Kidzania es un centro de juegos de rol para niños, presente en varios países del mundo. En Chile, se encuentra en el Parque Araucano, y la entrada tiene un costo para niños de entre 4 y 17 años.
La única forma de entrar a Kidzania, si se es adulto, es acompañando a un niño. Al ingresar, los niños cambian en el Banco su dinero por un cierto monto de billetes de Kidzania, llamados KidZos. Hay más de cien profesiones y oficios disponibles para los niños, tales como periodista, piloto, panadero, médico, heladero o mecánico.
Para ejercer cada profesión, los niños deben pagar más o menos KidZos, los cuales serán recuperados una vez que se desempeñen laboralmente y reciban su sueldo. Con los KidZos, además, es necesario pagar la bencina y otras necesidades urbanas. Pero si el niño o la niña logran ahorrar un poco, pueden dejar su dinero en el Banco. De este modo, cuando regresen a Kidzania, tendrán intereses que les permitirán tener un mayor poder adquisitivo. Es lo que le pasó a un sobrino, quien tiene sus KidZos ahorrados y se soba las manos pensando en los próximos intereses. Además, podrá sacar el dinero directamente desde un cajero automático.
Por otra parte, los niños-piloto, por ejemplo, no son pilotos de la Aerolínea Kidzania, sino de LAN. El Banco es el Banco de Chile. La pizzería es Pizza Hut. El estudio de TV es Canal 13, el supermercado es Jumbo, la Clínica es la Clínica Alemana, la escuela de Minería es AngloAmerican, el taller mecánico es Goodyear, la farmacia es SalcoBrand: Kidzania tiene más de cuarenta socios comerciales.
La “República de los Niños” -como Kidzania misma se ha autodefinido- tiene CUARENTA SOCIOS COMERCIALES. Insisto en que a este lugar no pueden entrar adultos solos. Es, efectivamente, un lugar para los niños. Pensado para ellos.
Pero si estamos en la República de los Niños… ¿por qué Goodyear, por ejemplo, invierte dinero para estar ahí? ¿Acaso el niño tomará la decisión de comprar los neumáticos del auto de su padre en esa empresa y no en otra? ¿Acaso el niño elegirá, en el mundo real, el banco donde su madre pedirá un crédito? No hoy. Pero mañana sí. Y el recuerdo de ese día feliz volando en LAN pesará. Sin ninguna duda, pesará.
Durante un ciclo de charlas para alumnos de Educación Media en diversos colegios, el debate sobre Kidzania revelaba una postura generalizada en contra. No existía debate porque todos levantaban la mano para decir cosas como “es que nos quieren hacer creer en su sistema”, “no nos permiten imaginar”, “quieren replicar la injusticia y la segregación social”. En Kidzania, si alguien quiere ser médico, por ejemplo, debe ir a la universidad. Y por supuesto, la universidad debe pagarse. Un alumno una vez preguntó: “¿cómo entonces vamos a convencernos de que la educación debería ser gratuita, si desde niños nos hacen creer lo contrario?”. Impecable razonamiento, y lamentablemente, irrefutable.
No tengo la más absoluta idea de quién o quiénes están detrás de Kidzania, pero no hace falta googlearlo para saber que son los malos. Son los malos, que con mucha inversión y colores han logrado llevar a todos los niños a su escuela de adoctrinamiento. No puedo dejar de recordar la feria de juegos a la que se escapó Pinocho, que también ocultaba la maldad de sus dueños. Pero Pinocho no se dio cuenta, porque todo era lindo y colorido. Y nuestros niños chilenos tampoco se dan cuenta.
En la charla mencionada, preguntaba a los alumnos si a alguien le gustaba el mundo tal y como estaba. Más de mil jóvenes han escuchado la charla y nunca nadie me ha podido responder que sí. ¿Por qué, entonces, insistimos en replicar lo que no nos gusta?
En lo personal, entre todas las muchas atrocidades de Kidzania, lo que me resulta más doloroso es que les estamos negando la posibilidad a los niños de pensar en un mundo distinto. Deberían tener el derecho, al menos, a imaginar un mundo peor. Pero no igual.
Mi sobrino ya no quiere hacer pan con barro: sólo lo quiere hacer en la panadería Los Castaños de Kidzania, con harina de verdad. El barro se convirtió para siempre en barro y en nada más.
Una alumna muy perspicaz me dijo, terminado el “debate” sobre Kidzania, que ya, que todos sabían que el mundo era una mierda, pero quería saber si yo proponía algo o sólo criticaba. La pregunta me vino como anillo al dedo para continuar con la charla, que estaba enfocada justamente a eso: a demostrar cómo los cuentos, las historias, y la ficción en general, permiten pensar en otro mundo y “escribirlo como lo queremos leer”.
Los cuentacuentos, por ejemplo, trabajan solamente con la imaginación de los niños y nada más. No hay dibujos, no hay disfraces, no hay títeres: solo la voz y las palabras que penetran en los niños y los obligan a imaginar dentro de sí mismos el cuento narrado. Es algo increíble fijar la atención en las caras de los niños (y también de los adultos) cuando escuchan cuentos: es una absorción total del mundo, casi una catarsis, como si durante esos quince o veinte minutos de narraciones pasaran a otra dimensión. En mi Compañía de Cuentacuentos la hemos llamado, a falta de mejores definiciones, la “cara de cuento”. Es una cara, una expresión facial, que no otorga ni la televisión, ni el juego, ni nada que yo haya visto. Sólo la imaginación.
Una narradora oral cuenta que, en cierta ocasión, antes de empezar una función en una sala de clases de un jardín infantil, decidió jugar con una pelota roja e imaginaria. La pelota invisible iba pasando de niño en niño, rebotaba, chocaba con un vidrio, regresaba a la cuentacuentos. Luego la narradora les dijo a los niños que iba a dejar la pelota imaginaria abajo del pizarrón, para poder empezar a contar los cuentos. Cuando terminó, se despidió de los niños y se dirigió a la puerta para ir a otro curso a repetir la función. Estaba por salir cuando sintió que una manito le tiraba de la falda.
La pelota existe porque en esa sala todos quisieron que existiera. Esa pelota será, el día de mañana, justicia social, igualdad, en fin, todas las utopías de nuestro siglo. Pero para eso, debemos evitar que la aguja de Kidzania la pinche.
Kidzania, el "pequeño" negocio mexicano que conquistó 19 países

Socios comerciales en Kidzania
Kidzania colabora con numerosas empresas para ofrecer experiencias realistas a los niños. Aquí hay algunos ejemplos:
- LAN (Aerolínea)
- Banco de Chile
- Pizza Hut
- Canal 13 (Estudio de TV)
- Jumbo (Supermercado)
- Clínica Alemana
- AngloAmerican (Escuela de Minería)
- Goodyear (Taller mecánico)
- SalcoBrand (Farmacia)