El monopatín, ese vehículo de cuatro ruedas que ha desafiado la gravedad y ha marcado generaciones, tiene una historia fascinante en España. Desde sus humildes comienzos con tablas de madera hasta la sofisticación de los surfskates modernos, el monopatín ha evolucionado, adaptándose a los tiempos y a las tendencias. Este artículo explora la rica historia del monopatín antiguo de madera en España, destacando la influencia de pioneros y marcas emblemáticas.

Los Orígenes: Sancheski y la Difusión del Skate en España
El primer monopatín que se hizo en España fue un Sancheski, en 1966. A la marca guipuzcoana le debemos la difusión del «skate» en nuestro país. Propietarios de Sancheski, la primera marca de monopatines de España, estos guipuzcoanos de Irún son historia viva del skate patrio.
«El monopatín siempre evoluciona, nunca muere», proclaman con una mezcla de perplejidad y orgullo los hermanos Javier y José María Sánchez, de 70 y 65 años respectivamente, ambos adornados con un poblado bigote tipo manillar que recuerda al de los antiguos domadores de circo.
La actual sede de la empresa, situada en el barrio Anaka de Irún, es una mezcla de tienda, vivienda, planta textil e improvisado museo. En las desbordadas estanterías se acumulan artilugios de varias épocas, mientras las paredes están decoradas con fotografías y pósters setenteros de los primeros campeonatos de skate. "Estamos en la segunda fábrica familiar, construida en 1943.
Su padre, Francisco Sánchez Espinosa, era empleado en una agencia de aduanas de Irún. Gracias a su trabajo entró en contacto con el mundo del esquí, una nueva disciplina deportiva que fue introducida por una colonia de ingenieros noruegos en Guipúzcoa a comienzos del siglo XX. Don Francisco olió el negocio y en 1935 abrió una pequeña tienda, y al poco tiempo comenzó la fabricación de artículos de deporte.
La Influencia Americana y la Adaptación Española
A finales de los 60 cada vez se hacía más difícil competir con los esquíes austriacos y franceses, cuya fabricación estaba subvencionada. La familia Sánchez se vio en la necesidad de adaptar sus infraestructuras al skateboard, una práctica procedente de Estados Unidos que conocieron a través de revistas. El skate prehistórico nació en Malibú y fue inventado en 1963 por los californianos Mickey Muñoz y Phil Edwards como sustitutivo de la tabla de surf en tierra.
Ante la falta de olas, hicieron de la necesidad virtud: quitaron las ruedas a unos patines, se las colocaron a una tabla de madera y bautizaron a su invento Surf Roll. Tres años después, en 1966, Sancheski patentaba su primera y rudimentaria tabla. "Era un prototipo de skate americano, pero mejorado. A falta de la madera de arce canadiense, los primeros modelos eran de madera de haya y llevaban ruedas de caucho sintético o de aluminio, porque pensábamos que mejoraría la adherencia y la velocidad.
Después llegaron las ruedas de poliuretano, con las que la tabla ganó en rapidez y maniobrabilidad", comentan Javier y José María, que entonces tenían 18 y 14 años. En los comienzos todo eran balbuceos y trompicones. "Sabíamos cómo fabricar una tabla, pero desconocíamos la técnica para practicar el skateboard. Tuvimos que contactar con chavales que habían viajado a EEUU o informarnos a través de revistas como Life", que en 1965 publicó un reportaje de portada sobre "el más excitante y peligroso vehículo aparte del coche de carreras".
Introducir la nueva afición en la España de Franco no fue tarea fácil. "A los chavales hubo que enseñarles cómo utilizar aquella tabla con ruedas. ¡En Vitoria había uno que nos compraba, pero nos enteramos de que las utilizaba para transportar pianos!", recuerdan entre carcajadas.

El Auge del Skate y el Team Sancheski
Lejos de tirar la toalla, se liaron la manta a la cabeza y a finales de los 70 crearon el Team Sancheski, integrado por pioneros como Ricardo Damborenea, Iñaki Beloki, los hermanos Tolosa, Pedro Aranzábal, Neme Rico o Fernando Cortázar. A bordo de una Volkswagen del 67 conducida por Javier Sánchez, aquel grupo de mocosos recorría la geografía española haciendo exhibiciones en colegios, plazas y pabellones.
Ricardo Damborenea, uno de aquellos jóvenes melenudos que bajaban a toda velocidad por las cuestas de Meagas, Getaria o Intxaurrondo para matar el gusanillo del surf, recuerda que los "recibían como auténticas estrellas del rock". A veces, la Guardia Civil los tomaba por vándalos. "En aquella época estábamos muy aislados. En el País Vasco pensábamos que éramos los únicos que patinábamos, pero no".
Si los vascos practicaban en La Kantera de Bilbao, los barceloneses se reunían en La Cortada (hasta que se construyó el primer skatepark de España, el Arenys de Munt) y los madrileños en el Retiro. El momento cumbre del Team Sancheski fue la primera demo con pros americanos en el Palacio de Deportes de Madrid, a finales de los 70.
Posteriormente nos visitaron figuras como Christian Hosoi, Lance Mountain, Rob Roscopp, Steve Caballero o Tony Hawk. El contacto con estos riders ayudó al perfeccionamiento. El primer viaje internacional en la furgo fue a París. "En un campeonato celebrado en el Trocadero contactamos con skaters y fabricantes franceses.
Como recuerda José Antonio Muñoz Cuéllar, alias Doc Caribbean, pionero del patín en Madrid, "la época dorada del skate español abarcó de 1975 al 1979, y a partir de ahí se hundió".
La Crisis y la Reinversión
¿El motivo? El cierre de muchos skateparks americanos por problemas de seguridad provocó una reacción en cadena. "Desaparecieron todas las marcas y distribuidoras europeas. La crisis también afectó a Sancheski. "Nos vimos con 20.000 monopatines almacenados en palés. Hubo que echar el freno".
Por fortuna, a comienzos de los 80 se pusieron de moda los roller disco (patines con plantilla de aluminio y correas) y pudieron reciclarse. "El roller era un producto muy bueno -a Marcos Llongares le hicimos una plantilla y fue campeón del mundo con ella- y todavía se cotiza", comentan los Sancheski brothers.
"Más tarde llegaron los monopatines cóncavos para skate park y nos fuimos defendiendo. Quienes sobrevivieron pudieron aprovechar la segunda oleada del monopatín, del 84 al 90. "Fue la mayor fiebre del skate que ha habido en toda la Historia. Todos los niños de España tenían un patín", asegura Doc Caribbean.
"Por entonces se llevaban las tablas asimétricas, con cóncavos de cuchara y tail (cola) elevado procedentes del mercado americano. Vendíamos 30 tablas diarias; ahora no haces esos números ni de coña".
Poco a poco, ese patinaje asimétrico, más tranquilo y old school, dejó paso a una tabla simétrica y estrecha que permitía acrobacias más agresivas. Con el cambio de milenio se fue abriendo paso el longboard (tabla larga), enfocado a un público más adulto que ya había patinado en los 80 y no se veía haciendo los giros de un veinteañero.
La Evolución Continua: Del Surfskate al Futuro del Monopatín
¿En qué momento nos encontramos? Según Doc Caribbean, "los americanos están cambiando el concepto del long, sustituyendo ese rollo tranquilo por una forma de patinar más agresiva. Creo que el long se está convirtiendo en un nuevo street".
Atentos a las tendencias, los Sancheski observan que el cruiser (un patín intermedio, entre el long y el street) cada vez tiene más aceptación. Pero ellos apuestan por el surfskate, "una modalidad que cierra un ciclo, porque supone una vuelta a los orígenes: el surf".
El favorito de José María es un modelo Diamond Tail (con cola surfera) de estilo vintage, con madera oscura y estampado en negro. Sus hijas están implicadas en el proyecto. "Iciar es ingeniera y nos está ayudando con las mejoras técnicas, mientras Mónica es diseñadora y se encarga de la gráfica. Ellas son nuestro I+D", explica su padre, ilusionado con pasar el testigo a la siguiente generación.
En 1966 lanzó su primer modelo, realizado con madera de haya. Y, una década más tarde, llegaría su ejemplar más vendido: fue el Top Naranja, que contribuyó a que Sancheski se convirtiera en la marca "oficial" del monopatinaje español. Construido con plástico de inyección, más resistente que la madera laminada, llevaba ejes de chapa y aluminio.
Respecto a su incidencia en el número de practicantes el snowboard, por ejemplo, fue declarado olímpico en 1998 y no creo que ello haya impulsado de forma relevante su práctica".
Más confianza tiene en el futuro del surfskate, la última reinvención del monopatín, cuya práctica cada vez está más extendida. La principal diferencia con el normal reside en su eje delantero. Gracias al bombeo de los muelles, cuya tensión es regulable, la tabla se comporta en el asfalto como en el agua, pudiendo realizar maniobras más radicales y de mayor giro que simulan el deslizamiento de un surfista.
"La conducción es más relajada, por lo que está atrayendo a muchas chicas y a gente adulta que había dejado de patinar. Además, cada vez es más demandado por las escuelas de surf porque resulta perfecta para iniciarse", explica el menor de los hermanos Sánchez. Todos se fabrican en China ya que ello reduce los costes de producción y facilita el acceso a un mercado global. "Nosotros desde aquí les enviamos el shape de la tabla, el print y las especificaciones técnicas".
Debajo de cada surfskate puede leerse la mítica marca: Sancheski, cuyo nombre es el resultado de unir el apellido del fundador, Sánchez, a la palabra ski (esquí).
Mientras uno sostiene un monopatín años 60 de madera de haya, el otro agarra una moderna tabla de surfskate, una nueva modalidad que simula el movimiento del surf sobre el asfalto y que está revolucionando el sector. Este impulso debería contribuir a que esta tabla callejera de cuatro ruedas se mantenga en la cresta de la ola encadenando ollies, kickflips, 180º y demás piruetas.
Sin embargo, José María Sánchez se muestra escéptico: "Quizá tenga una mayor proyección mediática, pero no creo que lo que ahora son los Juegos Olímpicos refleje el alma del skate.
Con la Navidad a la vuelta de la esquina, las empresas deben reinventarse para sorprender con propuestas novedosas a los consumidores. La firma Sancheski comercializa estas navidades monopatines que reinventa el popular modelo de esta firma vasca con un monopatín que aporta polietileno y aluminio en su composición. Un producto novedoso que será comercializado estas navidades por una firma vasca que cuenta con un amplia a trayectoria en este sector.
Fue a finales de la década de los 70 cuando la firma vasca Sancheski adoptó su originario nombre comercial Sancheski Team. El innovador skate top fue concebido a partir de primavera de este mismo año. Para llevar a cabo esta labor innovadora contaron con la colaboración de una experta diseñadora gráfica encargada del diseño de los modelos por ordenador.
El novedoso patín sancheski top desarrollado por esta firma vasca consta de una tabla dotada de una formulación de polietileno de última generación. Precisamente los nuevos ejes que sostienen la tabla cuentan con "una media de 4 a 6 agujeros" que mejoran la disposición de los antiguos, únicamente recubiertos en chapa.
Junto a estas prestaciones, el producto añade una composición de ruedas diferente al del modelo original. No en vano, estos dispositivos móviles están revestidos de politeureno frente al caucho de las ruedas anteriores. La gama de skate top ofrece tres colores diferentes: el naranja asociado a la versión tradicional, azul y amarillo.
"Les permite hacer giros más rápidos en la calle y además, dispone de una sujeción más fácil a la superficie de la tabla.

La Kantera: Un Icono del Skate en España
En medio de esta confusión de coderas, rodilleras y cascos fluorescentes y de este delirio colectivo, en el que los jóvenes de cada municipio y aldea se arrojan por la cuesta más empinada como si participasen en La masacre de Los Ángeles, en el municipio vizcaíno de Getxo, surge un grupúsculo de jóvenes dispuesto a poner algo de cordura y sentar las bases, para que el skateboard sea algo más que un deporte de moda pasajero, y se convierta en lo que es hoy en día: una manera de entender la vida, el más auténtico de los deportes extremos y por qué no, un arte.
En un principio, los neófitos skaters experimentan con lo que tienen más a mano, cuestas, parques, rampas de madera e incluso alguna piscina vacía, pero pronto se topan con la cruda realidad de que, para poder desarrollarse al cien por cien, van a necesitar un sitio específico en el que dar rienda suelta a su creatividad y a su imperiosa necesidad de adrenalina. Es ahí cuando en la mente de estos pioneros aparece La Kantera.
Los inicios de todo deporte no son fáciles, y los del skateboard menos. Txus Dominguez. ¿Por qué hacer un libro sobre La Kantera? Fernando Elvira: La historia era demasiado buena como para no revisarla y hacer un libro sobre ella. F.E.: Recopilar el material fue laborioso, pero todo el mundo se mostró muy cooperativo y generoso. Speed freaks 96.
Realizar libros de este tipo, que abarcan un periodo histórico, resulta complicado y puede llegar a ser polémico, pues es difícil contentar a todos los protagonistas. En otros libros similares, pero de temática surfera, hubo gente que se quejaba porque no salía o porque salían poco. ¿Esto era algo que os preocupaba?
La Kantera tenía y tiene proyección nacional e internacional. El libro abarca un periodo de tiempo muy amplio 1987-2015. F.E.: Mucha más gente practica el skate ahora, es algo que está aceptado socialmente. El skatepark ya no es un sitio donde sólo van cuatro locos a patinar, ahora es un lugar de encuentro y de vida social.
A.E.: El mayor cambio sin duda es la aceptación social. Hoy en día, el skateboarding ya tiene su sitio en la sociedad. Joseba Cortazar. F.E.: Ambas cosas son importantes y una no excluye a la otra. Que salgan skaters de renombre ha ayudado a que más gente se anime a patinar.
De todas maneras, el skate no es una actividad para adquirir renombre o fama, sino para divertirse…Y si en ese proceso de diversión resulta que tienes talento y consigues fama, sponsors, viajes, etc. pues mejor para ti… Pero eso es lo inusual.
A.E.: Lo más importante fue el crear un espacio donde la pasión por el skate era lo más importante, donde nos realimentábamos los unos a los otros. Joni. Una de las señas de identidad de La Kantera era el radicalismo, dotasteis al skate de velocidad, de potencia, pero lo hacíais desde la naturalidad, como si fuera parte de vuestro ADN, y no una pose.
F.E.: Creo que es porque crecimos influenciados por el surf, pero también porque Algorta es un pueblo lleno de cuestas. Trasladamos la velocidad de las cuestas al skatepark. Y sí es cierto que las otras escenas skaters de Euskadi y España, en general, no tenían la misma dinamita que la nuestra. Javi Mendizabal.
Habéis hablado de la influencia del surf. Getxo, tradicionalmente, estaba ligado a la práctica del surfing… ¿El mundo del skate y del surf eran paralelos? F. E.: Al principio sí que bajaban surfers a carvear, luego cuando vieron que aquello no era broma fueron desapareciendo. En La Kantera hay muchos skaters que siguen pillando olas. En los noventa recuerdo bajadas salvajes como la de Agirrunaga. Barrakafane.
La creación de La Kantera está inspirada en el ‘made yourself’, un puñado de chavales que con imaginación cubrían sus necesidades, fabricando rampas con las maderas que cogían de las obras, que se construían sus propios skates. F.E.: Claro, ahora en ese sentido es más fácil. ¿Os veis escribiendo un segundo libro, La Kantera Vol. Alain Goikoetxea.
Este libro recuerda al Gran Miércoles, más que hablar del skate o del surf, habla de la vida, de un grupo de amigos que se hace mayor en torno a la pasión por un deporte. F.E.: Se puede patinar hasta una avanzada edad… Pero no deberíamos ser tan limitados de pensar que el skate, o el surf, es lo único interesante que hay en la vida. Cualquier actividad puede ser tan increíble y satisfactoria como el surf o el skate, si de verdad ponemos el corazón en ella.
El tristemente desaparecido productor cinematográfico Elías Querejeta acostumbraba a decir que su patria era su infancia. Ese lugar en el que fuimos un tiempo felices y al que nos gustaría volver siempre. La Kantera 1987-2015, con sus 360 páginas, repletas de fotografías del pasado, es el mejor salvoconducto para volver a esa patria que de forma gradual e imperceptible abandonamos, al hacernos mayores, y convertirnos, aunque sea por unos minutos, en sus felices ciudadanos.
Alain Goikoetxea. Borja PALO Saez. Chloé Bernard. Eduardo RAT Saenz. Escayolos_. Gaizko Fanarraga. Gorka GUANTEZ. Jaime Ruiz de Gopegi. Javier Mendizabal. Jon Ander Ariño TXUFO. Seth Keil.