Medio siglo se cumple hoy de la muerte de Ernesto Guevara. Pero el "Che", antes de convertirse en una de las figuras emblemáticas de la Revolución Cubana, recorrió Latinoamérica junto a su amigo Alberto Granado, viaje que estuvo acompañada por "La Poderosa II", su famosa moto.

Tenía 23 años y le quedaban pocas asignaturas para recibirse de médico. Con la idea de concientizar sobre la lepra en América, y con poco dinero en el bolsillo, Ernesto Guevara se subió a su moto -que llamaba La Poderosa II- y emprendió uno de los viajes más importantes de su vida.
Hace unos meses, él y su amigo, el bioquímico Alberto Granado, comenzaron a idear el trayecto cuyo destino era Estados Unidos. Solo con la Norton 500, del año 1939, la pareja de amigos inició la travesía dejando atrás a la familia y, en el caso de Guevara, a su novia María del Carmen Ferreyra, más conocida como Chichina, de quien se despidió en Miramar.
Ese modelo era una Norton 500 de 1939. Aquel moto ganó fama como vehículo militar en la Segunda Guerra Mundial. Mecánicamente, disponía de motor de 490 centímetros cúbicos que entregaba 29 Hp, potencia que le permitía alcanzar 125 km/h.
Con La Poderosa II salieron un 4 de enero de 1952. Y aunque la idea original era cubrir todo el continente, desde Argentina a los Estados Unidos, después de siete meses no pudo más. Y fue en Santiago de Chile, tras haber pasado por el sur de nuestro país (Lago Todos los Santos, Osorno, Valdivia y Temuco) donde no consiguió nuevas reparaciones que la mantuvieran en movimiento.
El Viaje Comienza: Argentina y los Primeros Desafíos
El viaje, que comenzó en 1951, transcurrió sin novedad hasta Bahía Blanca. A esa zona el joven Guevara llegó accidentado, tras golpearse la pierna con un cilindro recalentado de la moto. Durante el viaje, descansaban en comisarías, hospitales o refugios.
El primer gran objetivo era llegar a Chile. Cuando arribaron al Lago Nahuel Huapi, fueron advertidos por un lugareño sobre la ferocidad de la fauna chilena que cruzaba la cordillera. En sus diarios, publicados bajo el título Diarios de motocicleta. Notas de un viaje por América Latina (2004), con el prólogo de su hija, Aleida Guevara, Ernesto narra como un “casero austriaco”, “luchando entre sus deseos de ayudar a colegas en desgracia y su miedo a la patrona”, les dio albergue en un galpón abandonado. “En su media lengua nos contó que por la región había un tigre chileno”, escribe el Che.
El estudiante de medicina escribe las palabras del austriaco: “¡Y los tigres chilenos son bravos! Atacan al hombre sin ningún miedo y tienen una enorme melena rubia”. En el amanecer, Ernesto escuchó rasguños en la puerta y disparó, pensando que era el temido felino. Sin embargo, los gritos del ama de casa y el hombre que los hospedó advirtieron que se trataba del perro de la familia.
Apurados, retomaron el rumbo y al anochecer siguiente ambos llegaron a San Carlos de Bariloche, y se alojaron en la Gendarmería Nacional, a la espera de que saliera la Modesta Victoria, un buque de pasajeros argentino que los acercaría a la aduana.
La Llegada a Chile y las Aventuras en el Camino
Tras pasar por Puerto Blest y la laguna Farías, los viajeros llegaron a la aduana chilena. Ahí se encontraron con el lago Esmeralda y Casa Pangue, desde donde “hay un mirador que permite abarcar un lindo panorama del suelo chileno”, según escribió el futuro Che en su diario.
Al conversar con médicos de la zona, estos les advirtieron que la lepra no era una enfermedad presente en el país. Así que se limitaron a dar conferencias. “Les dimos conferencias sobre leprología, bien condimentada, lo que provocó la admiración de los colegas trasandinos, que no cuentan con esta enfermedad entre sus problemas”, narró.
Eso sí, los médicos chilenos les dieron el dato de que en Rapa Nui o Isla de Pascua había un leprosario -hospital de aislamiento para leprosos-que debían visitar. Así que el par se empecinó en llegar a Valparaíso, para tomar un barco que los dejara en la isla.

Alberto Granado y Ernesto Guevara en el Amazonas, durante su viaje por América Latina.
Pasaron por Osorno, donde “pecharon”-según la tradición chilena, significa estar en casa ajena y comer y dormir de forma abusiva-. “La gente sumamente amable, nos acogía con mucha amabilidad en todos lados. Al fin llegamos al puerto de Valdivia, un día domingo. Mientras paseábamos por la ciudad acertamos a pasar por el Correo de Valdivia adonde nos hicieron un reportaje muy amable”, escribió.
Así, el viaje en moto fue agradable para Alberto y Ernesto, quien describía la hospitalidad chilena como “una de las cosas que hace más agradable un paseo por la tierra vecina”.
Encuentros y Desventuras en Temuco y Lautaro
Llegaron a Temuco, la que Guevara define como “la tierra de Pablo Neruda”, y fueron hospedados por Raúl, un joven estudiante de medicina veterinaria. Después de pasar una noche en un cabaret y apropiarse de la cama de su anfitrión, se encontraron con una fotografía de ellos en el periódico local, El Austral.
El par de amigos había dado una entrevista, en la que exageraron las intenciones de su viaje y sus propias capacidades. “Dos expertos argentinos en leprología recorren Sudamérica en motocicleta”, decía el título de la noticia. Sí eran argentinos, y sí querían ayudar a las personas son lepra, pero no habían tratado a tres mil enfermos ni recibieron formación americana, como dijeron en la entrevista.
Esa mentira les valió la admiración de sus anfitriones y los vecinos cercanos. “Ya no éramos un par de vagos más o menos simpáticos con una moto a la rastra, no; éramos LOS EXPERTOS, y como tales se nos trataba”, escribió el argentino. Tras tomar la famosa “once” chilena, salieron pasadas las cinco de la tarde de Temuco.
Llegaron a Lautaro, donde sufrieron más desperfectos con La Poderosa II. En esta oportunidad, se echó a perder el cuadro y el chasis. Mientras dejaron la moto en el taller, se dispusieron “tirar una cana al aire”. “En compañía de unos ocasionales amigos que nos convidaron a tomar unas copas. El vino chileno es riquísimo y yo tomaba con una velocidad extraordinaria, de modo que al ir al baile del pueblo me sentía capaz de las más grandes hazañas”, escribió.
Una de ellas casi les cuesta la noche. Ernesto sacó a bailar a la esposa de uno de los lugareños, lo que desató el enojo de sus compañeros de fiesta, quienes los persiguieron. Eso motivó a que la mañana siguiente, bien temprano, tomaran rápidamente la moto para seguir en ruta y dejar la localidad.
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Santiago y los Mineros del Norte
Así siguieron el camino al norte. Llegaron a Collipulli y posteriormente a Los Ángeles, donde quedaron apodados como el Che Chico y el Che Grande.
Desde ahí, un camión los llevó hasta Santiago, donde La Poderosa II fue internada en un taller hasta nuevo aviso. “Santiago tiene el aspecto de Córdoba más o menos. Es su ritmo mucho más rápido y la importancia de su tráfico considerablemente mayor, pero las construcciones, el tipo de calle, el clima y hasta la cara de la gente recuerda nuestra ciudad mediterránea”, dijo sobre la capital.
El camino a Valparaíso lo hicieron a dedo. Allá hicieron las gestiones para visitar Isla de Pascua, pero sin éxito: el siguiente barco con ese destino zarparía hasta seis meses.
Sin poder visitar el leprosario, los amigos ubicaron un barco para llegar Antofagasta. Para embarcar como trabajadores en un navío necesitaban un permiso de la gobernación marítima, el que no consiguieron. El par de amigos se coló de forma ilegal al buque San Antonio, donde permanecieron 12 horas escondidos en un baño.
Tras pasar unos días en Antofagasta, se subieron a un camión que los llevaría a Chiquicamata. Ahí Guevara fue testigo de las “condiciones penosas” de los mineros. “Realmente apena que se tomen medidas de represión para personas como éstas (…) La huelga se venía encima”, escribió en su diario.
El viaje por Chile terminaba con esa última imagen. Alberto y Ernesto pasaron por Iquique y Arica, llegando a Perú y dejando atrás el país largo y angosto, donde “pecharon” y tomaron “once”, pero no pudieron tratar la lepra.
El Legado de "La Poderosa" y el Espíritu del Che en la Actualidad
El camino que recorrió el Che Guevara por América Latina está relatado en la película Diarios de motocicleta (2004), una cinta biográfica protagonizada por Gael García Bernal, en el papel del revolucionario, y Rodrigo de la Serna, como Alberto.
El hijo menor del guerrillero argentino-cubano Ernesto 'Che' Guevara abrió una agencia que ofrece a los turistas en Cuba un viaje "único" en motos Harley-Davidson, siguiendo la pasión de su padre, relatada en el filme Diarios de motocicleta.
"La Poderosa Tours" ofrece circuitos que "combinan el deleite de los variados paisajes de esta Isla hermosa con el contacto íntimo de una parte de la historia de una Revolución única", señala el sitio web de la agencia dirigida por el abogado cubano Ernesto Guevara, de 49 años, el menor de los cinco hijos del Che.
La agencia, filial de una empresa estatal, se llama "La Poderosa" por el apodo que le dio el Che a la motocicleta británica Norton 500 con la que alcanzó a recorrer Argentina y Chile antes de averiarse.
Fuera de la Casa del Habano, Ernesto Guevara March, el cuarto y último hijo del Che Guevara y la cubana Aleida March está de pie junto a una moto. Tiene puesta una polera negra que dice "La poderosa", el nombre de su empresa de tours bautizada así por el apodo que el argentino Alberto Granado, el amigo del Che Guevara, le puso a su Norton 500 del año '39, con que ambos hicieron su recorrido por Sudamérica en 1952, inmortalizado en la película Diarios de motocicleta, de Walter Salles. "La poderosa" era una ironía para una moto vieja que quedó botada en Chile. "¿Qué no se queda botado en Chile?", pregunta Ernesto hijo, Ernestico. Aunque él solo ha llegado hasta Mendoza.
La "poderosa" de este Ernesto Guevara sí se ve poderosa. Es una Harley Davidson Touring Electra Glide negra, ancha. Una de los modelos que tiene para recorrer la isla con motoqueros de todo el mundo que vienen a Cuba, y que le pagan hasta 5.800 dólares por ir a Pinar del Río, Trinidad, Cienfuegos, Varadero, Playa Girón, Bahía Cochinos o Santa Clara, donde en un mausoleo descansan los restos del Che desde 1997, después de que fueran desenterrados de una fosa común en Bolivia e identificados por un equipo forense argentino 30 años después de su fusilamiento en la escuela "La Higuera", el 9 de octubre de 1967.
Pero más allá de las obvias menciones históricas, de la visita a la comandancia del Che en la fortaleza de La Cabaña que abre el recorrido, o que los tours se llamen Fuser I y II -así le decían al Che sus amigos rugbistas argentinos de la adolescencia-, los harlistas que contratan a Ernesto junior esperando alguna confidencia sobre el padre revolucionario escuchan poco, porque el hijo, dicen, no habla mucho del tema. No alardea de su padre y con honestidad, como dirá también hoy, reconoce que prácticamente no lo conoció. Nació en 1965, tenía dos años para su muerte y la última vez que lo vio fue en noviembre de 1966, cuando el Che pasó a despedirse de sus hijos antes de partir a Bolivia.
Ernesto creció, como el resto de su generación, viéndolo en documentales, impreso en afiches, poleras, y en el billete de tres pesos cubanos que tiene la cara del Che con la boina, copiada de la foto tomada por Alberto Korda y que a los cubanos les gusta repetir que es la segunda imagen más reproducida del mundo después de la de Jesucristo.
"La vieja mía siempre tuvo la inteligencia de no imponerte nada. Te explicaba cómo debía ser el ser humano, cómo fue tu papá. Nosotros nos alimentamos de una bonita historia".
Antes de aclarar que solo le interesa hablar de su trabajo dice: "¿Quién habrá sido el hijo de buena madre que le dijo a una muchacha que vinieran a verme? ¡Al Brad Pitico de Cuba!".
Aunque tiene su buena "panza" y la cara redonda, heredó de su padre los ojos achinados y la nariz corta y respingada. Es de estatura media, incipientes canas y aire juvenil para sus 51 años.
Se sienta en un apartado de la Casa del Habano, que maneja su amigo Carlos Rovaina, mientras algunos turistas compran "lanceros", "robustos" o algún otro habano hecho con el mejor tabaco de la zona occidente de la isla. Junto al bar, un grupo de extranjeros fuma y toma ron.
Ernesto habla un cubano cerrado y se saca las preguntas políticas echándolas a la risa o contestando rápido. Dicen que es profundamente fidelista, pero que no pudo aguantar la presión de que lo quisieran ver como una reencarnación del Che. Otros, en cambio, aseguran que nunca le interesó nada de eso y que es solo "peace and love" y motos. El par de veces que ha hablado públicamente ha sido para promover sus viajes.
Nacido en La Habana y criado en el barrio de Nuevo Vedado, lo bautizaron como su padre pese a ser el segundo de los hijos hombres del Che. "Mi hermano, que nació antes, se llama Camilo, por Camilo Cienfuegos. Y cuando nací yo, seguro alguien dijo ¿y esta porquería? Bueno le ponemos Ernesto. ¡Ya no quedaba nada que hacer!".
Camilo es el hermano mediático y el que ha hablado más en los medios. Hoy dirige el Centro de Estudios Che Guevara. También está Aleida, que es médico, y Celia, veterinaria, quien estuvo casada con el chileno Ángel Domper. El Che Guevara tuvo también otra hija, Hilda, de su relación anterior con la peruana Hilda Gadea. Con Aleida March se casó en 1959, el año en que triunfó la revolución. Ella tiene 82 años, y es una mujer fuerte -dicen- protectora de sus hijos y también muy fidelista.
¿Tu madre te alivió el peso de la historia de tu padre?
La vieja fue súper, ¡súper! Primero, fue las dos cosas, papá y mamá. Y ella, y de verdad te lo digo, siempre nos educó muy modestamente. Fuimos a la escuela como todo el mundo, no teníamos nada que ver con nadie. Quizá ustedes fueron a una escuela privada donde había un sector más cerrado. Todas las escuelas de nosotros eran abiertas, e iban niños de todos los lugares.
¿Te decían algo porque eras el hijo del Che?
Si yo tiraba una piedra no decían "Ernesto tiró una piedra". Decían "la tiró el hijo de fulano". Es como todo, idiotas siempre han existido en todos los momentos. Hay profesores que te decían "tú tienes que ser un ejemplo" y resulta que después el profesor resultaba un descarado.
¿Tu mamá sí te pedía ser un ejemplo?
Siempre. Pero la vieja mía siempre tuvo la inteligencia de no imponerte nada. Te explicaba cómo debía ser el ser humano, cómo fue tu papá. Nosotros nos alimentamos de una bonita historia. Mi mamá se levantaba a las 5 de la mañana e iba para la zafra a cortar caña cuando éramos niños. Nos criaba también otra gente. Cuando el viejo mío se va de Cuba se quedaron tres personas a las que él les dijo si nos podían cuidar. Uno era Felo, que trabajó siempre con el viejo mío como un escolta. Y le decíamos papá. También estaba Misael, que era como el abuelo, que fue el que nos enseñó a tirar tiros, a ordeñar vacas, a montar caballos, y Néstor, quien era el conductor. Nosotros queríamos casar a mi mamá con cualquiera de ellos tres -se ríe-. Mi madre se casó mucho después (con un profesor de la Universidad de La Habana).
¿No has tratado de reconstruir la historia de tu papá leyendo, investigando, viendo enfoques más críticos?
Entiéndeme. En la historia de Cuba se estudia la vida del Che. Y te alimentas de lo mismo que el resto de las personas. A los dos años veía un cartel y no sabía de lo que están hablando. No es que yo a los cuatro años dijera "qué hace mi papá ahí". Tú no lo veías así. Ahora lo ves y tampoco piensas "es mi papá". Es el comandante Che Guevara, que tiene más valor como comandante que como padre.
Ernesto tiene cuatro hijos y está casado con una griega que lo acompaña en su empresa. Con ella tiene a Elena y Alexandra, que tiene dos años. Antes tuvo a Rocío, hoy de 26 años, que vive en Estados Unidos. "Estuvo conmigo algunos años para estudiar Cine, después quiso Economía, ahora Medicina…", cuenta y suspira. "Después viene Ernesto, que está en la universidad de Deportes y le gusta el fútbol. Pero ya tiene 21 y no salió de ninguna cancha. Ahí la guita no entra, ahí estoy perdido. Quizá va a terminar en la misma moto que yo, le estoy enseñando. Es medio loco también, así que le pega a esto".
Los Repuestos de Harry
Cuando estaba en 12° grado, como le dicen en Cuba al cuarto medio, Ernesto quiso dejar de estudiar. "El estudio no era para mí, y mi vieja me mandó a trabajar con un amigo suyo que era comandante de la revolución y que trabajaba en un taller de mecánica. Estuve 45 días. Al taller era el primero en entrar, a las 7 de la mañana, y el último en irme. Además no cobraba, no tenía dinero… Cuando terminé le dije a mi mamá: '¡mamá, mamá, consígueme una libreta y unos lápices para terminar el 12° grado! -se ríe-. Después terminé la universidad, me gradué (de abogado en la ex URSS). Entonces a una amiga mía argentina le dije que tenía una idea, ¡tantas ideas que le he dicho!, que me gustaría hacer algo con motos. Tengo una Harley Davidson antigua y siempre me gustó el tema de la mecánica y la restauración, desde niño. Lo aprendí solo, era como una vocación. Bueno, mi amiga argentina me dijo, "dale, yo te ayudo". Ahí vino la ayuda económica, buscar las motos, traerlas.
¿Y cómo entraste en el mundo de las Harley Davidson?
No porque me gustaran esas motos, sino por unos amigos italianos que vinieron, me dijeron 'Ernesto, vamos a comprar una Harley'. '¿Y para qué quieren esa cosa vieja compadre? Fuera una Bugatti, una moderna', les dije. Pero cuando la vi y mis amigos que insistían, 'vamos Ernesto, móntala', empezó toda la historia de la Harley, y me encantó. Es una moto fácil de reparar. Después me dediqué mucho más a estudiar su mecánica y a tratar de restaurarlas con originales, pero era imposible, porque las piezas son norteamericanas.
¿Y cómo te consigues los repuestos que te faltan?
Yo, este, trabajo con este… con Harry Potter. Soy amigo suyo. Una varita mágica y ¡paff!, aparecen -se ríe a carcajadas-. Siempre hay mecanismos y hay millones de gente que te preguntan ¿Qué te hace falta, hermano? Y te lo mandan por una vía, por otra. Pero lo que pasa es que no lo tienes de inmediato. Tampoco puedes comprar 20 neumáticos esperando si alguno falla, porque el dinero no alcanza.
Turismo en Cuba con "La Poderosa Tours"
¿En Cuba hay nuevas oportunidades para el turismo?
Yo creo que no. Tú puedes tener mucho tipo de apertura, pero si seriamente no haces una estructura para el turismo, olvídate, va a ser una cosa fatal.
¿El problema es la invasión de turistas?
No, la invasión se produce si tú tienes un producto que entregar y calidad. Pero si dices "vamos a Cuba", pero ¿y dónde dormimos? Siento que el turismo no está preparado ni para lo que viene ni para el que tenemos. Tiene que haber seriedad y responsabilidad, de parte del gobierno, de todo lo relacionado con el turismo. Tenemos que hacer otro tipo de apertura. Hay muchas trabas. Y a mí no me sabe muy bien el turismo medio idiota, que te rompe cuatro copas, que viene y te dice "este es mi país, no es tuyo". Eso seguramente vendrá. Y mientras no haya leyes que protejan eso… tienen que haberlas, si no ¿de qué va esto? Esto tiene que ser con disciplina, si no, imagínate la droga, la prostitución. Tenemos hijos que están creciendo y ¿qué valores van a adquirir? En una sociedad donde los ideales que tenemos nosotros son los que queremos darles. Es complicado.
Ernesto Guevara sale a la calle para sacarse fotos. Posa con un habano y sobre la moto, que tiene pegada una etiqueta que dice: "Importación temporal".
¿Y cómo trajiste la moto?
Ya te dije, trabajo con Harry Potter.
VIAJAR CON LA PODEROSA
La Poderosa ofrece diferentes tours por Cuba. Sin embargo, Ernesto recomienda la parte centro occidente de la isla, porque las carreteras están en mejor estado. Los distintos recorridos, que se detallan en la web, se pueden modificar a gusto de los viajeros. Hay que agendar con dos o tres meses de anticipación y abonar el 30 por ciento. Se puede pagar con tarjeta de crédito.
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