Cangas de Onís y el Ciclismo: Una Historia de Épica y Paisaje

La naturaleza asturiana y sus montañas destilan historias, donde lo deportivo cobra un protagonismo especial. Este maravilloso entorno, enclavado en plenos Picos de Europa era digno de traspasar fronteras y fue el 2 de mayo de 1983, hace exactamente 30 años, cuando la vuelta ciclista a España llegó por primera vez a los Lagos de Covadonga.

Coincidiendo con el cuarenta aniversario de la llegada de La Vuelta a los Lagos de Covadonga, Cangas de Onís celebró esa efeméride de la mano del ciclista vizcaíno Marino Lejarreta, primero en vencer en esa emblemática etapa de montaña. Lo hizo un 2 de mayo de 1983, en un día para la historia tanto por la «epopeya» del 'Junco de Berriz' como por el descubrimiento del paisaje que supuso a nivel internacional gracias a la retransmisión de la prueba.

Los Lagos de Covadonga, un escenario emblemático en la historia del ciclismo español.

Un Impulso al Turismo

Para Hevia, aquella etapa supuso el «punto de inflexión» en el turismo de la zona y un dato lo avala: «En 1983 había en la comarca de Cangas once hoteles. Hoy hay 66». Y añadió que a esa cifra se suman los 400 alojamientos de otro tipo. «Fue un bombazo. El espacio era casi desconocido fuera y le dio un ámbito nacional e internacional», subrayó Hevia. El éxito fue tal que cuatro décadas después los visitantes se cuentan por miles y el acceso está regulado mediante el plan de transporte.

El paisaje hablaba por sí solo, pedía a gritos convertirse en emblema del Principado. Reunieron el millón de pesetas necesario para recibir a la Vuelta y fueron protagonistas de la primera ronda española televisada en directo. Tanto que se convirtió en etapa reina de la Vuelta a España, en jornada decisiva capaz de encumbrar a los grandes del ciclismo español y mundial.

Homenaje a la Historia y al Deporte

Además de para el análisis, la jornada de ayer sirvió para rendir homenaje al «hito» deportivo de aquella etapa. Lejarreta recibió el escudo del concejo cangués y está previsto que hoy suba a los Lagos acompañado de más ciclistas. También este fin de semana la mítica etapa pondrá el broche de oro a La Vuelta Femenina, que culminará mañana domingo con un recorrido de 93,7 kilómetros entre Pola de Siero y el espacio protegido.

Para el recuerdo queda su abandono en carrera, fue camino a Los Lagos de Covadonga, en 1996 cuando Miguel Induraín pegó sus últimas pedaladas. Las impresionantes pendientes de la subida a Los Lagos han dado hermosas jornadas de ciclismo. Han permitido ver a 15 ganadores en las 18 etapas repartidas en estos 30 años. Sólo un asturiano, Carlos Barredo logró, en 2010, ser profeta en su tierra. La épica del ciclismo, la orografía y la belleza de Asturias se conjugaron para llenar las cunetas de aficionados, para exportar esa imagen al mundo.

El ciclismo, un deporte que une la épica con la belleza del paisaje asturiano.

Un Alcalde Visionario: Toño Vega Díaz

Ahora que se conmemoran cuatro décadas de aquel hito, aprovechando la presencia de la Vuelta Ciclista a España femenina, quiero recordar la figura de una persona que lo dio todo en defensa del final de etapa de los lagos de Covadonga: Juan Antonio Vega Díaz, “Toño”, quien fuera alcalde de Cangas de Onís, fallecido el 15 de noviembre de 1988, a los 68 años de edad. Luchó lo indecible por esa etapa de la Vuelta y, ese citado ejercicio, el Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA), del que dependía el parque nacional, había negado la pertinente autorización para que se celebrase. Aquel tremendo disgusto afectó de pleno al regidor cangués.

La presión ejercida por la totalidad de profesionales de prensa, radio y televisión que cubrían la Vuelta Ciclista a España propició que el 6 de mayo de 1990, en el transcurso de la decimosegunda etapa (Oviedo-Santander), los enviados especiales de los Medios de Comunicación parasen unos breves minutos en El Portazgo (Cangas de Onís), para hacer entrega de un manifiesto a la alcaldesa María del Pilar Díaz Junco. “Asturias, España, nuestro ciclismo y el ciclismo internacional no deben verse privados de tal acontecimiento, cuya influencia en el balance de la carrera ha sido, años tras año, ciertamente importante”, exponían los periodistas y enviados especiales de La Vuelta.

Afortunadamente, el manifiesto hizo mella y en 1991 volvió a recobrarse el final de etapa en Los Lagos con victoria de “Lucho” Herrera, uno de los mejores escaladores del ciclismo mundial. Fue el 13 de mayo, y al día siguiente se disputó la etapa entre Cangas de Onís y el Alto del Naranco (Oviedo). Las cosas volvían a su cauce y el concejo cangués iniciaría su despeje turístico, con el añadido, tiempo después, de la visita de Su Santidad Juan Pablo II al santuario mariano de Covadonga y, por supuesto, también a esos parajes del actual parque nacional de los Picos de Europa. Lo demás ya es historia reciente, plagada de éxitos y grandes campeones dejando su estela, con letras de oro, en los míticos Lagos.

Por todo ello, aprovechando que el Sella pasa por Cangas de Onís, no quiero pasar la oportunidad de glosar a Toño Vega Díaz, uno de los mejores alcaldes de la historia de este concejo del Oriente de Asturias -y que me perdonen quienes no piensen igual-, un hombre que no entendía de siglas -era de Alianza Popular-, pues su partido era Cangas de Onís. Aún más, recuerdo que en una ocasión le quisieron imponer, desde Oviedo, unos nombres en su lista electoral y amenazó con renunciar. Al final, se salió con la suya, logrando una holgada mayoría absoluta. Era Toño.

Tras su muerte, en sesión plenaria celebrada en la Casa Consistorial de Cangas de Onís, bajo la presidencia de Pilar Díaz Junco, concretamente el 27 de diciembre de 1988, se acordó otorgar el nombramiento de hijo predilecto de la ciudad a Juan Antonio Vega Díaz, a título póstumo; concederle la medalla de oro del Ayuntamiento, dar al polideportivo su nombre -propuesta lanzada desde las páginas de LA NUEVA ESPAÑA por quien suscribe- y colocar un monumento en la Vega de Enol, en su memoria como homenaje “a su labor de promoción de la Vuelta Ciclista a España en Asturias”.

Por cierto, el monolito en memoria de Toño Vega Diaz fue inaugurado el 10 de mayo de 1989, en los aledaños de la carreterita que llevaba a Entrelagos, en un acto desarrollado horas previas a la llegada del primer ciclista, el gallego Álvaro Pino, triunfador de la etapa. Se trataba de la décimoseptima etapa, que arribó procedente de Santoña (Cantabria). Aquella ronda española la ganó, finalmente, Perico Delgado.

Héroes Locales y Nuevas Aventuras

Al cangués David González Palomares no se le pone nada por delante. Si acaso, el frío. Si en julio coronó la mítica cima del Tourmalet, habitual del Tour de Francia, el pasado fin de semana recreó la denominada "pequeña Vuelta Ciclista a Asturias", disputada hace cien años y que supuso la primera edición oficiosa de esta competición, que arrancaría ya de forma oficial en 1926.

Su primera intención fue completar el mismo recorrido que protagonizaron en 1925 los corredores: 231 kilómetros, pero en dos etapas, con un itinerario que partía de Gijón, pasaba por localidades como Pola de Siero, Infiesto, Villaviciosa, Colunga y Oviedo, y volvía a Gijón. A la vista de la distancia, las duras condiciones climatológicas que se aventuraban y el material con el que debía avanzar, había decidido dividir el trayecto en dos días, sábado y domingo, aunque los corredores de la "pequeña Vuelta a Asturias" lo hicieron en una única jornada, mañana y tarde, el 22 de noviembre de 1925.

Pero el frío pudo con este cangués, historiador de 27 años, que está a punto de defender su tesis doctoral y que es un apasionado del recreacionismo histórico. Soportó temperaturas de hasta 2 grados: "El frío que papé fue tremendo". Así que ha dejado la segunda etapa para más adelante. Para esta nueva aventura busco los atuendos que portaron los corredores hace cien años. Se decidió por uno de lana, que le pareció "muy interesante, porque de aquella época, los años veinte, había una moda que no había probado: un cuello alto y la abertura son unas líneas de botones en el hombro".

Claro que el frío fue tal que tuvo que pedalear "con cinco capas de ropa", y en algunas bajadas incluso con chubasquero por encima. Llevaba zapatos ciclistas, "con furaquinos, por lo que tuve que poner dos pares de calcetines. Eso fue lo que más me mató; tuve que parar dos veces a quitarme los zapatos y frotar los pies para calentarlos". El frío también desanimó a varios amigos que iban a acompañarlo en la aventura. "Viendo el mal tiempo se echaron atrás". De tal manera que pedaleó con la única compañía de su padre, que lo seguía con una furgoneta. Igual que en el Tourmalet, llevó el número 22, que hace un siglo portó un asturiano de Langreo, Nespral.

¿De dónde le viene su doble afición al recreacionismo y a la bicicleta? "El ciclismo siempre gustó mucho en casa. A mi padre le gustaba y verlo, aunque no lo practicaba. Yo empecé a correr con 15 años. En cuanto a la recreación, siempre me gusto mucho la historia, como a mi padre. Después, con 18 años, antes de empezar la carrera de Historia, me enteré de que hacían la recreación de Candamo, fui, y con el tiempo acabé siendo el máximo organizador, aunque ahora dejé la junta directiva".

Por otro lado, su investigación para un capítulo de un libro sobre la prensa deportiva asturiana (centrado en el ciclismo de 1914 a 1936) le llevó a profundizar en estas carreras históricas y, finalmente, a decidirse a comprar una bicicleta de la época y a vivir la experiencia en primera persona.

El caso es que la recreación y los hobbies empezaron a ir de la mano. "Yo hacía principalmente ciclismo y montaña, escalada y alpinismo… Siempre me gustó la historia de esos deportes, así que empecé a comprar material de montaña antiguo y a hacer montañismo de los años treinta, y con el ciclismo, lo mismo".

David González Palomares, que aunque es cangués de corazón vive a caballo entre Oviedo y un pueblo del concejo de Parres, Deu, situado muy cerca de Cangas de Onís (al otro lado del río Sella), asegura que hace todas estas cosas "por locura, porque me presta".

Vuelta España 1987 - Lagos de Covadonga

Otras Cumbres y Homenajes

A la llegada, el paisaje compensa el esfuerzo con alguna de las panorámicas más conocidas de los Picos de Europa: los lagos Enol y Ercina, de origen glaciar; cumbres como Santa María de Enol o Peña Santa de Castilla, o las majadas de los pastores. La Farrapona, en el somedano valle de Saliencia, ofreció en otras ediciones de la Vuelta a España un espectáculo deportivo y natural excepcional. En su momento fue una de las sorpresas más gratas del certamen para los participantes, y una ventana a los paisajes de Somiedo para los espectadores.

Este año habrá cimas que no vivirán la vuelta, pero su impronta y su belleza están inscritas por derecho propia en las páginas más épicas de la ronda española. El puerto de Coto Bello hizo su gran “debut mediático” ante España y el resto del mundo en la edición 2010 de la Vuelta Ciclista a España. Resultó ser la expresión del alma allerana: agrestres montañas, paisajes únicos, flora, fauna, berrea, historia, vistas excepcionales, espíritu minero y luchador, gastronomía de caza y de cuchara, buenas carnes y embutidos, postres únicos como el panchón…Mucha personalidad. Coto Bello se conoce también como cima “Chechu Rubiera”, en homenaje al ciclista gijonés que tanto se entrenó en ella y que la dió a conocer.

Todo esfuerzo tiene su recompensa. Tal afirmación le viene como anillo al dedo a José Antonio Fernández Álvarez, de 63 años, natural de Cangas de Onís, del barrio El Lleráu, que hoy asistió como un alumno más al acto de graduación en Historia y Patrimonio por la Universidad de Burgos, en la que ha cursado estudios.

"Toni Adelmo", como le conocen sus amigos y convecinos cangueses, comenzó hace una década a estudiar on-line, en un primer momento Humanidades en la Universidad de La Rioja, aunque, posteriormente, se pasó a Historia y Patrimonio en la de Burgos, tras lograr convalidar varias asignaturas. Ahora, culminada su graduación, se siente profundamente satisfecho trashaber hecho su sueño realidad. "Sí, sí, ... Sin prisa", explica con una carcajada esos diez últimos años que empleó en sus estudios universitarios.

Hijo de Adelmo Fernández Rodríguez y Leonor Álvarez Fuentefría, ambos ya fallecidos, quienes se habían asentado en Cangas a mediados de la década de los 50 del siglo pasado procedentes de un pueblo de Ourense, Toni Fernández pertenece al gremio de la relojería y joyería, con local propio en la villa canguesa, negocio en el que empezó de joven, con apenas 18 años, ayudando a sus padres y que acabó siendo su profesión, en la que lleva cuatro décadas.

En1986, Toni Fernández fundó el Club Cangas de Onís Atletismo, junto con José Fuente Olmo y Juanma Piñán. Los tres eran aficionados a participar en carreras populares. Toni ya había corrido su primer maratón en 1985. Después, en 1988, pusieron los cimientos a la actualmente consolidada como una de las mejores medias maratones de todo el país: la Ruta de la Reconquista, que se celebra cada último sábado de mayo.

En 2012. Toni Fernández, junto a Arcadio Díaz y José Luis Blanco Teleña, decide sacar adelante el Club Cangas de Onís Ciclismo. Atletismo y ciclismo fueron las disciplinas deportivas que le apasionaron desde siempre. Ambas conforman el duatlón, una especialidad en la que Toni fue campeón de Asturias veterano en sprint, en dos oportunidades, y campeón de Asturias preveterano en montaña (1996).

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