Américo Balbuena y su Harley Davidson: Historia de un Infiltrado

La historia de Américo Balbuena es una de infiltración, traición y secretos. Este artículo explora su vida, sus conexiones con el periodismo y las organizaciones sociales, y su eventual descubrimiento como agente de la Policía Federal.

Américo llegaba en una Harley Davidson de colección.

Primeros Años y Reencuentro

Rodolfo Grinberg y Américo Balbuena no eran amigos en la primaria, pero se conocían porque iban al mismo grado: uno al A y otro al B. Como vivían a pocas cuadras de distancia, todos los días de la semana volvían caminando juntos por la calle Belgrano, la de la escuela. Por ese entonces, Américo vivía con su mamá. Tampoco se hicieron amigos cuando se reencontraron en la escuela de periodismo de San Martín, la Santo Tomás de Aquino, a fines de los noventa. Américo llegaba en una Harley Davidson de colección. Cuando terminaron de cursar dejaron de verse, aunque esta vez sería diferente.

Militante desde la adolescencia, Rodolfo salió a la calle y en más de una manifestación se encontró con Américo, quien al margen de declararse peronista, nunca había manifestado ningún interés en particular por la política. En una de esas ocasiones, ya a comienzos de 2002, Américo le contó que había estado participando en FM La Tribu, pero que ya lo había dejado porque había mucho quilombo, se peleaban todos.

Inicios en el Periodismo

No es fácil encontrar producciones periodísticas viejas de Américo Balbuena. En realidad, de ningún miembro de la Walsh. Hace algunos años, no pudieron pagar más el hosting y les cerraron el sitio web de un día para el otro. Como apenas tenían copia de la información de los últimos meses, perdieron muchas cosas. Sin avisarle a nadie, Américo se contactó con la empresa y pagó un año entero por adelantado. Lo hizo como un regalo.

A todos les contaba que su trabajo era hacer los corretajes de la empresa maderera de su hermana. Tenía horarios libres, flexibles. Así que siempre estaba en las marchas, cortes, conferencias de prensa que convocaban los padres de Cromañón, la FUBA, los metrodelegados, La Alameda, y otras tantas, muchas, organizaciones más.

La Agencia Walsh y la Sospecha

Rodolfo no recuerda si fue él mismo el que lo invitó o si Américo le preguntó si se podía sumar. En la agencia todos coincidían en que era medio boludo. Era común que ellos se juntaran a comer con sus esposas. A veces afuera, a veces en lo de Rodolfo. Se llevaban bien juntos. Casi trece años después, Américo traicionará a Rodolfo y a muchas otras personas más.

Américo Balbuena es una persona macanuda, de esas que sonríen mucho. Su cara es fácil de recordar: pálida, cachetes levemente rosados, ojos negros grandes, cejas gruesas, oscuras. Se rapa hasta dejarse pelado. Nunca un pelo crecido, desprolijo. Siempre de jean, remera, morral y grabador en mano. Para muchos es un tipo querible, entrador.

Cuando en 2008 armó el programa de radio No tan clandestinas con Belén López y Maximiliano Bustos, también de la agencia, él era el movilero. Pero no era solo por su disponibilidad. Rodolfo Grinberg recuerda que cuando estudiaban periodismo, uno de sus profesores dijo que Américo jamás iba a ser cronista porque él tenía sangre de reportero. Era un perro de presa.

Todos los lunes, Américo publicaba la agenda de actividades de la agencia. El mediodía era el horario de cierre para el envío de gacetillas. Exigía que la información fuera clara, precisa, completa. Era metódico. Llevaba registro de toda la información que conseguía. Todos los que lo conocen lo tenían como un tipo estructurado.

No era nada frecuente que los miembros de la Walsh se juntaran fuera de las asambleas. Américo fue el primero del grupo en llegar. Sin que nadie se lo pidiera, se fue para la parrilla y encendió el carbón. Rodolfo y buena parte de los invitados le agradecieron en silencio. Uno a uno, se sentaron en la mesa para destapar las botellas de vino que habían llevado. Probablemente en el vaso de Américo había coca, o agua. Es seguro que alcohol, no. Quizás, como decía, porque no le gustaba.

La Acusación y la Traición

El lunes de la noticia, Rodolfo recibió a Balbuena en su casa, como tantas otras veces. Sus hijas no estaban y su mujer esperaba en una habitación contigua a donde estaban ellos dos para escuchar la conversación.

-Mirá Américo, acá hay un tema grave, nos llegó una información de una muy buena fuente de que vos sos policía, que sos jefe de la sección reunión de datos, división análisis, de la federal. Como si sólo le hubieran preguntado si quería tomar algo o si afuera estaba nublado, Balbuena dijo que no, que era mentira.

-¿Quién te dijo eso?

-Vos sabés lo que hiciste, Américo.

-Mirá negro, esto lo vamos a tener que hacer público nosotros. Averiguá quién te está ensuciando porque si te están ensuciando por algún motivo lo estarán haciendo.

Comenzó el juicio al policía que se infiltró más de 10 años en medios de comunicación popular

El Allanamiento y las Pruebas

La fachada de la casa de Balbuena está llena de grafitis, pero las rejas que cubren la puerta y las ventanas parecen recién pintadas. Solo al entrar es posible advertir que hace mucho tiempo nadie vive allí. Habitaciones casi vacías, algunos muebles viejos y papeles desperdigados es lo que encontró la gendarmería cuando Américo Balbuena, sin resistirse, les abrió la puerta el día del allanamiento que había ordenado el juez federal Sergio Torres.

En la sede central de la Policía Federal donde Balbuena trabajaba hay escritorios de oficina y computadoras viejas, todo despersonalizado, neutro, bien art buró. Los peritos que allanaron estas dependencias detectaron que, a principios de mayo de 2013 cuando la hoja con el nombre de Balbuena salió del Ministerio de Seguridad, algunos registros habían sido borrados. Las pericias informáticas para recuperar el contenido de los informes de Balbuena aún no se realizaron. Según explicó la abogada de la causa, Miryam Bregman, el Consejo de la Magistratura todavía no aprobó la compra de los materiales necesarios para realizarlas.

“Es un problema grave. Los amigos de Américo Balbuena indicaron en los tribunales de Comodoro Py algo que siempre les llamó la atención, pero que hoy les resulta más que verosímil. Como si de golpe, todo encajara. ¿Cómo no haberlo visto antes? El delegado de la línea B del subte y miembro del PTS, Claudio Dellecarbonara, relató cómo Américo Balbuena se pasaba horas y horas con ellos, cómo preguntaba no solo por la huelga sino por los conflictos entre los delegados y entre los sindicatos. Lo que antes apenas era raro, hoy es atribuido a su identidad secreta.

Identidad Secreta y Motivaciones

Aunque la mayoría de los espías cambian sus nombres por otros que en general mantienen sus iniciales originales, Américo Alejandro Balbuena se llama Américo Alejandro Balbuena. Eso le permitió que su compañero de la primaria, ese con el que se volvía todos los días de la escuela, no desconfiara jamás de él. Y que el resto de los periodistas de la agencia tampoco lo hiciera.

Al igual que sus compañeros de la agencia, hoy piensa que Américo aprovechó eso. Pasaron años, muchos, en que solo intercambiaban unos amables “hola, ¿qué tal?” hasta que se hicieron amigos, justo luego de que explotara la crisis de 2001, justo cuando la agencia Walsh se convirtió en un referente informativo. Una amistad que hoy, creen, Américo construyó por conveniencia.

“El mensaje que esto da es que te puedo meter a alguien de tu propio entorno para infiltrarlos a ustedes y al conjunto de organizaciones sociales, que es lo que buscaba Balbuena. Desde la agencia, Balbuena no solo logró vincularse con los miembros de la Walsh, sino que pudo acceder a todos los movimientos estudiantiles, gremiales, de derechos humanos, políticos, piqueteros que se comunican a través de la agencia.

Se lo acusa de infiltrarse en organizaciones sociales, algo que viola la ley de inteligencia nacional. Por eso, Balbuena está en disponibilidad preventiva y aún cobra una parte de su sueldo. Como todavía no declaró, no está imputado.

El Cuerpo de Informaciones de la Federal

Era principios de febrero de 1958, los últimos días de la autoproclamada Revolución Libertadora. Con el peronismo proscripto, la tensión institucional impregnaba el clima de época. Entonces se creó el Cuerpo de Informaciones de la Federal, un sencillo eufemismo para nombrar a los nuevos agentes secretos. Cincuenta años después, cerca de mil espías alimentan “la logia” desde el fondo más oculto de la Policía Federal.

Los agentes de la federal no son espías cualquiera. Gracias al decreto 2322/67 que lo reglamenta, Balbuena y el resto de los espías de la Federal tienen el superpoder de trabajar tanto en la administración pública como en el sector privado sin que eso signifique ningún tipo de incompatibilidad. Los plumas -una de las tantas maneras con que los llaman en la jerga- dirán que es pura fachada, cobertura que les sirve para hacer inteligencia criminal, todo legal.

Aun así, quizá lo más llamativo es que el decreto ley original de la Orgánica -2075/58- especifica algunas excepciones a este singular derecho de los agentes secretos.

Cuando en el Ministerio de Seguridad revisaron la nómina del Cuerpo de Informaciones encontraron que buena parte de ellos eran hijos de la cúpula policial, acomodados. No encontraron un patrón en sus “coberturas”. Algo que indique alguna posible estrategia de espionaje en medios, menos. Además, todos coinciden en que el Cuerpo de Informaciones, hoy bajo el nombre de Dirección de Inteligencia Criminal, no parece ser particularmente eficiente.

La respuesta de la Federal fue clara y concisa: el agente realizaba tareas de seguimiento de prensa. Aunque los que conocieron el caso desde adentro del Ministerio creen que solo quedarían los restos frustrados de un sueño ya demasiado añejo, una “sobrevalorada capacidad de inteligencia”, hay todavía cierta duda sobre lo que ocurrió en el 2001, cuando los estallidos se multiplicaban en cada esquina en forma casi imprevisible, en el medio de la bronca y el caos.

Organigrama del Cuerpo de Informaciones de la Policía Federal.

La Filtración y las Consecuencias

Américo Balbuena fue traicionado. Nadie sabe con certeza qué es lo que ocurrió para que un listado de nombres del Cuerpo de Inteligencia de la Policía Federal se filtrara hasta caer en manos de la Walsh. La hipótesis compartida por algunos de los afectados es que un grupo de policías opositores a la entonces gestión de Nilda Garré como ministra de seguridad de la Nación hizo público el dato.

Nilda Garré fue separada de su cargo días después de que la noticia se hiciera pública. Una de sus últimas tareas fue ordenar el pase a disponibilidad preventiva de Américo Balbuena y el inicio de un sumario administrativo.

En vez de abrirse una investigación sobre las actividades del agente, las fuerzas dispusieron allí toda la información referida a la denuncia del EMJV y sus apariciones mediáticas.

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