Historia y Logros de la Federación Guatemalteca de Ciclismo

El ciclismo en Guatemala ha tenido momentos destacados a lo largo de su historia, desde participaciones olímpicas hasta campeonatos nacionales llenos de emoción y esfuerzo. Este artículo explora algunos de estos hitos, resaltando la pasión y dedicación de los ciclistas guatemaltecos.

El Burgos BH comenzó con buen pie el bloque de campeonatos nacionales que se disputarán en la segunda mitad de junio. El joven Sergio Chumil logró la medalla de plata en el Campeonato de Guatemala de contrarreloj, finalizando tan solo por detrás del veterano Manuel Rodas, gran dominador nacional de la especialidad en los últimos años.

El corredor morado estuvo muy cerca de la victoria, pero una caída provocada por la intensa lluvia que cayó en el recorrido, le hizo perder la primera posición. Chumil acabó a tan solo once segundos del vencedor, tras completar en 32 minutos y 43 segundos el recorrido de 24 kilómetros entre Siquinalá y Escuintla. Pese a no ser la especialidad en la que más destaca, completó una gran actuación sobre su bicicleta BH de contrarreloj.

El guatemalteco llegaba en forma tras haber disputado en las semanas previas el Campeonato Panamericano en Brasil, donde fue noveno en la prueba en ruta, y el Campeonato Centroamericano en Honduras, en el que había terminado sexto tanto en la contrarreloj, como en la carrera de fondo, además de ser segundo en la crono por equipos. El próximo domingo 23 de junio competirá igualmente en la prueba en línea del Campeonato de Guatemala.

Sergio Chumil: “Quiero agradecer al Burgos BH por todo el apoyo que me están brindando estas semanas en los diferentes campeonatos que estoy disputando en América. Creo que he completado una muy buena contrarreloj. Lastimosamente, una caída me ha impedido hacer historia y lograr el que habría sido mi primer campeonato como profesional. Así es el ciclismo y, por suerte, no ha sido nada grave. Ahora toca seguir pensando en los próximos objetivos. El nacional de ruta sabemos que también será una pelea muy dura, pero yo haré mi mejor trabajo e intentaremos que todo salga bien”.

Participación en los Juegos Olímpicos de México 1968

Los Juegos Olímpicos de México´68 han sido uno de los grandes hitos recientes de la cultura mexicana. No solo se trataba de una mera competición deportiva, también paralelamente se desarrolló la «Olimpiada cultural». El seleccionador -director técnico- español, Gabriel Saura, convocó a nueve corredores, entre ellos a José Alba. En un vuelo transatlántico de Iberia, España-México, embarcaron a principios de septiembre desde el aeropuerto de Barajas.

Juan Antonio Samaranch, presidente del comité olímpico español despidió -a pie de pista- a los ciclistas que disputarían dos pruebas: la contrarreloj por equipos y la carrera individual en línea. Al llegar a México comenzaron los entrenamientos y la adaptación a la altitud. José Alba, como había venido de Guatemala no tuvo grandes problemas, pero unas semanas antes de competir, nuestro olímpico comió una tarta de manzanas que le produjo una gastroenteritis.

Tuvo que descansar, se recuperó, y siguió entrenando. Media hora antes de dar los nombres de los corredores que iban a participar ¬-equipo A-, el entrenador le dijo que no saldría a competir porque no se fiaba de que estuviese en buenas condiciones. Él le contestó que sí lo estaba, pero lo dejó fuera: «Aquella decisión me dejó KO. Ha sido la mayor desilusión de mi vida. Me vine abajo.

Luego el director técnico quiso arreglarlo diciéndole que correría en Uruguay, donde iban a ir los seleccionados españoles tras de los Juegos Olímpicos. Con diecinueve años, José Alba dijo que él no podía: «No es porque no quiera, es que no puedo; no puedo». Su mente estaba en otro sitio, «en otro mundo». Y sin haber leído a Sócrates tomó de este la idea: «Es mejor sufrir una injusticia, que cometerla». Así terminó el sueño del olimpismo para él.

La participación española, que había despertado grandes expectativas, fue un fracaso. Pero paradojas del destino, el ciclismo español tuvo que esperar hasta 1992 cuando el discípulo más sobresaliente de José Alba, José Manuel Moreno Periñán, ganase la primera medalla de oro en la historia ciclista patria.

Pontaza, leyenda del ciclismo

La Trayectoria de José Alba Después de las Olimpiadas

Regresó a su equipo, La Casera-Peña Bahamonte; luego fichó por el Werner en 1970 consiguiendo nuevos éxitos. Y al desaparecer este, volvió a La Casera, destacando de nuevo. Estuvo en el campeonato del mundo en Bélgica, donde antes de las olimpiadas corrió la París-Bruselas´66, quedando el tercero. En este segundo periodo hubo ciertas discrepancias entre Bahamonte y Alba. En la Semana catalana de ciclismo, se bajó de la bicicleta al terminar la etapa en Igualada, para dejar el ciclismo profesional. Era la temporada 1971-72.

Después vendrían años dedicados a su profesión de bombero y acciones solidarias, sin alejarse del ciclismo senior. Corrió algunas carreras y tuvo ciertos percances. De todos ellos salió victorioso. En 1990, obtuvo el título de entrenador nacional en la Escuela Nacional de Entrenadores que otorga la Real Federación de Ciclismo en la universidad de Santander. Entonces le llamó Salvador Cabeza de Vaca, conocedor de su valía y experiencia, para iniciar un nuevo camino.

Más tarde, 1983, con la familia González Saucedo, y el patrocinio de su Fundación Vipren durante treinta y cinco años, llevarían al ciclismo chiclanero a la cumbre deportiva, un caso inédito, singular e irrepetible. Fue una escuela de campeones de la mano de Pepe Alba. El presidente de la Federación andaluza de Ciclismo, Mariano Sánchez Martínez, le quiere a su lado, y termina como director técnico de la selección andaluza, en la nacional e integrado en el ciclismo olímpico.

Uno de los grandes momentos de orgullo deportivo fue cuando concentró a los olímpicos españoles en Chiclana. En el 2012, el equipo de Vipren y su director técnico cerraron su historia. Añorando aquel tiempo feliz, termina diciéndonos: «Tuvimos una universidad de ciclismo y ahora no tenemos ni una guardería». Escribió Benedetti: «El olvido está lleno de memoria». Y a nuestro olímpico olvidado le quedan los recuerdos de sus triunfos… y los de sus heridas.

El Impacto de un Ciclista en su Comunidad: El Caso de José López

Cuando un ciclista destaca se desarrolla a su alrededor un hábitat humano que anima y ensalza a la joven figura, constituyéndose en caja de resonancia con notoria presencia social cuando la figura en ciernes es de una localidad más bien pequeña, caso de la gran mayoría de los ciclistas, más aún en la época que pasamos a describir.

Comienzo de los 60 en Caboalles de Abajo, núcleo perteneciente al municipio leonés de Villablino, comarca de Laciana, entre Babia y El Bierzo, limítrofe con Asturias. Casi dos mil habitantes entonces, hoy la mitad, a unos 1.100 metros de altitud. Muy cerca del nacimiento del rio Sil. Modernamente hablando, enclavado en la Reserva de la Biosfera Valle de Laviana y a tiro de piedra de la estación de esquí de Leitariegos.

Un chaval del pueblo gana carreras ciclistas, es el hijo del que tiene el taller de bicis. Su fama ha superado las competiciones regionales y le han llevado con la selección a la Vuelta a Guatemala y, tras trece días de competición, se hizo con cinco etapas y subió al podio. Sus compañeros han sido Rogelio Hernández (27 años) y Ventura Díaz (24). Él no tiene más que 21 y continuará siendo seleccionado para otras muchas pruebas internacionales.

Tiene buen punto de velocidad y las cuestas las pasa con facilidad. En su pueblo han constituido la Peña José López. Todos y todas le conocían, todos y todas querían su gorra, todos y todas estaban puestísimos en cuanto a sus carreras, sus rivales y sus victorias.

Sus momentos estelares, además de los dos campeonatos de España de aficionados consecutivos que conquistó en Valencia y Vigo, fueron sin duda sus actuaciones en la Olimpiada de Tokio 1964 y en los mundiales de San Sebastián al año siguiente. En Tokio fue quinto en la prueba de ruta y octavo en la CRE con Santamarina, Goyeneche y M. Díaz. Por allí andaba ya un imberbe de 19 años llamado Eddy Merckx, Godefroot, Sercu, los hermanos Pettersson o Karstens.

En los campeonatos del mundo consiguió medalla de plata en la modalidad de crono por equipos juntos a sus compañeros Mariano Díaz, José Manuel Lasa y Txomin Perurena, con quienes dio el salto a profesionales al año siguiente vistiendo los colores del recién creado conjunto Fagor, aunque corrió la Volta como independiente con Ferrys al final de esta su última temporada de aficionado. Para entonces, ese mismo verano había sido segundo en el Tour del Porvenir finalizado en Barcelona, tras su compañero Mariano Díaz.

Pero no se trata de escribir su merecida biografía en esta ocasión -faltaría el espacio necesario- sino de subrayar cómo un ciclista emergente genera un núcleo ciclista que rebasa con mucho en el tiempo la trayectoria de quien les ha metido el gusanillo. De hecho, perdura hasta nuestros días, cuando el protagonista ha llegado felizmente a los ochenta años.

Ese mismo año 1965 su peña comenzó a organizar una carrera ciclista en el pueblo, para aficionados. El mismísimo Tarangu Fuente quien se llevó trofeo, ramo y un par de besos en alguna edición. Se atrevieron a dar el salto, querían una carrera de profesionales donde pudiese correr su ídolo. Y lo consiguieron en 1969. El pueblo entero volcado en las mil y una tareas que una prueba de tal nivel exige. Y cumplieron, ¡vaya si cumplieron! La primera edición pro, sexta del Gran Premio -la vuelta ciclista, que decía la inmensa mayoría- se la adjudicó José Manuel López Rodríguez.

Fue el delirio, un día para enmarcar y explicárselo en la escuela a las siguientes generaciones. La unión hizo la fuerza y un pueblo con menos de dos mil habitantes supo sacar adelante el reto que se habían propuesto. Es paisano, por su parte, preparó la carrera al detalle, hizo todo lo posible por conseguir la victoria y puso el broche de oro a una jornada inolvidable. Todos y todas estaban allí, en la calle, vitoreando a su campeón.

No fue flor de un día la prueba de profesionales y la siguieron organizando sin interrupción hasta el año 1987.

Palmarés del Gran Premio de Caboalles de Abajo

El palmarés, notario insobornable, lo proclama a los cuatro vientos.

AñoGanadorEquipo
1969José Manuel López RodríguezFagor
1970Vicente López CarrilKas
1971Santiago LazcanoKas
1972Domingo PerurenaKas
1973Domingo PerurenaKas
1974Andrés OlivaLa Casera
1975José Antonio González LinaresKas
1976José María García RoxinNovostil
1977Javier ElorriagaTeka
1978Antonio AbadNovostil
1979Miguel María LasaMoliner
1980Eugenio HerranzVereco
1981Enrique CimaTeka
1982Federico EtxabeTeka
1983Ginés García PallaresHueso
1984Francisco CambilTeka
1985Ángel OcañaTeka
1986Alfonso GutiérrezTeka
1987Pello Ruiz CabestanyOrbea

En 1978, además de organizar la consabida prueba, se atrevieron con el Campeonato de España de fondo en carretera, que ganó Enrique Martínez Heredia y convirtió a Caboalles de Abajo en la capital del ciclismo aquel fin de semana que culminó con la carrera profesional el 25 de junio.

Todo lo que la Peña López aportó al ciclismo, a Laciana y a León, lo sigue haciendo en la actualidad el Club Ciclista Treitoiro; promocionando el ciclismo, que es lo suyo, en las circunstancias que el siglo XXI ofrece y exige. La nomenclatura recuerda a callejero, pero en su día también tuvo significación ciclista.

La Ronda de la Hispanidad: Uniendo Ciclismo e Historia

La Ronda de la Hispanidad fue una prueba por etapas que celebró varias ediciones en la segunda mitad de los años setenta del siglo XX. Aunque era una competición destinada al campo aficionado, y muchos de los corredores que en ella lucieron acabaron dando el salto al profesionalismo, presentaba la particularidad de que la vuelta por etapas en sí era la excusa para la divulgación histórica de algunos de los nombres y los momentos fundamentales en la conquista de América.

Acaso poco conocida hoy en día, acaso un lejano recuerdo para algunos testigos o protagonistas, la Ronda de la Hispanidad fue una prueba peculiar, itinerante y con un hilo argumental, al nivel del Giro de Italia, pocas veces visto en las pruebas del calendario español.

La Ronda de la Hispanidad fue una apuesta surgida del empeño coral de la Federación Castellana de Ciclismo, presidida por el médico José Antonio Guerrero, Fernando Stuick Pérez de Camino y la Peña Ciclista Navafría, entre otras entidades. Su primera edición se celebró en 1974, del 16 al 19 de octubre, y recorría fundamentalmente rutas extremeñas y castellano manchegas, siguiendo los lugares que vieron nacer o crecer a algunos de los nombres más destacados en la empresa americana.

Cada línea de llegada estuvo dedicada a una personalidad histórica y a un país suramericano. Por ejemplo, la etapa inaugural entre Zafra y Cáceres estuvo dedicada a Guatemala, Brasil y Vasco Núñez de Balboa. Francisco Pizarro, Hernán Cortés, Pedro de Valdivia y Diego de Almagro fueron otros de los personajes históricos recordados.

El pelotón participante presentaba varias selecciones suramericanas en liza, así como Portugal, pero también una curiosa distribución de equipos nacionales: Castilla, Aragón, León y Navarra. Otra de las particularidades de la Ronda de la Hispanidad estribaba en las visitas guiadas que el doctor Ezequiel Pablos y otros voluntarios realizaban al patrimonio de las ciudades de salida o de llegada.

La primera edición, en la que Fernando Alfonsel ganó la primera etapa y se convirtió en el primer líder histórico de esta prueba, concluyó en Bolaños de Calatrava con victoria en la general final para Ángel López del Álamo. El doctor Guerrero, en la jornada final, se encargaría de recordar el objetivo de aunar ciclismo e historia. “El deporte es una manifestación más de la cultura de los pueblos, y por qué no aprovecharse de esta atracción multitudinaria que tiene el deporte y de ese gancho excepcional de él y del segundo deporte de España como es el ciclismo para ir poco a poco dándole la mano a otra parte de la cultura de los pueblos como es la historia pero que, contrario a lo que pasa en los deportes, yace más, cada vez más en el rincón de los olvidos".

Habría segunda edición en 1975, con la dirección de honor del entonces infante Felipe, quien llegó a recibir una bicicleta y un jersey de líder a modo de obsequio en una recepción con los organizadores que tuvo lugar a comienzos del mes de julio. La prueba regresó a las carreteras entre el 12 y el 17 de octubre y conectó Badajoz con Coslada, con escalas en metas como Talavera de la Reina, Ávila o Guadalajara.

Don Cristóbal Colón, duque de Varagua, se encargó de dar la salida oficial el mismo día en el que, en Italia, José Manuel Fuente anunciaba su retirada del ciclismo profesional. En la general se impuso el cántabro Antonio Pomar tras casi 17 horas de pedaladas, con 25 segundos de margen sobre Félix Pérez y 37 sobre Ángel Arroyo, 41 sobre López del Álamo y casi un minuto sobre Anastasio Greciano. Ese año los participantes estuvieron distribuidos en equipos regionales y selecciones de países suramericanos.

En 1976 se celebró la tercera edición, que partió desde Trujillo y finalizó en Cuenca, con un circuito urbano considerado muy duro tras una etapa de 137 km desde Tarancón. La general final y la victoria en el Trofeo Príncipe Felipe fue para el italiano Sergio Colotti, con el portugués Marcos Chagas segundo y el también italiano Casatti completando el podio. Antonio Abad y Javier Cedena, cuarto y quinto, fueron los primeros españoles.

De cara a 1977 la que hubiera sido cuarta edición no llegó a salir a las carreteras. El diario Lanza, decano de la prensa manchega, se cuestionaba el 21 de julio de ese año el itinerario previsto de una carrera que volvía a nacer en Trujillo y debía poner en esta ocasión rumbo a Granada con finales en Badajoz, Sevilla y Estepona. “Es un recorrido que no tiene justificación porque también en Castilla hay “vestigios" de hispanidad, carreteras y poblaciones con solera para que merezcan un mejor trato de la Federación que en su territorio regenta el deporte del pedal", se llegó a escribir.

Un colofón a una carrera peculiar, poco conocida, que trató de poner en valor la historia desde un prisma deportivo.

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