cabina del Spitfire Mark XII. Grupo de pilotos de la A.T.A. en Humble. (Sentada al centro, segundo lugar de izquierda a derecha, Margot Duhalde)(Fuente: Revista Fuerza Aérea de Chile.