Miguel Moreno, un nombre que resuena en los anales del ciclismo español, especialmente recordado por su dirección en el equipo Zahor, una figura que emergió de los tiempos de Bahamontes. Su influencia se extiende a través de las carreras de numerosos ciclistas y el trabajo de dedicados profesionales que, aunque menos visibles, son esenciales en el mundo del ciclismo.

Federico Bahamontes, leyenda del ciclismo español.
El Equipo Zahor y la Era Artesanal del Ciclismo
El Zahor, bajo la dirección de Miguel Moreno, representaba una era del ciclismo que hoy se recuerda como artesanal. Joseba Núñez, quien fuera ciclista profesional en el Zahor a finales de los ochenta, recuerda: «Todavía íbamos con rastrales. Éramos reacios a los pedales automáticos». Núñez rememora una foto de la Vuelta a Asturias donde un paisano observa cómo cambia el tubular y lo infla con una bomba, una imagen que captura la esencia de un ciclismo más cercano y menos tecnificado.
Cristian Alonso, quien también formó parte del equipo, bromea sobre su pasado como corredor: «Yo no corría. Yo participaba. Así que pronto dejé de hacer el ridículo en la carretera y pasé al coche. El masaje fue mi manera de seguir en este mundo». Alonso recuerda al Zahor como un equipo de subsistencia, donde los ciclistas recién fichados podían sentirse desanimados al ver las condiciones. Sin embargo, destaca que fue una experiencia formativa: «Ahí, en los equipos pequeños, se aprende lo que es la vida. Tenía que ser obligatorio que todos pasaran por ahí, desde directores hasta mecánicos y corredores».
De la Penuria al Sky: Un Viaje de Aprendizaje
La experiencia en equipos como el de Moreno marcó a profesionales como Cristian Alonso, quien después de pasar por el Saunier Duval y el Cervélo de Sastre, llegó al Sky, un superequipo británico. «Es que los equipos como el de Moreno eran la leche. A mí -cuenta Núñez- hasta me pidió que devolviera el quitavientos al final de la temporada», recuerda Núñez. Este tipo de anécdotas pintan un cuadro del ciclismo de antes, donde la escasez y la necesidad agudizaban el ingenio y fortalecían el espíritu de equipo.
Núñez relata una experiencia personal que ilustra las dificultades de aquella época: «En una carrera salí con el tubular lleno de agujeros. Bajando el puerto de La Casilla (Asturias) reventó y me pegué una hostia tremenda. Al día siguiente, hecho un cromo, fui a la salida y me encontré con que la rueda tenía otro tubular parecido. Protesté y el director me dijo: 'Es lo que hay chavalillo'. O lo coges o lo dejas».
El Rol Esencial de los Masajistas
En el ciclismo profesional, el trabajo de los masajistas es fundamental. Son ellos quienes, con sus manos, preparan a los ciclistas desde la madrugada, encargándose de tareas que van desde preparar desayunos hasta aliviar el cansancio después de cada etapa. Joseba Núñez, Joaquín 'Chopi' González, Cristian Alonso, Andoni Arce e Igor Díez Pereda son algunos de estos profesionales que han dedicado su vida al cuidado de los atletas.
Estos masajistas no solo alivian el cansancio físico, sino que también brindan apoyo emocional. «Tienen mucha más confianza con nosotros que con los directores. Los problemas del ciclista son mis problemas», comenta 'Chopi'. Núñez añade: «Si ves que el corredor se queda con lo negativo del día, pues cambias la conversación, le hablas de tías, le animas».

Un masajista trabajando con un ciclista.
Historias de Vida y Dedicación
Muchos de estos masajistas fueron ciclistas antes de dedicarse al masaje. Joseba Núñez, por ejemplo, tras dejar el ciclismo profesional y trabajar como ertzaina, decidió regresar al mundo del deporte. «Pedí excedencia y me lo jugué todo», recuerda. Su camino lo llevó al Mapei, donde coincidió con Óscar Freire, y luego al Rabobank.
'Chopi', por su parte, lleva dos décadas madrugando para atender a los ciclistas. «A las siete, arriba. Si estamos tres masajistas, uno va al hotel, a preparar todo. Los otros dos se encargan de la carrera, del avituallamiento, de atender a los corredores en la meta...». Después, dedica una hora a cada ciclista, hasta altas horas de la noche.
Andoni Arce, otro joven masajista, destaca la importancia de la motivación: «Hay ciclistas a los que hay que estar todo el día diciéndoles lo buenos que son para que se lo crean».
Incertidumbre y Pasión
A pesar de la dedicación y el esfuerzo, los masajistas son conscientes de la incertidumbre de su profesión. Igor Díez Pereda, quien ha trabajado en equipos como Saunier, Astana y CSC, comenta: «Cuando estaba en el Astana todo se vino abajo por los positivos de Vinokourov y Kashechkin. Tuve la suerte de que me llamó el CSC. Es importante que te conozcan, que sepan que trabajas bien por si pasa algo de esto».
Cristian Alonso lamenta: «Esto es así. Por bien que lo hagas, si llega un desgraciado y da positivo te desarma la barraca». Núñez añade: «Nadie se ha planteado crear un fondo de reserva para el personal de los equipos. Si un ciclista da positivo, la UCI (Unión Ciclista Internacional) se queda con su salario. A nosotros nadie nos da nada».
La Vida en la Carretera
La vida de los masajistas es itinerante, llena de viajes y hoteles. «Estamos siempre de hotel en hotel, con la comida pagada. No tenemos tiempo para gastar», coinciden. A pesar de las dificultades, valoran la camaradería y el ambiente de trabajo. Núñez bromea sobre las diferencias culturales: «En Holanda cogen el pan, le ponen mortero monocapa y a correr». ¿Mortero monocapa? «Sí, una especie de mayonesa que un día es de un color y luego de otro».
A pesar de conocer muchos lugares, algunos echan de menos su hogar. «Cada vez lo tengo más claro. Como aquí no se vive en ninguna parte. Clima, comida y ambiente. Como marajás», afirma Núñez.
La historia de Miguel Moreno y sus colaboradores es un testimonio de pasión, dedicación y resiliencia en el mundo del ciclismo. Su legado perdura a través de las manos que cuidan a los ciclistas y el espíritu de equipo que los impulsa.