El ciclismo, tanto de ruta como de montaña, es un deporte que ha ganado popularidad a nivel mundial. Algunos países se han destacado por su rica historia, infraestructura y el talento de sus ciclistas. A continuación, exploraremos algunos de los países con mayor influencia en el ciclismo de montaña, con un enfoque especial en España y el auge del ciclismo en África.
España: Una Potencia en el Ciclismo Mundial
España es, actualmente, uno de los grandes referentes del ciclismo a nivel mundial. En AURUM han querido recorrer este camino, para revivir la historia del ciclismo de España, desde sus primeros años hasta la actualidad.
Durante las últimas décadas del siglo XIX, el ciclismo se convirtió en un deporte muy extendido en España. Los primeros entusiastas del ciclismo eran miembros de la aristocracia, ya que la bicicleta era vista como una forma de distinción social. Durante la primera mitad del siglo pasado, el ciclismo en España pasó de ser una actividad recreativa a considerarse un deporte.
En la década de 1930, el ciclismo estaba viviendo un auge en toda Europa gracias al éxito de las grandes vueltas. La primera edición de la Vuelta a España se celebró en el año 1935, tuvo un recorrido de 3.425 kilómetros y se dividió en 14 etapas.
Durante las cuatro décadas siguientes, el ciclismo español vivió una etapa de esplendor, con la consolidación de grandes figuras que comenzaron a competir y triunfar en las principales carreras internacionales. Federico Martín Bahamontes fue uno de los primeros grandes nombres del ciclismo español.
Miguel Indurain es, sin duda, el ciclista más importante de los años 90, y uno de los más importantes de la historia del ciclismo en España. El siglo XXI ha consolidado a España como una de las grandes potencias del ciclismo mundial. El ciclismo vivió una nueva época dorada.
Alberto Contador es considerado uno de los mejores ciclistas de la historia en las grandes vueltas. Destacó por su estilo agresivo, su capacidad para atacar en la montaña y su fortaleza mental. Alejandro Valverde es el ciclista español que mejor ha representado la constancia y la versatilidad en el siglo XXI. Fue un corredor capaz de adaptarse a cualquier tipo de carrera.
Purito Rodríguez es uno de los ciclistas más espectaculares de su generación. A pesar de no haber ganado ninguna Gran Vuelta, se ganó el respeto del pelotón por su habilidad en las grandes montañas. Tras la retirada de grandes figuras como Alberto Contador, Alejandro Valverde y Purito Rodríguez, el ciclismo español ha entrado en una etapa de renovación.
Lo que está claro es que España sigue siendo un país con una gran cultura ciclista y una gran base de aficionados. La Mesa Española de la Bicicleta es una representación de los que practican ciclismo, se mueven en bici o la consideran parte de su ocio y para ello desarrolla una intensa labor de colaboración con las Administraciones a nivel Estatal, como son la DGT, los Ministerios de Fomento, Medio Ambiente, Industria, Hacienda,….
IMBA nació en España con el mismo espíritu que lo hizo en California hace casi dos décadas y defiende que el futuro del mountain bike depende del ciclismo responsable, el trabajo voluntario en caminos y la influencia política.

El Ascenso del Ciclismo en África: El Caso de Eritrea
2022 ya forma parte de la historia del ciclismo. El 27 de marzo, el eritreo Biniam Girmay (Intermarché-Wanty) se convirtió en el primer africano de raza negra en ganar una clásica ciclista: la prestigiosa Gante-Wevelgem.
El talento de Girmay ya había dado señales en 2021, cuando se colgó una medalla de plata en el Mundial sub 23 de Lovaina. Su éxito desató la pasión entre los seguidores del ciclismo, y muchos eritreos residentes en Europa viajaron hasta Bélgica para celebrar su hazaña.
Su victoria no pasó desapercibida en Eritrea, donde el ciclismo es un deporte con gran arraigo. En su regreso, fue recibido con un desfile por las calles de Asmara, la capital, en una celebración histórica.
No era la primera vez que Eritrea vivía momentos ciclistas épicos. En 2015, Daniel Teklehaimanot y Merhawi Kudus se convertían en los primeros ciclistas del África Negra en participar en el Tour de Francia. Los eritreos se frotaban los ojos. De vuelta a casa, fueron también recibidos como héroes nacionales.
Con la victoria de Girmay en Flandes, Eritrea da un paso más en su crecimiento como potencia ciclista en el Cuerno de África. La bici forma parte de su identidad. El ciclismo es el deporte rey en Eritrea.
Sólo el fútbol es capaz de atraer tanta pasión, pero la afición se vino abajo cuando la selección nacional desertó al completo aprovechando un viaje a Uganda. Es raro el fin de semana que las calles de Asmara, la capital, no se cierran al tráfico por la celebración de alguna carrera ciclista. Esta pasión de los eritreos por el ciclismo proviene de la intensa influencia italiana.
Desde 1890, y hasta la Segunda Guerra Mundial, Eritrea fue colonia italiana. En los años 30, los grandes de la época ya viajaban a este país. Eran los tiempos de los Binda, Bartali y compañía. De hecho, en la lengua local (tigrinya) “bicicletta” es un término de uso cotidiano.
En los años 60, los eritreos eran los únicos ciclistas del África Negra con presencia en los Juegos Olímpicos, si bien competían bajo bandera etíope, que en aquella época controlaba el país.
En sus entrevistas, Biniam Girmay admite que sueña con una victoria en una Milan-San Remo. De momento, ya ha puesto una pica en Flandes. También le gustaría parecerse a Peter Sagan.

El Tour de Ruanda: Un Símbolo de Reconstrucción y Esperanza
El domingo 20 de febrero arranca una nueva edición del Tour de Ruanda. Este año con la participación del equipo Burgos-BH, entre otros, con ciclistas como Ángel Madrazo que estarán en la línea de salida y llevan un par de días ya en el país.
Aprovechamos la circunstancia para repasar la historia y el nacimiento de esta prueba. En África, las competiciones ciclistas se establecieron, sobre todo, en las colonias italianas y francesas. Eritrea, entonces ocupada por los italianos, sigue hoy en día dando grandes ciclistas pero en la 1ª edición del Giro de Eritrea que se disputó en 1946, la participación estuvo prohibida a los propios eritreos.
Otro país que posto hace más de medio siglo fue Burkina Faso. En 1959, el país conocido por aquel entonces como Alto Volta celebró su independencia de Francia con un critérium, invitando a estrellas del momento como Jacques Anquetil y un Fausto Coppi ya en decadencia. Allí enfermó Fausto de malaria. Fallecería poco después.
En Ruanda las primeras carreras llegaron en los 60. Como en Eritrea, también entre ‘muzungus’: blancos. En 1977, al inaugurarse un pequeño tramo de asfalto en la frontera con Tanzania, el Gobierno decidió celebrarlo a lo grande: con una carrera, que luego se convertiría en una importante prueba: el Tour de l’Est. Fueron 300 km a recorrer en 2 días.
Cerca de Kigali se disputaban otras carreras cortas, además de una prueba entre dicha ciudad y Butare, llamada ‘Ascension des Mille Collines’. No en vano, el país destaca por sus múltiples colinas. En los 80, la influencia china era cada vez mayor, y entre otras cosas, mejoraron las carreteras.
En 1988 la Federación de ciclismo organizó una carrera por etapas que sería la precursora del actual Tour de Ruanda, e incluso es considerada algunas veces su primera edición. Ganó Célestin N’Dengeyingoma. En 1989 se disputó la edición inaugural con el nombre actual, con tres equipos seleccionados del propio país, y los equipos nacionales de Kenia, Uganda, Burundi, Tanzania y Zaire.
El local Omar Masumbuko fue el vencedor. Repitió en 1990. Pero esta edición de 1990 se vio recortada drásticamente por las tensiones políticas. Los tambores de guerra sonaban bien cerca. El conflicto fue a más en 1991 y no habría nuevas ediciones en algunos años. Guerra. Muerte. Genocidio.
El ciclismo pasó a segundo plano cuando se luchaba por sobrevivir. En 2001 volvía a ponerse en marcha el Tour de Ruanda. Más o menos, las bicicletas de carreras que pudieron montar se repartieron entre los jóvenes que parecían más en forma… Bernard N’Sengiyumva fue el vencedor de esta precaria edición.
Desde entonces, la carrera ha ido creciendo y ha mostrado al mundo imágenes icónicas de una afición volcada con el ciclismo y ascensiones ya mundialmente famosas como el muro de Kigali. Cada vez más ciclistas y equipos extranjeros y de más nivel han acudido al Tour de Ruanda. También españoles.
De hecho, el español Cristián Rodríguez se convirtió el pasado año 2021 en el primer europeo en ganar la clasificación general de la prueba. Corrió la prueba con el equipo francés Total Energies. Convertida ya en un país de referencia para el ciclismo en África, la UCI confirmaba también el pasado mes de septiembre que en Ruanda se celebrarán los Mundiales de Ciclismo 2025. Será el primer país de África en acogerlos.
El futuro aguarda, pues, grandes noticias para el ciclismo en Ruanda. Pero para los que queráis saber más de su historia, os recomendamos el libro La tierra de las segundas oportunidades. Un fascinante libro de Tim Lewis sobre el ciclismo en Ruanda.
Repasa genialmente la historia de un país que se levanta tras la guerra y en el que la bicicleta sirve para cambiar vidas. Como la de Adrien Niyonshuti, que llegó al World Tour de la mano del Team Dimension Data.

The Great American Rail-Trail: Un Sueño Hecho Realidad
Forma parte del imaginario colectivo y universal, alimentado a base de un sinfín de películas, canciones y obras literarias: la aventura de cruzar Estados Unidos. El horizonte infinito de una carretera que nunca termina. Frondosos bosques y desiertos sin apenas vida. Lagos y ciudades, moteles de carretera junto a gasolineras abandonadas. En resumen, el camino, como gran metáfora de la propia vida.
Probablemente debido a la pantagruélica distancia que separa ambas costas del país, más de 4.000 kilómetros, la cultura ha contemplado ese recorrido casi siempre desde la óptica del conductor de un coche de eterno capó y llantas polvorientas. Pero… ¿por qué no cruzar Estados Unidos a lomos de una bicicleta? Un auténtico sueño para muchos ciclistas que, dentro de poco, será posible hacer realidad.
El llamado Great American Rail-Trail (gran trazado ferroviario americano) cruzará todo el país desde el estado de Washington, en el extremo noroeste, hasta la capital, Washington DC, ubicada en la costa este. En total, 6.000 kilómetros que cruzan 12 estados, y de los que ya están completados unos 3.300 en forma de 145 tramos.
Al frente de todo el proyecto, la organización sin ánimo de lucro Rail-to-Trails Conservancy (RTC), que desde 1986 trabaja para construir una extensa red de senderos en todo el país. “Los trazados ferroviarios son caminos públicos creados a partir de antiguos corredores ferroviarios”, nos explica Brandi Horton, vicepresidenta y encargada de comunicación de RTC.
“Se trata de rutas completamente llanas o con una pendiente muy suave, lo que hace muy sencillo el acceso para toda clase de gente. Es una excelente manera de disfrutar al aire libre de muchos tipos de actividades: caminar, montar en bicicleta, patinar, practicar esquí de fondo o montar a caballo, según las normas que establece cada comunidad local”.
Pero, como todo buen camino, también exige esfuerzo. Y llegar hasta aquí no ha sido tarea sencilla: “La idea de crear un antiguo trazado ferroviario que atravesase los Estados Unidos ha estado encima de la mesa desde mediados de los 80”, relata Brandi, “y para conseguirlo hemos tenido que trabajar codo con codo con toda clase de organismos e instituciones de ámbito local, estatal y federal”.
Y, del mismo modo, también han tenido que conseguir dinero: hasta ahora el proyecto ha recaudado más de 4 millones de dólares en fondos públicos y privados, una cantidad más que razonable si se tiene en cuenta que el objetivo es que, una vez finalizada, la infraestructura preste servicio a más de 50 millones de personas cada año que podrán disfrutar de entornos muy distintos entre sí.
Y es que, si algo tiene de excepcional un país como Estados Unidos, es la variedad de sus paisajes. A lo largo de los 3.300 kilómetros de The Great American Rail-Trail que ya han sido construidos, el afortunado ciclista que tenga oportunidad de rodar por ellos encontrará maravillas como las verdes cumbres del estado de Washington, los encantadores puentes de Maryland, las grandes llanuras de Nebraska o las orillas del lago Michigan en Illinois.
Lugares con una bajísima densidad de población en plena América profunda, pero también urbes como Des Moines (Iowa), Pittsburg (Pensylvania) o la capital, Washington DC. A buen seguro, el ciclista que se aventure a recorrer The Great American Rail-Trail, especialmente si no conoce el país en profundidad, encontrará grandes dosis de amabilidad a su paso.
Porque, lejos de la imagen que del país tenemos a menudo en otras latitudes del planeta, el estadounidense medio se caracteriza por su hospitalidad. El que ha viajado más allá de las grandes ciudades lo ha podido experimentar de primera mano: el ciudadano de la América profunda es, por lo general y ante todo, buena gente. Y como todo cicloturista sabe bien, un viajero en bicicleta siempre es bien recibido, mucho mejor que aquel que llega a bordo de un coche.
Al igual que en otros países, el ciclismo se ha vuelto particularmente popular en EE UU tras el confinamiento. Un auge para el que infraestructuras como The Great American Rail-Trail han jugado un importante papel. “La pandemia ha puesto a prueba a nuestras comunidades, y demostrado el increíble valor que brindan los senderos y la infraestructura de transporte activo”, reflexiona Brandi.
“Desde el comienzo de la pandemia el uso de vías ciclistas ha aumentado más del 60% en EE UU. Y es que, en opinión de Brandi, “la gente quiere disfrutar del aire libre, no sólo por hacer deporte y cuidarse sino también para vivir momentos únicos”. Momentos que han recopilado en redes sociales con el hashtag #TrailMoments, con el que ciudadanos de toda condición comparten sus experiencias en un camino que, quién sabe, quizá en un futuro próximo también pase a formar parte del imaginario colectivo y universal.
¿LA RUTA 66 DE LA BICI? Si algo viene a la cabeza cuando uno piensa en cruzar Estados Unidos es la inmensamente popular Ruta 66. Conocida como ‘The Main Street of America’ (La calle principal de América) o ‘The Mother Road’ (La carretera madre), fue señalizada por primera vez en 1927 y retirada de la red de carreteras en 1985 al ser reemplazada por la Red de Autopistas Interestatales del país.
Sin embargo, su influencia en la cultura popular es inmensa, con incontables referencias en cine, literatura, música y televisión y una relación directa con fenómenos como el auge de las motocicletas Harley Davidson. Ahora, The Great American Railtrail llega como un signo de los nuevos tiempos, en los que la historia ya no se escribe con humeantes y ruidosos vehículos motorizados sino con gráciles bicicletas.
Al fin y al cabo, hay pocas maneras más idóneas de conocer la esencia de un país y la magia de sus paisajes.

Reflexiones sobre el Ciclismo: Pasión, Esfuerzo y Comunidad
El tiempo no perdona a nadie, y de eso, algunas de nuestras cimas saben mucho. Hay veces que nos obsesionamos en «crear»nuevas cimas y nos olvidamos de «cuidar» y mantener el valor de las que tenemos. La novedad, además vende, pero es triste ver el estado de muchos sitios sabiendo lo que fueron en su día. La esperanza es lo último que se pierde, y hay ocasiones que la oportunidad puede volver. Como decía al principio, el olvido es el peor de los destinos.
Tocaba escribir la editorial y me vino a la cabeza como hay veces que lo difícil se hace fácil: Estaba leyendo acerca del “10 years challenge”, ese simple reto de colgar en las redes fotografías nuestras actuales y de hace 10 años, que está arrasando. Un hecho que no tiene un objetivo claro, pero que sí encuentra argumentos en algunas de las razones por las que precisamente funcionan las redes sociales: interactúas, te entretienes y de paso te das un pequeño golpe de autoestima, ya que nuestra elección siempre nos lleva a fotos en las que, aunque se aprecia el paso del tiempo, se nos ve estupendamente.
Llevo un montón de años trabajando en el mundo del ciclismo y nunca he sido de meter ruido. Por eso, a veces me da rabia, por llamarlo de alguna manera, ver la facilidad con la que la gente se cuelga medallas. Uno de los campos más abonados para todo lo que estoy comentando, son nuestras queridísimas cumbres. Es triste ver como se presentan rutas y puertos y vemos como el que lo hace va poco menos que de descubridor.
Si, en algunas ocasiones hemos sido los que han dado a conocer algo, pero hablar de descubrir, si no es gracias a alguna carretera nueva que se hace, es otra cosa y creo que no queda casi nada. Siempre vamos a encontrar a alguien que ha estado en ese sitio antes que nosotros y que probablemente lo habrá ascendido en más de una ocasión. El 99% de los sitios que conocemos es gracias a as recomendaciones o sugerencias de gente que habían estado allí antes que nosotros. Eso es lo que vale, tener amigos, saber preguntar, escuchar y luego agradecer.
Con el comienzo del año, todos los planes se ven un poco más cerca. Cerca lejos, cortos, largos…da igual, lo que vale es que haya planes. Para argumentar razones, recurriré al tópico de ¿Por qué invertir en experiencias y no en cosas? Recordar una experiencia es gratificante, produce felicidad y además nos ayuda a relacionarnos.
Hace poco leí un informe que hablaba de razones por la que deberíamos de tratar de vivir experiencias. Hablaba de que nos ayudan a vivir intensamente el momento y eso ayuda a producir felicidad. Nos hacen aprender, a valernos por nosotros mismos, a generar autoestima.
Ese lugar tenía una magia especial. Como me contaba Juanto, » «hay quien asegura que la experiencia de la tierra es la experiencia de lo profundo, de lo que se oculta. Este desfiladero de poco más de 2 km era un imponente escenario natural que marcaba la frontera entre lo real y lo fantástico, entre lo humano y lo animal, como si se hubiera extraído de una novela fantástica de Tolkien. Este cañón creado por un poderoso temblor de tierra y luego erosionado gradualmente por las aguas del arroyo Pettorina está destrozado, el arroyo enfurecido ha desatado toda su ira.
El próximo verano volveremos allí, quizás lo visto y vivido sea solo parte de una historia que contaremos. Este verano hemos tenido oportunidad de vivir una experiencia diferente. Habíamos trabajado con gente de Colombia, pero hasta ahora nunca con un grupo entero. Dicen que la variedad enriquece y en este sentido, el cicloturismo es una mina de oro. Viven y respiran ciclismo, y esa es una de las cosas que pudimos comprobar en nuestro día a día. Escuchándolos, quedaba patente la ilusión que transmite el entorno del ciclismo en su país. Tienen a los “actores” de moda y viven una bonanza que quiere durar mucho tiempo.
Es suficiente mirar hacia el interior para comprobar que la bici es capaz de moldear nuestra personalidad. Cada uno tenemos un conjunto de valores y muchos de ellos se han desarrollado gracias a la bici. A mí, me ha dado espíritu de lucha, tesón, no bajar los brazos, saber que para conseguir las cosas hay que esforzarse y que siempre hay un camino, aunque sea difícil verlo. También me ha enseñado que nada es para siempre, que todo evoluciona y no podemos acomodarnos. La vida, como nosotros, pasa, pero cada fase nos brinda un espacio para disfrutar. Los grandes logros pueden llegar a ser pura utopía, incluso dudo que sean necesarios, siempre que sepamos valorar las pequeñas cosas. Habría muchos detalles más que hacen que considere a la bici como una escuela de vida cargada de ilusión.