Diarios de Motocicleta: Un Análisis Profundo del Viaje de Ernesto "Che" Guevara

La película ‘Diarios de motocicleta’ (2004), dirigida por Walter Salles, narra el viaje de un joven Ernesto “Che” Guevara junto a su amigo, Alberto Granado, por América Latina entre 1951 y 1952. Este periplo se presenta como el despertar político y como la semilla emocional del futuro revolucionario.

Basada en los diarios de ambos protagonistas, la obra de Walter Salles se sitúa deliberadamente en la frontera entre el cine histórico y el relato iniciático, pero incurre en algunos errores históricos que es preciso aclarar. El cineasta brasileño Walter Salles dirigió esta película, inspirada en las crónicas escritas por los dos protagonistas: Notas de viaje, de Ernesto Che Guevara (Ediciones B, 2002); y Con el Che por Sudamérica, de Alberto Granado (Ed. Marea, 2018). Salles recorrió personalmente los pueblos y ciudades descritos en esos libros, conoció la ruta seguida por sus autores 50 años antes.

Fruto de ese esfuerzo, la película muestra más de treinta emplazamientos. En el film no paran de ocurrir cosas, continuamente, la sucesión de anécdotas y de personajes secundarios es frenética, propiciando dos horas muy entretenidas para el espectador. No analiza América, solo la muestra. Y, sobre todo, argumenta por qué el universitario bonaerense que emprendió un viaje de placer se transformó en alguien dispuesto a cambiar el mundo, a hacerlo más justo.

Una historia de la amistad, representación de las veces que hemos querido romper con nuestra rutina, solos o en compañía. Una película que infunde superación, ganas de cambiar nuestra forma y la del mundo, pero en un sentido positivo de transformación y conciencia.

«Diarios de motocicleta» es la adaptación de los diarios de viaje de dos amigos argentinos, Ernesto Guevara y Alberto Granados, que deciden recorrerse en moto toda la América Latina de Sur a Norte. Relata la odisea por Latinoamérica llevada a cabo por el posteriormente conocido revolucionario Ernesto «Che» Guevara y su amigo el Dr. Alberto Granado en 1952, cuando Guevara era un joven estudiante de medicina de 23 años. Ambos embarcaron en un viaje de 9 meses recorriendo América del Sur en una destartalada moto Norton de 500 cc, a la que apodaban «La poderosa».

Para algunos, el héroe; para otros, un monstruo; para todos: una leyenda. El argentino, Ernesto “Che” Guevara, comúnmente conocido como un revolucionario marxista, fue el líder de la guerilla y uno de los jefes más prominentes e inspiradores de la Revolución Cubana (1953-1959).

Jon Lee Anderson, un periodista estadounidense que escribió Che Guevara: Una vida revolucionaria (1997), una de las biografías más importantes del guerrillero, quiso entender “¿qué motivos tenía Ernesto, un chico bien nacido en una vieja y opulenta familia argentina de clase media con buenas perspectivas de futuro, para dejar esta cómoda existencia y convertirse en uno de los más implacables y conocidos revolucionarios de todos los tiempos?”.

La película Diarios de motocicleta (2004), de Walter Salles relata el viaje que realizaron El Che y su amigo Alberto Granado a través de América del Sur en 1952, y se basa en los libros de la expedición Notas de viaje (escrito por Ernesto) y Con el Che por América Latina (de Alberto).

Ernesto “El Fuser”, 23 años, un estudiante de medicina, un especialista en lepra, y Alberto, 30 años, bioquímico, “vagabundo científico declarado”, tienen el plan de recorrer 8000 kilómetros en cuatro meses con el objetivo de explorar el subdesarrollado continente latinoamericano que solo conocen por los libros. Método: improvisación y una motocicleta rota que gotea.

Jon Lee Anderson, en el mencionado documental, declara que este viaje fue una búsqueda para mirar más allá de los grupos privilegiados, el paseo del renacimiento de Guevara, algo que le dio sentido a la vida, a lo que siempre había buscado. Aclara que pese a haber estudiado medicina, Ernesto obtuvo la verdadera educación en este viaje.

“Yo, ya no soy yo. Por lo menos no soy el mismo yo interior”, dice al final del filme. ¿Por qué? El análisis de la película nos ayudará encontrar una respuesta a esta pregunta.

Che Guevara y Alberto Granado durante su viaje por América Latina.

DESPERTAR POLÍTICO PRECOZ

El argumento de esta cinta presenta el viaje de Ernesto “Che” Guevara por Latinoamérica como el principal causante del desarrollo de su pensamiento político. Así pues, cada uno de los episodios que se suceden supone una nueva revelación que transforma su forma de entender el mundo y le enseña una nueva lección de moralidad, comprendiendo de manera más clara la injusticia estructural de los países latinoamericanos.

Sin embargo, los diarios originales, escritos entre 1951 y 1952 muestran una realidad muy distinta, porque aunque en ellos Guevara hace referencia al malestar y la empatía que siente ante determinadas situaciones que se va encontrando por el camino, todavía no presenta un pensamiento político estructurado, y sus reflexiones son principalmente emocionales y a menudo contradictorias.

De hecho, en los escritos no hay atisbo de un análisis de clase definido, ni tampoco críticas hacia el sistema capitalista o hacia el intervencionismo estadounidense. En realidad, este pensamiento lo desarrolló poco después, durante su estancia en Guatemala entre 1953 y 1954, donde fue testigo directo del derrocamiento del presidente Jacobo Árbenz.

HUMANISMO Y AUSENCIA DE PREJUICIOS

El personaje de Ernesto “Che” Guevara se presenta en el filme como alguien abierto, empático, y muy avanzado moralmente. En diferentes secuencias, se puede observar por su parte un acercamiento a los campesinos, trabajadores e indígenas, todo ello desde una posición de igualdad, sin ningún prejuicio cultural ni racial.

En realidad, los diarios revelan una mirada que en principio era distante y condescendiente respecto a los sectores más pobres. Además, en algunos de sus pasajes el propio Guevara expresa prejuicios culturales y clasistas, e incluso también raciales hacia la población indígena y afrodescendiente.

Durante su juventud, el “Che” fue un joven argentino perteneciente a una familia de clase media-alta con una formación profundamente eurocéntrica, por eso su posterior evolución de posicionamiento fue tan significativa. La película suprime casi por completo esta transformación y presenta al personaje durante sus inicios con un pensamiento ideológico y una conciencia ética ya establecidas, falseando el punto de partida real.

PAPEL REDUCIDO DE ALBERTO GRANADO

El personaje de Alberto Granado, amigo y compañero de viaje del “Che” Guevara, aparece como un personaje secundario, constantemente subordinado a su colega, cumpliendo la función del contrapunto cómico y pragmático que acompaña al protagonista, y quedando relegado a un segundo plano.

Sin embargo, los diarios reales muestran una relación entre ambos mucho más equilibrada. Granado era seis años más mayor que Guevara, y no fue un discípulo o un mero acompañante suyo, sino un interlocutor con un peso equitativo al de su amigo.

Al cumplir veinticuatro años de edad, Ernesto Guevara de la Serna emprende un viaje por diferentes países de América Latina. Acompañado de Alberto Granado, su recorrido queda plasmado en unas notas de viaje que luego serán conocidas como Diarios de motocicleta. La figura de Guevara ha sido abordada desde varios puntos de vista, especialmente el que se refiere a su legado político, si bien el viaje de 1952 resulta, ciertamente, fundamental en la transformación de su mirada sobre la realidad que le rodea es asimismo muestra inaugural de un estilo de escritura.

Diarios de motocicleta es el primer ejemplo de un estilo literario de retratar lo que sus ojos vieron. El viaje de Guevara, transforma su visión del mundo y como muestra de ello quedan los Diarios de motocicleta que, con chispazos de humor, certeras descripciones y un tono relajado y poético, dan fe de un trabajo literario.

El 4 de enero de 1952, dos jóvenes argentinos emprenden una gran aventura, un enorme viaje: pretenden ir de Buenos Aires a Venezuela por tierra. En palabras de Guevara: “El plan es recorrer 8.000 km en cuatro meses. El método, la improvisación. Objetivo, explorar el continente latinoamericano, que solo conocemos por los libros. Equipo, La Poderosa, una motocicleta Norton 500 del año 1939 que está rota y goteando”.

N. Granado es extrovertido, charlatán, buen bailarín, una persona generosa, el amigo calavera que nunca te falla. Guevara es contenido, reflexivo, ecuánime, pero tiene una limitación: su incapacidad para mentir. Cuando recaban su opinión, dice lo que piensa, de manera directa, brutal, sin paños calientes, aunque las consecuencias sean previsiblemente catastróficas. Ambos comparten la fogosidad propia de la juventud: corren detrás de cualquier falda que se cruce en su camino.

Empieza la aventura

Los dos protagonistas abandonan Buenos Aires en dirección sur por carreteras rectas, poco concurridas, entre pasturas y cañaverales. Los impulsa el afán aventurero, las ganas de pasarlo bien. Mientras recorren la Pampa, su única compañía son los gauchos y las vacas, enmarcados por alguna estancia que se levanta solitaria a lo lejos. Ya en la montaña, las pistas devienen barrizales con surcos profundos, campos de minas donde La Poderosa tropieza una vez y otra.

El día 42 del viaje, un trasbordador atraviesa el lago Frías y los desembarca en Chile. Acumulan 2.306 kilómetros. Las nubes cubren un paisaje montañoso con apariencia de acuarela china. Aparece la nieve. Al principio embellece, tiene su encanto, pero pronto se transforma en una fiera hambrienta. La Poderosa se asusta, deben empujarla puerto arriba en medio de la ventisca.

La ciudad de Temuco los recibe solícita, pero frunce el ceño al saber que se les acabó dinero. Aprenden a buscarse la vida: se personan en la redacción del diario local, que difunde la llegada de “dos eminentes leprólogos argentinos”. El recorte de prensa les abre puertas y comedores: son personalidades, no vagabundos.

El día 53 del viaje, La Poderosa exhala su último suspiro. ‘Descanse en paz’, la despiden sus pasajeros desconsolados. En Valparaíso, a orillas del océano Pacífico, reciben correspondencia y dinero de sus familiares. Este es otro mundo, uno donde los camioneros leen a Pablo Neruda.

En aquella desolación pedregosa descubren la misérrima existencia de los mineros, campesinos expulsados de sus cultivos por latifundistas y ahora explotados por empresas como la Anaconda Minas Company. Gentes que se desplazan a pie, van de mina en mina en busca de trabajo para hoy. Son jornaleros, viven al día, y sufren los malos tratos de capataces y sicarios.

Los jóvenes siguen una marcha que se yergue y empina; ascienden la cordillera, remontan los Andes. Entran en Perú dentro de la cabina de un camión. Los tramos a pie, las pendientes resultan insufribles, arden los pulmones, falta oxígeno. En Cuzco -día 89, km 6.932- conviven con una población quechua iletrada, que no entiende el castellano. Cuida el ganado, teje, masca coca... Son personas desposeídas, sin expectativas culturales, políticas ni sociales. Son los desprestigiados ‘pobres de la Tierra’.

Visitan Ollantaytambo y Machu Picchu, Ernesto reflexiona ante su arquitectura: “Los incas atesoraban el conocimiento, pero los invasores españoles tenían la pólvora”. Pero médico y revolucionario todavía conviven amistosamente en San Pablo, un lazareto en plena Amazonia peruana, adonde llegan después de 156 días y 10.223 km de viaje. Los dos jóvenes colaboran como voluntarios atendiendo a los leprosos.

En su fiesta de despedida, Ernesto toma la palabra, habla de “una sola raza mestiza desde México hasta el estrecho de Magallanes”, y brinda por una América unida.

Mapa de la ruta seguida por Ernesto "Che" Guevara y Alberto Granado en "Diarios de Motocicleta".

El regreso

Una balsa los lleva hasta Leticia, en la Amazonia colombiana. El 26 de julio de 1952 se separan en el aeropuerto de Caracas. Ernesto regresa a Buenos Aires para terminar sus estudios. Alberto permanece en Venezuela, donde encontró trabajo.

La primera parte parece más una aventura, en el sentido de que los personajes encuentran numerosos obstáculos: problemas con la motocicleta, hallar lugares donde comer y dormir… Aquí Ernesto comienza a mostrar características que en la segunda parte seguirán desarrollándose. Aunque ambos viajeros son muy agradables, Ernesto se ve como el más honesto y franco de los dos, incluso a veces parece brusco. En las situaciones en las que Alberto intenta tergiversar y adornar la verdad para obtener la comida o el alojamiento, Ernesto dice la verdad (salvo en el caso de las hermanas peruanas): “el viento nos ha llevado nuestra carpa, estamos muertos de hambre y necesitamos dónde dormir” o “esto es un tumor (…) nosotros no podemos tratarlo”.

Revela la integridad de su carácter: en las emergencias se niega a gastar el dinero que le había dado Chichina para que le compre un bañador en los Estados Unidos, cuando con el ataque de asma necesita ir al hospital, o cuando “La Poderosa” motocicleta falla y hay que pensar en otro modo de continuar el viaje. Es muy amable y educado, se interesa por los que le ayudan: en el mercado, en Chile habla con los vendedores como si fueran conocidos. Es muy sensible: cuando un bombero le pide que vea a una señora enferma, porque el médico no llega, no vacila.

En la segunda parte, el ambiente cambia. Los viajeros se encuentran con una pareja sin dinero y perseguida por ser comunista. Luego Ernesto admitirá: “Esa noche fue una de las más frías de mi vida”. La pareja les cuenta que después de dejar a sus hijos con la familia, están viajando en busca de trabajo. Durante este encuentro hay un momento, y muchos después, que le parten el corazón y realmente demuestra la magnitud de la injusticia social y la diferencia entre las clases sociales: la mujer les pregunta: “¿Ustedes están buscando trabajo? ¿Por qué viajan?”.

Alberto está con la mirada baja, mientras Ernesto dice, con algo de vergüenza: “Viajamos por viajar”. “Bendito sea su viaje”, dice la mujer, pero se siente el peso de esta confesión como un trago amargo. Los viajeros no responden, pero Ernesto da su manta a la chica para que se cubra en la noche fría del desierto, y Alberto le ofrece mate. Sin embargo, el ambiente ha cambiado.

Más tarde, Ernesto escribe en su diario: “Esos ojos tenían una expresión oscura y trágica. Nos contaron de unos compañeros que habían desaparecido en circunstancias misteriosas y que al parecer terminaron en alguna parte, en el fondo del mar. Esa fue una de las noches más frías de mi vida, pero conocerlos me hizo sentir más cerca de la especie humana, extraña, tan extraña para mí”. Esta es, tal vez, la escena más importante de la película, el nacimiento de la conciencia social de Ernesto que desde entonces defenderá a los menos afortunados y explotados.

En la escena siguiente están en Chuquicamata, la mina de cobre a tajo abierto más grande del mundo, propiedad de los Estados Unidos, y ven el maltrato que reciben los obreros. Ernesto se enfada: “¿Usted se da cuenta de que esta gente tiene sed? ¿Por qué no les da un poco de agua, ¡carajo!?” e insultándole lanza una roca hacia el camión del supervisor. En aquellos tiempos las empresas estadounidenses monopolizaban el sector minero en Chile por dos razones: materia prima y mano de obra baratas.

Lo que sucede, oscurece el viaje: “A la salida de la mina sentimos que la realidad empezaba cambiar. O éramos nosotros. A medida que nos adentrábamos en la cordillera, encontramos cada vez más indígenas, que ni siquiera tienen un techo en sus propias tierras”. Los viajeros ven la pobreza, la miseria y la injusticia, hablan con los indígenas, les escuchan y demuestran su interés.

En Machu Picchu, Guevara expresa una amarga conclusión y empieza a poner en duda el orden mundial: “Los Incas tenían un alto conocimiento de astronomía, medicina, matemática, entre otras cosas. Pero los invasores españoles tenían la pólvora. ¿Cómo sería América hoy si las cosas hubieran sido diferentes?”.

Lo que han visto y experimentado también afecta a Alberto, que propone a Ernesto un plan para hacer una revolución indoamericana, “sin tiros”. “¡Estás loco!”, contesta el futuro comandante. También se pregunta cómo la cultura avanzada de los Incas dio paso a la expansión urbana de Lima. “¿Cómo es posible que sienta nostalgia por un mundo que no conocí? ¿Cómo se explica que una civilización capaz de construir esto (Machu Picchu) sea aplastada, para construir lo nuevo?”.

Una persona que desempeñó un papel muy importante en el camino de los dos viajeros fue el doctor Hugo Pesce, “el jefe de programa para el tratamiento de la lepra, con quien Alberto había contactado antes de empezar el viaje. Nos alimentó, nos dio ropa, dinero y algunas buenas ideas”. Hablaron del potencial revolucionario de los indígenas y los campesinos en América Latina; a Ernesto le recordaba a la gente que había visto, mientras leía 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, el libro que le había dado el doctor.

El siguiente paso iba a ser trabajar como voluntarios en la leprosería San Pablo, en el Amazonas. Antes de ir, el doctor Pesce les dice: “Me parece que van a encontrar algo importante, importante para ustedes”.

La leprosería: la recta final, un sitio donde después de tres semanas trabajando con los enfermos, Ernesto ve clara la división social. Los leprosos viven en el sur, el personal, los doctores y las monjas, en el norte. Desde el principio se comporta diferente a sus compañeros: se niega a llevar los guantes de goma y pone en duda la práctica de utilizarlos porque la lepra no es contagiosa: “Si no es contagiosa, es puramente simbólico, ¿no? (…) No los vamos a usar”. Además, al llegar a la isla y conocer a los pacientes, les estrecha las manos desnudas, un acto sin precedentes. Les trata a los algo asustados leprosos con mucho respeto, se interesa por sus vidas sin ser condescendiente; pasa su tiempo libre con ellos, se considera uno de ellos, les trata de igual a igual.

Los acontecimientos en la colonia también contienen una crítica a la iglesia católica. Según las monjas, los que no habían asistido a la santa misa no tenían derecho a comer. Un día, Ernesto y Alberto pasan la mañana jugando al fútbol con los pacientes y después van a comer: “Pero ustedes no fueron a la misa. Entonces ¿cómo quieren alimentar el cuerpo si antes no alimentaron el alma?”. Argumentan: “Merecemos comer como cualquier persona. Negar comida no es cristiano”, pero es en vano. Es una situación absurda.

Al final de su estancia allí, Guevara confirma sus incipientes impulsos igualitarios y antiautoritarios durante un brindis de su cumpleaños, que es a su vez su primer discurso político[1]: “Nos impiden ser voceros de su causa. Creemos, y después de este viaje más firmemente que antes, que la división de América y las nacionalidades inciertas e ilusorias son completamente ficticias. Constituimos una sola raza mestiza, desde México hasta el Estrecho de Magallanes. Así que, tratando de librarme de cualquier carga de provincialismo, brindo por Perú y por América unida”.

Cabe destacar la reacción de Alberto a estas palabras fuertes y valientes: su rostro radiante cambia y se ensombrece, se queda con cierta preocupación, como si tuviera presentimientos ominosos del futuro que esperaba a Ernesto en años posteriores. La misma expresión cubre su cara cuando los dos se despiden en Venezuela, y el Che se marcha en avión. Antes de irse, dice: “En este tiempo que pasamos en la ruta, sucedió algo, algo que tengo que pensar por mucho tiempo.

Al final del día de su cumpleaños, Ernesto da el paso final y manifiesta sus creencias en la igualdad y justicia social: su asma no le impide meterse en el río y nadar al otro lado para despedirse de los pacientes y pasar las últimas horas con ellos, más que con sus compañeros del trabajo. Antes había utilizado el argumento de ser asmático para no entrar al lago para recoger el pato al que había disparado Alberto.

Diarios de motocicleta es una biografía cinematográfica y así, magníficamente, sigue la tendencia del cine de nuestra época de volver a visitar el pasado. El cine contemporáneo se conoce como cine hipermoderno, calificado por Lipovetsky y Serroy con los conceptos de imagen-exceso, imagen-multiplejidad e imagen-distancia. En su ensayo La pantalla global. Cultura mediática y cine en la era hipermoderna, ambos autores indican que “el hipercine es inseparable de la hipertrofia (exceso) rememorativa que invade la pantalla”, porque vivimos en el tiempo de “la memoria general, de la rememoración a ultranza, otra figura del exceso moderno”.

Efectivamente, una gran parte de la cinematografía de hoy está basada en los hechos reales, en los grandes acontecimientos, al igual que las figuras históricas. Sin embargo, ya es un pasado “no heroificado, sino humanizado”. El personaje del Che y su viaje es un buen ejemplo de esta tendencia: se ve cómo a un hombre honesto se le tiene simpatía. Además, el futuro comandante tiene muchas dudas, sufre fuertes ataques de asma, pasa apuros en el viaje. No es el mismo revolucionario, cuyas imágenes del uniforme conoce todo el mundo.

Otra característica del cine hipermoderno se refiere a un hecho que, como “en un mundo globalizado se buscan todas las identidades”, el cine histórico participa totalmente en este movimiento de examinar “la identificación particularista, las raíces, los vínculos comunitarios que permiten contrarrestar la dispersión, el desconcierto, el aislamiento de los individuos”.

A través del viaje por Sudamérica que hicieron Ernesto y Alberto: el viaje a las raíces de su cultura para redescubrir su patrimonio, se ve que ambos héroes sienten un vínculo de unión con todas las personas que conocen en su camino. Para un espectador europeo es una manifestación extraordinaria y conmovedora de la identidad que ambos desean compartir con la gente latinoamericana, no solo de su propio país y se entiende perfectamente el mensaje de América unida que Ernesto incluye en su discurso durante el brindis en el día de sus cumpleaños.

Lo que sucedió en la vida de Ernesto Guevara, es otra historia. Partió a luchar por sus ideales al Congo y a Bolivia, donde fue capturado por el ejercito regular, y con el apoyo de la CIA, asesinado en octubre 1967.

“La película se aleja totalmente de cualquier matiz político, y sólo narra la pobreza de los indígenas, con un fondo salpicado de los mejores paisajes de Argentina, Chile o Perú. Muy recomendable”.

“Los dos amigos comienzan el viaje movidos por el espíritu de aventura que les anima y por afanes de diversión, entretenimiento, placer y curiosidad. Termina siendo un acicate que moviliza su capacidad de reflexión y provoca la aceptación de compromisos, cuyo desarrollo queda fuera del relato”.

Ernesto Che Guevara: El Hombre Detrás Del Mito

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