Para el aficionado, los grandes acontecimientos del deporte suelen ir asociados a una voz. En el ciclismo, esta "voz" se refiere a la figura del comentarista deportivo, aquel que narra las competiciones, analiza las estrategias y transmite la emoción de este deporte a los espectadores.

Pelotón de ciclistas en el Tour de Francia.
El Comienzo de una Pasión
Recuerdo aquellos Tours que no sabías si conectaban o no, si daban o no la etapa. Viajar siempre me ha gustado. Yo empecé con veintitrés años a hacer la Vuelta, un año después el Tour, hostia, y el Giro… yo tengo un recuerdo fantástico.
Primeros Pasos en la Televisión
Conocía a un señor que trabajaba allí, me hicieron una prueba y adentro. Al principio hacía de todo, casi hasta recados. Yo siempre me he sentido muy afortunado, quienes hemos tenido oportunidades no nos podemos quejar. Por eso te digo, que yo siempre he tenido un poco de suerte.
La Evolución del Comentarista
La moto marcó mi manera de comentar. Tú estudias una carrera, pero esto es un oficio, y tiene trucos que vas aprendiendo y mejorando… los tempos, subir y bajar el ritmo… en una transmisión de cuatro horas no puedes estar siempre arriba. En este caso junto a Pedro (Delgado) te vas compaginando.
Una de las cosas que me satisfacen es mi evolución como comentarista… Yo llegué en 2000, con muchos años de moto, y tenía muy claro lo que quería hacer… pero a los dos o tres años cambié mi manera de comentar, me di cuenta de que a veces cometemos el error de comentar para nosotros, para los ciclistas, para los directores y no… nosotros comentamos para la gente.
En este sentido he aprendido. Y luego, evidentemente, cuando las etapas van en La 1 esto es puro entretenimiento. Nosotros nos lo tenemos que pasar bien para que la gente se lo pase bien, porque si yo me aburro es muy difícil que otros disfruten.
No debemos olvidar que periodistas y comentaristas trabajamos para el espectador. Nosotros trabajamos para quien nos escucha, y hay muchísima más gente que no controla. Una vez hicieron un estudio y no salía más de un cinco o un siete por ciento de espectadores en La 1 que manejan conceptos elevados de ciclismo.
Mira, yo, por ejemplo, nunca digo nada sobre vatios. Pretender que un espectador medio sepa eso… pensará que hablamos de la luz.
La Moto y la Cercanía con el Pelotón
En los inicios, cuando hacías moto… también es verdad que aquella Vuelta no era la de ahora, entonces no había reguladores, eras el amo, me movía con mi piloto haciendo lo que me daba la gana… bajaba, subía, saludaba, hablaba con los corredores… era una relación muy próxima. A veces pienso que ellos tenían la sensación de que pasaba calor y me mojaba igual que los ciclistas, era todo más cercano.
A ver, es normal, hay una fase en la que eres joven, tienes muchos amigos en el pelotón… Luego cuando muere Pedro González y yo cojo el relevo al principio también, pero luego me preocupé por poner algo de distancia.
Yo recuerdo bajar el Túnel del Cadí a más de cien por hora con un corredor delante, pero aquello es una recta. Para mí las peores bajadas son las intermedias, esas donde el corredor hace las curvas casi rectas, y ahí la moto debe frenar, plegar, acelerar… Las bajadas de mucha curva no son muy técnicas, depende más de si hay gravilla o algo.
Yo a veces lo hablo con los corredores… cuando se quejan de la moto, y a mí me da un poquito de vergüenza. El noventa por ciento de los pilotos están haciendo su trabajo, no intervienen.
Yo siempre iba muy en cabeza, ahí es difícil que se te agarren, porque lo vería todo el mundo. Yo creo que hay un poco de mito con estos asuntos.
El Ambiente en las Vueltas de Antes
Había una cercanía tan grande que a veces te llegaba a confundir, eso de no saber si formabas parte del pelotón, si eras periodista. También es verdad que de noche averiguabas muchas cosas. Muchas. Aunque la mayoría iban off the record, dependiendo de la situación.
Pero… una de las cosas en que me alegro de tener 57 años es haber disfrutado la profesión, porque creo que está perdiendo mucho… Soy bastante crítico con la situación actual, veo cosas que no me cuadran. Yo siempre digo que mi valor para Televisión Española es, actualmente, mi agenda.
En los noventa ya estaba prohibido. A los directores sí. Bueno, pero es que ahí estaba el fenómeno de José María García, por el quien un gran respeto. Él transformó la Vuelta a España. Creo que ya en Antena 3 Radio… García era muy listo, yo era un chaval pero me decía que entrevistase yo. Claro, el de la tele. Muy listo.
La Relación con los Ciclistas
Como Mínguez siendo prudente, ¿no? Ahora no, los equipos insisten mucho a los corredores con estas cosas. El ciclista no toma ninguna decisión sin consultar con su jefe de prensa. Yo estoy en contra de eso.
Al poco de retirarse, fue. Con Wiggins no creo, no. Pero a Froome yo creo que lo respeta mucho la prensa. Hay sitios que no… en Francia han tenido sus problemas. Pero, más allá de que cada cual piense si se ha dopado o no se ha dopado, su figura para mí es muy honesta. El trato con los periodistas. O con la Vuelta, que le ha aportado muchas cosas.
A mí ahora me está haciendo sufrir, no me gusta ver a los campeones en estas circunstancias. Yo lo que creo es que el error forma parte del espectáculo, y en el ciclismo, incluso en el mundo, todo está tan controlado que… Todo eso provoca que haya menos pájaras, menos desfallecimientos.
Tú estabas en aquellas Vueltas a España en abril donde os podíais pasar cuatro horas contando la nada, con imágenes solo de la niebla en meta. Aquello, en su momento, tenía un toque épico, no te ibas de la tele para ver si volvía la señal, y la gente aguantaba mucho tiempo delante de una pantalla sin ver nada. A veces me preguntan algo parecido, que cómo podemos hablar cinco horas. Bueno, yo tengo una amiga cirujana que opera durante seis o siete horas, y me parece más complicado. Al final es tu trabajo, tu oficio.
Es verdad que Pedro era un fenómeno social, casi tenía que esconderse. Pedro es que lleva 25 años saliendo en la tele, yo creo que por la calle lo conocen más que a Indurain. ¿Cómo era contigo? Bueno, es cierto que en su momento tenía un carácter duro.
Y el resto… pues nunca lo he pensado. Es que la entrada de internet ha cambiado el mundo, cualquier ciclista tiene sus redes sociales y… Creo que siguen siendo gente bastante humilde, con la que puedes hablar.
Si decía «sí» es «sí». A mí eso me gusta… A veces me enfadó con los jefes de prensa que te marean siete días. Mira, yo te pido esto, y te doy dos días. ¿La respuesta es «no»? Perfecto, así yo puedo buscar un plan B. Al final es muy importante eso, «sí» o «no».
Miguel en aquel momento estaba con Francis (Lafargue) de prensa, y con la explosión de los Tours hablabas directamente con él. Tuvimos mil discusiones, alguna hasta subida de tono… es normal que un periodista discuta con un jefe de prensa, siempre guardando respeto.
Pero sobre todo es… noble. Iba a decir honesto, pero prefiero noble. Yo tengo un recuerdo de Miguel… no sé qué año sería… entró en la sala de prensa de un Mundial y los periodistas se pusieron a aplaudir.
Hay actores protagonistas espectaculares y capaces de grandes gestas, que es algo que no veíamos desde Bernard Hinault.
Casi 40 años... No sólo es que haya un ciclismo agresivo y valiente, es que es por parte de los mejores y son muchos. Que después de este Giro tú digas que Pogacar no es el favorito para ganar el Tour de Francia, haciendo los alardes que hace, te da una idea real del nivel que hay. Van der Poel es un fenómeno y no puede ni ganar el Tour ni acabar entre los 100 primeros. O Van Aert o Evenepoel... No ha sucedido que coincidan en el tiempo tantos fenómenos con esa característica tan particular de dar espectáculo, más allá de ganar o ser los mejores. Es apasionante.
El Dopaje y el Periodismo
No, no, no. Hemos querido mirar siempre, pero hay un tema que nunca se contempla cuando se dice que el periodismo pasa de puntillas y es que hacer una acusación de dopaje es una cosa muy grave para la que tienes que tener pruebas. Hoy es imputar de un delito y entonces, aunque aún no fuera un delito, era poner en entredicho la ética y la profesionalidad de cualquiera. Conseguir pruebas de algo así era casi imposible.
El dopaje es utilizar determinados productos que una institución te dice que no valen. Bien, pero siempre hay otros productos sin catalogar y la medicina deportiva siempre va por delante. El dopaje funcionaba, funciona y funcionará permanentemente. Pero habrá que perseguirlo.
Si me dices que el dopaje es provocar una mejora en el rendimiento del deportista saltándose las normas establecidas, sí te lo compro, lo que no me vale es cuando me dicen que el dopaje hace daño a la salud del ciclista, porque también le hace daño hacer 260 kilómetros de montaña bajo la nieve.
La trampa es lo que hay que castigar, pero como decía mi amigo [José Antonio González] Linares, lo que es igual para todos no es ventaja para ninguno. Si resulta que lo que consideramos dopaje está institucionalizado y, como pasaba en los años 90, es una práctica que llevan a cabo prácticamente todos, tampoco puedes argumentar que algunos hacen trampa. Lo que en realidad hay es algunos a los que han pillado la trampa, pero la han hecho la mayoría, por no decir todos.
Volviendo a tu pregunta inicial, yo en el Tour del 98, el del caso Festina, delante de De la Morena y José Miguel Echávarri, dije en directo y en público que más del 90% del pelotón utilizaba EPO y no pasó nada.
Pues ahora van con todos los productos que no se detecten y es lo van a hacer toda la vida. Habrá quien cuide mucho su salud y considere que determinadas prácticas no se pueden llevar a cabo y habrá quien no, pero generalmente van a ir todos con los medios que consideren que pueden sacarles el mayor rendimiento.
Otras Voces del Deporte
El fallecimiento de Michael Robinson, ex jugador y durante tres décadas “la voz del fútbol en España”, según la definición que emplearon los medios británicos para informar de su defunción, ha provocado un unánime consenso a la hora de valorar su figura, una reacción excepcional incluso aceptando que en la muerte es cuando aflora el elogio como nunca lo suele hacer en la vida.
Quizás en que Robinson fue un clásico y, a la vez, fue un innovador. Clásico, porque cuidó la herencia de una narración con mensaje pero sin estridencias, e innovador. porque su forma de contar las cosas, mucho más allá de la empatía instantánea que provocaba su acento, supuso una invitación permanente al disfrute del espectáculo colectivo del deporte, evitando de forma voluntaria la confrontación como argumento de seducción ante la audiencia.
Para el aficionado, los grandes acontecimientos del deporte suelen ir asociados a una voz. Las generaciones contemporáneas tendrán en Robinson su voz. Por algo Robinson fue el ganador del premio Juan José Castillo en la Gala MD de 2011.
En torno a los cuadriláteros, cuando los comentaristas estaban tan encima que casi les salpicaba el sudor de los púgiles, hizo carrera Héctor Quiroga, a quien sin embargo se le recuerda mucho más como la voz del baloncesto durante décadas, con la medalla de plata olímpica de Los Ángeles-1984 de imprescindible referencia, junto a otro histórico de la canasta en televisión, Pedro Barthe.
En el balonmano, los aficionados más veteranos tendrán como icono informativo a Antolín García. Tanto bagaje acumuló López que pasó con el tiempo de contador de los grandes éxitos de este deporte a ‘alma mater’ de un triunfal Ciudad Real.
Los éxitos internacionales del ciclismo español, con Perico Delgado y Miguel Indurain entre el final del ochenta y el principio de los noventa, tuvieron siempre cerca la foto del carismático bigote de Pedro González, que formó un ‘pelotón’ ganador junto a Emilio Tamargo y Angel Maria de Pablos.
Millones de oyentes durmieron con su voz durante años, con el transistor bajo la almohada. Muchas años antes, en 1954, había surgido un formato radiofónico que aún hoy se mantiene como la mejor manera de informar instantáneamente sobre el desarrollo de la jornada de Liga: Carrusel Deportivo.
Otras voces familiares para el aficionado al fútbol fueron las de la televisión. Ahí, lució durante los 70 José Félix Pons, ‘la voz de oro’.
El gran referente de las retransmisiones del Barça ha sido Joaquim Maria Puyal, además por hacerlo en catalán durante prácticamente medio siglo, hasta 2018. En sus más de 3.000 partidos locutados, dejó frases memorables como el célebre “Urruti t’estimo” al ver parar el portero culé el penalti que trajo al Camp Nou la Liga de 1985, once años después de la del Johan Cruyff jugador.
Ha hecho muchas más cosas, desde dirigir los Deportes de las dos Antena 3 (radio y tele) hasta conducir el Radioestadio de Onda Cero durante 15 años, de narrar Mundiales, Champions y Juegos a poner en marcha Real Madrid TV, de luchar para García a acompañar a De la Morena, pero si el vallisoletano nacido en Zamora (Villamayor de Campos, 1954) abre la boca, uno visualiza a Hinault, a Perico, a Indurain, a Contador o a Pogacar, cuya exhibición en el Giro acaba de narrar para Eurosport.
En este país, donde parece que todo es Madrid y algo de Barcelona, ¿se infravalora al periodista de provincias? Sí y es una pena. Cuando estaba ya en Valladolid veía a chicos con 22 o 23 años queriendo irse cuanto antes a Madrid. Es una aspiración legítima estar en las sedes de los medios y en los acontecimientos deportivos importantes, pero esto requiere de un aprendizaje y de una formación que se logra con los años y curtiéndose en un montón de batallas tanto de la profesión como de conocimiento del medio y de saber estar en la vida. Trabajar en medios locales te da una formación fantástica, pero mucha gente se lo pierde por las prisas.
Era muy receptivo para todo lo que significaba tratar de plasmar o de contar lo que ves, que es un poco la base del periodismo. Algunos se dedican a la poesía, otros escriben canciones y otros trabajan en la radio, pero al final todo es contar lo que ves.
Entonces, la única salida de aquella rutina diaria de las heras y los animales, era el Tour de Francia. Era la época en la que empezaban a despuntar Ocaña y Radio Nacional no retransmitía las etapas, pero en el informativo de las 18 horas Paco Blanco, que era un periodista de Bilbao, hacía unas crónicas de cinco minutos con una épica narrativa maravillosa. Me entusiasmaba. El verbo, la entonación... era literatura pura. No se me olvida nunca y fue lo que generó mi afición por la radio específicamente. Quería contar oralmente las excelencias y las gestas de aquel deporte tan épico y tan formidable. Fue un poco la línea que me marqué. El ciclismo es el único deporte que justifica el abuso de la épica a los periodistas deportivos.
Claro, este sí es un deporte que justifica utilizar la hipérbole constantemente. Tienes que contar una cosa que a ti te apasiona, que estás viviendo con una intensidad bárbara y necesitas recurrir a esos términos y a esa fascinación. La épica del ciclismo es real, no una manera de vender un producto. Entonces, cuando lo estás narrando se trata de novelar y de transmitir ese componente literario.
Desde muy joven tuve una imperiosa necesidad de leer y de formarme en todos los órdenes. El fútbol, por ejemplo, nos ha formado a nosotros, porque muchas veces conoces ciudades o países gracias a sus equipos. Seguramente nada enseña más geografía a un niño. Con el ciclismo es un poco lo contrario. Aquí vamos nosotros a buscar y a ahondar en la historia de aquellos lugares por los que pasa la carrera. Nunca dejas de formarte cuando cubres ciclismo.
Es verdad que el fútbol es el opio del pueblo. Los demás deportes se siguen fundamentalmente por afición, pero el fútbol te capta por un sentido de pertenencia que te meten por donde sea desde la infancia. Yo vivía a 50 metros del estadio Zorrilla, otra vía de entrada clara son los padres, que te imbuyen desde niño cuál es tu equipo... Puede gustarte o no el fútbol, realmente, pero automáticamente lo tomas como una bandera. Eso se abraza. Y luego genera un escenario también muy propicio a la falta de respeto y a soltar toda la hiel que guarda la gente. El fútbol es una pasión excesiva. Tiene un ángulo bastante similar a la política: "Yo estoy en esta trinchera y voy a ver la paja en el ojo ajeno en lugar de la viga en el mío y nunca voy a perdonar al contrario. Él es el malo y yo soy el bueno". El fútbol ha multiplicado por mil lo que tendría que ser una simple afición por culpa de ese sentido de pertenencia: mi bandera, mi equipo, mi patria, mis colores, mi, mi, mi, mi...
Aquel García aún era el rey todopoderoso de la radio española. La sensación era que trabajar para él daba miedo. Todo lo contrario. García siempre ha sido un pedazo de pan, lo que pasa es que en antena parecía otra cosa. Yo le entendía porque cuando tienes esa tensión del directo, la mejor manera de soltar la adrenalina es pegar voces y gritos. Es así, no es bonito pero funciona. Pero como jefe, en el cara a cara y en la cercanía era un buenazo y un tímido al que, incluso, le costaba decirte cosas a la cara porque le daba apuro. Se transformaba en antena y verás que los que hemos trabajado con él siempre hablamos bien.
Independientemente de la satisfacción personal e íntima por hacer las cosas bien, lo que te movía era el grupo, un sentimiento casi colectivo de trabajar para García, para una referencia fundamental en el deporte.
Sometí mi decisión a lo que quisieran hacer mis compañeros: Siro López, Andrés Montes, Eduardo Torrico, Ernesto López Feito, Pepe Gutiérrez... Hablé con ellos y delegué, no por altruismo sino por comodidad: si ellos querían quedarse, me quedaba. La película acabó en que ellos decidieron quedarse y yo le dije a García que no me iba con él. Se cabreó mucho, pero en cierto modo entendió que éramos gente adulta que no podíamos pasarnos toda la vida detrás de él porque un día iba a desaparecer.
El pasado lunes se celebró el día mundial del saludo. Ya sé que está muy de moda últimamente celebrar todo, pero este en concreto debería de celebrarse a diario. Hay muchas definiciones de saludo, pero a mi me fascina esta; “el saludo es una muestra de educación y respeto”. Que dos palabras tan importantes en nuestro día a día, que fundamental es ejecutarlas, practicarlas, no solo escucharlas o leerlas. Saludamos a las personas que conocemos como familia, amigos o vecinos, pero también debemos saludar a personas con las que no hemos hablado nunca. Ese es el comienzo de cualquier relación personal, saludar a alguien que no conoces por primera vez. Ahí empieza todo, incluso un cambio en tu vida puede comenzar por un saludo a alguien ajeno a la misma. No quiere decir que debamos ir por la calle saludando sin parar para tener más oportunidades de conocer personas que nos cambien la vida, de forma positiva. Comparto alguna circunstancia en la que yo lo suelo hacer: al llegar a un establecimiento, al abandonar...