El Ciclista de San Cristóbal: Historia y Pasión por el Pedal

El ciclismo, más que un deporte, es una pasión que ha arraigado profundamente en la historia de diversas comunidades alrededor del mundo. En San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, esta pasión se manifiesta desde finales del siglo XIX, evolucionando hasta convertirse en una tradición que se celebra con la Vuelta Ciclista a Tenerife.

Ciclistas a principios del siglo XX

Inicios del Ciclismo en Canarias

A finales del siglo XIX, el circo Cuyás en Gran Canaria y la carretera de San Andrés en Tenerife se transformaron en improvisados velódromos. Fue allí donde los canarios comenzaron a practicar con entusiasmo el ciclismo, un deporte hasta entonces desconocido en la región.

El entusiasmo por el ciclismo en Las Palmas rebasó los límites de lo natural, involucrando a personas de todas las edades y complexiones físicas. Algunos aficionados demostraron habilidades innatas, manteniéndose en equilibrio y pedaleando sin dificultad.

El vecindario de Las Palmas quedó deslumbrado con estos primeros ciclistas, y el nuevo artilugio metálico autopropulsado pronto se convirtió en una diversión para niños y adultos de la burguesía, quienes lo veían como un símbolo de distinción, progreso y dinamismo social.

En torno a la bicicleta surgieron sociedades que realizaban exhibiciones, excursiones y competiciones de varios tipos, mientras que en las fiestas se hicieron habituales las carreras de sortijas en bici. Ya en fechas previas a la Navidad de 1897 quedó, por ejemplo, constituido el Centro Ciclista de Las Palmas, regentado por los hermanos J.R.

El ciclismo despertó pronto el interés general y en los primeros años del siglo XX se convirtió no sólo en un medio de transporte ideal en la capital, sino también en un singular deporte que llenó el aburrido tiempo libre y de ocio ciudadano, amén de sus beneficiosas consecuencias para la salud.

Las bicicletas procedían de lejanos lugares, la mayoría de los Estados Unidos y de Inglaterra, y comenzaron a ser utilizada por una población que consideraba la práctica de este deporte como elegante, pero también una distracción cara, pues su precio resultaba muy elevado para las clases populares.

En Tenerife, desde 1896, aparecen noticias de competiciones deportivas, como las carreras de bicicletas que figuraban entre los actos principales de las fiestas que conmemoraban el IV aniversario de la Conquista de Tenerife y La Palma. La sociedad ciclista madrileña Veloz Sport, establecida en La Laguna y dirigida por el gerente Manuel León, organizó un espectáculo el 24 de septiembre de ese año, según anunciaba el periódico La Opinión, que consistió en una carrera de resistencia entre varios aficionados desde La Laguna hasta Tejina, y una vez allí de regreso a La Laguna.

Entre los participantes se encontraban Mr. John K. Gregori, súbdito inglés que ganó la carrera y obtuvo un preciado reloj de acero, Ruperto Bello, Manuel Olivera y Pedro García Sánchez. Por cierto, que estos dos últimos ciclistas tuvieron la desgracia de caerse de las bicis y sufrir contusiones en la cara sin importancia.

La plaza de la Constitución y la carretera de San Andrés se convirtieron en aquellos últimos años del siglo XIX en verdaderas pistas de aprendizaje al aire libre.

Las grandes fábricas de bicicletas tuvieron desde los últimos años del siglo XIX muestras de sus máquinas en las islas. Entre ellas se encontraban la americana Humer, Excelsior y Rudge, esta última de la prestigiosa compañía inglesa Rudge, Wedge & Co. Limited, cuyo fundador fue Daniel Rudge (1840-1880), ingeniero británico que construyó de alta gama de bicicletas y velocípedos e inventó en 1878 el ajuste del cojinete de bolas cubo de la bicicleta.

En Gran Canaria, uno de los primeros vecinos en contar en propiedad con una de aquellas máquinas de dos ruedas fue el comerciante Rafael Alzola y González-Corvo (1874-1916), que ya contaba con una bici en 1897, mientras que Manuel León en Tenerife, gerente del club Veloz Sport, fue el primer vendedor de bicicletas de aquella isla; representaba en la provincia a la casa americana Humer e inició la catarata de publicidad en la prensa de la época.

El auge del ciclismo en las Islas llevó a constituir el Campeonato Ciclista de Canarias, celebrado el 12 de septiembre de 1913 en La Laguna, cuyas bases fueron realizadas por la comisión presidida por Faustino Martín Albertos durante el verano del año anterior. El Ayuntamiento de Las Palmas donó una copa de plata para el vencedor de la prueba, y varios ciclistas grancanarios tomaron parte de la misma.

Sin embargo, fue en la década de 1930 cuando en Canarias comenzó a sentirse una verdadera pasión por el ciclismo y surgirían las primeras pruebas interinsulares por equipos, mientras en la Península se celebraría también la primera Vuelta a España (1935).

Los componentes de la selección grancanaria eran Francisco Suárez (Telde), José Santana (barrio de San Antonio), Agustín Armas (Arucas), Juan Gil Perdomo (San Cristóbal) y Cristóbal Martel (Santa Brígida). Y los de Tenerife: Anacleto Gómez García, Amaro Carballo, Manuel Delgado, Jaime Márquez y José A.

El recorrido era de unos 80 kilómetros, partiendo de la Catedral de Santa Ana, en la ciudad, en dirección a la Villa de Santa Brígida, para continuar luego hacia la Vega de San Mateo, Valleseco, Firgas, Arucas y regreso a la capital.

La competición resultó interesante y reñida, y en las carreteras y calles de los pueblos la cantidad de público era numerosa, según reseña la prensa de la época. El primer ciclista en cruzar la meta, tras 5 horas y 51 minutos de tiempo empleado, fue el tinerfeño Manuel Delgado, y eso que un huevo duro que se le ocurrió ingerir, casi lo pone fuera de combate, apuntaba el periódico La Provincia ante aquel portento del pedal. El as más destacado de Tenerife que, además, ganó el premio de montaña.

Las etapas eran duras y las carreteras por las que circulaban casi impracticables. Para colmo, los juegos de piñones o la doble pletina aún no se usaban, por lo que el pedaleo era fijo y la bicicleta, un armatoste pesado, sin cambios, todo un rompe piernas. El ciclismo como agonía. Y un pinchazo era la maldición porque debía cambiar la bici, quien la tuviera a mano. Los participantes llevaban, además, gafas de aviador, las únicas que les podían proteger del asfalto de la época, tierra y piedras.

Aquella memorable carrera por varios municipios de las Medianías fue seguida por una caravana de unos 150 coches, lo que da una idea elocuente de la expectación que había despertado una prueba de extrema dureza y sin los adelantos técnicos y médicos actuales, pero repleta de gestas, emociones y algún que otro huevo duro.

A partir de la década de 1930 comenzaron a celebrarse carreras de aficionados entre los pueblos de la isla y los ciclistas se inscribían de forma individual, convirtiéndose en protagonistas de locales hazañas, en los héroes de hechos asombrosos que los redactores de periódicos narraban por cotidianas entregas.

Varias de las glorias de la Villa de Santa Brígida eran los hermanos Martel y Adolfo Talavera, que vestían las camisetas rojas del equipo local de fútbol. Uno de ellos, Cristobita Martel, resultaba ser un gran escalador, y el pueblo solía organizar caravanas de seguidores por los municipios por donde pasaban. Era un vecino callado, servicial e incansable, dispuesto a la hazaña imposible.

Todavía hoy los más memoriosos del pueblo le recuerdan cuando realizaba todo tipo de arreglos domésticos, a cambio de la voluntad y algún que otro buchito de ron, armado con su inseparable llave inglesa, mientras atrás iban quedando sus gestas memorables de aquellos años en blanco y negro, 23 años antes de que el español Federico Martín Bahamontes ganara por primera vez el Tour de Francia en 1959.

La Vuelta Ciclista a Tenerife

La Vuelta Ciclista a Tenerife es una competición ciclista amateur por etapas que se celebra anualmente en la isla de Tenerife. La prueba comenzó a disputarse en 1956 en San Cristóbal de La Laguna, impulsada por su Ayuntamiento para promocionar las Fiestas del Santísimo Cristo de La Laguna por todos los municipios de la isla.

En 1960 retorna el as lagunero Aníbal Alonso, después de haberse adiestrado en la Península y Francia; y Miguel Campos, se convierte en la revelación de la temporada. Pero si algo caracterizó sin duda a la V Vuelta a Tenerife, fue el fallecimiento en los entrenamientos previos del ciclista lagunero Evelio Hernández Quintero, de 17 años de edad.

Se acercan al centenar los ciclistas que participan en la Vuelta Ciclista del 61. Este año aparece como gran animador de la prueba el incansable propulsor del deporte lagunero, Juan Ríos Tejera, «Juanito Cabeza», motor impulsor de tantas actividades deportivas que no pudo prescindir de tener campo de acción en el ciclismo; por supuesto acompañado de los ya clásicos en esta prueba, la más importante del Archipiélago, Joaquín M. del Reguero, Palmero, Arias, Espinosa, del Rosario, Pérez Yanes, Manolo Pérez, P. Domínguez, E. Alonso, Niabel Núñez, los hermanos Morales, Cristóbal López, Manolo Alonso Díez, José Antonio Hdez.

En 1963 la Prueba rinde homenaje al que fuera obispo de Tenerife, el recordado D. En este año se retira del ciclismo José González Delgado «Canarito, quien después de un grave accidente se ve obligado a colgar su bicicleta. En su despedida tuvo palabras de aliento hacia «los infatigables hermanos Morales, el inquieto Niavel, el técnico Reguero, el pausado Elfidio», entre otros.

A lo largo de su historia, la carrera ha evolucionado hasta consolidarse como una de las pruebas de referencia del ciclismo canario, con un recorrido insular que abarca toda la isla e incluye exigentes etapas de montaña.

No es menos cierto que los fundadores y organizadores de la Vuelta, jamás pensaron que fuera más cara su celebración que las propias fiestas del cristo, ni que para celebrarla se recortará de la Cabalgata y Batalla de Flores que sólo costó el pasado año 18.000 euros, y que en los últimos años más de 40.000 personas tomaron las calles para presenciarla, más de 40.000 ciudadanos que dejaron varios cientos de miles de euros en toda la hostelería ¿Cuántas personas presenciaron La Vuelta?

La Vuelta 2012 además de atascos e incomodidades para los vecinos, no dejó nada de nada.

El Club Ciclista Castreño: Un Legado de Pasión por el Ciclismo

El Club Ciclista Castreño coge el testigo de la Asociación «Velocípeda Castreña» fundada en 1890 y cuya actividad fue interrumpida debido a la guerra civil. El club volvió oficialmente a la actividad en el año 1983 y fue fundado por un grupo de amigos aficionados al ciclismo. En la actualidad cuenta con más de 250 socios.

En 2007 el club cumple sus bodas de plata, 25 años nada menos dando pedales, aunque nos tendríamos que remontar a finales del siglo XIX para ver los orígenes del ciclismo de nuestra ciudad. Ya en esa época se gestaban las primeras carreras organizadas por algunas asociaciones de ciclistas que fueron creando escuela en los jóvenes de Castro.

Existen referencias, de 1912, en las que la «Unión Velocípeda Montañesa» organizaba salidas que tenían como punto de partida «La Barrera» y en la que se realizaban carreras hasta el Pontarrón de Guriezo, entre otros trayectos. Esta asociación gestionaba marchas pedestres y ciclistas todos los 25 de diciembre, teniendo que suspender alguna de estas pruebas por el mal estado de las carreteras.

Uno de los protagonistas de la época fue Chávarri, que triunfó en el campeonato de la provincia y que celebró su victoria con un banquete que tuvo lugar en el Hotel Universal de Santander. S. Chavarri, se configuró como un gran ciclista en otras muchas carreras que la Unidad Velocípeda Montañesa organizó en años venideros, siendo segundo en la prueba Madrid - San Sebastián.

Así mismo, Castro también contaba con una fábrica de bicicletas, la de «Fernández», ubicada en la calle La Ronda. Muy cerca de allí se encontraba el taller de «Trecha», donde está actualmente Muebles Iriarte, gestionada por Enrique F. Chávarri, conocido ciclista. No podemos dejar de acordarnos de Gabriel Sáez, que además de vender, reparaba y alquilaba bicicletas junto al Matadero.

Los amantes del ciclismo no olvidarán que en 1935 se celebró la primera Vuelta a España, carrera que en esa época se paseaba por toda la piel de toro, siendo Castro una ciudad de paso. En esa prueba participaron 33 corredores españoles.

Tras el éxito de la Vuelta entre los castreños, se dispuso el 29 de junio de ese mismo año una animada carrera que obtuvo mucho éxito, en ella participaron 38 corredores, el ganador fue Zacarías Herboso, del equipo «Fernández», siendo el premio de 70 pesetas.

El año 1982 fue un año en el que el deporte fue el protagonista en España con el Mundial de Fútbol. Se creó, sin duda, una gran expectativa a nivel deportivo en las nuevas generaciones en todos los ámbitos deportivos, así, también fue el año en el que un grupo de cicloturistas de Castro decidieron, en marzo, reunirse para crear el Club Ciclista Castreño, por ello, debíam umplicar a otros aficionados para poder formar una directiva que se encargara de dar forma a aquella bonita iniciativa.

Durante esa primera asamblea se toman una serie de acuerdos, por los cuales se constituye el club, mediante la escritura de formación de la sociedad, que se realizó el 19 de mayo de 1982, de esta forma se daba legalidad total al club, dotándolo de sus propios Estatutos. Finalmente, el último de los pasos para comenzar a andar era inscribirse en la Federación Cántabra de Ciclismo, Diputación Regional y en el Consejo Superior de Asociaciones Deportivas.

En Dicha asamblea se acordó que la cuota anual que los socios debían aportar al club era de 1.000 Ptas. para el año 1983.De esta forma, los 43 socios fundadores, de forma altruista, habían creado un club ciclista que hoy en día sigue funcionando y al que se unieron posteriormente muchos más aficionados que consiguieron crear una escuela deportiva con mucho mérito.

Una de las primeras pruebas que se disputaron fue la contrarreloj individual (CRI) cuyo trayecto era Guriezo-Alto de la Escrita y que ganó D.C. Vilella.

Durante el año 1983 se tomaron decisiones como elegir el diseño de camisetas y culotes, que finalmente llevaron el blanco y rojo, tonos que se erigieron como los colores del club y que hoy en día se mantienen como signo de identidad de nuestros ciclistas.

Hay que reseñar que, en el verano de ese año, se realizó la Primera Salida de verano para los socios. El lugar que se eligió para este evento fueron los Pirineos Franceses. Los aficionados disfrutaron de esa prueba durante 4 días.

Ya en 1984, la asamblea decide adquirir un local en propiedad. 76 socios fueron los que aportaron el capital necesario para poder ubicar en él la sede social del club, sede que, como todos saben, se encuentra en «La Plazuela». Hasta 1985 no se obtuvo la licencia de obra del mismo para realizar reformas de las que se encargaron los propios socios.

En este año se produjeron numerosos acontecimientos, entre ellos, cabe destacar la creación de un calendario de salidas cicloturistas para los domingos y los días festivos, calendario dilatado, ya que desde marzo hasta septiembre (salvo agosto, hay que descansar) cuentan con excursiones programadas.

A su vez, se celebra el primer «Día de la Bici», que actualmente se sigue celebrando, en el que se contó con la asistencia de profesionales como Alberto Fernández, Eulalio García y Enrique Aja.

En este mismo año se comienza a perfilar lo que luego será finalmente la Escuela de Ciclismo del Club Castreño.Tras haberse formado los siguiente grupos, Escuela y Cadetes, y haber participado en las pruebas de Cantabria, finalmente se dota de ayuda económica a todos ellos, pudiendo fortalecer así el Club.

Las salidas de verano se han convertido en el buque insignia del club, y por ello en 1985 los socios se desplazan a Jaca para realizar la que fue la 3ª Salida de Verano. A su vez, durante este año, se organizaron numerosas pruebas ciclistas en Castro. Cabe destacar las «Marchas Gastronómicas», una iniciativa que comienza con la marcha a la Rioja, y que se realiza con el ánimo de continuarlas todos los años en la zona norte del país.

En el Club no se olvidan de las otras disciplinas del ciclismo como es el Ciclo Cross, por ello se celebra una prueba a nivel nacional que se disputa en el Barrio de Cotolino y el ganador es José Yurrebaso, también hace sus pinitos J.J.

Ya, en 1986, y una vez confeccionado el nuevo calendario de las marchas, se decide incorporar coches de apoyo para enriquecer las pruebas y atender a los compañeros que, por caída o por avería mecánica, no puedan seguir pedaleando. La elección del coche se realiza por sorteo. En abril de 1986 se decide comprar el primer coche financiado con publicidad y aportaciones de los socios para llevar los equipos a correr.

Esta vez el Club decide realizar su salida de verano en Cistierna, y la Marcha Gastronómica tendrá lugar en «Labastida». Pto. Por segundo año consecutivo el Club organiza la prueba de Ciclo Cross en Cotolino.

En abril de 1986 se decide comprar el primer coche financiado con publicidad y aportaciones de los socios para llevar los equipos a correr.

En el verano del 87 se decide realizar dos «Salidas de Verano», una de ellas se dirigió a Los Alpes y la otra fue a Soria. Se acuerda dar esta alternativa a aquellos que no pueden acudir a Francia; de esta manera, éstos últimos podrán participar en la salida a Soria durante 5 días.

Tras varios años, después de adquirir el local, se decidió acometer diversas obras en el mismo para aportar funcionalidad a la marcha del Club, dotando de una zona más idónea para la estancia y disfrute de los socios.

Para realizar las pruebas deportivas es indispensable la ayuda de agentes exteriores al Club, por ello no nos podemos olvidar de la inestimable ayuda de organizaciones como Cruz Roja, Protección Civil, Guardia Civil, Policía Municipal y el Ayuntamiento de nuestro municipio que, en 1988, colaboraron para que todas las salidas se desarrollasen en condiciones normales.

Durante este año, se confecciona un potente equipo juvenil para atender todo el calendario Cántabro. También se suceden numerosas pruebas en La Rioja, Asturias y Vizcaya, realizándose así un total de 56 días de competición. Cabe resaltar la celebración del primer Gran Premio Ciudad de Castro Urdiales, para juveniles.

Otra de las incorporaciones que se dan en la temporada 88 es la prueba en Santullán (Santiago), auqne a pesar de la ilusión que se depositó en aquella nueva carrera, a dos días de su realización tuvo que ser suspendida ya que la Dirección General de Tráfico no dio el visto bueno para que se llevase a cabo.

En todo momento han surgido innovadoras ideas, nuevas pruebas, trayecto, diseños de trofeos, camisetas… es decir, es un no parar de propuestas, siempre en beneficio de los propios socios y aficionados. Por ello surge a finales de este año la Sección de Ajedrez que bajo el cobijo del Club Ciclista adquirirá protagonismo participando en diferentes Campeonatos y Ligas de la Comunidad Cántabra, dando cobertura a muchos jóvenes que querían desarrollar este deporte que tanta destreza e inteligencia requiere, siendo durante muchos años el único equipo que ha participado en el Trofeo de la Amistad, premio al que sólo acudían equipos de Euskadi además del Club Ciclista Castreño.

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