Frente a las laderas donde se deshace la Sierra de Gredos, un centenar de veteranas máquinas reposan, conservando su esplendor. La singularidad de esta iniciativa y su emplazamiento se deben al empeño, la vocación y la afición de Juan Gil Moreno, constructor de profesión, residente en Hervás y, sobre todo, un enamorado de la moto antigua.

El Promotor: Juan Gil
Durante años, Juan Gil ha ido adquiriendo y restaurando toda motocicleta a su alcance. El estado de las motos expuestas es impecable, cuidando hasta el último detalle. Se han utilizado todos los libros de época disponibles para devolverlas a su estado original y han sido pintadas tal y como salieron a la calle en su momento.
Todas las motocicletas presentes en el Museo pueden utilizarse normalmente con una ligera revisión previa. Incluso Juan Gil y su esposa utilizaban algunas unidades para acudir a las concentraciones de motos clásicas. Todas cuentan con documentación y han pasado la ITV, requisito necesario para que el nuevo adquirente pusiera cada moto a su nombre.
"Pero prácticamente todas las que compro están en muy mal estado y tienen que ser reparadas. Es una tarea que lleva mucho trabajo, y también dinero", comenta Juan Gil.
La Restauración: Un Arte de Paciencia y Dedicación
Pieza a pieza, las motos vuelven a su aspecto original, lo que exige unos dos meses de media. Cuando esa pieza necesaria no aparece, se fabrica artesanalmente, lo que exige un elevado desembolso económico. Por ejemplo, la tapa del embrague de una Guzzi GT15 de 1932, una de las joyas de la colección, no se encontraba por ninguna parte. Hubo que encargarla a un taller con fresadora, con un elevado coste.

Guzzi GT15 de 1932
Un Museo con Historia
Un paseo por el Museo permite evocar de forma sugerente la historia de la moto en España, ya que la mayor parte de las unidades de la colección son de origen nacional. Los nombres de marcas archiconocidas en su día, algunas de ellas casi totalmente olvidadas, se suceden a lo largo de la exposición. Así, nos encontramos con las Ossa, Lube, Rieju, Montesa, Bultaco, MV (presente con cuatro modelos, cuya denominación tenía como referencia ríos asturianos)... Y, por supuesto, en el Museo de la Moto Clásica, la mítica Vespa tiene una presencia especial, como corresponde a su condición de símbolo de la motorización española en la década de los 60.
El modelo más antiguo presente en el Museo se remonta a 1926, una AJS de procedencia británica, monocilíndrica y con transmisión por cadena. Se da la particularidad de que esta moto cuenta con un faro de carburo, ya que en aquella época no existía todavía la dinamo ni el alternador.

Museo de la Moto Clásica en Hervás
La Colección y su Valor
El valor de la colección "no tiene precio, sobre todo por el número incontable de horas dedicadas a la búsqueda de piezas y a la restauración de cada moto". Una inversión que, hasta ahora, ha salido de su propio bolsillo, aunque "en la Junta de Extremadura me han prometido ayuda".
La colección expuesta evidencia, como es lógico, el enorme abismo existente entre la moto moderna y la clásica. "También quiero que estén presentes en el museo las motos de última generación para que se pueda admirar, por contraste, la gran evolución de la moto", apunta Juan Gil, quien muestra un singular afecto a las primeras piezas de su colección: las cinco Guzzis Hispania fabricadas en España: la 49, con eje pedalier, la 65, con y sin sidecar, la 73, la 98 y la 110. Pero por encima de ellas, destaca una Guzzi GT15, "la última llegada a la colección".
Esta moto, fabricada en Italia en los años 30, es un ejemplar raro y valioso. La unidad en cuestión fue traída por el ejército de Mussolini en la Guerra Civil española, de ahí que fuera posible localizar algunos ejemplares en nuestro país, cuando en el extranjero resulta prácticamente imposible conseguir una igual. Hoy, reconstruida y pintada de rojo, puede valorarse casi en una gran suma de dinero.
Representación Extranjera
El Museo de la Moto Clásica también cuenta con una notable representación extranjera. Entre la veintena de ellas, Juan Gil ha conseguido dos BMW R 50 de los 60, una de color negro, y otra blanca, esta última correspondiente a una versión especial de tirada limitada, con pocas unidades disponibles en el mercado de segunda mano.
Juan Gil quiere ahora centrarse en la búsqueda de otro tipo de motos: Harley Davidson, Indian, Douglas, que son piezas que ya cuestan bastante dinero. Tras años de coleccionismo, ¿destacaría Juan Gil alguna pieza en especial? "Sí, la última que consigo, sea cual sea. Siempre es la que más satisfacción me proporciona".
El museo, una obra “juanesca” y un homenaje al amor. Este museo es mucho más que una simple exhibición de coches y motos antiguas; es el reflejo del espíritu y la pasión de Juan Gil, quien lo construyó de principio a fin con sus propias manos. Primero puso los coches y luego construyó el edificio. Todo está hecho en lo que él mismo llamaba "estilo juanesco", derivado de su propio nombre, porque cada detalle responde a lo que su imaginación consideró perfecto para cada coche y cada pabellón. Pero lo más importante es que este museo fue creado en honor a su esposa, a quien conoció gracias a su primera moto, una Guzzi 65, modelo que sigue siendo una de las joyas más preciadas de la colección y la primera pieza que restauró.
Museo de la Moto Histórica en Santa Marta de Tormes - Informe Salamanca
Un Rincón Único en la Naturaleza
El museo no solo sorprende por su impresionante contenido, sino también por su ubicación. Situado en medio del Valle de Ambroz, rodeado de naturaleza y pequeños animales, es un lugar en el que parece detenerse el tiempo. Los visitantes pueden perderse entre ocho pabellones llenos de piezas únicas que van desde los años 20 hasta los 70, mientras disfrutan de la serenidad del entorno y un mirador impresionante donde puedes ver toda la localidad de Hervás. Es un lugar donde la nostalgia y la calma van de la mano.
Es este entorno natural lo que convierte el Museo de la Moto y el Coche Clásico en un espacio tan especial y que se sale de cualquier norma o convención. No es solo un tributo a la historia automovilística, sino un refugio para quienes buscan conectar con un pasado que, gracias a Juan Gil, sigue vivo.
Juan Gil no solo dejó una colección de coches y motos clásicas, sino un legado de amor y dedicación. Lo que comenzó como un homenaje a su esposa se transformó en un lugar de encuentro para los apasionados del motor y los nostálgicos de otras épocas. La reciente partida de Juan ha dejado un gran vacío, pero su historia sigue viva en cada rincón de su museo, donde la pasión y el cariño que puso en cada detalle resuenan con fuerza.