Nanni Moretti y su "Caro Diario": Un Clásico del Cine Italiano

‘Caro diario’ ha vuelto a los cines por unas semanas, algo infrecuente una vez que las películas abandonan la cartelera después de su estreno; más si, como en el caso del filme de Nanni Moretti, tuvo lugar hace 30 años. Pero su regreso es explicable, porque el tiempo le ha conferido la condición de clásico.

Si uno hace caso a Italo Calvino, pero pensando en las películas en lugar de los libros, un clásico es una película “que nunca termina de decir lo que tiene que decir”, que “no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizá en contraste”. De modo que puedo afirmar de Caro diario que es un clásico mío, que vi por primera vez a finales de los años 90, en una versión doblada, es decir, sin la voz particular de su protagonista, Nanni Moretti, que ahora podría reconocer entre cualquier voz.

Con estas palabras, escritas a mano sobre un papel, comienza Caro diario (Querido diario), la película de 1993 que hizo famoso fuera de su país a su director, Nanni Moretti. Caro diario está compuesta por tres historias independientes: En Vespa, Islas y Médicos, las tres sobresalientes y protagonizadas por Moretti, que se interpreta a sí mismo.

Cuatro años después de rodar la excelente Vaselina roja, Nanni Moretti dio el definitivo salto internacional con Querido diario, película estructurada en tres relatos: "En mi vespa", "Islas"y "Médicos". Moretti sigue desarrollando su peculiar sentido del humor a través de una comedia magnífica, incisiva, bellamente dirigida y con un guion casi perfecto que tan solo adolece de un pequeño bajón de intensidad en el segundo episodio, ocasionado quizá de que el primero, en sí mismo, es una auténtica obra maestra, recuperando el pulso en la tragicómica tercera entrega.

Querido diario nos adentra en algunos de los problemas del hombre del momento y que hoy en día sigue teniendo una enorme vigencia gracias al humor y la ironía que Moretti conjuga a la perfección.

‘Caro diario’ ha vuelto a los cines por unas semanas, algo infrecuente una vez que las películas abandonan la cartelera después de su estreno; más si, como en el caso del filme de Nanni Moretti, tuvo lugar hace 30 años. Pero su regreso es explicable, porque el tiempo le ha conferido la condición de clásico. Lo refrenda el completo ciclo que la Filmoteca Española dedica al cineasta italiano hasta diciembre.

En clave de humor, Moretti intenta reflejar el día a día del hombre actual. Montado en su vespa, en un crucero o haciendo una visita al doctor para que le cure sus problemas cutáneos. Nanni Moretti cuenta su vida en Roma a través de tres capítulos titulados 'Querido diario'.

"En Vespa": Un Recorrido Íntimo por Roma

¿No es el primero de los tres tramos de Caro diario, En vespa, la consecución casi perfecta -ya que no hay perfección- de ese deseo? Vemos a Nanni Moretti en una motocicleta recorriendo las calles semivacías de Roma durante un verano.

Los cines solo proyectan porno, terror o uno de esos filmes existenciales italianos que él odia, porque no se reconoce en sus maduros personajes amargados. “Yo soy un cuarentón espléndido”, contesta en su diario, que es la propia película. Se para en una verbena donde un grupo canta la canción de Juan Luis Guerra Visa para un sueño. Moretti baila, canta. Le confiesa a una pareja entre el público su amor por el musical Flashdance. Sigue su camino. Se encuentra con la actriz de Flashdance, Jennifer Beals. La saluda, le cuenta que a él le hubiera gustado saber bailar.

Prosiguiendo con su recorrido, el director pasa por barrios edificados fuera de las rutas turísticas, con nombres como Garbatella, Casal Palocco, barrios proletarios, burgueses, de la periferia, con edificios de hace 30, 40 años, de una arquitectura antigua, moderna, ya ennoblecida. Ni rastro romano del Foro, el Coliseo, Vía Veneto… El suyo es un recorrido íntimo, el de alguien que pertenece al lugar, no de un visitante que se guía por lo que otros contaron. El viaje termina en el extrarradio, a unos 30 kilómetros, en Ostia, la “playa de Roma”, donde asesinaron a Pier Paolo Pasolini en 1975. Nunca había estado allí Moretti. “No sé por qué”, dice.

Su vespa zizaguea por las estrechas calles de esa ciudad costera, desierta a esas horas diurnas del verano. Suena la música de Nicola Piovani. Melancólica, triste como aquella muerte. Moretti se detiene detrás de una valla desde la que observa una portería de fútbol sin red y una estatua alegórica del crimen.

Como un Buster Keaton italiano (ya lo han recordado otros), Moretti compone su propio tipo: casco blanco, camiseta negra, vespa, su figura espigada, aún juvenil, la barba oscura recortada. Un tipo gracioso sin aparente gracia exterior. Serio, seco, severo. Como dicen que se muestra al natural.

Las imágenes que lo captan a él por detrás montado en la motocicleta que avanza lentamente en una ciudad casi deshabitada se habían vuelto recuerdo para mí. No las había olvidado. ¿No es ese el sentido del cine? ¿Descubrir imágenes que uno no ha visto tal y como las ve en el cine, y apropiárselas?

En los poco más de 26 minutos que dura En Vespa, vemos al actor y director deslizarse en su moto por los barrios romanos de Garbatella, Vila Olímpica, Tufello o Spinaceto por el mero placer de hacerlo, observando las casas desde fuera y soñando con vivir en ellas. Ingeniándoselas para entrar dentro alguna vez, inventándose una pequeña mentira, por si alguien le pregunta qué está haciendo allí, casi como un niño al que pillan en plena travesura.

«No me gusta solo ver las casas desde el exterior», explica en el film a través de una voz en off, «a veces quiero también ver cómo son por dentro. Y entonces llamo al timbre y digo que estoy preparando una película. El dueño de la casa me pregunta: “¿De qué va la película?”. Y yo no sé qué decir. “¿Esta película? Cuenta la historia de un pastelero, trotskista… Un pastelero trotskista en la Italia de los 50. Es un musical.

El viaje está salpicado aquí y allá de escenas que solo ocurren en la mente del protagonista, momentos oníricos como la tortura de un crítico de cine (que consiste en leerle su propia crítica), la reflexión sobre la amistad hecha a un desconocido conductor de un coche deportivo al más puro estilo Woody Allen en Annie Hall, o la expresión del deseo de ser un hombre que sabe bailar y que no solo mira al encontrarse con una verbena popular en la que una orquesta toca Visa para un sueño de Juan Luis Guerra y 4.40.

El último tramo del episodio es quizá el más sencillo y poético de todos. «No sé por qué nunca he estado en el lugar donde murió Pasolini», dice Moretti. En Vespa, el italiano termina con la imagen del monumento que se alza en el lugar donde fue encontrado el cuerpo de Pasolini, junto a la playa y un campo de fútbol, en un no lugar.

La imagen de un tipo circulando en Vespa por las calles de Roma es ya un icono cinematográfico mundial reconocible en cualquier parte.

Con esta frase cierra Nanni Moretti el primer capítulo de su peculiar Querido diario, titulado En mi vespa. En la película, una suerte de retazos acerca de las inquietudes de este extraordinario director, Moretti da pie a esta escena, justo después de un cómico momento en el que agrede a un crítico de cine por las malas críticas vertidas sobre él.

No hay en esta escena un gran despliegue cinematográfico, algo que no hemos encontrado jamás en el cine de Moretti, quien nunca ha sido un virtuoso y siempre ha preferido dejar que la cámara capturase y no crease. La escena es sencilla: está dividida en apenas cinco tomas, la primera, en la que Moretti formula la frase que citábamos al inicio, la podemos ver mientras se pasan varios periódicos anunciando la muerte del realizador y escritor italiano.

El viaje comienza con un pequeño travelling lateral y termina con un plano de la estatua levantada en homenaje a Pasolini, primero desde fuera de la valla que la protege, con un zoom que poco a poco va disipando esa cerca, y finalmente con un contraplano del mismo monumento desde el otro lado. No es una escena pulcra, pero tampoco pretende serlo. En el fondo de la imagen se encuentra Moretti mientras la cámara le sigue detrás.

Aunque la velocidad del coche que lleva la cámara trata de ser constante, en muchas ocasiones vemos cómo el realizador se aleja o se acerca dentro del campo de la imagen dependiendo de las circunstancias del camino. Pero hay algo que hace a esta figura especial, algo que la dota de una inusitada belleza.

La escena, acompañada de la pieza jazzística The Köln Concert de Keith Jarrett, se ve cubierta de cierto tono de pesadumbre, como una lúgubre marcha a través del que quizá fue el último camino que Pasolini tomó. No, no hay grandes aspavientos, no estamos ante planos calculados, ni siquiera ante una escena creada desde el guión, estamos ante la improvisación absoluta (algo que también subraya el uso de la pieza de Jarrett como acompañamiento musical).

Nanni Moretti en su Vespa en Caro Diario

"Islas": Un Viaje Homérico y Cinematográfico

Islas constituye tanto un viaje homérico como cinematográfico y sociológico, pues remite a la Odisea, al Ulises de Joyce, al cine de Rossellini, a polémicas educativas del momento en que se rodó la película; pero no es necesario que uno haya leído la Odisea ni Ulises, ni visto Stromboli.

El viaje, una parodia cultural e hilarante, lo protagonizan dos amigos (Moretti y un estudioso de la obra del irlandés), que recorren las islas Eolias en busca de una calma que les permita escribir. Pero una y otra vez su empeño se frustra en los sucesivos alojamientos en que recalan.

En la segunda parte de la película Moretti utiliza más los elementos cómicos en su búsqueda, junto a un compañero, de una isla tranquila y apacible en la que poder trabajar y descansar rodeados de paz.

Mapa de las Islas Eolias

"Médicos": Una Sátira sobre el Sistema de Salud

Esta mirada satírica la prolonga Moretti en el episodio con el que cierra el tríptico de Caro diario. Médicos es una sátira que uno que ha pasado por médicos y hospitales hubiera querido escribir o filmar.

Moretti acude a ellos para tratarse de una urticaria. Pero en lugar de un remedio se ve usado como cobaya cuando comprueba que cada médico que consulta le receta medicamentos diferentes, ninguno de los cuales elimina la comezón en piernas y brazos. Ni siquiera aciertan con el diagnóstico: un cáncer, afortunadamente curable.

El único aprendizaje que ha obtenido de esa experiencia de un año es que “los médicos saben hablar, pero no saben escuchar”, y el placer de tomarse un vaso de agua por la mañana antes del desayuno. Ayuda a los riñones.

Nanni Moretti, atendido por dos médicos chinos, en el tercer tramo de ‘Caro diario’.

Nanni Moretti

Un Cine Experimental y Comprensible

“O para no sé qué. Aunque aparentemente no lo parezca, Caro diario es una película experimental. Y a la vez comprensible. Puede parecer un contrasentido; pero no. Posee las resonancias de cualquier obra intelectual, artística, repleta de capas de sentido, sin que uno tenga que revolverse desesperado porque no entiende el experimento (metacinematográfico, docucómico, realficticio).

La comprensión es inmediata al llegar a través del humor. Caro diario es fundamentalmente una película que hace reír. Propone una vida cómica, a veces absurda (aunque tenga ramalazos trágicos, como el final de En vespa), una vida en la que el humor desestabilice las convenciones, las convicciones, los principios, las rigideces.

El llamado ‘Woody Allen’ italiano (qué más quisiera él, el italiano, digo) realiza aquí una película que no es en absoluto lo que parece: tiene aspecto de cinéma verité, de improvisación, de rodaje espontáneo y no previsto.

Los pensamientos que Moretti va esbozando o exponiendo abiertamente son sinceros, francos, sin artificios ni constituyen un ejercicio de autobombo. Al contrario, presenta las imágenes y los pensamientos desnudos, sin prejuicios, como cuando visita el lugar en que fue asesinado Pasolini.

Esta película es, pese a algunos momentos dramáticos, una verdadera tesis de por qué merece la pena la vida y la lucha por seguir viviendo día a día pese a las dificultades y los problemas.

La Vespa: un ícono italiano de diseño, economía y estilo de vida

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