Los más apasionados al mundo del ciclismo no les sonará nada rara la carrera París-Roubaix, una de las joyas de este deporte. En este artículo explicaremos el origen y las particularidades que hacen de esta carrera una de las más atractivas de seguir del ciclismo. La clásica París-Roubaix es una de las carreras más icónicas del ciclismo, donde las bicicletas de carretera modernas se enfrentan a carreteras del siglo XIX. Considerada el Monumento ciclista por excelencia, esta prueba se celebra cada año en el norte de Francia, cerca de la frontera con Bélgica.
Conocida como El Infierno del Norte, la París-Roubaix desafía a los ciclistas con un recorrido de aproximadamente 250 km, de los cuales 50 km transcurren por exigentes tramos adoquinados. Aunque es una prueba diseñada para el ciclismo en ruta, la París-Roubaix comparte algunas similitudes con las rutas de bicicletas de montaña, ya que exige una gran destreza técnica para mantener el control sobre superficies irregulares.

Mapa de la París-Roubaix. Fuente: Wikipedia
Orígenes de la Carrera
Empezamos por el inicio. La París-Roubaix nació en 1895 gracias a dos empresarios textiles de la región de Roubaix: Théodore Vienne y Mauricio Pérez (de ascendencia española). Impulsaron la construcción de un velódromo y decidieron crear una carrera ciclista para promocionarlo. Arrancaría de París y acabaría en La Ciudad de las Mil Chimeneas. De este modo llamaban a Roubaix a finales del siglo XIX, merced a su vigor industrial.
Contaron con el apoyo del periódico deportivo Le Vélo. La primera edición de esta carrera data de 1896 y, como el Tour de Francia, su nacimiento se debe a un periódico deportivo, ‘Le Veló’. Así fue como en 1896 salió un pelotón de ciclistas de Bois de Boulogne, en el norte de París, hasta el municipio de Roubaix, a 300 kilómetros. En su origen, se concibió como un entrenamiento para la Burdeos-París (600 km), que era la carrera más famosa de la época. El primer ganador fue el alemán Joseph Fischer. Llegó a meta con 25’ de ventaja sobre el segundo clasificado, tras un recorrido de 280 km, a una media de 30 km/h.
Hoy en día, esta histórica carrera tiene una fecha fijada: el segundo domingo del mes de abril, una semana después del Tour de Flandes.
Tramos de Pavé: El Alma de la París-Roubaix
Best of: Paris - Roubaix | The Hell Of The North (English subtitles)
Lo que hace especial la París-Roubaix son los cerca de 50 kilómetros de pavé que componen la ruta. El drama de la Paris Roubaix discurre en sus tramos de pavés. En números redondos, son 30 sectores de adoquines. Ninguno llega a los 4 km, pero todos se hacen eternos. Espaciados en diferentes tramos durante los últimos dos tercios de la prueba, el terreno irregular dificulta enormemente el pedaleo en bicicleta de carretera, a lo que se suma normalmente que casi siempre llueve durante la prueba, o ha llovido en días o horas anteriores.
La mezcla de terreno irregular, polvo, arena, barro, caídas multitudinarias y carrera de un día hacen que sea una prueba televisivamente muy atractiva. Los 50 kilómetros de pavé están divididos en varios tramos, categorizados según su dureza con hasta 5 estrellas.
Ésta categorización se establece en función del trazado del tramo, de su distancia (algunos de hasta casi 4 kilómetros) y del estado en que se encuentre el pavés. Los tramos con adoquines están diferenciados según dificultad: cuatro o cinco estrellas. Esta categoría está relacionada con el tipo de tramo, la distancia y el estado del terreno. Si a todo esto le añadimos la humedad y la constante lluvia del norte de Francia, se complica todavía más el esfuerzo de los ciclistas.
Entre los más conocidos está el Bosque de Arenberg y el Carrefour de l’Arbre, ambos, junto al tramo de Mons-en-Pévèle, los únicos calificados con 5 estrellas. El tramo del Bosque de Arenberg, casi tragado por la vegetación, es uno de los símbolos de la carrera. Bien es cierto que su presencia en la prueba data de 1968, una edición ganada por Eddy Merckx. Es el primero de los tres sectores de cinco estrellas. Aunque se sitúa a 100 km de meta, suele provocar la primera gran selección. No es el tramo más largo (2,4 km), pero los adoquines parecen como esparcidos al azar. Muchos ciclistas apuran las cunetas para salvarlos y las caídas son frecuentes. Suele decirse que en Arenberg no se gana la Roubaix , pero sí es el lugar donde más de uno la pierde. Por aquí la ruta discurre bajo el viaducto, por donde circulaban los trenes de carbón en tiempos ya lejanos.
El segundo tramo de cinco estrellas es Mons-en-Pévèle. Tiene 3.000 metros de longitud y se encuentra a 50 km de meta. Digamos que marca el principio del fin del Infierno del Norte. Un trazado endiablado con curvas de noventa grados añade todavía más dramatismo.
Situado a apenas 15 km para el final, el Carrefour de l'Arbre es el último tramo cinco estrellas que los ciclistas afrontan después de un trayecto agotador.

Ciclistas afrontando un tramo de pavé en la París-Roubaix. Fuente: Esciclismo
Aunque no son de cinco estrellas, existen más tramos que merecen un comentario. Uno de ellos es Troisville, el primer tramo adoquinado de la carrera. Por esta razón, resulta nervioso. Los corredores buscan su posición y la tensión se corta con cuchillo. Es un tramo descendente, por lo que la velocidad es alta y los pinchazos son frecuentes. Otro sector destacable es Orchies. Situado a unos 60 km para meta, no es especialmente largo (1,7 km), pero la piedras aquí son bestiales. Los ciclistas deben negociarlas entre la multitud, las curvas y la nubes de polvo, lo cual genera estampas de verdadero caos.
Y por último, no hay que olvidar la entrada en zona de meta. La finalización se da en el Velódromo de Roubaix, donde se entregan los premios, pero los corredores tienen que completar una vuelta entera al anillo antes de finalizar. Un anillo, por otra parte, un tanto destartalado que se llena de luz una vez año. La guerra hizo aquí de las suyas: la pista de madera quedó destrozada y fue sustituida por cemento.
Interrupciones y Apodos
Con más de 100 años en sus espaldas, esta carrera solamente se ha interrumpido en tres ocasiones a lo largo de su historia. Como no podía ser de otra manera, durante la Primera (1915-1918) y Segunda (1940-1942) Guerra Mundial. La tercera ocasión fue en 2020.
La París-Roubaix tiene dos apodos muy significativos y curiosos. Primero, la ‘clásica entre las clásicas’ debido a su antigüedad y a toda la historia que la rodea.
La carrera suele llamarse el 'infierno del norte': curiosamente, el nombre no procede de las duras condiciones de la prueba, especialmente complicadas en días de lluvia (como se prevé para este domingo, 7 de abril), sino de lo que se encontró el periodista Victor Breyer cuando fue a reconocer la zona en 1919, después de la Primera Guerra Mundial."Nos adentramos en pleno campo de batalla. No queda un solo árbol. Está todo arrasado. No queda un solo metro de terreno que no esté levantado. No se ve más que un cráter tras otro. ¡Esto es un infierno!".
Efectivamente, la zona norte de Francia sufrió más que ninguna otra del país las consecuencias de la guerra, con las batallas de Verdún, el Somme, Arras o Cambrai como grandes ejemplos.
Datos y Curiosidades
A modo de curiosidad, los corredores belgas se han hecho suya esta carrera. Curioso, aunque no extraño del todo teniendo en cuenta la proximidad de Roubaix con Bélgica, a pocos kilómetros. De las 118 ediciones que se han disputado, Bélgica se ha llevado 57 veces la carrera, mientras que los franceses solamente 28.
En la misma línea, los dos corredores que más veces se han llevado la París-Roubaix son Roger De Vlaeminck (ganador en 1972, 1974, 1975 y 1977) y Tom Boonen (2005. 2008, 2009 y 2012), ambos belgas. En los últimos años ha habido más variedad de ganadores: Philippe Gilbert (belga, 2019), Peter Sagan (eslovaco, 2018), Matthew Hayman (australiano, 2016), John Degenkolb (alemán, 2015) o Niki Trepstra (holandés, 2014).
Si la París-Roubaix es leyenda del ciclismo, lo es gracias a sus actores principales: los ciclistas. Históricamente, los belgas han sido dominadores, con 57 victorias de las 118 ediciones celebradas. Belgas son Roger De Vlaeminck y Tom Boonen, los únicos que han conseguido vencer cuatro veces. Tras ellos, franceses (28 victorias), italianos (14), neerlandeses (6) y suizos (4).
¿Y qué pasa con los españoles? Digamos que los Monumentos ciclistas no han sido terreno abonado para ellos. Y una prueba tan específica como la París-Roubaix, todavía menos.
La labor de las personas voluntarias en esta prueba es esencial. Les Amis de Paris-Roubaix es el nombre de una asociación cuyo objetivo es preservar los adoquines de la París-Roubaix. Las labores de mantenimiento son imprescindibles. Buena parte del empedrado es zona de uso agrícola que sufre con el hielo, las lluvias, el paso de tractores, etc. El pavés del Infierno del Norte está declarado Patrimonio Cultural de la región de Hauts-de-France. Sin embargo, ello no impide que el robo de adoquines sea habitual a lo largo de todo el año. Cada primavera, Les Amis de Paris-Roubaix, con la ayuda de algunas escuelas de formación profesional, se ocupa de reponer los adoquines, cuyo peso ronda ¡los 5 kg! Casi nada. Durante el resto del año, la asociación realiza una intensa labor divulgativa a través de diversas publicaciones.
En 1928, construyeron al aire libre las duchas de la escuela de Roubaix. Las edificaron junto al velódromo donde acaba la prueba y hoy son un lugar de culto para los amantes del ciclismo. En los años 90, los autobuses de los equipos con ducha incluida se fueron generalizando. Hasta entonces, buena parte del pelotón aguardaba su turno para limpiarse la mugre justo después de la carrera. Hoy siguen siendo utilizadas por algún que otro corredor nostálgico empeñado en mantener la tradición. Philippe Gilbert (ganador en 2019) suele recordar que en su debut en la París-Roubaix (2007), su director de equipo en FDJ (Marc Madiot) obligó a todos sus ciclistas a pasar por esas duchas "para vivir una parte de la historia del ciclismo".
El trofeo de la Paris Roubaix es un adoquín. De trofeo, cómo no, se recibe una réplica de los adoquines, del camino que han tenido que superar para ganar.
Ganadores Destacados
Algunos de los ciclistas más emblemáticos que han dejado su huella en la París-Roubaix incluyen:
- Roger De Vlaeminck (Bélgica): Apodado Monsieur Paris-Roubaix, comparte con Tom Boonen el récord de cuatro victorias (1972, 1974, 1975 y 1977). Es considerado el maestro indiscutible de la prueba. Hábil estratega y consumado corredor de ciclocross, se retiró en 1988.
- Tom Boonen (Bélgica): Sin duda, uno de los mejores corredores de clásicas de la historia del ciclismo. Consumado especialista en carreras con adoquines, ganó cuatro veces la París-Roubaix (2005, 2008, 2009 y 2012). También se llevó el Tour de Flandes en tres ocasiones y fue campeón del Mundo en ruta. Su palmarés es inmenso: el Roger De Vlaeminck de los tiempos modernos.
- Rik Van Looy (Bélgica): Ganador de tres ediciones (1961, 1962 y 1965) es el único ciclista de la historia que fue capaz de vencer en los cinco Monumentos. Ni siquiera Merckx pudo lograrlo. Venció su última Roubaix cuando todos lo daban por acabado. Pero su mejor actuación se produjo en una edición que no ganó, en 1967. Diez corredores llegaron al velódromo de Roubaix para disputar la victoria. Entre ellos, tres campeones del mundo: el holandés Jan Janssen, el alemán Rudi Altig y el propio Van Looy. Y por si fuera poco, también otro que ganaría el Mundial ese mismo año: Eddy Merckx.
- Eddy Merckx (Bélgica): El Caníbal ganó tres París-Roubaix (1968, 1970 y 1973). Lo que era normal para él, era sobrenatural para el resto de ciclistas. En una carrera que a veces se decide por centímetros, Merckx ganó en 1970 por más de cinco minutos: la mayor diferencia lograda por un ganador desde la Segunda Guerra Mundial. Y se impuso, precisamente, al gran Roger De Vlaeminck.
- Bernard Hinault (Francia): El ciclista bretón, ganador de cinco ediciones del Tour de Francia, se llevó la París-Roubaix en 1981. Sin embargo, fue el autor de una de las citas más celebres de esta carrera. "La París-Roubaix es una mierda", dijo tras su victoria. En esa edición sufrió tres caídas, una de las cuales fue provocada por un perro.
- Fausto Coppi (Italia): Segundo en las ediciones de 1952 y 1955, el campeón italiano no se prodigó demasiado en Roubaix. Sin embargo, en 1950 aplastó a todos con su talento, rompiendo el pelotón en mil pedazos.
- Fabián Cancellara (Suiza): Espartacus ganó tres ediciones de la París-Roubaix (2006, 2010 y 2013). Para el recuerdo su exhibición de 2010. A 50 kilómetros para meta, se marchó en solitario del pelotón de favoritos, atrapó a un grupo de fugados y llegó en solitario a Roubaix con más de dos minutos de renta sobre Thor Hushovd y Juan Antonio Flecha. Portentoso.
- Gilbert Duclos-Lassalle (Francia): El suyo es el claro ejemplo de una historia de amor con la París-Roubaix. En su primer año como profesional (1980) ya fue segundo. Desde entonces, siempre fue considerado candidato al triunfo. Pero este no llegaba. No fue hasta el final de su carrera cuando por fin alcanzó su sueño, a la edad de 38 años. Y lo hizo por partida doble: en 1992 y 1993.

Algunos de los ganadores más emblemáticos de la París-Roubaix. Fuente: BekiaSalud
Tabla de Ganadores Recientes (2014-2024)
| Año | Ganador | País |
|---|---|---|
| 2014 | Niki Terpstra | Países Bajos |
| 2015 | John Degenkolb | Alemania |
| 2016 | Matthew Hayman | Australia |
| 2017 | Greg Van Avermaet | Bélgica |
| 2018 | Peter Sagan | Eslovaquia |
| 2019 | Philippe Gilbert | Bélgica |
| 2020 | Cancelada | Cancelada |
| 2021 | Sonny Colbrelli | Italia |
| 2022 | Dylan van Baarle | Países Bajos |
| 2023 | Mathieu van der Poel | Países Bajos |
| 2024 | Mathieu van der Poel | Países Bajos |
Conclusión
La París-Roubaix es mucho más que una carrera ciclista; es una prueba de resistencia, habilidad y determinación. Su historia rica, sus tramos de pavé desafiantes y sus ganadores legendarios la convierten en una de las competiciones más emocionantes y respetadas del mundo del ciclismo. Cada año, ciclistas y aficionados esperan con ansias el segundo domingo de abril para presenciar una nueva edición del "Infierno del Norte".