Jorge Bueno: Una Biografía de Pasión y Dedicación en el Ciclismo

La historia de Jorge Bueno es una de esas narrativas inspiradoras que demuestran cómo la pasión y la dedicación pueden transformar un sueño en realidad. Desde sus humildes comienzos hasta alcanzar importantes logros en el mundo del ciclismo, Bueno personifica el espíritu de perseverancia y amor por el deporte.

Un ciclista escalando un puerto de montaña.

Primeros Pasos y Descubrimiento de una Pasión

Vicente Díez García, en su autobiografía, relata cómo descubrió su pasión por el ciclismo desde temprana edad. En su caso, el fútbol nunca fue lo suyo, así que cuando aprendí a montar en bicicleta, descubrí de inmediato mi deporte y supe que quería ser ciclista; así como correr y competir.

La persistencia fue clave: Insistí y lloriqueé durante meses hasta que el buenazo de mi padre me compró una bici usada de señora, por 300 ptas. Tenía frenos de varilla, bajo el manillar. Me agarraba a ellos y agachaba el torso, imitando a los ciclistas profesionales y soñaba que algún día llegaría a ser como ellos.

La inspiración a menudo viene de donde menos se espera: Paco, veinte años mayor que yo, el hijo de mi madrina Milagros, tenía colgada en la pared del trastero una vieja bici de carreras ya obsoleta y polvorienta. Yo subía a su casa a verla continuamente, mirando los componentes, e imaginaba las posibles mejoras. Tan absorto debieron verme, admirando aquella llamémosle reliquia a pedales, que acabaron regalándomela.

Con esfuerzo y dedicación, los sueños comenzaron a materializarse: Con las 50 ptas. que me daba mi madre de “paga semanal” y las 150 ptas. que cobraba por cada tarde de domingo o festivo como aprendiz de camarero, un subempleo que busqué, de los que hoy diríamos “con dinero negro”, aquella vetusta bici fue transformándose hasta estar lista para competir.

Inicios en la Competición

Apenas tenía yo trece años (1961), pero de inmediato me convertí en el ciclista líder del barrio; las mañanas de los domingos y festivos juntaba a un pequeño grupo de chavales o mini pelotón y recorríamos las carreteras de los alrededores hasta completar unos 50 kms. Si tenía la tarde libre, repetía el entrenamiento; aunque ya nadie venía conmigo y rodaba solo, dando el aspecto del ciclista escapado de un inexistente pelotón.

El debut en carreras juveniles llegó a los 15 años (1963), pero sin destacar en absoluto ya que fui, como la mayoría, un completo autodidacta y salía sin tener las ideas claras de cómo correr. En una carrera no se trata de pedalear a toda velocidad sin más, pues como todo deporte, tiene sus técnicas y planteamientos y yo los desconocía por completo.

La falta de información y conocimiento táctico eran obstáculos comunes: Por entonces, la información disponible en cuanto a tácticas era prácticamente inexistente y era tal nuestro desconocimiento, que la mitad de los participantes acabábamos en el camión escoba, o llegábamos tras casi haber recogido los organizadores las vallas de la meta.

Transición y Nuevos Horizontes

Con 20 años (1968), comencé a asimilar que no sería nunca ciclista profesional; fue un momento duro, de frustración y de ilusiones rotas y para colmo de desgracias, aquel año me robaron mi querida bicicleta; mi “caballo de hierro” y mi compañera de muchas tardes de entrenamiento, soledad y sudor. Llegó la hora de hacer el servicio militar (1970) y aproveché para recapacitar sobre mi futuro.

La vida a veces toma caminos inesperados: Pepe me sugirió ir a Bilbao, donde estaban la mayoría de navieras españolas y con el “tren botijo”, puse rumbo a buscarme una nueva vida o profesión. Estuve tres días andando por la ciudad, visitando a todas las compañías que encontraba a mi paso, hasta que la Naviera Vascongada me admitió y me enviaron a Valencia para enrolarme en el buque mercante Artagan como engrasador en la sección de máquinas.

Durante cinco intensos años, la vida en el mar ofreció nuevas experiencias: Fueron cinco intensos años y se cobraba más dinero que un empleo en tierra, pero trabajaba todos los días, laborables y festivos, durante diez meses y medio al año. Yo hacía coincidir mis vacaciones con las fiestas de Hogueras, como buen alicantino de origen y pocos días después, el Tour de Francia, ¡faltaría más, que yo no lo viese en la “tele”!.

Regreso al Ciclismo y Nuevos Triunfos

Con suficiente dinero ahorrado para comprar un piso, decidí poner fin a mis singladuras náuticas y regresar a Alicante (1976). En Novelda fue mi deseo reencontrarme con el ciclismo y contacté con el único club ciclista de la localidad.

El reencuentro con la bicicleta trajo consigo nuevas oportunidades: Me nombraron secretario (1980) por mi diligencia en gestión de papeleos y mecanografía. Para ellos, era Vicente “el Secre” y a mi lado tuve compañeros muy activos. En el año 1982 el diario Informacion publicó acerca de este Club que “era el más activo de la provincia”.

La pasión por el ciclismo se mantuvo viva a través del apoyo a la comunidad ciclista local: Colaboré desinteresadamente, como un directivo más, en la organización de carreras y toda clase de tareas encomendadas, incluida la más ingrata y difícil, cual es ir a pedir dinero por tiendas, bares, etc. para recaudar los fondos imprescindibles, siempre al servicio del ciclismo local.

La vuelta a la competición trajo consigo renovadas ilusiones: Tras algunas carreras previas con repaso de lo aprendido años atrás, participé en el Campeonato Nacional de Ciclismo del Insalud, mi empresa definitiva, una carrera para funcionarios del organismo y recuperé toda la ilusión de mis primeros años, tras 16 alejado del dorsal, ya que no de la bici y su mundillo. Acabé quinto y la copa y el ramo de flores que llevé a casa me animaron tanto que decidí seguir con mi renovada aventura.

Un ciclista profesional en plena competición.

El año siguiente (1985) fue el mejor de mi modesta carrera deportiva, pues conseguí algunos triunfos en carreras previas, tanto en esta provincia (Cox y Granja de Rocamora), como en el velódromo de Nules (Castellón), por lo que me presenté de nuevo en Murcia para el Campeonato Nacional, con unos 80 kms. en total y hacia media carrera, aceleré y me dejaron ir; quizá pensaban que era demasiado pronto para el ataque definitivo. Pero yo estaba decidido a conseguir lo que no pudo ser años atrás; la experiencia jugaba de mi parte y pude mantener la ventaja inicial.

La experiencia y la determinación fueron clave para alcanzar el éxito: A veces, miraba hacia atrás para calcular si conservaba la ventaja; si me habían acortado distancia, metía una corona más pequeña en el piñón, por lo que aceleraba. Y si la ventaja se mantenía o aumentaba, usaba otra corona algo mayor y ritmo sostenido, de momento.

Aquel premio nacional me reconcilió con el adolescente, al que robaron su bici de carreras y trabajó de camarero para conseguirlo. Al año siguiente (1986), volví a subir al podio en este Campeonato, acabando tercero.

Enseñanza y Cicloturismo

En el año 1987 ya no hubo este Campeonato; corrí otras varias carreras pero comprobé que comenzaba a ir a menos deportivamente. Por eso decidí, por entonces, ejercer como monitor, enseñando lo básico del ciclismo a escolares y trasmitiéndoles toda mi ilusión por el deporte. Mis hijos fueron los primeros alumnos y junto a otros niños, formé un equipo de Escuela de Ciclismo, patrocinado por Muebles Mira y consiguieron numerosos premios.

Otra de mis mayores satisfacciones fue la de correr, como piloto de tándems, con ciclistas ciegos en competiciones organizadas por la ONCE (años 1989 y 90). En esta faceta, nunca olvido a mi entrañable amiga y copiloto, Carmina Alonso (q.e.p.d.), la eterna optimista y luchadora, compañera de pedaleo, de esfuerzo y de retos conseguidos.

Ya en el verano de 1987 había probado el cicloturismo de mochilas. Con un grupo de quince personas fuimos desde Vigo hasta Lisboa en varios días y repetí en los años siguientes. Con mi hijo recorrí parte del perímetro de la provincia (1988) y años después, hice el Camino de Santiago (1995); o fui desde Gijón hasta La Coruña (1996); o la Ruta de la Plata (1998); e hice una ronda, visitando desde fuera todos los hospitales públicos de la provincia (1999).

Es otra clase de pedaleo, pues se hace sin prisas ni marcarse distancias; cuando te apetece, paras y tomas algo, o fotografías el paisaje… hasta que se hace la hora de buscar un hostal para pasar la noche y continuar al día siguiente. He practicado el cicloturismo casi siempre solo, aunque a veces encontré a algún que otro pedaleante en la ruta, quien se convertía en compañero durante unos días, intercambiando “batallitas”.

La bicicleta es un deporte y también una forma de entender la vida y de compartirla. Los que amamos el ciclismo lo sentimos como los latidos del corazón y nada nos hace más felices que notar la resistencia de los pedales bajo los pies, mirar al frente y alcanzar objetivos, así como también compartirlos con aficionados o con otros amantes del deporte.

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Tabla de Logros Destacados

La siguiente tabla resume algunos de los logros más destacados en la carrera de Jorge Bueno:

Año Logro Detalles
1985 Campeonato Nacional Triunfo en Murcia tras una fuga estratégica.
1986 Campeonato Nacional Tercer puesto, consolidando su regreso a la competición.
1987-1990 Escuela de Ciclismo Formación de jóvenes talentos y monitor de tándems para ciclistas ciegos.
1995-1999 Cicloturismo Realización de rutas emblemáticas como el Camino de Santiago y la Ruta de la Plata.

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