Admitámoslo, pocas sensaciones evocan más un triunfo que aquel recuerdo de niñez, cuando por fin logramos avanzar nuestros primeros metros sobre una bici pedaleando sin ayuda de nadie, sosteniéndonos por nosotros solos y disfrutando de esa plácida sensación de libertad y velocidad. De entre todos los aprendizajes asumidos a lo largo de la vida, este suele ser uno de los más emocionantes. Y se queda ahí. Esa competencia tan decisiva en la infancia se queda impresa de por vida en un rincón de nuestro cerebro.
Una vez aprendemos a montar en bici, ya no se nos olvida. Es como ese acto reflejo, lo aprendido en la infancia se reactiva sin importar que hayan pasado dos o quince años sin subir pedalear. Ese aprendizaje permanece intocable, preciso y automático, al igual que nuestra capacidad para recordar cómo se nada, cómo atarnos los cordones de los zapatos o, más aún, cómo conducir. Pero, ¿cuál es la razón por la que recordamos cosas como estas sin hacer ningún esfuerzo mientras que vamos olvidando otras con el paso del tiempo?
La razón por la que nuestro cerebro automatiza determinados procedimientos, y en cambio, decide llevar otros al olvido, responde a una estructura muy concreta: el cerebelo.
Para entenderlo mejor, señalemos la explicación del neuropsicólogo Boris Suchan, doctor del departamento de Neurociencia Cognitiva en la Universidad Ruhr de Bochum, en Alemania: nuestro cerebro asienta cada experiencia de dos modos muy concretos. Veámoslo a continuación.

Una de las primeras personas que sintió una notable fascinación por el cerebelo fue Leonardo da Vinci. Tanto es así que acuñó este nombre cuando, en 1504, en una de sus noches de investigación sobre la fisiología humana, quedó intrigado por esa área a la que denominó sencillamente “cerebro pequeño (cerebellum)”. Lo que no sabía Leonardo es que esa estructura, fuera la responsable de tareas tan básicas para el ser humano.
La memoria procedimental y el papel del cerebelo
La memoria se organiza de dos modos muy concretos: memoria a corto y memoria a largo plazo. La memoria declarativa hace referencia a ese tipo de memoria que nos permite devolver a la conciencia y de manera voluntaria, hechos, datos o experiencias del pasado. En esta segunda tipología se integran todas esas habilidades motoras y ejecutivas que adquirimos en algún momento de nuestra vida: la memoria procedimental.
Gracias al cerebelo sabemos escribir, usar el móvil, el ordenador, conducir, nadar, tocar un instrumento o disfrutar de nuestros juegos o deportes favoritos. La neurociencia está demostrando además, la relevancia que tiene el cerebelo en cualquier tipo de actividad deportiva. También en toda tarea que implique un tipo de aprendizaje que al final se vuelva automático.
En el caso de la memoria procedimental, el cerebelo cumple un papel esencial, ya que se encarga del aprendizaje y de coordinar los movimientos de nuestro cuerpo. Las neuronas de Purkinje que están en él median en esa memoria motora y muscular que facilita el movimiento automático del pedaleo sin que lo tengamos que recordar de manera voluntaria. Montar en bici, al ser una actividad de aprendizaje que se adquiere a través de la práctica, es difícil de olvidar, pero también es complicado de enseñar.

Todo este tipo de recuerdos incluidos en la memoria procedimental quedarán almacenados por un tiempo ilimitado sin que nada, salvo un cuadro de amnesia grave, pueda borrarlo.
Neuroanatomía y fisiología de la memoria
Tipos de memoria y su impacto en el recuerdo
Existen muchas teorías al respecto, pero la más aceptada a nivel científico es la que formuló el norteamericano Larry Squire a finales del siglo XX. Esto tiene que ver con los tipos de memoria existentes. La memoria declarativa se encarga de los recuerdos autobiográficos acumulados en nuestra vida y de los conocimientos que adquirimos y depende a nivel anatómico de la integridad del lóbulo temporal medial. Por su parte, la memoria no declarativa es la que se encarga del aprendizaje de habilidades motoras, como conducir o montar en bicicleta, que se adquieren con la experiencia. Anatómicamente, depende de estructuras subcorticales.
Al estar ante dos tipos de memoria diferente, hay distintos resultados a la hora de enfrentarse a los diversos procesos que aparecen en la vida. Será diferente la respuesta de uno u otro tipo de memoria ante una situación patológica como puede ser la demencia o ante un proceso no patológico como puede ser el envejecimiento. El comportamiento es distinto. Resumiéndolo todo mucho, la memoria declarativa que engloba los recuerdos autobiográficos de la persona es mucho más frágil que la no declarativa.
Por eso, una persona que sufra una demencia podrá recordar cómo tocaba el piano cuando era joven y, de hecho, será capaz de tocar una canción, pero será incapaz de acordarse de lo que desayunó esa misma mañana.

Pero, además de las diferencias que hay entre la memoria declarativa y la no declarativa, existen otros factores que pueden jugar un papel decisivo en lo que una persona recuerda y en lo que olvida. Los expertos consultados por la BBC se muestran de acuerdo al afirmar que los recuerdos que tienen un "alto contenido emocional permanecen más tiempo en nuestra memoria". El día de nuestra boda, el nacimiento de un hijo o el día que entraste por primera vez en tu nueva casa son solo algunos ejemplos de recuerdos emocionales que son difíciles de olvidar.
Eso sucede porque nuestro sistema emocional traslada a nuestra memoria la importancia que le damos a una determinada experiencia, ya sea positiva o negativa. Por eso también es posible que recordemos las últimas palabras de un ser querido antes de su muerte o una situación dolorosa que nos marcara en un determinado momento de nuestra vida. Otro factor al que los investigadores conceden una gran importancia es la atención que prestamos a un determinado acontecimiento.
Por ejemplo, si no encontramos el teléfono en casa no solo se debería a nuestra mala memoria, que podría ser, sino que es posible que se debiera a la falta de atención que pusimos cuando lo usamos por última vez, posiblemente porque estuviéramos centrados en otra cosa: una conversación, una noticia importante en la televisión, vestirnos para ir al trabajo, etc.
Puedes recordar cómo tocar el piano, pero no qué desayunaste esta mañana. Los expertos señalan que los recursos atencionales no son infinitos y, por tanto, no podremos hacer varias cosas a la vez y recordarlas todas.
El cerebro y la memoria a largo plazo
El cerebro entiende que hay una serie de actividades que debemos asentar de forma permanente para facilitar nuestra adaptación al entorno. Si tuviéramos que pararnos a recordar cada día cómo se conduce, cómo se envía un mensaje en el móvil o cómo debemos mover nuestro cuerpo para correr y cruzar un paso de cebra, perderíamos mucho tiempo. Así, la clásica expresión de “es como montar en bici” nos demuestra que hay actividades que una vez aprendidas, difícilmente las olvidaremos. Ahora bien, recordar dónde hemos puesto las llaves o cuál era la capital de Madagascar es contenido al que el cerebro parece no darle la misma importancia.
La repetición de una misma experiencia hace que aumenten las conexiones entre neuronas que permiten acceder a ella. Una vez se ha consolidado la información, puede pasar a formar parte de la memoria a largo plazo. Como ya hemos mencionado anteriormente la memoria se puede clasificar según cómo se almacena la información en memoria declarativa y no declarativa. Estas dos formas memoria se almacenan en lugares distintos del sistema nervioso.
Almacenamiento de la memoria declarativa
La memoria declarativa a largo plazo depende de la integridad del hipocampo y sus conexiones neuronales con la corteza cerebral. El hipocampo es un órgano que se sitúa en el interior del cerebro. En humanos, el hipocampo ejerce un papel fundamental en la memoria declarativa, ya que gracias a él podemos recordar eventos pasados, y a partir de ellos imaginar eventos futuros. Sin embargo, no es en el hipocampo donde se almacenan los recuerdos; el hipocampo es quien permite acceder a ellos mediante la multitud de conexiones neuronales que lo conectan con otras áreas del cerebro.
La corteza cerebral es el mayor depósito de la memoria a largo plazo. Sus diferentes áreas envían proyecciones neuronales con la información que han recibido de los órganos sensoriales. Estas proyecciones convergen en el hipocampo, que se encarga de enlazar recuerdos. Conforme vamos consolidando la información que recibimos, estas conexiones neuronales sufren cambios en su crecimiento y en su organización, sobre los que se sustenta la memoria.
Almacenamiento de la memoria no declarativa
Tal y como se ha mencionado anteriormente, la memoria no declarativa está más relacionada con el aprendizaje de movimientos y habilidades. Se encuentra regulada por el cerebelo, el cual es el principal encargado de controlar la motricidad y coordinación muscular.
En resumen, montar en bicicleta no se olvida porque involucra la memoria procedimental y el cerebelo, que automatizan los movimientos. Además, los recuerdos emocionales y la atención prestada también influyen en lo que recordamos. La memoria declarativa y no declarativa se almacenan en diferentes áreas del cerebro, y la repetición fortalece las conexiones neuronales, facilitando el acceso a los recuerdos a largo plazo.