Descubriendo la Plaza Antilén en MTB: Historia y Aventuras en Santiago

Desperté con muchas ganas de pasear en cleta, a pesar de lo nublado y algo frío. Originalmente pensé ir hacia la zona oriente para capturar un par de graffitis que había detectado en la ribera del Mapocho, lo que evidentemente fotografié y seguí con la cleta poco a poco desviándome hacia el sur.

Este día desperté inspirado y con ganas de ir más lejos, lo que me hizo recordar rápidamente un circuito que he hecho anteriormente : ir a almorzar a algún lugar en el Cajón del Maipo. Partí utilizando las ciclovías hasta llegar a Macul en donde a falta de éstas, tomé la pista de la locomoción colectiva sobre una «alfombra roja» que marca esa vía exclusiva.

Pasado el mediodía, tomé por la ciclovía de Antonio Varas hasta conectar la ciclovía de Simón Bolívar, la que hace pocos meses fue extendida hasta Américo Vespucio. Tras darle una mirada a las películas que se exhiben en el cine del lugar, seguí pedaleando por Vespucio hasta que encontré el bandejón central con el lindo parque que se transforma en una ciclovía.

Comienzo usando la entretenida Ciclorecreovia en Providencia, Lyon hasta Pocuro con Tobalaba, sigo por Isabel La Católica entroncando con el parque central que va por Américo Vespucio hasta La Pirámide. Allí inicio el acceso al Parque Metropolitano, ascenso hasta la plaza Antilén, en donde hago la primera parada para disfrutar un rico jugo de plátano y arándanos.

Ya en la cumbre del San Cristóbal, bebiendo mi rico jugo de mote con huesillos (sin mote ni huesillos), comencé a buscar en mi mente, adonde habría una buena opción para almorzar o al menos comer algo rico.

Un Recorrido por el Cerro San Cristóbal

El camino hacia el acceso de Pedro de Valdivia Norte estaba lleno de hojas que el mal tiempo desprendió para formar un césped de colores cálidos y anaranjados, como un preludio del placer que vendría a continuación. Subí sin esfuerzos, solo disfruté el aire limpio y helado que ingresaba a mi cuerpo feliz de la limpieza post aguacera, disfrutando el brillo de las gotas de agua, de un sol que solo proporcionaba luz y de ese olor característico que solo la lluvia obtiene del cerro.

Tendré que hacerle mantención a mi bólido de dos ruedas pues constaté que estaba pegado un cambio y tuve que hacer el recorrido en una combinación 2x, lo cual significó que llegué más rápido pero más cansado que de costumbre a la cumbre del cerro.

La cumbre, tras los habituales 20 minutos o más que me toma llegar (según el día), se premiaron con el deseado jugo de mote con huesillos (sin mote y sin huesillos como lo pido desde hace un tiempo) y me apropié de una silla para descansar y hacer algo de people watching.

Ya en la cumbre, seguí el rito de comprar un jugo de mote con huesillos (sin mote y sin huesillos, ya que lo que disfruto es el sabor y la temperatura exquisita para matar la sed y el calor). Me instalé en uno de los asientos, con el sol secando mi espalda y me dispuse a leer las revistas.

Aventuras Gastronómicas en el Camino

Antes de seguir y considerando el calor reinante, pasé por un mote con huesillos gigante y deliciosamente helado. Continuando el paseo, me dirigí intencionadamente en búsqueda del restaurante Calypso, pero como ya me ha ocurrido antes, estaba llenísimo y muy animado con unos chicos que tocaban cuerdas (violín y violoncello).

Tras unos minutos de goce musical, seguí adelante, ahora en búsqueda del restaurante Ko. Continuamos y llegué al restaurante francés La Petite France pero estaba cerrada!!!. Estaba quedando claro que debería buscar algo que no hubiera visitado antes.

Tras un rato encontré lo que buscaba. Una suerte de hostal con un gran restaurante llamado Puerto Maipo. Partí con una cerveza muy helada para quitarme el evidente calor acumulado. La chica del servicio me trajo una panera y rico pebre para entretenerme un rato.

No tardé en llegar al sitio que vino a mi mente cuando imaginé que tipo de desayuno quería para hoy. Para partir, pedí una rica cerveza belga Maredsous, ideal para quitarme el calor e hidratarme. Mientras la disfrutaba lentamente, me armé carta en mano, el sandwich que me tentaba.

Elegí un pan piccolo (la otra opción es un baguette), puse como base jamón serrano y añadí anchoas, huevo duro y palta. Sobre ello, me la jugué con una salsa de ajo. Debo reconocer que me gustan las transgresiones gastronómicas y ésta fue una rica opción.

Extasiado de sabores intensos, cerré la incursión con un rico café Moka y regresé a casa zigzagueando al azar con mi cleta por las calles de Providencia.

EXPLORANDO LA CIUDAD EN MTB A LAS 2:AM 👻

Arte y Cultura en el Recorrido

De pronto, me encuentro enfrente de la Galería El Patio y con un viejo local, tan viejo que lo recuerdo de mis tiempos universitarios. Me refiero al Phone Box Pub, reconocible por la linda caseta telefónica de color rojo que sirve de puerta de entrada. Algo relajado el servicio, pero logré pedir una botella de agua sin gas y la carta, mientras me recuperaba bajo la sombra del terrible sol. Repuesta mi energía, pude volver a mi cleta y seguir mi camino.

Llegué por el Parque Forestal hacia la calle Lastarria y choqué con una multitud asombrosa de turistas que vivenciaban un espectáculo de cuecas, ahí constaté que estábamos en septiembre, el único mes en que se recuerda la cueca en Chile. Después de estacionar mi cleta, recogí un programa del aniversario con las actividades del mes y descendí hasta el subterráneo para visitar la galería de exposiciones.

Por cierto, aproveché de pasar al Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) para visitar la exposición fotográfica de Koen Wessing, una muestra impactante de fotografías que el connotado fotógrafo tomó en Chile y otros países.

Tras un rato, salgo a mi tour de museos, partiendo por el GAM en donde quería visitar la exposición de Quino y Mafalda, un exquisito paseo por el humor agudo, el comentario político y social que jamás pasa de moda. Estos 50 años de Mafalda ponen de manifiesto que poco ha cambiado el mundo bajo la mirada de la injusticia, los abusos, la guerra y el sistema económico vigente.

Sigo hacia el MAVI para ver una muestra llamada 20 artistas 20 obras montada en solo dos pisos del museo ya que los otros estaban cerrados mientras preparan otra exposición. La selección me resulta conocida ya que son obras que han estado antes en el MAVI ya que forman parte de la enorme colección que posee el museo.

Todavía me queda una última parada, el MAC Parque Forestal en donde visualicé dos exposiciones recomendables. La Forma del Diablo en el zócalo, es una muestra colectiva por las diversas representaciones en que cotidianamente identificamos el mal en nuestra sociedad, son las expresiones sociales y más políticas en contraposición a la iconografía de la religión católica.

Partí viajando en metro hacia la Corporación Cultural de Las Condes en donde tenía previsto visitar una exposición muy especial del recientemente fallecido Claudio Bravo.

En otra comentable y sobretodo disfrutable tarde primaveral, salimos a almorzar a la Terraza (Azotea) de Matilde, para sorprendernos con un appetizer con Perol y ceviche, seguido por unos clásicos fondos de la casa en vacuno y pescados. Una jornada gastronómica exquisita que tuvo un cierre apropiado cuando revisitamos la Casa Museo La Chascona de Pablo Neruda.

Reflexiones Finales

En fin, fueron unos 45 Kms en cleta desde mi departamento y mucho placer acumulado. Estos domingos con demasiado calor, no he ido a la montaña pues me deshidrato con solo pensarlo. En fin, solo me queda preparar mi mochila para salir mañana a la montaña.

A pesar del sol, había algo dxe frescura en el aire y debí abrigarme un poco, aproveché de hacer algo de ejercicio y dediqué unos largos (o cortos?) 15 minutos a mirar la ciudad. Qué increíble espectáculo, una ciudad plena, en la que pude observar detalles que antes n o había detectado. Por ejemplo, pude ver el palacio Hidalgo en el cerro Santa Lucía, precioso, jamás lo había notado.

Subí en el tiempo habitual hasta la cumbre, disfrutando ese aroma especial que tiene el cerro después de un poco de lluvia y con el clima delicioso de esta mañana. Ya en la cumbre, el premio habitual en la forma de un mote con huesillos, pero sin mote ni huesillos, ya que adoro más el jugo.

De ahí una rápida subida a la piscina Antilén para admirar la vista y la soledad que hay en estos días en el lugar. Bajada vertiginosa hasta el cruce que me lleva otra vez hacia la cumbre del San Cristóbal, en donde el hambre me venció.

Con sorpresa confirmé que ya no dejan ingresar con bicicletas al mirador en donde suelo beber jugo de mote con huesillos. Arbitraria nueva regla (tal vez justificada por la impresionante cantidad de bicicletas estacionadas en los bicicleteros disponibles en la entrada. La verdad es que me molestó un poco, ya que las medidas de convivencia anunciadas en octubre para el San Cristobal indicaban que los fines de semana no se permitiría subir vehículos motorizados, sin embargo, me topé hasta con buses en el trayecto.

tags: #plaza #antilen #mtb