El fenómeno de las trampas para ciclistas en la montaña, o simplemente para cualquier usuario de caminos rurales, ha ganado un alarmante protagonismo en los últimos meses. Se esta volviendo habitual que en los senderos que recorremos encontremos instrumentos y objetos en medio del camino interrumpiendo nuestro paso y que no deberían estar ahí.

El panorama no es muy halagüeño y en principio, si alguien resulta herido por una ellas y el responsable es localizado se le podría imputar un delito de lesiones por imprudencia. Ningún colectivo ha sido marcado de forma clara como responsable de las trampas para ciclistas.
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Tipos Comunes de Trampas para Ciclistas
Las trampas pueden variar en su forma y peligrosidad. A continuación, se describen algunos de los tipos más comunes:
- El alambre de espino o cable: que se ata entre dos árboles a la altura del pecho o cuello de los ciclistas para hacerlos caer. Lo más habitual son cables atravesando el camino sin señalizar, ya sean de acero, nylon u otro material. Es el caso de la trampa que parece ser propició la muerte de un ciclista recientemente en el peor episodio de este tipo de accidentes.
- Los troncos o piedras de grandes dimensiones: que se colocan en el medio de la senda para interrumpir el paso.
- Los huecos atrapa ruedas: que son cavados en zonas poco visibles de los senderos, ya sean en curvas, descensos o saltos; y muchas veces son cubiertos con ramas.
- Las tablas con clavos: que son enterradas dejando los clavos por fuera con la intensión de hacernos reventar las ruedas.
- Las estacas: que son menos frecuentes, pero que se han encontrado en algunos senderos enterradas o atadas a los árboles.

Consecuencias y Justificaciones
Las excusas que utilizan algunos grupos de vecinos de las zonas más afectadas o algunos de los colectivos bajo sospecha de su colocación, es que son colocadas sin intención de hacer daño a los ciclistas y que solo están ahí para disuadirlos. Esto contrasta mucho con la realidad ya que en nuestro país durante el año 2016, este tipo de trampas se cobraron la vida de un ciclista en Cantabria, la desfiguración del rostro de otro en Asturias y que otro quedará parapléjico en Vigo, entre otras decenas de heridos con cortes, contusiones y heridas leves.
Marco Legal y Actuación Judicial
Actualmente nos encontramos tres escenarios judiciales para aquellos que coloquen trampas:
- Si son reconocidos y denunciados a la Guardia Civil, o pillados infraganti colocándolas, se les levanta un sumario y son liberados.
- Si un ciclista es herido y se comprueba fehacientemente quién es el autor, se le puede denunciar con los cargos de lesiones (según la gravedad de las heridas).
- Si un ciclista muere como consecuencia de las heridas sufridas por una trampa y se encuentra al responsable, solo se le acusarà como si fuera un homicidio imprudente. Y si no se puede comprobar quién fue... el crimen queda impune.
La Guardia Civil es nuestro gran aliado en esta lucha contra quienes colocan las trampas, pero la falta de recursos, la dificultad de encontrar responsables directos y la falta de una ley dura contra este tipo de actos, hacen que a pesar de los esfuerzos realizados los delincuentes que las colocan sigan haciéndolo impunemente.
¿Cómo Actuar Ante una Trampa?
La mayoría de ciclistas que nos hemos encontrado con trampas, las hemos ignorado en la mayoría de los casos, las esquivamos y hemos seguido nuestro camino o nos hemos limitado a sacarles fotos, quitarlas y subirlas a las redes sociales., pero eso no servirá de nada si las autoridades no saben de que están ahí:
- Si visualizamos y reconocemos una trampa, o algún objeto dudoso que pueda poner en riesgo la integridad de un ciclista, lo primero que debemos hacer es detenernos, acercarnos con mucho cuidado (principalmente cuando hay clavos u objetos punzantes), y tratar de marcarla con algo de color llamativo para que otros ciclistas puedan identificarlas.
- Llamar de inmediato al 062 (Guardia Civil), o a la Policía local, e indicar que se han encontrado con lo que parece ser una trampa para ciclistas, darle una descripción detallada de la trampa, el lugar donde se ha colocado y si se tiene un GPS, brindarles las coordenadas exactas de donde está. De ser posible, se recomienda quedarse en el lugar hasta que la Guardia Civil o los representantes del organismo a quien ellos les avisen lleguen, para que ningún ciclista corra el riesgo de ser herido (la respuesta es bastante rápida y suelen llegar pasados unos minutos).
- Tomar con mucho cuidado fotos detalladas de las trampas, como de cualquier otro elemento sospechoso que se encuentre a su alrededor y que permita en un futuro localizar al responsable de su colocación. Esto se realizaría en caso que represente un peligro inminente para ciclistas o senderistas y no haya tiempo para esperar a que lleguen las autoridades competentes (hace dos semanas se encontraron trampas en los senderos de una marcha en Castellón y se procedió a desarmarlas de inmediato porque atentaban contra los competidores de la prueba).
- En el caso que se encuentre a alguien colocando una trampa, lo más recomendable es tratar de documentar la colocación en video o fotografía, para que luego eso nos sirva de respaldo para una denuncia. De inmediato llamar a la Guardia Civil para dar aviso de lo sucedido y continuar el procedimiento indicado en los puntos anteriores. Bajo ninguna circunstancia se recomienda enfrentarnos con quienes están colocando las trampas, ya que queda demostrado que carecen de escrúpulos.
Stop Bikers Killers: Un Movimiento Ciudadano
Para hacerle frente a esta problemática, un grupo de ciclistas de montaña con origen en la Comunidad Valenciana, se han unido para crear el movimiento “Stop Bikers Killers”, con el fin de generar conciencia en la población en general y disuadir a quienes colocan estas trampas que atentan contra nuestras vidas.

“En una de las nuestras rutas de bicicleta habituales de Braojos (Sierra Norte de Madrid), una doble cuerda en el camino. Todavía tengo que agradecer que no hayan puesto alambre. Ahora mismo no podría contarlo. ¡¡¿El mundo se ha vuelto loco?!!”. Estos días circulaba el mensaje en varios chats de grupos ciclistas. La autora del mensaje había sido víctima de una de esas trampas contra ciclistas y motoristas de la geografía española que siguen presentes en pistas y montes. Acompañaba el mensaje con la fotografía de las lesiones sufridas en su cara y cuello. Ella tuvo suerte. Otros, no tanto.
Casos Trágicos y la Impunidad
El caso de Diego González fue dramático, porque en 2015 quedó en silla de ruedas tras su accidente en el Monte Alba, de Vigo. Cuatro operarios de la comunidad fueron juzgados por colocar una gran piedra contra la que se estrelló Diego después de un salto. No se pudo probar su culpabilidad. Aunque peor fue la historia de Jesús Ángel Santos Redín, que viajó con su bicicleta mientras visitaba en Cantabria a su hija de 12 años, que estaba en un campamento en Valderredible. En uno de los tramos del GR99 -un sendero balizado de gran recorrido-, se encontró con un cable pastor eléctrico cruzado en el camino entre dos estacas. Falleció en la caída.
Reflexiones Finales
Las trampas a ciclistas -y motoristas- no han desaparecido. Responden a causas distintas según las circunstancias del entorno y la geografía, a los intereses en juego, o a las filias y fobias de algunos. También al conflicto entre los usos locales y el comportamiento de los propios ciclistas. Ello no obsta para el extraordinario peligro latente que implican.
“Están más normalizadas de lo que parece”, explica Julio Vicioso a El Confidencial. Para el director de la revista 'Bike', decana en el ciclismo de montaña en España, “sigue existiendo y hasta casi parece que se normaliza, porque al final lo que haces es bajarte de la bici y quitas las ramas o lo que sea, pero la gente que lo hace no se da cuenta con lo que está jugando. Hay gente que puede perder la vida, no es una broma”.
Víctor Tarodo es presidente de IMBA en España (Asociación Internacional de Bicicleta de Montaña) y abogado. Su colectivo afirma que desde hace al menos seis años se encuentran con estos problemas. "Las trampas son de todo tipo, pero las más comunes son los cables cruzados a la altura del pecho y cuello, tablas con clavos o chinchetas (en la propia casa de Campo de Madrid se han llegado a encontrar) y trincheras, zanjas de un metro de profundidad abiertas con máquinas y situadas estratégicamente tras un cambio de rasante”.
Al realizar este reportaje, el ciclista Antonio Llinares enviaba algunas fotografías de estas trampas (en el álbum que abre este artículo). “Esto es lo que nos hemos encontrado en Xabia y Polop (Alicante), y siempre en sendas y trialeras para hacer daño. Todo esto, en un mes más o menos”.
“En la Sierra de Madrid tenemos trampas en senderos y pistas trampas, ramas y madera, o piedras, que el viaje que te das con ellas no está mal”, explica Julio Vicioso, “el tema ha remitido un poco, pero ha habido un momento hace un par de años en que estuvo muy candente, cada día pasaba algo. Se puede dar en casi cualquier sitio. Uno de los temas que también han jugado en contra de la bici es la comunicación que se ha hecho sobre posibles prohibiciones a la bici en un parque regional o nacional. Y el senderista considera que la bici ya estaba prohibida, cuando no ha sido así al final. Y esto ha hecho mucho daño. Luego la gente que tiene ganado, te llega información de problemas con los ganaderos”.
Vicioso quiere apuntar expresamente que los ganaderos como colectivo no deben ser señalados. Incluso apunta a que, en muchas ocasiones, el comportamiento de algunos ciclistas les crea problemas cuando, por ejemplo, no se cierran las puertas de fincas, lo que puede crear graves problemas a los ganaderos ante la posible escapada del ganado.
“Si un ganadero tiene el ganado en una zona y se queda la puerta abierta, puede echar la vista al colectivo de la bici, aunque no siempre tiene que ser un ciclista. Se nos ha criminalizado, cuando en realidad la bici, en cada país desarrollado, se valora cada día más”, explica Vicioso.
Motivaciones Detrás de las Trampas
Quique Pérez es portavoz de Pedaladas Pontevedra, un activo grupo ciclista que ha sufrido, luchado -y hasta se ha manifestado- en Galicia con el problema de las trampas, región en la que han proliferado largamente. Evitando generalizar a los colectivos, detalla algunas de las motivaciones que en su zona han llevado a la proliferación de una práctica que se intensificó hace un par de años.
“Por un lado, está el malestar de los propietarios de montes privados. Colocando obstáculos, palos en general, pero ha habido casos extremos de fincas con cables atravesados de acero, en bajada”. En su asociación, detectaron uno con clavos insertados, “para que encima desgarrara”. También están algunos cazadores “que salen los jueves y domingos: en temporada de caza empezaron a aparecer tablas con clavos para provocar pinchazos, pero que terminaron con casos de senderistas lesionados”.
La moto es la gran perseguida en muchas zonas, pero son los ciclistas quienes resultan víctimas colaterales. “En Lugo, siguen apareciendo cables en zonas de trialeras de motos”, explica Quique Pérez, "ahí y parte de Ourense, donde se ven trampas con clavos enormes contra la moto, porque no pincha tanto y no tiene problemas para pasar por encima de los palos. Y a algunos se les va la pinza y ponen ahora cables. No cabe en la cabeza de nadie intentar matarlos porque los motoristas puedan tener un comportamiento irregular”.
Galicia posee unas características singulares que se acentúan por su geografía y el estatus de sus montes. Pero su casuística también es extensible a otras zonas de España.
“En el mundillo ciclista, vemos cosas que están pasando en otros sitios, cada territorio tiene sus circunstancias concretas. En Galicia, los montes son casi todos privados. Las comunidades de montes nos aceptan muy bien, aunque se nos pide que no abramos caminos nuevos. Han aparecido también trampas en canteras y accesos a fincas particulares. El uso puede ser incorrecto, pero la gente se toma la justicia por su mano”.
Según Pérez, en la provincia de Pontevedra se frenó el uso de trampas cuando el fiscal jefe provincial hizo pública su determinación de aplicar penas de cárcel para los potenciales culpables. Pero el problema es que, en general, las trampas son difíciles de localizar. Y algo más.
Los 'Fantasmas' y la Falta de Denuncias
Tarodo explica que su asociación no dispone de un número de denuncias contabilizadas, pero sí de una referencia general: más de 30 en toda España en seis años. Pero, como explicaba Julio Vicioso, “la mayoría de ciclistas no denuncia ante la Justicia, sino por redes sociales y para advertir a otros usuarios. Son muy pocos los que dan el paso ante la Policía porque son conscientes de que los castigos son irrisorios. Las instituciones publicas no dicen nada porque excede sus competencias. Y algunos bosques no son públicos porque pertenecen a las comunidades de montes, que son entidades privadas”.
“Los autores de estas trampas son denominados ‘fantasmas’ porque aparecen, las dejan puestas y desaparecen sin dejar rastro. Quien hace esto lo hace con guantes, para no dejar huellas. Es muy difícil determinar quién ha puesto qué”, explica Víctor Tarodo.
“Hoy, se imputan solo lesiones leves o graves. Si son muy graves, se les condena a unos meses de cárcel (con menos de dos años, no entran a prisión) y una multa o indemnización que puede llegar, en principio, hasta los 30.000 euros. No hay homicidio ni intento de homicidio”.
Tarodo pide una política de concienciación sobre los peligros incluso mortales de las trampas en montes y caminos. "Dotar de más personal de seguridad los bosques sería imposible en términos económicos. En Madrid, hay entre 2.000 y 2.500 kilómetros de ruta, no hay presupuesto, es inviable. Tener a la guardia forestal permanentemente pasando por los caminos es imposible. La única solución pasa por educar y concienciar a la gente, hacer llegar a los vecinos o propietarios que esa persona que va montada en la bici podría ser su hijo o nieto”.