El Gravity Bike es mucho más que un deporte extremo: es un desafío a la gravedad y al miedo, practicado clandestinamente en las empinadas carreteras. Se trata de un deporte de alto riesgo que se practica en bicicletas modificadas impulsadas solo por la gravedad.
Sin pedales o cadena, quienes practican esta disciplina dependen de colinas empinadas y de la fuerza de la gravedad para alcanzar velocidades impresionantes.
Agallas-montaña-gravedad-camino-bicicleta-piloto, ese es el engranaje y el andamiaje necesario para el gravity.

Orígenes y Evolución
La cosa arrancó hace 30 años, según cuenta el australiano Brett Phillips, practicante del deporte y dueño de GravityBike HQ, una compañía que vende las bicicletas en el mundo.
Fueron los californianos en Estados Unidos, en especial en San Diego, quienes comenzaron a lanzarse por colinas empinadas en bicicletas tradicionales de BMX, las cuales modificaban, haciéndolas más bajas y largas con propósitos aerodinámicos y agregándoles peso para lograr velocidades que llegan a superar los 130 km/h.
Claro que en Medellín se hacía gravity antes, incluso, de llamarse gravity. «Mi papá descolgaba por acá, él tiene meras cicatrices de caerse por aquí. Por esta vía viene mucha gente hace mucho tiempo; había incluso personas que se descolgaban en patines», me dijo Stan, un chico de 16 años, con la piel llena de «limadas» (raspadas), producto de permanentes descolgadas por las vías cercanas a su barrio, Robledo, en el noroccidente de Medellín.
Es aquí, en Robledo, donde se encuentra uno de los parches de chicos que más activamente practican el gravity en la ciudad.
El 'Azote': La Esencia del Gravity en Medellín
«¿Que qué es el azote? Ay, mijo, eso para mí no tiene definición, güevón», me dice Andrew, un chico de 24 años, un especialista en crear y ensamblar bicicletas, y para quien las llantas y los frenos lo son todo en el gravity.
Azote es bajar a toda velocidad una loma, acompañado de amigos para medirse y ver quién baja más rápido. Y «sentir mucha felicidad montando cicla», asegura Frutiño, un zarco al que le gusta coleccionar gorras de los Looney Toons.
«Es una sensación inexplicable cuando el otro va adelante y usted le corta viento a él, se lo pasa y se le vuelve a pegar y es ahí donde se da, así variadito, dándose guaza, durísmo, bajando con la gravedad.
«Un azote, para nosotros los descolguistas de Robledo, es darnos un poquitico de talla, un zarandazo entre varios compañeros en competencia, estilo moto GP, porque son ciclas bajitas, el azote en sí consiste en el que más baje y tenga agilidad con su cicla».
La frase es de Johan Sebastián Guevara, entrevistado por Muto, un videógrafo paisa, que hace pocos meses puso a rodar por YouTube un pequeño documental llamado El azote noroccidente.
Imagina deslizarte por el asfalto a toda velocidad, sintiendo el viento azotar tu rostro mientras la ciudad de Pasto se convierte en un vértigo de curvas y pendientes.
Allí, valientes jóvenes se lanzan sin pedales ni cadenas, confiando solo en su experiencia y en el freno para domar descensos que superan los 100 km/h.
Cada curva se convierte en una prueba técnica de equilibrio y reflejos; cada recta, en un latido acelerado del corazón.
En Pasto, el Gravity Bike ha adquirido un resplandor casi místico, donde la estética del riesgo coquetea con la noción de la muerte.
En Medellín hay tres zonas específicas en las que se practica el gravity. Con siete kilómetros de descolgada entre el Alto de las Palmas y el mirador del Poblado, en donde se pueden alcanzar velocidades que rozan los 145 km/h, jóvenes con medios distintos a los del parche de Robledo fabrican sus bicicletas con otros elementos que les aseguran mayor velocidad y seguridad.
Estabilizadores de dirección, pesas de plomo en lugar de ladrillos, rines de motocicleta, además de un gear completo de protección para el piloto y una vía en buen estado, les permiten rodar de una manera más controlada.
«Es mera adrenalina. Esto se siente distinto de los deportes de motor porque en esos vos cogés una curva y te toca frenar, sin embargo, tienes la certeza de que acelerás y cogés la misma velocidad.
la CURVA más PELIGROSA de medellín - TERCER encuentro SOLO CICLAX 2023
Riesgos y Peligros
Adentrarse en la conocida como Carretera de la Muerte, en Bolivia, es un reto peligroso.
La ruta está considerada una de las más peligrosas del mundo y, sin embargo, son centenares los cicloturistas que circulan cada año por ella con el objetivo de conocer desde dentro un paraje espectacular.
Emile Vollenhoven, ciclista de Auckland (Nueva Zelanda), es la última víctima que deja la carretera.
Vollenhoven viajaba a lo largo de Sudamérica con su pareja, Brittany Homan, cuando sufrió un accidente que le ha costado la vida, según cuenta la web neozelandesa Stuff.
El accidente se produjo en en el camino de los Yungas, la conocida como Carretera de la Muerte aproximadamente a las 11:50 am hora de Bolivia el 22 de enero.
Vollenhoven participaba en una visita guiada con Gravity Assisted Mountain Biking Bolivia, una compañía propiedad y fundada por el neozelandés Alistair Matthews.
El recorrido guiado es de 64 kilómetros de distancia, con un descenso vertical de 3600 m, equivalente sobre el nivel del mar. Los primeros 20 km están asfaltados, pero luego se convierten en un camino de tierra de un solo carril con importantes caídas en el lado del acantilado.
El grupo que practicaba en Las Palmas era numeroso, pero después de que en 2012 uno de los deportistas murió montando, las autoridades consideraron el deporte una práctica suicida y la prohibieron; la policía comenzó a inmovilizar las bicicletas y multar a la gente que se descolgaba; debido a estas circunstancias, el periódico El Colombiano canceló la única válida organizada de gravity bikes que ocurría en Medellín cada 4 de noviembre.
Siendo ilegal, el gravity es una práctica que ha entrado en constante contacto y pugna con la autoridad. La relación con la policía es complicada en cualquiera de las «pistas» de la ciudad. En Las Palmas los uniformados inmovilizan las bicicletas y ponen comparendos.
En Robledo, en medio de una comunidad más vulnerable y complicada, hay inmovilizaciones, llantas pinchadas a cuchilladas y, en ocasiones, abuso de autoridad, según relatan algunos de los pelaos que ruedan en la zona.
Un grupo armado persigue a los pelados de Robledo en carros. Solo nombrar a los paramilitares les baja las turras: esa mano invisible que controla su territorio, que los acusa de robar los camiones de los que se cuelgan para subir a las colinas desde las que se descuelgan.
«Uno está por ahí y llegan los del Twingo. Nos tiran el carro y nos hacen soltar cuando vamos pegados de los buses. Los que manejan ese carro son unos duritos de por ahí que llegan es a atarvaniarnos.
Robledo, su comunidad y pista, ha sido durante más de una década epicentro de una movida violenta protagonizada por grupos paramilitares, que tuvieron su origen en los desaparecidos bloques Metro y Cacique Nutibara que ejercieron gran influencia en esta zona de la Comuna 7, ahora bajo el control de La Oficina.
Aquí la guerra entre las mismas bandas, la guerrilla y la policía nunca ha permitido que la muerte deje de aparecerse en la localidad.
Según el Informe sobre la situación de los derechos humanos en la ciudad de Medellín 2013, realizado por la personería de la ciudad, «Las comunas más afectadas por la violencia siguen siendo la 10, 13 y la 7».
Es ahí, en medio de la violencia, la falta de oportunidad y la marginalidad que han crecido estos pelados, para quienes la bicicleta y el azote se han convertido en un medio para entretener el destino negro que los persigue carretera abajo.
En 2014, Medellín registró 11 muertes de personas que montaban bicicleta, dos menos que en 2013, según me cuenta un delegado de la Secretaría de Movilidad de la ciudad.

Equipamiento y Seguridad
Pelados para quien la vida ocurre en el camino, montados en una bicicleta, con amigos desafiando la ley, la muerte, la gravedad. Gravitosos para quien la bicicleta es la única amiga: «Esa es la bebé de nosotros, esa es la polla (chica)», como dice El Niche.
«El gravity sirve mucho, salga en la cicla y olvídese de los problemas; salga a descolgar y la angustia se termina.
Los manillares ONOFF, tanto en las versiones de aluminio como en carbono, no tienen una limitación de peso del usuario. Si bien esto es cierto, para los manillares de la gama HELIUM, se recomienda no exceder los 110kg para no reducir la vida útil de estos.
En caso de ser un manillar de carbono es altamente recomendable sustituir el manillar en caso de caída, aunque a priori no se observen daños.
Las tijas ONOFF, tanto en las versiones de aluminio como en carbono, no tienen una limitación de peso del usuario. Si bien esto es cierto, para las tijas de la gama HELIUM, se recomienda no exceder los 110kg para no reducir la vida útil de estas.
Las potencias ONOFF, tanto en las versiones de aluminio como en carbono, no tienen una limitación de peso del usuario. Si bien esto es cierto, para las potencias de aluminio de la gama HELIUM, se recomienda no exceder los 110kg para no reducir la vida útil de estas.
| Componente | Material | Peso Máximo Recomendado (Gama HELIUM) |
|---|---|---|
| Manillar | Aluminio/Carbono | 110 kg |
| Tija | Aluminio/Carbono | 110 kg |
| Potencia | Aluminio/Carbono | 110 kg (solo aluminio) |
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