La historia del Sidecar es un relato fascinante de cómo un pequeño local en Barcelona se transformó en un símbolo de la cultura musical y nocturna de la ciudad. Este artículo ofrece un resumen de la trayectoria de este emblemático lugar, desde sus inicios hasta su consolidación como un referente para el público local e internacional.
En noviembre de 1982, en el ala izquierda del Raval barcelonés, abrió sus puertas un local para jóvenes en un sótano húmedo que antes había albergado una barra americana, donde alternaban los marines de la Sexta Flota y algunos estudiantes. Aquellos infantes de marina llevaban discos de rock’n’roll, de bugalú, latin soul y otras hierbas bailables que dejaban abandonados cada vez que su policía militar registraba el Barrio Chino.
Ese lugar, en sesión de tarde, era una escuela musical llamada Texas, situada en la calle Euras haciendo esquina con la Plaça Reial. Ese punto se reconvirtió en un microcosmos subterráneo, mal ventilado, donde sudar no era un deporte, era una condena. Sonaba una banda sonora genuina. Rock’n’roll. Cuanto más anglosajón, mejor. El autor de “Este no es el libro del Sidecar”, un veinteañero que deseaba divertirse junto con tres amigos más, largó una pasta a la dueña de la finca y así oficializó su sueño: un lugar donde tomar unas cervezas y bailar a ritmo de rocanrol, que derivó en pop y rock, luego en indie.
La bandera del Sidecar ondea desde hace cuatro décadas. Y hasta nueva orden. La filosofía era la falta de definición, que permitía la diversidad estilística. En lo financiero, casi siempre cerca de un ataque de nervios pero con la firmeza de crear una marca. Sidecar sigue siendo la casa para el público autóctono y sus invitados.
Sin embargo, las parroquias rockera y punk tenían -tienen- en Sidecar uno de sus centros neurálgicos de ocio y expresión musical. La ciudad acabó premiando la labor lúdica y cultural de Tierz, que ya peina canas. Ha devenido un sénior y tiene el aspecto de “ser un señor de Barcelona”.
Aunque en su día tuvo que cerrar siete meses por un expediente administrativo. Fue años después, con motivo de la ampliación del espacio, ya que compró el local de al lado, lo que proporcionaba al sitio una entrada directa desde la misma plaza. Según cuenta en el libro, tardó ¡siete años! en formalizar las obras y superar las sempiternas trabas administrativas.
Las desventuras explicadas no han destruido al Sidecar ni han hundido al equipo que lo gestiona. Todo lo contrario. Es un referente. Con treinta y cinco años de vida, la sala ya había oficiado cinco mil conciertos. Aquel 2017, el ayuntamiento le concedió al autor la Medalla d’Honor de Barcelona, que el galardonado decidió aceptar.
El resumen de la relación de Sidecar con el establishment Tierz lo focaliza así: “Sin ánimo de ser ingrato, creo que nuestra obligación es alejarnos de los círculos de poder, mantenernos independientes y estar siempre al lado de las opiniones que cuestionan el sistema. Esa fue nuestra meta inicial.
En estos deliberadamente deslavazados recuerdos, en los que Tierz dispara en distintas direcciones sin alzar en demasía la voz, pasa revista a lo bueno, lo malo, lo mejor y lo excelso. Incluso a lo imposible. Sidecar ha hecho cima en diversas ocasiones. Asimismo, el cronista muestra su agradecimiento a diversos compañeros de viaje.
El fundador de Sidecar tiene un recuerdo sobrio y delicado para Fito Lapuente, un admirador impenitente de The Who. Una de las ilusiones locas del Sidecar se hizo verbo. El autor era fan de Los Bravos, en particular de Mike Kennedy, y deseaba que hiciera un concierto de rock and roll. Dicho y hecho.
Quien conozca la sala sabe que el camerino está detrás del escenario. El club a reventar y alguien explica las andanzas y virtudes del cantante. Hasta el mismo Kennedy se emocionó por los elogios que se vertían a pocos metros de él. El maestro de ceremonias de aquella noche fue Fito. Como reconoce Roberto Tierz, el personaje es “un hombre prolífico y merecedor de mayor fortuna, igual servía para un roto que para un descosido. ‘Showman’, compositor, creador de desternillantes espectáculos, DJ y cantante entre otras virtudes”.
En su condición de factótum, Fito representa una suerte de cruce entre Lenny Bruce y un cantante mod, con una cultura rock y aledaños mayúscula. Otra alegría del libro reside en las fotos de Xavier Mercadé (1967-2021), el preciso y singular fotoperiodista, un imponente pedazo de vida del Sidecar a quien la ciudad todavía no ha reconocido como se debe.
Especiales Radio 3 40 años de Sidecar, compartidos con Radio 326/03/2023Cuarenta maratonianas horas de música, charlas, risas, complicidades han servido para celebrar el 40 aniversario de una de las salas de concierto más queridas de la ciudad de BarcelonaCuarenta maratonianas horas de música, charlas, risas, complicidades han servido para celebrar el 40 aniversario de una de las salas de concierto más queridas de la ciudad de Barcelona y de aquellas que se acercan a la capital catalana. Roberto Tierz artífice y director del local, ha destacado siempre la importancia que para ellos ha tenido la radio y en especial Radio 3 como acompañante y prescriptora. Por ello nos hemos vuelto a sumar al fiestón y os ofrecemos un resumen de lo que dieron de sí dos horas de radio en vivo desde el "Side". Ladilla Rusa y Queralt Lahoz nos acompañaron explicándonos sus vivencias en la sala, lo mismo que Ramón Faura, músico y vecino, como también lo es la arquitecta Beth Galí y casi Joan Ruiz, trabajador incansable del Sidecar. Aprovechamos para presentar el libro "Este no es el libro del Sidecar" que Roberto Tierz ha escrito sobre las miles de aventuras que atesora el local, aventuras que compartieron también en la charla Alfred Crespo, editor de 66 rpm y director de la Revista Ruta 66, así como el amigo, cliente, escritor y prologuista del libro, Carlos Zafón.
Sidecar ha sabido mantenerse como un espacio de referencia, adaptándose a los cambios y desafíos del tiempo, pero siempre fiel a su espíritu original. Su historia, contada en "Este no es el libro del Sidecar", es un testimonio de la pasión, la perseverancia y el amor por la música que han hecho de este local un lugar único en el corazón de Barcelona.
