La historia de los motociclistas en Chile es rica y variada, desde los infames "Hells Angels" hasta los jóvenes rebeldes de los años 50. Estos grupos han dejado una marca indeleble en la cultura y la sociedad chilena, a menudo envueltos en controversias y crímenes, pero también representando una forma de libertad y expresión.

Los "Hells Angels" en Chile
Muchos se sorprendieron en abril pasado cuando una investigación dirigida por el fiscal jefe de análisis criminal y focos occidente, Sergio Soto, desbarató a un grupo de los “Hells’s Angels” en Santiago, varios de cuyos miembros fueron acusados de delitos como secuestro y robo con intimidación. En Chile cuenta con “capítulos” desde 2005, cuando se fundó el de Santiago, pero además existen en Arica, Iquique, Antofagasta, Calama, Melipilla, Concepción, Valparaíso, Rancagua, Colchagua y Punta Arenas.
Otra fuente, un policía, comenta que cuando la semana pasada el Fiscal Nacional, Angel Valencia, habló sobre las bandas extranjeras que operan en Chile en el contexto del proyecto de ley que busca crear una fiscalía supranacional, “nombró a muchos que todos ya conocen: el Tren de Aragua, los Pulpos, Los Espartanos, los chinos de Bang de Fujian… pero se olvidó de que en Chile operan desde mucho antes que todos ellos los Hell’s Angels, y que desde hace mucho que se los viene investigando”.
Hace casi dos décadas se efectuó la primera investigación acerca del grupo, a consecuencias de un pedido de la DEA (Drug Enforcement Agency, agencia antidrogas estadounidense), que pidió a la PDI infiltrar a un agente encubierto en la organización chilena, ante los negocios que supuestamente algunos de sus integrantes estaban realizando con narcotraficantes colombianos.
Son famosos en todo el mundo gracias a la publicidad (buena o mala) que ganaron debido a la película Salvaje (1953), a libros como Los Angeles del infierno, del icónico Hunter S. Thompson.
En el caso de Santiago, los hechos que concluyeron con la detención de casi una veintena de integrantes de los Hell’s Angels del capítulo metropolitano (fundado en 2005) comenzaron de un modo completamente casual, debido a un robo cometido por dos falsos policías en el centro de la capital, en 2021 también. En efecto, el 15 de octubre de ese año un joven haitiano, domiciliado en un departamento de calle Santo Domingo, denunció que a eso de las 13 horas llegaron dos sujetos hasta el lugar, quienes mostraron placas y se identificaron como funcionarios de Carabineros de civil.
Ambos le dijeron que abriera, “que venían por la multa”, y al entrar lo lanzaron al suelo, mostrándole dos pistolas y atándole las manos con amarracables, luego de lo cual robaron distintas especies de dinero. Personal de la Brigada de la PDI comenzó de inmediato a efectuar las diligencias de rigor, revisando las cámaras de seguridad del edificio y las calles cercanas, gracias a lo cual pudieron identificar el automóvil en que se movilizaban. Era un Chevrolet Sail cuyo dueño original se lo había dejado a su exesposa.
Esta, a su vez, se lo había prestado a su pareja, Claudio Aguilar Echeverría, quien le decía que usaba el móvil para trabajar con transportista de aplicaciones, pese a lo cual ella misma admitió a la policía que “Claudio me dice que mientras menos pregunte lo que él hace, es mucho mejor”. Al revisar los datos de Aguilar, los detectives constataron que tenía un amplio prontuario policial, que incluía condenas por tráfico de drogas, robo con intimidación y receptación.
Poco le costó a los oficiales de la PDI averiguar que el hermano de Aguilar, Julio, había sido condenado en 2019 en Los Vilos, junto a otros dos sujetos, todos los cuales se hicieron pasar por funcionarios del OS-7 de Carabineros (vistiendo chalecos que los identificaban como tales), luego de que asaltaran una vivienda del sector de Canela, robando también enseres y dinero. Es por ello que en 2021 ambos andaban en las calles haciéndose pasar nuevamente por Carabineros y ante ello los empezaron a seguir e interceptar sus comunicaciones, notando que se movilizaban mucho en motocicleta.
Ambos quedaron en prisión preventiva y, como es costumbre, los policías comenzaron a extraer la información que se encontraba en los teléfonos celulares que les incautaron. Se trataba de un video (parte del mismo se aprecia al final de esta nota) en el cual se ve a un hombre amarrado a una silla. Tiene una polera que dice “Hell’s Angels”. Tiene varios tatuajes y al lado suyo trabaja otro sujeto (más tarde identificado como Jordano Astudillo), con una linterna sobre su frente.
Es un tatuador profesional que, sin embargo, está efectuando el proceso inverso en contra del hombre inmovilizado, borrándole todos los tatuajes que indicaban su pertenencia al grupo. El exlíder acababa de ser defenestrado y sus antiguos camaradas motoqueros lo habían citado al club para derrocarlo, pero, además, para robarle y, al mismo tiempo, borrar los tatuajes que lo identificaban como miembro del grupo.
Sin embargo, al llegar se encontró con 15 de sus antiguos camaradas, incluyendo a los hermanos Aguilar y al tatuador, “quienes de inmediato comenzaron a intimidarlo con armas de fuego, lanzarlo al suelo y golpearlo con golpes de puño y pies, para luego amarrarlo de manos y pies, atarlo a una silla y vendarle la vista, exigiéndole explicaciones por una serie de conductas anteriores en su calidad de líder de Hell’s Angels”.
A eso del mediodía, otro de los imputados, Drago Alvarez, más conocido como “Drago Malkovich”, llamó al hijo de la víctima, “informándole falsamente que su padre había tenido una accidente, por lo cual debía trasladarse inmediatamente a la sede del club de motos, a lo cual accedió pasándolo a buscar este mismo imputado, llevándolo a la parcela ya referida”. Por cierto, apenas el joven llegó, fue encañonado y amenazado.
Ante ello accedió y dos de los acusados (“Litro”, junto a Héctor Llancaleo Cortez, más conocido como “Nano”) lo trasladaron hasta el condominio en que residían. Recién a eso de la medianoche padre e hijo fueron liberados, bajo amenaza de que si denunciaban serían asesinados. Sabiendo que los sujetos hablaba en serio ambos guardaron silencio y el caso no se habría pesquisado jamás, si no fuera por el video.
En la audiencia, 20 imputados fueron formalizados, la mayoría de ellos por secuestro y robo con intimidación, pero también se sumaron otros cargos, pues en el local de los Hell’s Angels en Noviciado se encontraron cerca de 300 plantas de marihuana y numerosas armas. Asimismo, fueron halladas falsas casaquillas de la PDI, que se habrían utilizado en asaltos contra camiones.

El Caso de Iquique: Drogas y Condenas
En 2018, en Iquique, fueron llevados a juicio Nelson Rojas Guerra y Hugo Reyes Carrasco. Rojas declaró en el juicio que ya el año anterior habían realizado transacciones de cocaína, ocasión en la cual también había escondido la mercancía ilícita en el club.
Cabe mencionar que entre lo incautado estuvieron un auto y también la preciada moto de Reyes, quien terminó condenado a una pena de cinco años, mientras que Rojas recibió una sentencia levemente superior: cinco años y un día. No obstante, cuando este quedó en libertad retomó el contacto con Reyes y juntos reiniciaron su idea de trasladar droga hasta Concepción.
En efecto, en agosto de 2021 la PDI detectó varias reuniones y encuentros en el HAMC de Iquique, con sujetos arribados desde Concepción, así como los movimientos de Rojas y Reyes por diversos bancos, retirando dinero y luego enviándolo a Bolivia, desde donde les debían proveer de drogas. Finalmente la policía, por instrucciones de la fiscalía de Iquique, logró decomisar 16 kilos de cocaína y 5,5 de marihuana, así como armas de fuego, municiones, un chaleco antibalas y una serie de automóviles de lujo.
A los narcos también se les encontró una parcela (en la misma comuna) en la cual mantenían 30 litros de ácido muriático (que es un precursor químico de venta restringida), con los cuales pretendían aumentar el volumen de la droga. Y claro, nuevamente fue allanado el local de los Hell’s Angels en Iquique, aunque en esta ocasión no se encontró nada ilícito dentro de él.
Como indica el documento judicial, en el mismo momento en que ello ocurría, otros detectives detenían a Rojas en la cárcel de Alto Hospicio. Las condenas emitidas por el Tribunal Oral en lo Penal de Iquique fueron bastante duras. En el caso de Reyes y Rojas terminaron condenados a 12 años y medio de prisión, sin beneficios.

Los "Carlotos": Rebeldes sin Causa en Chile
En plena época de los ‘rebeldes sin causa’ -motejados como ‘coléricos’ por la prensa- un fatal hecho estremeció al país. El 13 de abril de 1959, Carlos Boassi Valdebenito, conocido como "Carloto", se vio envuelto en la trágica muerte de su novia María Luz Tamargo. Este evento marcó un hito en la visibilización de los jóvenes y sus culturas emergentes en Chile.
Carlos Boassi Valdebenito, joven de clase media acomodada, usaba, como los personajes de James Dean o Marlon Brando, chaqueta de cuero negro, "su tradicional y característico tres cuarto montgomery" y vestía "un ajustado pantalón azul tipo 'pecos bill'". Hijo menor de 16 hermanos, de padre comerciante -inmigrante italiano- y madre chilena y dueña de casa, había llegado hasta 5to de humanidades en el colegio confesional San Pedro Nolasco y poseía "vehículo propio, una elegante motocicleta italiana y (…) llave para entrar a su casa cuando lo desee".
Se peinaba a la gomina y tenía arrastre con las jovencitas. Coincide uno de sus amigos, Peter Mociulski: Ambos teníamos una Ducatti, de 175 cc. Eran chicas, pero les sacábamos hasta 220 kilómetros por hora, porque en vez de sangre teníamos mezcla -bencina y aceite- en las venas. éramos jóvenes, inmortales y sudábamos perfume Flaño y adrenalina (…) teníamos que espantar a las mujeres con un matamoscas.
En octubre de 1958 Boassi Valdebenito había conocido en una festa juvenil a María Luz Tamargo González, estudiante de 1er año de humanidades del Liceo de Niñas Nº 9 e hija menor de Alberto Tamargo, dueño de la céntrica librería santiaguina "Tamargo". "Comenzó a visitarla en su casa y pronto salieron juntos en motocicleta a las [boites] 'Brujas' y el 'Charles'".
La relación que tenía con su novia -de 15 años de edad- pasaba por un mal momento. "Carloto" como le apodaban sus amigos, había hecho un viaje aventurero al norte de Chile y a Bolivia -"mezcló la emoción de la velocidad con el vagabundeo"-, lo que disgustó a su pareja. El sábado 10 de abril, María Luz se llevaría otro disgusto debido a que Carlos prefería "la moto a ella" y no la iría a ver el día domingo debido a que viajaría "a participar en una carrera de motos que había organizado la compañía de bomberos de Curacaví".
Ese sábado y durante los reproches, María Luz le dijo que sería capaz de cualquier cosa, "hasta de matarse". Seguidamente, le pidió que le llevara un arma "para quitarse la vida", puesto que habían estado discutiendo "y yo estaba en una situación inferior a ella… Ella era muy dominante. Me dijo 'tráeme tú el revólver si eres tan hombrecito'".
Para reconciliarse, la tarde del lunes 13 de abril pasó a buscarla en su moto Ducatti de 175 centímetros cúbicos para salir de paseo. Unas horas antes, Carloto le pide un revolver a su amigo orlando Zunino. "yo llegué a verla con la disculpa que le traía la pistola. Cuando se lo dije se rió. yo también reí. Nos fuimos caminando por Vasco de Gama tomados de la mano y haciéndonos bromas". Se pararon en la calle Cruz Almeida y luego de un rato, discutieron.
De un bolsillo de su casaca de cuero, Carloto extrajo el revólver Famae 6.35 milímetros prestada por su amigo. A las ocho de la tarde, una vecina escuchó un disparo. Al acercarse al lugar vio a la joven tirada en el suelo. Desde su sien derecha salía un hilo de sangre. María Luz fue trasladada por otras personas hasta el Hospital de Neurocirugía, donde murió diez horas después. Carlos Boassi Valdebenito se escondió durante dos semanas, lo que alimentó el pánico, la criminalización mediática y la sanción de la opinión pública. Finalmente se entregó ante el magistrado Raúl Guevara Reyes, quien ordenó su inmediata detención. Carloto enfrentaba cargos de homicidio.
La actitud de Carloto era sospechosa. El que pasó a ser un símbolo de los llamados "Coléricos" en ese entonces, no le prestó ayuda a su novia de 15 años que se desangraba y huyó. Durante meses la investigación arrojó resultados contradictorios, nutrida de peritajes contrapuestos y testigos y testimonios descalificados. La singularidad del incidente protagonizado por Carloto y la opacidad del móvil concitaron la atención pública. La prensa escrita informó y provocó un "pánico moral" sin precedentes en Chile en relación a estas nuevas identidades juveniles.

Primeras Culturas Juveniles en Chile
La aparición de culturas juveniles implicó una mayor complejidad, densidad y autonomía del marcador biológico (edad) y generacional de las y los jóvenes con respecto al mundo adulto. De esta forma comienzan a proliferar en las urbes metropolitanas colectivos de jóvenes aglutinados en microsociedades que, corporeizados por la clase, la etnicidad, el territorio y la estética (Feixa, 1999), son creados y recreados por los medios de comunicación masiva (la industria cultural segmentada) y el mercado.
Las condiciones de producción de las culturas juveniles chilenas están marcadas por la paulatina modernización de la esfera material que, sustentada en gran medida por el Estado Desarrollista y Populista y el éxito económico norteamericano después de la II Guerra -traspasado a América Latina desde 1961 a través de la "Alianza para el Progreso"-, posibilitarán la extensión de la electricidad, la urbanización, la expansión de la matrícula educativa, la industrialización y la migración campo-ciudad.
En efecto, desde mediados de siglo, la sociedad chilena venía sumando cambios acelerados, que terminaron por modificar radicalmente su estructura social. Se manifesta una precipitada urbanización y un sostenido crecimiento demográfico debido a un aumento de la natalidad y una baja de la mortalidad. En este contexto, comienza a emerger una mayoría "biológicamente" joven: sólo al comenzar la década del '60 el 49,4% de la población era menor de 20 años, según cálculos de la CEPAL/UNICEF en 1967.
Junto a ello, se presenta a partir de 1952 un incremento sin parangón del estudiantado secundario y superior: el número de alumnos universitarios que en el año 1952 era de 9.335, para 1957 esta cantidad sube a 20.440 y en 1965 a 41.801. No obstante, es la "modernización" de la esfera simbólica la que tiene un impacto capital en la constitución de estas culturas juveniles, fenómeno atribuido habitualmente a la influencia externa (la norteamericanización de las costumbres vía la aparición y expansión de la industria cultural) o al agotamiento de las formas sociales burguesas criollas.
Cambios en la esfera cultural que, ciertamente, son tributarios de la transnacionalización del mercado simbólico en América Latina y la reproducción de la industria cultural del primer mundo a nivel local. Desde fines de la década de 1950, tanto la industria cultural como las comunicaciones crecen progresivamente en Chile. En este sentido, la llamada "sociedad de la abundancia" norteamericana impactó radicalmente la vida social y al sujeto joven de la región: surgimiento de un inédito mercado juvenil masivo -teenage market-: películas, periodismo juvenil, industria cinematográfica y musical segmentada -el rock and roll irrumpe con toda su fuerza-, junto con toda una serie de productos asociados, desde transistores, discos, tocadiscos y motocicletas, hasta objetos fetiches de diverso tipo.
La personificación de este momento se encuentra en el surgimiento de varios ídolos musicales y cinematográficos, cuyas imágenes se desterritorializan rápidamente a partir de las tecnologías comunicativas recién estrenadas: Marlon Brando, James Dean y Elvis Presley, encarnaciones matrices de las culturas juveniles en los EE.UU. No obstante, como veremos, este proceso en Chile y América Latina es paulatino y diferencial.
Las transformaciones estructurales que se sucederán en el país y que posibilitarán nuevas adscripciones identitarias en las y los jóvenes se incuban lenta y segmentadamente desde la segunda mitad de la década de 1950. Ello debido a las profundas desigualdades del proceso y modelo modernizador, que esconde en su aggiornamento importantes niveles de exclusión social y económica en la población juvenil.
En rigor, desde comienzos de la década de 1950 la industria cultural cinematográfica norteamericana había iniciado una clara segmentación de su audiencia, privilegiando al mundo juvenil a través de la producción de múltiples "teenpics" (Doherty, 2002): películas para las y los jóvenes y protagonizadas por éstos. En 1953, en The Wild One -del director Laszlo Benedek-, Johnny Strabler (Marlon Brando) encarna al líder de una pandilla motorizada que asola las calles de distintos pueblos del medioeste de los Estados Unidos de América intimidando a sus habitantes y "dispuesto a hacer tambalear los ideales de comodidad y bienestar del way of life norteamericano", filme que inaugura la expansión del estilo de los "black jackets" y sus variantes en el mundo (Teddy boys, Rockers, Blouson noir, Raggare, Halbstarken o Rebecos, según el caso) con la figura del joven duro, impenetrable, vacío e incomunicado con el mundo adulto que James Dean profundiza dos años más tarde en "Rebel Without a Cause".
Películas, entre muchas, que se convertirán en un horizonte simbólico que articulará -un poco antes que la industria cultural musical segmentada-, la producción y reproducción de las primeras culturas juveniles en Norteamérica y Europa. Sólo dos años después, las huellas de estas primeras culturas juveniles aparecen en Chile.
A continuación, se presenta una tabla comparativa de las características de los "Hells Angels" y los "Carlotos":
| Característica | Hells Angels | Carlotos |
|---|---|---|
| Época | Siglo XXI | Década de 1950 |
| Actividades | Crimen organizado, drogas, secuestro | Rebeldía, motocicletas, influencia cultural |
| Influencia | Bandas internacionales | Cultura juvenil norteamericana |
| Representación | Violencia y crimen | Rebeldía y juventud |
"Hells Angels": la banda chilena que secuestró a su propio líder
La historia de los hijos de reyes motociclistas en Chile es un reflejo de los cambios sociales y culturales que han marcado al país. Desde los "Hells Angels" hasta los "Carlotos", estos grupos han dejado una huella imborrable en la sociedad chilena.
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