La historia de Eibar está intrínsecamente ligada al ciclismo, una tradición que se remonta a principios del siglo XX. Esta localidad guipuzcoana se erigió como la capital indiscutible de la industria ciclista en España, un fenómeno nacido de una asombrosa reconversión industrial.

Ubicación de Eibar en el mapa.
Los Comienzos del Club Ciclista Eibarrés
La sección semanal dedicada a la Historia en 'Hoy por hoy Eibar' se ha centrado en esta ocasión al casi centenario Club Ciclista Eibarrés. La historia hallada se remonta a los comienzos del s. Es la primera entrega dedicada a este club de Eibar que se fundó entre 1926 y 1927.
El tesón y el espíritu emprendedor de aquellos eibarreses no quedó ahí. No tardaron en percatarse de que Eibar, nuestra querida ciudad, necesitaba además enriquecerse con el bello espectáculo que proveen las carreras ciclistas.
Desde su inicio pasaron años en que el Club Ciclista Eibarrés se involucrara en tareas organizativas, aunque en Eibar también tenían lugar pruebas ciclistas organizadas bajo la tutela de la Unión Deportiva Eibarresa.
Para conocer más detalles sobre la historia del club, además de contar con nuestra colaboradora Nerea Alústiza, hemos conversado con Joxe Aranberri, ex presidente y uno de los miembros destacados del club desde 1964.
A lo largo de la conversación hemos conocido que el club originariamente llevaba el nombre de GAC, una de las empresas emblemáticas de la fabricación de bicicletas en Eibar. Según Aranberri nos ha contado, el objetivo inicial del club era impulsar el uso de la bicicleta a nivel popular y que las personas utilizaran ese modo de transporte para moverse por la localidad.
En los primeros años, el Club Ciclista tuvo equipo propio y se inició en la organización de carreras. Al margen de las secuelas dejadas por la guerra, deportivamente hablando podemos decir que en 1941 se respiraba un aire de optimismo controlado.
Nuestro Club organizó una nueva edición del Gran Premio San Juan que, durante algunos años, consistió hasta de 3 etapas. A pesar de que como hemos dicho anteriormente el Club Ciclista Eibarrés-GAC se dedicaba prioritariamente a mantener equipos ciclistas, es a partir de 1931 cuando conjuntamente con la Unión Deportiva Eibarresa, organizó para nuestras fiestas patronales lo que llegaría denominarse Gran Premio San Juan, que aún perdura en nuestro calendario.
Más adelante, año 1932, en conmemoración del primer aniversario de la proclamación de la República, se organizó el denominado Gran Premio de la República.
Triste y largo paréntesis a partir de esta fecha (1936-1939). El horno no estaba para bollos; no era para menos.
A duras penas comenzó la reorganización.
El Gran Premio Bicicleta Eibarresa
A primeros de la década de los 50, algo en el ambiente hacía prever que en Eibar, la ciudad ciclista por antonomasia, se estaba fraguando algo muy especial. Se estaba acercando la fecha que correspondía conmemorar un aniversario.
A partir de 1952 el Gran Premio Bicicleta Eibarresa, prueba ciclista que era auténtica admiración en el mundo txirrindulari, y hasta el año 1968, fue organizada bajo este título exclusivo.
No obstante el Club Ciclista Eibarrés organizaba otras carreras de menor envergadura y coste económico.
1952. de la nieve. Hortensio Bidaurreta que cubrió los cerca de 8 km. por la radio: Tour de Francia, Giro de Italia etc. al tratarse de una prueba de envergadura como la Bicicleta Eibarresa.
Fue tal la importancia que adquirió la bicicleta que varias carreras surgieron a su calor y del Club Ciclista Eibarrés, que dirigió Eulogio Gárate, quien capitaneaba el club al mismo tiempo que sorteaba la gestión de la mítica GAC.
Y así en los años cincuenta, con la población restablecida de los trances de la Guerra Civil, Eibar creó la Bicicleta Eibarresa, una carrera que sin duda plasmaba el enorme valor que este producto tenía para la villa que para siempre se llamará armera.
También se creó la subida a Arrate con las vedettes de la época jugándose la suerte en una carrera explosiva. Eran años de opulencia para el ciclismo, seguido en masa, parando poblaciones enteras.
Tan importante era el impacto que en las fábricas se decretaba descanso al paso del pelotón, dándose la circunstancia de ver densos pasillos azules marcando la ruta, pues los obreros, enjutos en su buzo fabricado en Bergara, salían a ver pasar a los Viejo, Ocaña, Anquetil y Merckx.
En la Eibar de entonces fueron míticas la pista desmontable de Ipurua, las llegadas de la Vuelta a España y los no pocos campeonatos de España de ciclocross que se dirimían por laderas generalmente embarradas y a veces abnegadas de nieve.
Con el paso de los años, la Bicicleta Eibarresa fue parte de la Vuelta al País Vasco. Al tiempo se volvió a emancipar, llamándose Bicicleta Vasca y abriendo el círculo geográfico, pero siempre con Arrate como fin de fiesta.
Posteriormente, la XVIII. Bicicleta Eibarresa y la IX.Vuelta al País Vasco se unificaron en el año 1969 hasta el año 1973.
Así, rara era la edición de la Vuelta a España que no atravesaba Eibar. En el año 1959, se corrió la contra-reloj Eibar-Vitoria en la que participó el mito por excelencia del pelotón mundial: Fausto Coppi.
Los eibarreses pudieron ver in situ al gran corredor transalpino, cuya figura aún perdura en la memoria de muchos. Igualmente, la etapa Bilbao-Eibar de la edición del 63 tuvo como vencedor a Jacques Anquetil.
Otros momentos importantes fueron la unión de la 'Vuelta al Pais Vasco-Bicicleta Eibarresa', que duró hasta 1973, cuando llegó un momento de ausencia, para recuperarse en 1987, con la Bicicleta Eibarresa.
Tiempos Difíciles y Resurgimiento
El periodo 1974-1977 fue durísimo para el ciclismo y los clubes que lo arropan en nuestra ciudad. No hay motivación. No hay ilusión. No hay ánimo.
A duras penas, con mucho sacrificio, se siguieron organizando carreras en categorías inferiores. La desgana y el desánimo fueron haciendo mella, y el ímpetu organizativo se desvanecía poco a poco.
El Club Ciclista Eibarrés, aprovechando las páginas de la revista editada con motivo del Memorial Valenciaga, lanzó un S.O.S. De allí a unos meses la llamada obtuvo respuesta positiva.
Fuerzas renovadas, optimismo, juventud, voluntad y buenas intenciones florecieron de nuevo en nuestra localidad.
En 1978 comenzó una nueva andadura; una nueva etapa en la vida del Club Ciclista Eibarrés que no ha parado hasta nuestros días.
El acuerdo contraído entre el Club Deportivo Eibar y Club Ciclista Eibarrés, al que más adelante se uniría ETB, ofrece una visión organizativa.
En 1990, E.T.B. Euskal Bizikleta que es como se la conoce en la actualidad.
El Legado de José Luis Valenciaga
Gracias a los clubes citados, Eibar ha sido -y sigue siendo- el pueblo con más capacidad de organización de pruebas de carácter internacional como: la extinta Euskal Bizikleta, fusionada con la Vuelta al País Vasco, para profesionales y el Memorial Valenciaga en la categoría de aficionados, carrera organizada en memoria de José Luis Valenciaga uno de los grandes impulsores del ciclismo; presidente de la Federación Guipuzcoana de Ciclismo.
José Luis Valenciaga Juaristi (1923-1972), quien ostenta el privilegio de ser homónimo de la mejor carrera del campo amateur en el Estado, fue el Presidente del Club Ciclista Eibarrés entre los años 1962-1967 y presidió, también, la Federación Guipuzcoana de Ciclismo.
Su muerte súbita mientras presenciaba en el Estadio de Ipurúa un partido del Eibar S.D. desoló a las gentes la Ciudad Armera.
Eibar: Cuna de la Industria Ciclista
Es probable que, al evocar la infancia o la juventud de gran parte de los españoles del siglo XX, la imagen de una bicicleta con las siglas BH, Orbea o GAC aparezca nítida en el recuerdo. Eran las compañeras inseparables de veranos, las protagonistas de las primeras pedaladas y, para muchos, el primer medio de transporte propio. Lo que quizás no tantos sepan es que estas icónicas máquinas de dos ruedas compartían un origen común: la villa armera de Eibar, en Guipúzcoa.
La historia de Eibar está forjada en el metal, pero no siempre en el de las bicicletas. Desde el siglo XV, la localidad era un referente en la fabricación de armas, una tradición que la convirtió en un núcleo industrial de primer orden. Empresas como Orbea Hermanos (fundada en 1840), Gárate, Anitua y Compañía (GAC, 1892) y Beistegui Hermanos (BH, 1909) eran pilares de esta industria armamentística, exportando pistolas y revólveres a todo el mundo.


Logotipos de BH y Orbea, marcas icónicas nacidas en Eibar.
Sin embargo, el final de la Primera Guerra Mundial y la posterior crisis económica de los años 20 provocaron una drástica caída en la demanda de armamento. Ante un futuro incierto, estas empresas eibarresas demostraron una increíble capacidad de adaptación.
El conocimiento y la maquinaria utilizados para fabricar los cañones de las armas eran perfectamente aplicables a la producción de los tubos de los cuadros de bicicleta. Así, lo que fue una crisis, se convirtió en una oportunidad de oro.
BH comenzó a fabricar bicicletas en 1923, GAC le siguió en 1925 y Orbea se sumó en 1930, compaginando durante un tiempo ambas producciones. Pronto, las bicicletas pasaron de ser una línea de negocio secundaria a su principal actividad. Eibar se llenó de talleres que, aprovechando la inercia, se especializaron también en componentes: sillines, cadenas, piñones o platos, creando un ecosistema industrial completo en torno a la bicicleta.
Durante décadas, estas marcas no solo dominaron el mercado nacional, sino que se convirtieron en parte del imaginario popular. Modelos como la BH Gacela o su versión plegable, perfecta para cargar en el maletero del coche camino a las vacaciones, son símbolos de toda una época. GAC, por su parte, no solo dejó huella con sus bicicletas, sino que también fabricó el popular ciclomotor Mobylette bajo licencia.
El Ciclismo como Escaparate Mundial
Las empresas eibarresas entendieron rápidamente que el deporte era el mejor escaparate. Invirtieron decididamente en la creación de equipos ciclistas profesionales que llevaron sus marcas a lo más alto. BH, por ejemplo, puede presumir de que el ganador de las dos primeras ediciones de la Vuelta a España, el belga Gustave Deloor, cruzó la meta sobre una de sus bicicletas en 1935 y 1936.
Este compromiso con la competición no solo impulsaba las ventas, sino que ayudó a popularizar el ciclismo en España, creando una afición que perdura hasta hoy.
El auge fue tal que las fábricas originales de Eibar se quedaron pequeñas. A partir de la década de los 50 y 60, empresas como BH y Orbea trasladaron su producción a nuevas y más modernas instalaciones en Vitoria y Mallabia, respectivamente, para poder satisfacer la creciente demanda.
También queda la memoria colectiva: Eibar alberga el Museo de la Industria Armera, donde se documenta la transición de la fabricación de armas a las bicicletas. Es un recordatorio de cómo una comunidad fue capaz de adaptarse, reinventarse y dejar una huella imborrable en la historia de la movilidad en España.
Aunque la globalización y la competencia de mercados asiáticos golpearon duramente a la industria en las últimas décadas del siglo XX, llevando al cierre de GAC, el legado de Eibar pervive. Orbea y BH no solo han sobrevivido, sino que se han reinventado como marcas globales, referentes en el ciclismo de alta competición y en las nuevas tendencias como las bicicletas eléctricas.