Los Cinco Años de un Ciclista Profesional: Entrenamiento y Evolución

Los ciclistas profesionales representan posiblemente el paradigma del rendimiento humano. Durante las competiciones acumulan un esfuerzo físico extraordinario semana tras semana, con el gasto energético que ello conlleva.

Inicios y Desarrollo en el Ciclismo

Muchos de nosotros hemos practicado ciclismo de distintas formas: en viajes con amistades, en rutas desafiantes o incluso quizás en carreras. Mi papá era ciclista en su juventud, pero se retiró. Cuando yo era niño, nos mudamos de la ciudad de Sídney a un pueblo, y ahí volvió a montar, porque era una zona mucho más bonita que la ciudad.

Por eso escogí el ciclismo. Seguí los pasos de mi padre y me apunté al club del pueblo. Jugué mucho al fútbol hasta que cumplí los 10 años. Supongo que ese es el deporte que practica todo el mundo en Australia, pero a los 10 u 11 años de edad me decidí por el ciclismo. No lo hacía pensando en que un día llegaría a ser profesional, sino simplemente porque a mí, lo que me gustaba era salir con la bici y competir.

Hasta que no cumplí los 16 o los 17 años, ni se me pasó por la cabeza que pudiera vivir de esto y tener una carrera de profesional. Más o menos en esa época es cuando empecé a ganar carreras, pero hasta ese momento la verdad es que no ganaba mucho.

El Salto a Europa

Para los jóvenes australianos, lo más duro es irse de Australia, dejar a los amigos y a la familia y mudarte a Europa para competir. La primera vez que vine a Europa debía de tener 16 o 17 años de edad. Tuve que madurar mucho más rápido que los demás jóvenes de mi edad. Tu vida se convierte en algo mucho más serio, y mucho antes que a los de tu generación.

La mayoría de los jóvenes de mi edad todavía están en la universidad y hacen las cosas que suelen hacer los jóvenes, mientras que yo estoy centrado al cien por cien en mi carrera de ciclista profesional. A mis 21 años, tengo la sensación de que tengo que soportar mucha más presión que otro muchacho normal de mi edad.

Si las cosas empiezan a irme mal, no solo lo sé yo, sino que también se enteran mi equipo, mi entorno y todos los aficionados que siguen el ciclismo y mis actuaciones. Cuando eres tan joven, no es fácil acostumbrarte a esto.

Especialización y Desarrollo del Sprint

No me di cuenta de mi capacidad para el sprint hasta que cumplí los 17 y las cosas empezaron a salirme bien en las clásicas de Bay Crits. Hasta ese momento, siempre pensé que sería un buen escalador. Era bastante bajito, y los ascensos se me daban bien, aunque cuando eres joven la verdad es que se te da todo bien.

Seguí creciendo, mis músculos se desarrollaron y fui evolucionando hasta convertirme en un sprinter con buen cambio de ritmo. Lo que más me gusta no es montar en bici; este deporte me atrae por la posibilidad de triunfar y ganar carreras.

Hay días en que te levantas y te toca entrenar 5 o 6 horas, y no tienes ninguna gana de salir. Pero, al mismo tiempo, tampoco te gusta ir a una carrera, estar a punto de ganar la carrera y luego reconocer que no te has esforzado lo suficiente en los entrenamientos. Eso es algo que lamentaría profundamente.

En el ciclismo moderno no hace falta competir para ver si estás en buena forma; por ejemplo, si sabes que tienes que ser capaz de mantener 400 vatios durante un ascenso para mantenerte a cabeza del pelotón, puedes reproducir esa misma situación en un entrenamiento gracias al medidor de potencia y todas las tecnologías de las que disponemos. Hace diez años, los corredores competían 100 o 110 días al año. Ahora es posible que hagamos 50 o 60. En ese aspecto, creo que el deporte ha cambiado mucho.

Hoy lo que tenemos son programas de entrenamiento muy extensos, y la verdad es que estoy encantado, porque me gusta volver a mi rutina habitual para entrenar y comer bien. Si compites todos los fines de semana, no te da tiempo a vivir con una rutina adecuada.

La parte más exigente de los entrenamientos son los segmentos de alta intensidad. Hacemos muchos entrenamientos largos a baja intensidad. Es algo diferente, el entrenamiento de alta intensidad es muy, muy exigente. En un entrenamiento, sabes que lo has dado todo si se acumula el ácido láctico y te queman todos los músculos del cuerpo, no solo los de las piernas, sino también los de los brazos, los abdominales... ¡todo! Te viene ese regusto a sangre en la boca.

Durante la temporada, te sientes como si solo estuvieras despierto al 90 por ciento. No saltas de la cama y te sientes un hombre nuevo cada mañana. Esa sensación probablemente solo la tienes un par de semanas fuera de temporada, pero en los meses de competición nunca te sientes pletórico de energía.

Comparados con los entrenamientos de hace dos años, los programas que sigo ahora están mucho más estructurados. Después de un programa intenso de tres días, suelen venir uno o dos días de ejercicio suave para que el cuerpo se recupere, mientras que antes me entrenaba sin cabeza.

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Optimización de la Postura y el Equipo

La postura que utilizo hoy durante el sprint empecé a adaptarla hace más o menos año y medio. Hice unas pruebas en el túnel de viento, y esta postura resultó ser la más aerodinámica con diferencia. Desde el punto de vista físico, llega un momento en que tu cuerpo ya no puede ir más rápido, así que hay que buscar otras maneras de ganar velocidad.

Por ejemplo, si un ciclista tiene una potencia máxima de salida de 1 400 o 1 500 W, llega un momento en que es sencillamente imposible alcanzar los 1 600 o 1 700 W. Por eso hay que buscar diferentes maneras de reforzar al máximo la velocidad. No hay que ser un genio para saber que cuanto más baja sea la posición, más probable es que la velocidad sea superior, siempre y cuando puedas generar la misma potencia en esa posición baja.

Esto es lo más difícil; generar una potencia elevada en esta posición, que es muy baja e inclinada hacia adelante. Otra cosa que tuve que aprender a superar es que a lo largo de un sprint estás cada vez más fatigado, y es natural ponerse de pie sobre los pedales para generar más potencia. Tengo un mono aerodinámico, un casco aerodinámico y todo lo que necesite.

Presión y Concentración en la Competición

La presión que más me afecta es la interna. La presión externa no me afecta tanto porque al fin y la cabo, yo sé si estoy listo o no para competir en una carrera. Cuando me pongo en cabeza en un sprint, tengo la sensación de que estoy muy concentrado, pero, si al final de la carrera me preguntas en qué estaba pensando, la verdad es que no te lo sabría decir.

Creo que en lo que más pienso es en mantenerme en cabeza y en la posición que tengo que mantener encima de la bici. Al final, siempre hay riesgos que hay que correr. No te sabría decir por qué, pero este deporte es muy peligroso.

Cada vez hay más escapadas en grupo. En lugar de un sprint a diez, vemos a equipos completos que luchan por ocupar la mejor posición. En las Grandes Vueltas, los equipos que buscan ganar la clasificación general también pugnan por ocupar la cabeza de carrera. Imagínate que la mitad de los equipos cuentan con sprinters especializados, y la otra mitad aspira a llevarse la clasificación general; al final todo el pelotón se disputa las primeras plazas.

En ningún momento tengo la sensación de ir demasiado rápido. Probablemente las sensaciones más extrañas se produzcan al principio del sprint, cuando empiezas a ganar velocidad. En ese momento ya vas a gran velocidad, pero en el instante de lanzar el sprint subes la velocidad en 10 o 15 km/h. Es una sensación muy curiosa, sobre todo ahora que me coloco en otra posición, da bastante miedo porque voy muy pegado a la rueda delantera.

A veces, en el sprint se alcanzan los 75 km/h. No me di cuenta de lo baja que era mi posición en la bici hasta que no me enseñaron unas imágenes de vídeo. Cuando disputo el sprint, no tengo la sensación de ir en una posición tan baja, pero cuando luego veo las imágenes pienso en lo que podría pasar si chocara contra algo que hubiera en la carretera. Probablemente aterrizaría de cabeza, porque voy muy bajo y todo sucede muy rápido. La verdad es que da susto pensarlo, pero cuando estoy en carrera no se me pasa eso por la cabeza, por supuesto.

Personalidad y Legado

Muchos sprinters son unos bocazas y les gusta ser el centro de atención. Son así, y punto. En ese sentido, quizás yo no sea el sprinter típico. No soy un bocazas. Cuando me retire, me encantaría que hablaran de mí como el mejor sprinter de una época, pero sé que será muy difícil conseguir algo así. Para mí, cuando llegue al final de mi carrera profesional, lo más importante será poder mirar atrás sabiendo que lo he dado todo para ser el mejor deportista posible. Eso podría ser una victoria de etapa en el Tour de Francia o, quién sabe, 15 o 20 etapas.

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