Triciclo Parlante: Funk Rock Chileno y Crítica a la Industria Musical

A mediados de la década de los noventa, en Chile surgió una potente ola de bandas musicales que adoptaron el funk como sonido predominante. Los Tetas, Chancho en Piedra y Cholomandinga son solo algunos de los principales referentes que marcaron la pauta, tomándose los escenarios del país.

Aunque actualmente el género ha sido desplazado por lo urbano y el pop, todavía quedan bandas como Triciclo Parlante que siguen apostando por el vibrante estilo del funk rock. Creada en 2019, por Cristian “Chiris” Verdugo (guitarra) y Diego Ellwanger (voz), ambos exintegrantes de la exitosa agrupación juvenil Madvanna, el dúo ya lanzó su primer álbum de estudio “Paisaje” en 2020, y este año vuelven para presentar su segundo trabajo, un EP de 6 canciones originales titulado “Épica”.

Épica: Un EP Lleno de Crítica y Experimentación

El Extended Play está compuesto por: “Frenético”, “Maldita Canción de Amor”, “Lluvia de Viernes”, Santos”, “Baja un Cambio” y “Sin Fama ni fortuna”. Esta última explora el lado más rock y experimental del dúo, con un segmento instrumental donde los ritmos latinos se toman el puente de la canción. La letra es una crítica a la vanidad dentro de la industria musical chilena, en la que algunos artistas ven luces y fama inexistente, y con sus acciones refuerzan el individualismo de la sociedad actual.

“Épica” contó con la producción del guitarrista de Triciclo Parlante Cristián "Chiris" Verdugo en estudios Fi Music, y la participación de destacados músicos nacionales como Nikos Alvear y Peter Contreras (Moral Distraída), el bajista David Moena, el tecladista Tomás Cordero (LHMG), el baterista Joaquín Verdugo (en las canciones “Sin Fama ni Fortuna” y “Frenético”) y el virtuoso saxofonista nacional Andrés Pérez en la canción "Frenético".

El lanzamiento de su nuevo trabajo será con un show en vivo el día viernes 9 de junio en Club Subterráneo. Las entradas están disponibles por sistema Passline.

Entrevista con "Chiris" Verdugo

En Palco conversó con “Chiris” Verdugo sobre el nuevo EP de Triciclo Parlante “Épica”, además del origen de la banda, el sonido funk, y mucho más.

¿Cómo nace este nuevo EP?

Nace de las ganas de sacar más música, que es como también nace Triciclo Parlante. Nace de las ganas de crear canciones. Con Diego estábamos en otro proyecto antes de Triciclo y eran un poco más calmados para este tema de hacer música. Y con el Diego en un momento dijimos: “hagamos canciones juntos y, por último, las dejamos ahí guardadas para el futuro, no más”. Y así nació también este segundo trabajo discográfico. De las ganas de hacer canciones nuevas, de decir cosas, de probar cosas nuevas. Yo soy productor musical, entonces también tengo hambre de probar cosas nuevas.

Cuéntame un poco de “Sin Fama ni Fortuna” ¿de qué se trata?

La letra de “Sin fama ni fortuna” es como una crítica a los chaqueteros de la industria misma. Hay mucha buena onda en persona, siempre todos son muy cariñosos, pero pasa mucho también que en carretes o vaya a saber donde, empiezan a salir los chismes.

Paisaje: El Comienzo de Triciclo Parlante

Diego Ellwanger y Cristián Verdugo forman Triciclo Parlante y “Paisaje” es su álbum debut. Con nueve temas inéditos, el dúo nacional viaja por distintos estilos musicales, protagonizados por el funk, el soul y el rock. El disco “Paisaje” es un trabajo que se comenzó a gestar a comienzos del año 2019, luego del receso indefinido de Madvanna, proyecto que integraron Ellwanger y Verdugo desde el año 2011, y donde también participó Tomás Cordero, ahora a cargo de varios teclados del disco de Triciclo Parlante.

En esta producción, además de Diego (voz) y Cristián (guitarra), participaron los músicos Don Cupón de Sondelvalle, Peter Contreras y Nikos Alvear de Moral Distraída y José Miguel Tejeda de Chumbekes, además de los tecladistas Tomás Cordero, Darío Gómez e Ismael Cornejo, el bajista David Moena y los coristas Constanza “Afra” Cid e Ignacio Pozo. Es precisamente lo diverso de estas colaboraciones lo que permiten la interesante mezcla de estilos con la que están conquistando al público.

“El miserable”, “Caminos plásticos”, “Nunca nos fuimos” y “Luciérnagas” son los singles con los que fueron adelantando este lanzamiento. Durante este año además, publicaron en YouTube una sesión en vivo con banda donde hacen una especial interpretación de sus temas. Con todo este material, Triciclo Parlante se ha ganado el reconocimiento, tanto de los oyentes como de la crítica especializada, quienes han destacado lo interesante de su propuesta musical y audiovisual.

En este último ítem, han trabajado con la destacada diseñadora María José Quezada y la realizadora Constanza Valdivia, responsable de la dirección de sus videos y de la sesión en vivo. “Paisaje” fue compuesto en su totalidad por Triciclo Parlante, con letras escritas por Diego Ellwanger, y grabadas y producidas por Cristián Verdugo en Estudios Fi Music, mientras que la masterización estuvo a cargo del productor Francisco Holzmann (Holzmasters).

Re:nacer: Un Nuevo Capítulo

El dúo chileno Triciclo Parlante, conformado por Diego Ellwanger y Chiris Verdugo, lanzó su segundo disco de estudio, Re:nacer, un trabajo que promete consolidar su lugar en la escena musical y abrirles nuevas puertas en el ámbito internacional.

Re:nacer combina géneros y estados de ánimo que van desde la fuerza y la rebeldía del rock en temas como “Poder y sueños” y “No me verás caer”, hasta momentos más esperanzadores y luminosos en canciones como “Final del tren”hay y “Bordeando el sol”. Además del trabajo de Diego (batería y voces) y Chiris (guitarras y teclados), Re:nacer cuenta con la colaboración de músicos de renombre como Abel Zicavo (Plumas, Moral Distraída), quien participa en la canción “Perder el control”, y Tomás Cordero (La hipocresía mató al gato), que aporta teclados en “No me verás caer”.

Como carta de presentación de este nuevo disco, el single “Tu Voz” explora las complejidades de las relaciones humanas: amor, duelo y liberación. Su letra, cargada de metáforas como “mi barco de papel, ¿en calma?”. El videoclip, dirigido por Coti Valdivia, refuerza esta narrativa con imágenes simbólicas.

Desde su debut con Paisaje (2020) y el EP Épica (2023), Triciclo Parlante ha recorrido escenarios de Chile, Perú, Ecuador y Argentina, abriendo shows de relevantes artistas como Pedro Aznar, 1915, Cruzando el Charco, y Don Tetto.

La Infancia en la Música: Una Reflexión

Es muy distinto al grande, es espontáneo y pasarlo bien. Como ya he planteado en trabajos recientes una de las nociones de infancia más arraigada en nuestra sociedad es aquella que concibe a niñas y niños como entidades en formación, como seres incompletos e inmaduros en tránsito hacia la adultez, momento en el que recién estas/os adquirirían una condición de ciudadanas/os, capacidad de agencia y, más importante aún, una legitimación como sujetas/os de derecho.

En el marco de estas suposiciones ya asentadas como creencias -las cuales son abordadas críticamente por autoras como Carla Castañeda o Lourdes Gaitán y ampliamente rebatidas desde fines de la década de los ochenta desde la sociología de la infancia y luego por los llamados "nuevos estudios de la infancia"- y haciendo caso omiso a las evidencias científicas respecto al potencial de aprendizaje presente en los primeros años de vida, es que tradicionalmente se asume que niñas y niños son seres todavía incapaces de asimilar lenguajes o contenidos complejos, esto por supuestamente no contar con las herramientas o aprendizajes necesarios, los cuales deberían, como es de suponerse, ser previamente seleccionados y transferidos por el mundo adulto.

En términos de la música escrita por adultas/os para niñas/os -lo que generalmente se entiende por "música infantil"-, esta noción simplificadora y, en definitiva, anuladora de la infancia, podría traducirse en fórmulas que priorizan la repetición y la simplificación: melodías breves, con una cantidad mínima de materiales y desarrollos temáticos; predominancia de una textura melodía y acompañamiento; propuesta rítmica basada en compases y ritmos regulares; ausencia de contrastes; o desarrollos armónicos siempre evidentes.

En oposición al panorama recién descrito, la propuesta de la agrupación chilena de música para la infancia Mazapán permite reconocer una concepción de niñas y niños como entidades receptoras complejas, capaces no sólo de asimilar un amplio y complejo abanico de estímulos, sino también de crearlos y recrearlos a través de su cuerpo y su imaginación.

Si bien la agrupación podía declarar la intención de "usar" una "música simple" para llegar a niñas y niños -tal como puede leerse en las palabras de Verónica Prieto citadas al inicio de este artículo, un análisis acabado evidencia aquí una música compleja, que aborda una diversa y amplia gama de tradiciones, períodos y estilos musicales, así como un marco temporal que va desde la música medieval hasta la contemporánea y que, como es de suponerse, involucra el uso de una amplia y compleja gama de recursos de diversa índole, así como también la aplicación de elaborados procedimientos.

Para este fin teniendo como referentes los aportes de la sociología e historia de la infancia, he analizado las canciones originales contenidas en las 14 producciones fonográficas de mayor circulación de la agrupación. Para este fin, junto con la discografía de estudio, un material que facilitó enormemente el análisis fueron las partituras de cada álbum, editadas y distribuidas comercialmente por la agrupación.

La cuestión de la infancia y su sentido no es un problema actual. Como sostiene Jenks, desde que la humanidad hizo realidad el ser madre/padre, el problema ha "acechado" a la condición adulta. De este modo, y en un ámbito más intelectual, teóricos morales, sociales y políticos se han esforzado sistemáticamente en construir una visión de las/los niñas/niños compatibles con sus principios y expectativas, no existiendo aún un consenso al respecto.

En efecto, en la actualidad este es un debate abierto al cual, según Alfageme, Cantos y Martínez no se le ha tomado la debida atención, ni desde el ámbito estatal, ni desde el de la sociedad civil. Ahora bien, y ya en relación con este artículo, una primera delimitación que quisiera dejar clara respecto al concepto de infancia es entenderlo no sólo como un fenómeno natural, directamente derivado del desarrollo o crecimiento físico, sino como un fenómeno social.

Más específicamente, y en sintonía con los aportes de la sociología de la infancia, entiendo aquí infancia como una "construcción social" que hace referencia a un estatus social delineado por fronteras que varían a través del tiempo y de una sociedad a otra pero que son incorporadas dentro de la estructura social y se manifiestan a través de ciertas formas establecidas de conducta típicas.

Desprendido de lo anterior, entender el concepto aludido implica considerar diferencias y particularidades supeditadas al contexto histórico, geográfico y sociocultural de lo que cada sociedad o cultura ha imaginado, interpretado y conceptualizado en torno a los modos de "ser" infancia. En este sentido, junto al ya citado aporte de la sociología, la perspectiva de la historia de la infancia resulta fundamental.

Mazapán es una agrupación de mujeres creadoras de música para niñas y niños formada en 1980 por Carmen Lavanchy (n. 1951) luego de convocar a otras seis estudiantes de pedagogía e interpretación musical de la Pontificia Universidad Católica de Chile: Cecilia Álamos (n. 1952), Victoria Carvallo (n. 1952), María de la Luz "Lulú" Corcuera (n. 1950), Cecilia Echeñique (n. 1957), Verónica Prieto (n. 1951) y Michelle Salazar (n. 1954). Se iniciaba así una propuesta musical que puso en juego recursos y procedimientos provenientes de la música antigua europea, el repertorio tradicional de distintas culturas y la música popular.

Aún vigentes, Mazapán es probablemente la única formación musical nacional, formada por mujeres con más cuarenta años ininterrumpidos de carrera, en los cuales han recibido premios y reconocimientos de diversos organismos, así como también la admiración y trabajo con destacadas/os músicas/os nacionales.

Formación Musical de las Integrantes de Mazapán

Un primer aspecto que creo importante visibilizar respecto a esta idea de complejidad contenida en el arte de Mazapán, tiene que ver con la formación musical que poseen sus integrantes. Su principal institución formadora fue el Instituto de Música de la Pontificia Universidad Católica de Chile (en adelante, IMUC), por aquellos años dirigido por Fernando Rosas.

En el caso de Carmen Lavanchy (n. 1951), fundadora, directora y principal compositora y arreglista hasta el año 2010 -año en el que se separa de la agrupación para enfocarse en otros proyectos artísticos y educativos-, ingresa en 1968 a formarse como profesora de música, cursando además estudios en flauta dulce con Mirka Stratigopoulu, instrumento en el cual llega a tener una activa carrera como solista y asumir luego la cátedra.

Poco después de titularse como profesora, Lavanchy desarrolla estudios de perfeccionamiento en análisis y armonía con Carlos Botto Vallarino -figura que por lo demás, marca la formación de prácticamente todas las integrantes de la agrupación, para luego a partir de 1985, profundizar sus conocimientos en orquestación con el compositor José Miguel Tobar.

En 1970, es decir dos años después del ingreso de Lavanchy, ingresan también a Pedagogía en Música María de la Luz "Lulú" Corcuera (n. 1950) y Verónica Prieto (n. 1951), esta última luego de un breve y conflictuado paso por la carrera de arte en la Universidad de Chile. Un año después lo haría Cecilia Álamos (n.1952). En el caso de Prieto, su formación se inicia siendo una adolescente, con lecciones de piano en su hogar.

Formada ya como profesora de música y en pleno trabajo con Mazapán, se perfecciona entre 1895 y 1986 en flauta traversa con Hernán Jara y posteriormente con Guillermo Lavado entre 1994 y 1995. No obstante, el vínculo de aprendizaje más extenso y significativo se produjo con Andrés Alcalde (n. 1952), de quien recibió clases entre 1987 y 2001 y con quien mantiene hasta la actualidad una relación de amistad y aprendizaje.

Con respecto a Álamos, luego de sus estudios en pedagogía continúa perfeccionándose en flauta dulce en Londres con Walter Bergmann. Más vinculadas con estudios de interpretación musical son los casos de Michelle Salazar (n. 1954), Victoria Carvallo (n. 1952) y Cecilia Echeñique (n. 1957).

La primera, si bien ingresa al IMUC en 1972 para formarse como profesora, finalmente decide abandonar dicha carrera, la cual atravesaba un tenso paro estudiantil que finalmente provoca su cierre. Así decide emigrar un tiempo a Estados Unidos, donde cursa estudios en flauta dulce en la American University y la Toutorsky Academy of Music (ambas instituciones ubicadas en Washington, D.C.).

En cuanto a Cecilia Echeñique, a los once años (1968) inicia sus estudios en flauta dulce, primero con Mirka Stratigopoulu, luego con Octavio Hasbún y en la etapa final de la carrera, con Carmen Lavanchy, relación a partir de la cual se concreta su ingreso a Mazapán. Una vez egresada en 1979 parte a Londres a perfeccionarse en barroco francés con Ross Winters por un período de seis meses, dentro del cual también pudo acceder a clases magistrales con Frans Brüggen.

Tres años después viaja a Estados Unidos acompañando a su marido, quien debía iniciar sus estudios de doctorado en la Universidad de Princeton. Es en dicha institución es donde toma contacto con la agrupación residente de música antigua Musica Alta, en la cual participa ejecutando distintos instrumentos de viento. No obstante, fue su profundo interés en la música popular -sobre todo la latinoamericana-, la que la lleva a dejar Mazapán en 1990 para dedicarse por completo a una fructífera carrera como cantautora.

Diversidad Musical en Mazapán

Un segundo aspecto para considerar respecto a esta idea de complejidad tiene que ver con la diversa y amplia gama de tradiciones, períodos y estilos musicales ofrecidos por la propuesta de Mazapán. A través de sus 14 álbumes de estudio, compuestos principalmente de canciones originales de todas sus integrantes, es posible constatar la apropiación de manifestaciones provenientes, por ejemplo, de la cultura musical estadounidense, tales como el Spiritual en "La rana Inés" (Verónica Prieto, Los instrumentos, 1989); Ragtime en "El viejo salón" (Carmen Lavanchy, Tía Mirlí, 1995); Country y Western en "Jack cara de cuchillo" (CL, Mr. Pugh, 2000); Charleston en "Por favor y Gracias" (CL, saltemos bailemos, 1985); Jazz en ejemplos como "El ratón" (CL, ¡¡vengo a convidarte!!, 1983), la segunda mitad de la "Fuga de la cartera" (CL, La nave espacial, 1987), "¡Ay! Qué tráfico" (Cecilia Echeñique, Li, 1989) o "El feriado de papá" (CL, MP, 2000); Hip-hop en "Doña Dorotea" (VP, La ballena Filomena, 2019) o bien Rock -en distintas variantes- en casos como "El Rock del aburrimiento" (CL, sb, 1985), "Tía Mirlí" (CL, TM, 1995) y de manera más sutil en "Despierta, despierta" (VP, Canta Aleluya, Alelú, 2003).

Asimismo, resulta abundante la presencia de música latinoamericana, ya sea a través de diversos géneros de la música popular, como el bossa nova "Zoológico de Brasil" (VP y María de la Luz Corcuera, Lne, 1987) o el tango incluido dentro de la adaptación del cuento de la escritora e ilustradora británica Beatrix Potter "Pedro el conejo" (CL, Érase una vez, 1991); de estilos de carácter más tradicional, como el joropo "¡Ay! Martín" (Michelle Salazar, vac, 1983), la cumbia "Lávate los dientes" (CL, sb, 1985); o bien, mediante la convergencia libre de diversos estilos en casos como "Miren como el sol" (Cecilia Echeñique, Lne, 1987).

No obstante, son las tradiciones musicales chilenas las que se encuentran prácticamente en toda la producción discográfica de Mazapán, ya sea a través de canciones inspiradas en la zona norte del país, como sucede con "Carnavalito del Ciempiés" (CL, Cuentos y Canciones infantiles, 1980), "Quirquincho" (MS, TM, 1995) o "Manos y pies" (VP, MP, 2000); la zona central con casos como "Refalosa de los animales" (CL, A la ronda..., 1981); "Mazamorra del poroto coscorrón" (CL, Alr, 1981); "Payas del rezongo" (MS, vac, 1983); "¿Qué había en la verde colina?" (VP, LbF, 2019) o en la evocación de la estética del neofolklore a través del arreglo a capella de "Nicolás" (MS, Li, 1989); o bien, la zona sur con "Aillaquén" (CL, MP, 2000) o "Titiriti" (Cecilia Álamos, LbF, 2019).

Al respecto, destaca el álbum De Norte a Sur, donde cada una de sus 19 canciones evoca estampas y tradiciones del acervo tradicional chileno, junto con alusiones directas a culturas como la RapaNui, Chilota o Mapuche.

Cabe considerar aquí también la evocación de músicas tradicionales de culturas geográficamente más lejanas tales como la eslava con "Taco y punta" (CL, Alr, 1981); o bien la evocación de la ascendencia africana, tanto en el cuento musical "Negrito Sambo" (CL y CA, sb, 1985) -cuyos recursos performáticos, visuales, líricos y sonoros resultarían incompatibles en la actualidad con los protocolos y marcos legales vigentes que penalizan el racismo-, como en la versión de la canción tradicional ghanesa "Che-Che-Kole" (TM, 1995) o la adaptación libre del villancico afroamericano "Esa noche yo baila" ("Esta noche bailaré", CL, Esta noche bailaré, 1986), al cual acceden gracias a la recopilación y publicación del musicólogo Samuel Claro Valdés.

Ahora bien, es la música occidental de tradición escrita -en la cual se forman todas- la que posee una presencia predominante, ya sea a través del lenguaje clásico de "Gastón" (CL, Li, 1989) o "El Ocho flojo" (CL, MP, 2000), el pianismo romántico en "Baila Valentina" (MS, TM, 1995) o la berceuse -canción de cuna- escrita por Lavanchy para acompañar la declamación del poema de Rubén Darío "A Margarita Debayle" (Éuv, 1991). También está presente el uso de un lenguaje más bien asociado a la vanguardia, en casos como la apertura del programa Mazapán -producido y emitido por Televisión Nacional de Chile durante el año 1985-, inspirada en Stimmung (1968) del compositor alemán Karlheinz Stockhausen, la cual es abordada más adelante con mayor detalle.

No obstante, es la música antigua la que atraviesa prácticamente toda la producción de Mazapán, convirtiéndose en el sello sonoro de la agrupación. Teniendo como antecedentes la participación de Cecilia Álamos y Carmen Lavanchy en el cuarteto Mystrá -conjunto fundado a inicios de la década de 1970 por su profesora Mirka Stratigopoulou que contó también con la participación de Víctor Rondón. Así también hay que destacar la labor artística y pedagógica del cuarteto Fontegara -fundado hacia 1979 y formado por Carmen Lavanchy, Cecilia Álamos, Michelle Salazar y Cecilia Echeñique- (ver imagen 1), este sello se ha manifestado de diversas formas, ya sea a nivel composicional, arreglos y/o en las líricas.

Álbum Año
Cuentos y Canciones infantiles 1980
A la ronda... 1981
¡¡vengo a convidarte!! 1983
Saltemos bailemos 1985
La nave espacial 1987
Érase una vez 1991
Tía Mirlí 1995
Mr. Pugh 2000
La ballena Filomena 2019

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