Una de las grandes citas del calendario ciclista y la primera clásica del llamado ‘Tríptico de las Ardenas’ es la Amstel Gold Race, la carrera que debe su nombre a la célebre cervecera holandesa y al empeño de su creador, Herman Krott, en organizar una carrera en suelo neerlandés que estuviera a la altura en recorrido, participación y ambiente a las grandes citas belgas.
La Amstel Gold Race se celebra tradicionalmente en el mes de abril, generalmente en el tercer domingo del mes.
La primera edición de la Amstel Gold Race tuvo lugar el 30 de abril de 1966. Sus creadores, Ton Vissers y Herman Krott, querían establecer una gran carrera en los Países Bajos, similar a las clásicas belgas como la Lieja-Bastoña-Lieja o el Tour de Flandes. Sin embargo, organizar la prueba no fue tan fácil.
El apoyo de Amstel está presente desde su primera edición en 1966, ganada por el francés Jean Stablinski. En las fotos históricas se puede ver cómo el coche de dirección de carrera lucía cartelones de ‘Amstel Bier’ y su trofeo fue un anillo en forma de barril de cerveza.
Así se relata en la web oficial de la prueba, a la que solo pueden acceder mayores de edad previo formulario de entrada que pide la edad, ya que lo que publicitan es una bebida alcohólica.
Si alguien se sigue preguntando si ésta es la carrera de la cerveza, ya tiene su respuesta.
En los últimos años, las imágenes en el podio de los ciclistas bebiendo enormes vasos de cerveza es lo más llamativo de esta singular carrera, que en la noche previa organiza una fiesta multitudinaria para los aficionados donde lo que corre es esta bebida. Pero sus responsables también apelan a la responsabilidad, ya que en alguna edición han promocionado en la ceremonia de protocolo la versión sin alcohol y desde el año 2010 se establecieron controles de alcoholemia para los conductores de coches oficiales en carrera como medida de seguridad.
Michal Kwiatkowski, ganador en dos ocasiones, fue le penúltimo ganador de la Amstel Gold Race en dar un buen trago de cerveza desde lo más alto del podio, con un enorme vaso. Tadej Pogacar, ganador en 2023, se atrevió a hacer un 'hidalgo', es decir, bebérsela de un trago pero con un vasito mucho más pequeño. No hay mejor manera de saborear un triunfo: Pogacar se bebe del trago la clásica cerveza en el podio.

Aunque a nivel ciclista la Amstel Gold Race se viene asociando con las Ardenas, geográficamente la carrera se disputa en Limburgo, una pequeña provincia al sureste de los Países Bajos.
Para este año, la Amstel regresa además a su recorrido tradicional. Ya no está obligada a celebrarse en circuito, como en 2021, por las restricciones covid y se vuelve a salir desde Maastricht para afrontar los 33 pequeños e intrincados repechos de que se compone esta carrera, que a veces resulta, en cuanto a su trazado, como una cuerda en un bolsillo.
Se pasa tres veces por la zona de meta y, por tanto, por el Cauberg, subida más icónica de la carrera, en un bucle final que también incluye el Geulhemmerberg y el Bemelerberg.
El recorrido de la Amstel Gold Race 2025 se estructura en tres secciones. La primera parte se extenderá hasta aproximadamente el kilómetro 170, donde suelen formarse las primeras fugas. Esta sección media estará comprendida entre los kilómetros 195 y 215, donde buena parte de la carrea a nivel táctico se decidirá. El desnivel acumulado de la jornada será de 3.000 metros, con una extensión de 256.1 kilómetros.
El trazado de la Amstel Gold Race ha cambiado a lo largo de los años. El recorrido, que supera los 250 km, está lleno de pequeñas colinas (conocidas como “bergs”) que obligan a los corredores a realizar constantes aceleraciones y ataques estratégicos.
La carrera nace en Maastricht, centro de Europa, ciudad que forma un hinterland propio junto a Lieja y Aquisgrán. Tres países distintos a treinta kilómetros de distancia. Así Maastricht no es neerlandesa. Es la ciudad menos nórdica de los Países Bajos. La buena cocina y la moda salpican las esquinas de sus calles de realengo. Es Maastricht ciudad fundada por los romanos y cuenta con el puente y la iglesia más antigua del país. La Basílica de San Servando es venerada por la cristiandad por estar allí sepultado el hombre que convirtió a los germanos. Es Maastricht también Mastrique, la ciudad saqueada e incendiada por Alejandro de Farnesio, cuando aquellas tierras nombraban a Dios para sostener guerras en las que primaba el dinero. Maastricht coge su nombre del río Maas, Mosa en castellano.
El trazado cabalga hacia el norte siempre bordeando el Mosa, la arteria comercial más importante de la Edad Media. Por el camino está Meersen, donde los hijos de Carlomagno dividieron el reino de su padre en tres partes creando formalmente Francia y Alemania. En el medio de los dos colosos quedó el heredero más débil y su legado ha sumido a Europa en guerras y disputas hasta que en 1992 se firmó el Tratado de Maastricht que unió a los europeos a fuerza de billetes.
Siempre bordeando el Mosa, y tras cruzar el puerto interior de Stein, se da por finalizado el desafío a Bélgica y se llega a Sittard, donde se gira bruscamente hacia el sureste. A partir de ahí toca disfrutar de Limburgo.
Los cien primeros kilómetros son tramos de fácil pedaleo. Tiempo de fotos por la campiña neerlandesa siempre y cuando el agua no haga acto de presencia. Bellas colinas, sorprendentes aldeas, granjas de entramado de madera, ermitas campestres y castillos medievales. Paisaje verde, salpicado de arroyos y milenarios depósitos de carbón. Poco a poco el camino se vuelve más complejo. Siempre sin grandes desniveles, pero nunca con descanso.
En Simpelveld se encuentra la iglesia de San Remigio, obra culmen del catolicismo de perfecta piedra blanca. Justo después está Nijswiller, cuyo castillo era lugar de descanso para los católicos antes de adentrarse en tierras protestantes.
El trazado está acicalado por diferentes cotas que varían edición tras edición, aunque muchas de ellas son de obligado cumplimiento. Está Cauberg (1.200 metros al 6%), Kruisberg (700 metros al 7%) o Bemelerberg (1.000 metros al 4,4%) está ultima, más llevadera, a un paso de la línea de meta en las últimas ediciones. Tradicionalmente la carrera se decidía tras el ascenso a Cauberg y llegada a destino, aunque en los últimos años la línea de meta espera tras descenso de la misma.
Con unos 170 kilómetros sobre las piernas llegaremos al lugar donde se unen la frontera de Bélgica, Países Bajos y Alemania. Vaalserberg es una colina de 321 metros de altitud que domina los tres países. ‘Drielandenpunt’ en neerlandés. Luego la carrera puede adentrarse hacia el sur o dirigirse directamente hacia el oeste buscando Valkenburg. Según el año la idea de la organización es diferente. Lo que nunca cambia es el paisaje. Castillos, granjas de vacas frisonas y casas de madera. Bucólico, Limburgo ofrece reposo, descanso y buena cocina a escasas dos horas para los habitantes de las ajetreadas Ámsterdam, Rotterdam o Eindhoven.
Limburgo se conoce en los Países Bajos por ser la meca de la buena vida.
A 20 kilómetros, ya enfilada la recta final de la prueba, aparece Eys, conocida como la Toscana de Limburgo, y en cuya colina (1.100 metros al 8%) los ciclistas lanzan sus ataques cada mes de abril mientras que al llegar el verano los lugareños intentan hacer lo mismo con un saco de 100 kilos de arena sobre los hombros. Así es desde 1956 y el ganador es el rey de las fiestas del pueblo.
Los falsos llanos post Keutenberg (22%, la colina más empinada de los Países Bajos) permiten llegar a Valkenburg antes de afrontar la llegada a Cauberg.
Valkenburg es una pequeña ciudad de vacaciones. Lugar de descanso desde que en el siglo XIX apareció en su vida el tren, cuenta con cuevas prehistóricas, hoteles neoclásicos, teatros al aire libre y catacumbas como las romanas. Molinos de agua, casas señoriales o modernos parques de atracciones la convierten en ideal para el verano, aunque su día grande es en primavera.
Pero antes de afrontar el kilómetro y medio a toda velocidad por las calles de Valkenburg tras 260 kilómetros de esfuerzo, los ciclistas deben desafiar la subida al cementerio de la ciudad, situado en el alto ya referido de Cauberg (1.200 metros al 6 %). Es en Cauberg donde en los últimos años los ciclistas dan el golpe de efecto, aunque Jan Raas solía hacerlo mucho antes.
Ganadores Destacados
El máximo ganador de la Amstel Gold Race es el neerlandés Jan Raas con cinco títulos, cuatro de ellos seguidos entre 1977 y 1980. Philippe Gilbert tiene cuatro títulos y es el mejor ciclista de esta carrera en el S. XXI, ya que sobre un recorrido muy similar también se proclamó campeón del mundo de ruta en 2012. Prácticamente todos los grandes la han ganado: desde Eddy Merckx hasta Bernard Hinault, Joop Zoetemelk o Johan Museuuw, entre otros.

Recientemente también la han ganado Mathieu Van der Poel (2019) con una de las mejores remontadas finales más increíbles que se han visto y Wout Van Aert, con un final de photo finish muy discutido y polémico ante Tom Pidcock en 2021. Como relato añadido a la grandeza de la familia de Van der Poel, su padre Adrie también fue campeón en 1990. Tadej Pogacar es el último ganador, al imponerse al irlandés Ben Healy.
Jan Raas se convirtió en uno de los clasicómanos más laureados y temidos del pelotón mundial a caballo entre los 70 y los 80 venciendo consecutivamente en tres ediciones de la Amstel Gold Race, que ya entonces se conocía como Amstel Gold Raas. Fue sin embargo Eddy Merckx, cómo no, el que le dio renombre a la prueba. Hasta entonces la Amstel Gold Race no tenía sitio fijo en el calendario y cambiaba continuamente su lugar de salida y llegada. Era 1973. Lo hizo con tres minutos de ventaja sobre el segundo y repitió triunfo en 1975. Aquello puso en el mapa a una carrera que tras Jan Raas tiene al belga Philippe Gilbert (4) como el ciclista más laureado.
Uno de los ciclistas más icónicos de la Amstel Gold Race fue Philippe Gilbert, quien ganó la prueba en 2010, 2011, 2014 y 2017.
Mathieu van der Poel (victoria épica en 2019 con un sprint inolvidable).
Ningún ciclista español ha podido ganarla, pese a los recientes podios de Alejandro Valverde y Joaquim Rodríguez o el ataque decidido de Óscar Freire en 2012, cuando fue engullido en la ascensión al Cauberg, quedándose a muy pocos metros de la victoria. Eso sí, una de las grandes imágenes que se pueden rescatar es la de Miguel Indurain corriéndola en 1996, su último año en el ciclismo profesional. Como es bien sabido por los aficionados españoles, el gigante de Villava no tenía agendadas las clásicas en su calendario porque antes solía ir al Giro de Italia y centraba su preparación para ganar el Tour de Francia, además de su punto débil de correr con frío o lluvia, algo habitual en este tipo de carreras en las fechas de abril.

Amstel Gold Race para Aficionados
La Amstel Gold Race es la mayor carrera ciclista de Europa. Cerca de 20.000 cicloturistas compiten el día anterior por las mismas calzadas que serán invadidas por los profesionales al día siguiente. Son cerca de 260 kilómetros, 17 muros y 3.500 metros de desnivel asaltados por deportistas de todos los rincones del continente. Y con ese mismo entusiasmo, y con cerveza en mano, todos ellos se unirán a transeúntes, vecinos y nativos para, a golpe de cuneta, rendir pleitesía a los esforzados de la ruta. No existe prueba de un día con un ambiente tan perfecto como el de la Amstel, donde todo ocurre en una circunferencia de 40 kilómetros de diámetro.
Además de la carrera ciclista para profesionales, hay un recorrido el sábado para los aficionados de este deporte. Hay una distancia adecuada para todo el mundo: 60 km, 100 km, 125 km, 150 km, 200 km y 240 km.

La Amstel Gold Race se celebra la primera carrera del Tríptico de las Ardenas.
Grandes nombres como Pogaçar, Evenepoel, Pidcock, Van Aert y Alaphilippe tendrán protagonismo en esta Amstel Gold Race.