El ciclismo, ese deporte que combina la pasión por la bicicleta, la resistencia física y la búsqueda de la gloria en dos ruedas, tiene una historia rica y emocionante que se extiende a lo largo de los años. Desde sus humildes comienzos hasta las grandes competiciones que todos conocemos hoy en día, el ciclismo ha dejado una marca imborrable en la cultura deportiva mundial.

Un velocípedo del siglo XIX.
Los Comienzos del Ciclismo: Rodando Hacia la Historia
Para entender la historia del ciclismo, debemos remontarnos al siglo XIX, cuando las primeras bicicletas, conocidas como «velocípedos», comenzaron a aparecer. Estos primitivos vehículos de dos ruedas eran un símbolo de libertad y movilidad en una época en la que el transporte estaba limitado.
El ciclismo como deporte organizado comenzó en Europa a fines del siglo XIX, con la primera carrera registrada en París en 1868. En los años siguientes, se establecieron varios eventos icónicos, siendo el Tour de Francia (inaugurado en 1903) uno de los más famosos y prestigiosos.
En mayo de 1868 se disputó la que está considerada la primera carrera de la historia del ciclismo. Participaron 7 ciclistas y se impuso el británico James Moore. James Moore era veterinario, aunque la placa que hoy le recuerda en el parque Saint Cloud nada tiene que ver con su preocupación por la salud de los animales.
El 7 de noviembre de 1869 triunfa en la París-Ruán (Paris-Rouen), prueba sobre 123 km. que se considera la antecesora de las clásicas de un día. Moore invirtió más de 10 horas en alcanzar la meta en primera posición.
Tras las primeras carreras, la simpatía y el entusiasmo por la bicicleta como deporte habían despertado el interés de una multitud de seguidores. Así, los Ollivier decidieron organizar una prueba de mayores dimensiones; un carrera que tuviera salida en una ciudad y llegada en otra. Una competición internacional y abierta a todo aquel que quisiera participar. El punto de inicio parecía claro: París.
Aquella iniciática París-Rouren transitó por caminos embarrados, atravesados por surcos formados por el agua y sembrados de piedras a cada metro. La plaza L’Etoile fue el escenario de la salida. Eran las ocho de la mañana del 7 de noviembre de 1869 y cien corredores pusieron rumbo hacia tierras normandas, hacia Rouen.
Diez horas y cuarenta y cinco minutos más tarde, James Moore alcanzaba la meta en las mismas tierras en las que había comenzado a disfrutar de la bicicleta. Había tenido que echar pie a tierra para superar algunas de las colinas que adornaban el recorrido, pero a unos metros de la victoria levantó el brazo sonriente, satisfecho y feliz.
Tras él, subieron al histórico podio los franceses André Castera y Jean Bobillier. James Moore se había convertido en el primer campeón de la historia del ciclismo.
A partir de ese momento, la organización de pruebas ciclistas comenzó a proliferar por tierras francesas y Moore, que amplió su palmarés con una buena colección de victorias, pasó a ser conocido como ‘el parisino volador’.
Tres décadas después de aquella primera carrera -en 1903- se celebró el primer Tour de Francia.

El logo del primer Tour de Francia en 1903.
La París-Brest-París (PBP)
El 6 de septiembre de 1891, París se despertó diferente. En el centro geográfico de la Belle Époque, se vivían tiempos muy interesantes a nivel cultural, pero también desde el punto de vista tecnológico: avanzaba la electrificación, se expandía el ferrocarril, y apenas un par de años atrás quedaba inaugurado uno de los mayores símbolos parisinos: La Torre Eiffel. Pero ese día había algo más. Un evento que marcaría un antes y un después en el ciclismo.
206 ciclistas se habían reunido en los Campos Elíseos para enfrentarse a una prueba que desafiaría los límites humanos. Concebida por Pierre Giffard, periodista, director del periódico Le Petit Journal y, apasionado por el ciclismo. Desde París hasta la bretaña francesa, la localidad de Brest, en la costa atlántica, y vuelta a la capital. Un recorrido de 1.200 kilómetros en una sola etapa, con la intención de superar la ya existente Burdeos-París, de 572 kilómetros. Más del doble. Una distancia nunca antes vista en el ciclismo competitivo. Insistamos en lo de “una sola etapa”. El ciclista que quisiera hacerse con la victoria, debería hipotecar su descanso, es decir, 1.200 kilómetros sin dormir. 75 horas pedaleando. Quizá más.
En las páginas de Le Petit Journal Giffard se describió la carrera como "una prueba suprema de valor y resistencia, un desafío que solo los hombres más duros podrán superar". Nacía la París-Brest-París. Con los años conocida como la PBP.
Tras ser anunciada en el periódico, se apuntaron más de 400 participantes. Una buena cifra, pero la madrugada del 6 de septiembre de 1891, solamente 206 estaban sobre sus bicis en la línea de salida. La meta de París tan sólo vio cruzar a 99 de ellos en el tiempo establecido, marcado en diez días como máximo.
El primer ganador 71 horas y 22 minutos. Ese fue el tiempo que tardó en realizar la PBP el ciclista Charles Terront. Durante todo ese tiempo sólo durmió una hora.
Fue celebrado por la prensa por todo lo alto. Le Petit Journal publicaba: "Terront no solo ha ganado una carrera, ha demostrado la capacidad de la bicicleta de ir más allá de los límites de la imaginación". Le Matin, otro importante diario de la época, describió la llegada de Terront como "un momento de gloria, donde el hombre y la máquina se fundieron en una sola entidad". Épocas en las que la prensa y la poesía iban un poco más de la mano.
Fue todo un éxito. Se comentaba en los cafés y los diarios estuvieron semanas hablando de la gesta. Sin embargo, no se volvió a organizar hasta 1901, año en el que se decidió que la PBP tuviera una periodicidad de 10 años.
Pero todo volvió a cambiar en 1931. Ese año, el Audax Club Parisien, conocidos por organizar eventos ciclistas de larga distancia, se hizo cargo de la PBP y puso en marcha la París-Brest-París Randonneur, una versión cicloturista de la prueba, que se celebra cada cuatro años y admite a ciclistas amateur de todo el mundo. La condición es realizar el recorrido, fichando en los puntos de control, sin apoyo externo y con un tiempo máximo de 90 horas.
No es una carrera como las demás. Deja huella. Es algo en lo que todos los participantes coinciden. Hay un antes y un después de una PBP. Ya no es sólo la distancia, o el límite de las 90 horas, sino la falta de sueño. Lidiar con el cansancio y un clima impredecible al mismo tiempo no es para cualquiera.
“Estoy completamente exhausto y al borde de las lágrimas” describía en plena carrera el ciclista Faher Hilarius, uno de los participantes de las últimas ediciones. “Solo quiero rendirme. Y quiero llorar. Y soy un hombre de cincuenta años que se hizo esto a sí mismo”.
En la actualidad, la París-Brest-París sigue siendo la prueba reina para los randonneurs. Atrae a miles de ciclistas de todo el mundo. Muchos de ellos están entrenando durante cuatro años por y para la PBP.
La edición de 2019, reunió a más de 6.000 ciclistas de 66 países. La cifra bajó considerablemente (3.000 inscritos) en 2023 debido, sobre todo, a restricciones de logística, seguridad de los participantes y algún que otro recuerdo a la pandemia que todos tenemos en nuestro recuerdo.
La siguiente edición de la PBP está programada para celebrarse del 22 al 26 de agosto de 2027.

Participantes en la París-Brest-París Randonneur.
El Ciclismo en España
Durante las últimas décadas del siglo XIX, el ciclismo se convirtió en un deporte muy extendido en España. Los primeros entusiastas del ciclismo eran miembros de la aristocracia, ya que la bicicleta era vista como una forma de distinción social.
Durante la primera mitad del siglo pasado, el ciclismo en España pasó de ser una actividad recreativa a considerarse un deporte. En la década de 1930, el ciclismo estaba viviendo un auge en toda Europa gracias al éxito de las grandes vueltas.
La primera edición de la Vuelta a España se celebró en el año 1935, tuvo un recorrido de 3.425 kilómetros y se dividió en 14 etapas.
Durante las cuatro décadas siguientes, el ciclismo español vivió una etapa de esplendor, con la consolidación de grandes figuras que comenzaron a competir y triunfar en las principales carreras internacionales. Federico Martín Bahamontes fue uno de los primeros grandes nombres del ciclismo español.
Miguel Indurain es, sin duda, el ciclista más importante de los años 90, y uno de los más importantes de la historia del ciclismo en España. El siglo XXI ha consolidado a España como una de las grandes potencias del ciclismo mundial. El ciclismo vivió una nueva época dorada. Alberto Contador es considerado uno de los mejores ciclistas de la historia en las grandes vueltas. Destacó por su estilo agresivo, su capacidad para atacar en la montaña y su fortaleza mental.
Alejandro Valverde es el ciclista español que mejor ha representado la constancia y la versatilidad en el siglo XXI. Fue un corredor capaz de adaptarse a cualquier tipo de carrera. Purito Rodríguez es uno de los ciclistas más espectaculares de su generación. A pesar de no haber ganado ninguna Gran Vuelta, se ganó el respeto del pelotón por su habilidad en las grandes montañas.
Tras la retirada de grandes figuras como Alberto Contador, Alejandro Valverde y Purito Rodríguez, el ciclismo español ha entrado en una etapa de renovación. Lo que está claro es que España sigue siendo un país con una gran cultura ciclista y una gran base de aficionados.

Miguel Induráin, uno de los ciclistas más importantes de la historia de España.
El Ciclismo en el Siglo XIX en España
En España es un fenómeno amateur que se produce con menores dimensiones que en el resto de Europa. La presencia adquirida del velocipedismo en España es reducida y aislada de unos pocos aficionados que compraron estas máquinas en el extranjero o las fabricaron de forma artesanal.
Una de las excepciones de esta época es Don Manuel Ricol que, se podría decir, es el decano del ciclismo Español por su labor aportada al ciclismo de la época. Éste, en sus horas libres paseaba con un reducido número de apasionados de la bicicleta por el parque del retiro. Además, fue el primero en realizar excursiones de gran distancia a lugares como El Escorial, Toledo, Alcalá de Henares o Barbastro. En dichas excursiones sufrió todo tipo de insultos y apedreamientos de las gentes del lugar que le consideraban como un brujo o pecador por el simple hecho de pasear con su velocípedo.
Se podría considerar a 1885 como el año del despegue del ciclismo Español ya que en este momento es cuando la Sociedad de Velocipedistas Madrileña triplica su número de socios y a su vez publica El Velocípedo que es la única Revista ciclista que existió hasta 1890; además de resaltar los aspectos más importantes del ciclismo como podían ser los tipos de Velocípedos, organización de un club, de excursiones e incluso carreras, etc., destacó la importante labor de la creación de nuevas sociedades.
En este sentido, en 1886 se crearon las Sociedades de Barbastro, Bilbao, Cádiz, Pamplona, Santander, Sevilla, Valladolid y Zaragoza. Con la labor de estas sociedades, se conformará la base del ciclismo en España durante el Siglo XIX. Asimismo, la prensa ciclista nació a finales del Siglo XIX con la colaboración de los ciclistas, con la necesidad de comunicarse entre ellos y engrandecer la importancia de este deporte. Por eso, los periódicos tendrán un papel fundamental en el inicio y desarrollo del ciclismo en España.
En conclusión, ciclismo y prensa, crecerán juntos gracias a que mantuvieron similares intereses ya que las publicaciones ciclistas contaban con la publicidad de la emergente industria de la bicicleta, es decir, que la prensa ciclista buscaba al principio un objetivo ideológico para pasarse después hacia un objetivo comercial.
Con la aparición y generalización de bicicletas cómodas y seguras con ruedas de igual tamaño, tracción por cadena y neumáticos hinchables parecidos a la bicicleta actual, dio comienzo la época de máximo auge para el Velocipedismo Español del Siglo XIX. Durante esta década, se amplía el nº de apasionados por la bicicleta, hasta llegar al punto más alto en los años 96 y 97 con la aparición de nuevas sociedades, la organización de salidas, excursiones y carreras, la publicación de revistas especializadas así como la construcción de novedosos velódromos.
Todavía estaba muy lejos de que se utilizará como un medio de locomoción al alcance de las clases populares: aunque será en esta década cuando llegará a utilizarse entre las clases medias responsables de su popularización y se irá dando a la vez una función más productiva al aplicarse la bicicleta para un uso postal y militar.
Por eso, en 1894 se dictó una Real Orden en la que se creaba el cuerpo de Carteros Velocipedistas con el que se conseguirá mayor rapidez y menor coste en el reparto de las cartas.
Del mismo modo, la bicicleta adquirió cierta utilidad en el servicio militar. Con anterioridad al año 1893, hubo diferentes ensayos para ver si daba resultado la bicicleta en el ejército. Dichos ensayos tuvieron éxito y el velocípedo se incorporó de forma definitiva al ejército con la Real Orden del 23 de febrero de 1893 en la cual, la sección del batallón de ferrocarriles trabajará de forma continua en el servicio de comunicaciones en maniobras y durante las diferentes guerras.
Otras Disciplinas del Ciclismo
Al margen de la modalidad de carretera, el ciclismo tiene en las dos últimas décadas un desarrollo notable en las restantes disciplinas, logrando incluso éxitos de unas cotas que jamás se alcanzan en la ruta, ya que se cosechan títulos mundiales y olímpicos.
Casi tan antiguo como el de carretera es el ciclismo en pista cerrada, que se desarrolla en velódromos. El piso de la pista, de forma ovalada, puede ser de asfalto, hormigón o cemento cuando es al aire libre y de madera cuando se compite bajo techo. La parte exterior de la pista o peralte debe ser elevada con respecto a la cuerda o parte interior, lo que permite a los ciclistas impulsarse y acelerar para conseguir altas velocidades con el menor riesgo.
Desde mediados del siglo XX se celebran estas carreras que se suelen practicar durante el invierno y cuyo recorrido alterna tramos en carretera o pista con otros de senderos de tierra o barro que obligan a los corredores a avanzar a pie cargando con su bicicleta para ir salvando los distintos obstáculos.
Sobre la base del ciclocross surge a finales de los setenta el mountain-bike o BTT (bicicletas todo terreno), que se practica con una bicicleta de ruedas más grandes y anchas y con una combinación en los cambios de piñón y plato que permite salvar todo tipo de obstáculos y cuestas.
Disciplina inventada en los Estados Unidos y que consiste básicamente en hacer motocross sin motor, esto es, dar una serie de vueltas a un circuito de tierra con diversas ondulaciones sobre una pequeña bicicleta con una sola marcha.
Variante proveniente asimismo del motociclismo, consiste en realizar un recorrido por terrenos naturales plagados de obstáculos, con el objetivo de no tocar el suelo con el pie, ya que gana el que menos penalizaciones acumula. Equilibrio, destreza y técnica se combinan en una disciplina que se practica con bicicletas pequeñas, sin cambios y de mucha maniobrabilidad.