Este relato es un recorrido a través de recuerdos personales entrelazados con eventos históricos y personajes que marcaron una época en Chile. No es una narración lineal, sino más bien un conjunto de memorias que se agolpan, se confunden y se apoyan mutuamente, ofreciendo una visión fragmentada pero vívida del pasado.

Valparaíso, una ciudad clave en la historia de Chile.
Primeros Recuerdos y Familia
Los primeros recuerdos tienen una importancia especial. Recuerdo la llegada de mi hermana, cuando nací. También recuerdo a una niñita que ya no estaba, que murió guagüita. Se llamaba Norma. Años después, también pusieron Norma, mi confusión era completa. Para diferenciarla de la muerta, decía: «la primera Normita».
Otro recuerdo es el triciclo a pedales, que para la Noche Buena, me lo trajo el Niño Dios. En Primavera, la gente se disfrazaba, con cachos y cola, rabisa y gorra que decía «Esmeralda».
Un Viaje en Tren y una Lección Inesperada
En un viaje en tren a Valparaíso, me ocurrió una desgracia. Llevaba una alfombrilla, que debía secar, flameando por la ventanilla del tren. Los niños pagaban medio pasaje, hasta cierta estatura, y el cobrador llevaba una huincha de medir. El cobrador dijo: -Ya está pasado de estatura. Tiene que sacar pasaje entero. ¡Yo no había tenido nunca alfombrilla y ya ser grande! Valparaíso, Todo se arregló.
Valparaíso y la Armada: Una Atracción Atávica
El mar, la armada, es Valparaíso. El Puerto me atrae una fuerza atávica. Visitamos la Escuadra y el crucero Blanco Encalada. Íbamos directamente a la zona de bodegas. Ahí nació mi vivo, raíces de mi atracción por la Armada y su gente. Muchos han tenido traje de marinero y también mis nietos.
En Ecrán, veía Historia Sagrada y la Guerra del Pacífico. Me los explicaba con infinita paciencia. Conoció a Prat, en un baile en la Embajada Argentina: -Qué buen mozo era Arturo. espíritu al mar y sus héroes.
Ceremonias y Tradiciones Religiosas
En diciembre de 1934, a los siete años, me preparé para la Primera Comunión. A fines de octubre y durante todo el Mes de María, nos enseñaban a los niños el sentido de este Sacramento. Había que confesarse. Yo lo hice en la iglesia de San Ignacio. Era importante por ello la ceremonia era muy solemne. Las mujeres vestían una ropa especial, blanco, con vestido largo y velo en la cabeza. Su cinta de Primera Comunión, prendida con un lazo. En letras doradas, estaba escrito el nombre de la niña y la fecha. Misa y rosario, completaban la tenida. Sobre el pecho, una medalla de la Virgen María. Recordemos que había que comulgar en ayunas.
Después de la ceremonia, nos llevaban a un taller de fotografía en la calle Gálvez esquina de Copiapó. Había algo que no se olvida: el queque. Lo creo espiritual, mis anhelos de Salvación.
Recuerdos de la Infancia en Valparaíso
Mi abuelo llegó de Hamburgo, su pueblo natal, directamente a Valparaíso y se quedó. Se casó con chilena, doña Eloísa Delgado y nació en esa ciudad ventolera. En la botillería de «Pancho», se mezclaban olores característicos. Debíamos pasar a la trastienda. Debemos, en este caso, agregar el de yerba mate. Sufríamos los niños hombres. No sé por qué razón, no tenían marrueco. Nos estiraban el «pirulín» sin piedad.
Otro recuerdo porteño: tenía, como asiento, una capa de alquitrán. Una niña me miró coquetamente y sonrió. Era preciosa. Quise convidarle alguna pastilla de menta u otro afrodisíaco. Pero el calor de mi cuerpo me impedía levantarme. Hice un supremo esfuerzo, y me alcé. Atrás, con el periódico tapé mis vergüenzas. Nunca más.
El Ile de France y un Aguacero Inesperado
Viña del Mar, destinada a servir en toda esa zona del litoral, recibía al Ile de France. Veíamos la ropa blanca del buque, durante su estadía en el puerto. Se trataba de seis mil sábanas, fundas, toallas, etc. Los marineros lucían blancos y sentadores gorros marineros, con un ancla dorada coronando la visera. La banda abordo, estaba lista para tocar, situada en el castillo de proa. Los niños escucharon los inconfundibles sones de la Marsellesa. El gobernador du Valparaisó, se dejó fotografiar con algunos turistas. Pero las penurias sufrieron los porteños: días abrasadores, y la paradoja de un violento aguacero. No durmió. La visión era aterradora. Costó calmar a la gente.
Doñihue: Tierra de Abuelos y Recuerdos Familiares
Otro lugar, junto al recuerdo de Valparaíso, es Doñihue, donde nació mi madre. Fue tierra de mis abuelos. Mamá: mar y Media Luna. Nunca me di cuenta que estaba en plena crisis. Todas estas noticias me parecían fascinantes.
Tiempos de Crisis y Revueltas
En tiempos de crisis, papá decidió que necesitaba un revólver. Salimos al centro y vimos la policía con su lanza contra una multitud enardecida. Papá sabía usar la esgrima de lanza y dispersó a los agresores. Cae Ibáñez. Ella admiraba a Ibáñez. Vivíamos una crisis política, social y económica. Caían gobiernos, por ejemplo, la Cosach. Pero siempre estaba junto a mi hermana y a mí, doña Ema Ureta, la Tití. Una santa. En esos días, voceaban más de un suplemento por noche con noticias. Un avión rojo, no identificado, que volaba sobre Santiago.
Mi hermano estaba haciendo la guardia en el Regimiento Maturana y tenía el brazo vendado. Una bala lo había herido. Lo agasajaron con un verdadero banquete.
Grove era odiado por sus detractores y tenía el epíteto de patán e ignorante. Sin embargo, dominaba varios idiomas, entre otros, el griego.

Pedro Aguirre Cerda, un presidente en tiempos turbulentos.
La Caída de un Gobierno y una Anécdota en La Moneda
Estaba en la Moneda cuando cayó don Juan Esteban Montero, cuando en las calles la violencia arreciaba. La Moneda fue copada, felizmente sin bajas. Unos discretos golpes en la puerta interrumpieron la reunión. ¡Pasen! Entraron con Grove a la cabeza. -¿Qué desea, general? ¿Viene a hacerse cargo del gobierno? -No, Excelencia... -En es caso me voy. Y salió de su despacho y de la Moneda.
Efemérides y Celebraciones
Siempre tuve curiosidad por los festejos. En febrero de 1941, el tiempo avanzaba muy lento. ¿Dónde compro El Mercurio?
El Mercurio, en colores, llegaba los miércoles, junto a cada ejemplar del Diario Universitario. En mi poder he tenido, durante sesenta años, un ejemplar histórico especial de 126 páginas. Me interesé sobre manera con este ejemplar y lo guardé. Leí someramente, algunas secciones: Pedro Lira Rencoret, Benjamín Vicuña Makenna, Raúl Cuevas, Justiniano Opazo Maturana, H. E. Olea y otros. Las calles, fiestas y tradiciones, nuestro viejo Santiago. Prácticamente copadas con los sucesos de la 2.ª Guerra Mundial: alemanes en África. UU., para iniciar la contraofensiva hacia Japón. Después se inició la catástrofe.
El miércoles 12 de febrero de 1941, se jugó un partido entre Perú y Argentina. También el diario comunicaba los funerales de cuatro personas: María Caro Rodríguez y Guillermina von Kalchberg de Froemel. El Alcalde Metropolitano, don Rafael Pacheco Stay, daba un mensaje a los santiaguinos. Se anunciaban espectaculares galas y la insigne pianista chilena, Rosita Renard. También se presentaba la Sinfonía de Schubert en Re Mayor y Judy Garland. Este ejemplar es para futuras celebraciones.
Anécdotas y Recuerdos Personales
-¡Faramalla, faramalla! Con neblina el mismo día que murió la Marilyn Monrroe. Un motociclista rodó por los suelos. -Voy a matar el chuncho. Y suerte aciaga, se volvió a caer. Comenzó su discurso, cara al país, de bufanda a bufanda. Valdivieso, era muy amigo de don Arturo. En 1932, era, otra vez, Presidente de la República. Jugaban ajedrez en la Moneda. Una vez me llevó y estaban las piezas listas en el tablero. Usaba desde la primavera hasta el verano, en una silla del vestíbulo. El Presidente ya había, aparentemente, aplacado su furia. Y diciendo esto, tomó el bastón de mi tío, haciéndola pedazos. -Esto es típico de Arturo. Furioso cuando pierde.
En el colegio, me matricularon y entré a kindergarten. Tuve clases particulares con la señorita Ida Belmar. Hacíamos Tertulia en T. El teléfono había sido de mi padre y de mi abuelo.
Veraneo en Cartagena: Una Epopeya Familiar
Veraneo en Cartagena, el balneario preferido por las familias de Santiago. Arrendábamos una casa, cerca de la calle de Los Suspiros. Terminada la faena, se les marcaba: Alameda-Cartagena. Llegamos a nuestro hogar veraniego, ya bastante oscuro. En casa la luz estaba cortada, por un problema técnico. Trajeron un médico desde Santiago y nos acostamos. El alumbramiento fue un éxito. Después, padres y la empleada, se quedaron a desayunar en casa de la feliz madre. Teníamos fricciones con agua salada, pan de huevo y vuelta a almorzar. Cada cual hacía su gracia.
Tocaba guitarra y cantaba. Tenía un catre de bronce, de plaza y media, en la arena. Etiqueta negra. En el circo estaba orquesta y serrucho, cuyo nombre era Nerón. Chica, cuando pasaron dos aeroplanos a muy baja altura. Eran vendedores de pan de huevo y un barquillero. Los pilotos conversaban con los carabineros. Un día, volé con él. Era un gran señor. En el aniversario del Club, se hizo un bombardeo sobre Santiago. La Antiaérea, de la FACH, les disparaba balas de fogueo. «Condorito» Espinoza, dirigente de la Barra de la U, vivía cerca y trajo proyectiles a fogueo.
Cristián se quedó en tierra. Encalada, el Ejército y por Carabineros de Chile encabezaron el desfile. Yo fui uno de los que marcharon, dicen que simbolizábamos el futuro. Observaban nuestra marcha. Llegaron instructores alemanes, encabezados por el coronel Köerner. Don Pedro Blanquier, distinguido ingeniero, fue director de los FF. En esa calidad le tocó viajar a Europa por razones de servicio y compró semillas de flores anaranjadas, que crecían en forma silvestre. Esta flor se llama «Dedal de Oro».
En forma inexorable, uno a uno, comienzan a morir mis abuelos. Para mí fueron muy importantes. Germán Becker Delgado, murió en 1935. Abuela doña Griselda Cornejo de Ureta y abuela doña Elena Silva de Becker...
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