Audrey Hepburn, la Vespa y Roma: Un Icono de "Vacaciones en Roma"

Ningún otro modelo de motocicleta ha protagonizado tantas escenas memorables del séptimo arte como la Vespa. Una joven recorre las calles de Roma a lomos de, cómo no, una Vespa. Su rostro desprende frescura en la película en blanco y negro, y su pañuelo de seda atado al cuello es el complemento perfecto para su icónica falda de corte años 50.

Valladolid ha sido el escenario para el I encuentro del Club Vespa España. Por todo ello, durante estos tres días de encuentro Valladolid ha traspasado el túnel del tiempo para aparecer en aquellos años de la 'dolce vita' romana, donde la jovencísima Audrey Hepburn se aferraba con pasión a la espalda del galán Gregory Peck, quien cabalgaba a lomos de aquella Vespa en blanco y negro la ciudad de los emperadores.

El Nacimiento de un Clásico: "Vacaciones en Roma"

"Vacaciones en Roma" es una fábula que sucedió hace mucho tiempo en un lugar muy lejano, al menos para los estándares de Hollywood. Sucedió en la capital italiana hace ahora 70 años. Vacaciones en Roma fue una de las primeras grandes producciones estadounidenses en rodarse fuera de la meca del cine. La película de William Wyler lanzó al estrellato a Audrey Hepburn, que ganó el Oscar por su primer papel. Consagró a Gregory Peck, su contraparte, como actor de comedia. Pero es la capital italiana la verdadera estrella de la película.

Roma era una ciudad luminosa y llena de vida que salía del fascismo y la destrucción de la II Guerra Mundial. Sus calles bullían de vespas, sus cafés estaban a reventar de estrellas. Corría el negroni, la vida era dolce y el cine, neorrealista por supuesto, estaba por todas partes. Vacaciones en Roma, que se estrenó en 1953 pero se rodó un año antes, reflejó a la perfección esa ciudad, que hoy solo existe en la imaginación. Y en el cine.

El Argumento: Un Cuento de Hadas Moderno

Durante una visita a Roma, Ana, la joven princesa de un pequeño país centroeuropeo, trata de eludir el protocolo y las obligaciones que implica, escapándose de palacio para visitar la ciudad de incógnito. Así conoce a Joe, un periodista americano que busca una exclusiva y finge desconocer la identidad de la princesa. En España, la traducción del título fue literal. Roman Holiday se convirtió en Vacaciones en Roma.

Roman Holiday es simple y delightful film about a young princess of some unnamed European country who gets tired of her programmed routine and wants a break from it. In Rome while on a European tour, princess Audrey fakes an illness and runs off for a day of fun. An American wire service reporter Gregory Peck finds her and realizes he's got an exclusive. So he chaperones her around without letting her know she's on to him. He even gets photographer Eddie Albert to help him out.

Vacaciones en Roma es la película que lanzó al superestrellato a Audrey Hepburn hace 71 años -a España llegaría más tarde, en octubre de 1974-. En ella interpreta a la princesa Ana, que ansía descansar de sus obligaciones reales y se escapa a la ciudad eterna, donde conoce y se enamora de un periodista estadounidense. El filme le valió su primer Oscar, pero prácticamente desde entonces circulan los rumores de que podríamos deberle esta comedia romántica tan redonda a cierta princesa de la realeza británica.

Inspiración Real

Es una historia tan antigua como la misma realeza: una princesa se enamora de un plebeyo. Aquel verano el mundo entero se conmocionó con los rumores de romance entre la princesa Margarita y el capitán de grupo Peter Townsend. El 14 de junio de 1953, The People fue el primer medio en dar la noticia de la relación en Reino Unido, llenando los quioscos con un titular un tanto retador: “Deben desmentirlo AHORA”. Además, advertía que los “escandalosos rumores sobre la princesa Margarita recorren el mundo entero”. No se requirió de nada más para despertar la imaginación de la gente.

Y apenas dos meses después, llegó a la gran pantalla la historia de la princesa Ana y el periodista Joe Bradley. Aunque en Paramount decepcionaron los números en taquilla obtenidos en suelo estadounidense, los británicos acudieron en masa. “Ningún estudio habría podido permitirse una publicidad así”, opinó el crítico Alexander Walker. El pueblo británico estaba totalmente prendado con la idea de que la princesa Margarita tuviese un romance.

Pero no fueron los únicos en detectar ciertas similitudes. ¿Se trataba de veras de una historia ficticia basada en la princesa Margarita? Bueno, lo cierto es que así lo pensó el gobierno británico. Tal fue su preocupación con respecto a que se asociaran ambas que Paramount tuvo que rodar una escena extra para dejar claro que el personaje de Audrey Hepburn no pertenecía a la realeza británica.

¿Realidad o Ficción?

La historia cuenta que el guion de Vacaciones en Roma llevaba buscando financiación desde una década antes de que se estrenara; es decir, mucho antes de que saltase a la palestra la relación de la princesa Margarita. En un principio, su producción estuvo prevista para el año 1948 y la habrían protagonizado Elizabeth Taylor, entonces con 16 años, y Cary Grant, con 44.

Pero sí que hubo auténticas conexiones con la realeza en Vacaciones en Roma. En ella aparecen numerosos aristócratas de la época: en la primera escena de la película, la del baile en la embajada, aparece la princesa Alma Cattaneo interpretando a una dama de honor, la princesa Lilamani, heredera de Sri Lanka (que interpreta a la raikuuari de Khanipur) y Hari Singh, el último maharajá de Jammu y Kashmir, que se interpreta a sí mismo.

Nunca sabremos si las similitudes entre el romance real y la película fueron o no deliberadas, pero no es la primera vez que un miembro de la realeza británica da motivos para creer que podría haber servido de inspiración para un personaje ficticio.

El Impacto Cultural y Cinematográfico

“Es una película muy importante para Roma. Y para entender su importancia tenemos que situarnos”, explica por teléfono Gian Lucca Farinelli, presidente de la Fondazione Cinema per Roma y director de la Cineteca di Bologna. “Estamos en 1952, la guerra ha terminado hace siete años, Italia se está dando a conocer en el mundo a través del cine. El neorrealismo, las películas de Rosellini o De Sica suponen la llegada de Italia a la modernidad. Todo esto da una dignidad al país, que sale del fascismo, y permite que sea visto de una nueva manera”.

Paralelamente, a miles de kilómetros, Hollywood se está convirtiendo en una industria internacional. En los años cincuenta, la mitad de los ingresos de sus películas se generan fuera de EE UU, especialmente en Europa. El cine empieza a expandirse bajo la atenta mirada de Washington, que usa las películas más comerciales como instrumento de propaganda. En este contexto, rodar en Italia es una jugada maestra: supone una manera de contentar a los nuevos mercados, de reducir los costes y ofrecer, a la vez, una estampa exótica al mercado americano. Además, bajo la imagen de comedia amable, se esconde un instrumento de propaganda en el escenario de la Guerra Fría. Con la historia de la princesa liberada de sus obligaciones, Hollywood quería construir un relato de consumismo y libertad, vender la imagen de que había una Europa divertida, moderna y libre, una Europa que se reinventaba gracias al dinero del Plan Marshall.

No fue este el único evento geopolítico que condicionó la película. En una primera versión la mafia raptaba a la princesa, pero la presión de Italia hizo que esta idea fuera desechada. También metió cuchara Inglaterra, que veía en la trama del filme un paralelismo evidente con un escándalo que afectaba a su familia real. La princesa Margarita, hermana de la actual reina Isabel II, había saltado a las portadas de las revistas de sociedad por un amor prohibido y una escapada a Italia. Wyler leyó con fruición los artículos de la época para entender a qué obstáculos se enfrentaba una joven princesa europea. Los censores ingleses, por su parte, presionaron para que en la película se dijera expresamente que Anna era la princesa de un pequeño país europeo.

Dalton Trumbo escribió el guion, pero no pudo aparecer en los títulos de crédito por ser uno de los objetivos del senador McCarthy y su caza de brujas. Hubo que esperar hasta 2011 para que el sindicato de guionistas restituyera por completo la autoría de Trumbo. Pero Vacaciones en Roma no fue una mirada americana y exotizante a un país extranjero, el libreto fue adaptado a la realidad romana por dos plumillas locales, Ennio Flaiano y Suso Cecchi D’Amico, quienes después escribieron para Fellini, Visconti, Monicelli… Son ellos los que dan una pátina (neo)realista a la postal romana de Wyler.

Vacaciones en Roma se rodó entre junio y octubre de 1952, en un verano especialmente caluroso. Hepburn aparece en la película con un solo vestido en su paseo por la ciudad, pero en producción tenían listos varios modelos de ese mismo traje para que pudiera cambiarse en cuanto empezara a sudar. El ambiente de rodaje fue relajado.

“Ese maravilloso verano romano fue probablemente la experiencia en un plató más feliz de mi vida”, llegó a decir Gregory Peck. Es fácil adivinar por qué. El actor se alojó en una villa a las afueras de Roma, rodeado de viñedos, junto a su esposa y sus hijos. Hepburn, que por entonces era una actriz desconocida, se hospedó en un hotel más modesto, en lo alto de la escalinata de la plaza de España. La química entre ambos fue instantánea y evidente, tanto que muchos especularon con un romance que en realidad nunca llegó a traspasar la ficción. Es mítico y sobradamente conocido que la secuencia de la Bocca della Veritá, en la que Peck finge haber perdido la mano, fue improvisada, y la asustada reacción de Hepburn, real. Hoy en día, millones de turistas la imitan en ese mismo lugar.

Todos se enamoraron de Roma, pero quien lo hizo de forma más evidente fue Hepburn, quien se mudó a la capital italiana, donde vivió durante 20 años. Allí se la podía ver tomando una copa en Vía Veneto, enfundada en su Givenchy (“Sus trajes son los únicos en los que soy yo misma”, decía) saludando a los paparazzi. Su hijo Luca Dotti cuenta en el libro Audrey en Roma que la actriz tenía una relación cordial con los fotógrafos de la ciudad, que la sacaban bella y elegante en fotos que hoy serían catalogadas como “posados-robados”.

Fue precisamente en Via Veneto donde el pasado julio se proyectó una copia de Vacaciones en Roma al aire libre, para celebrar el 70 aniversario de su rodaje. “Es cierto que esta calle no sale en la película”, concede Farinelli, que como presidente de la Fondazione Cinema per Roma fue el encargado de organizar el evento. “Pero sí lo hace en una película muy relacionada. Yo creo que La dolce vita no habría existido sin Vacaciones en Roma”, reflexiona Farinelli. “Es, de alguna forma, una especie de remake, pues cuenta la misma historia. Habla de un periodista que va persiguiendo una primicia, de una princesa, que aquí es Anitona [sobrenombre con el que el director Federico Fellini se refería a la actriz Anita Ekberg], la diva de Hollywood que desembarca en la ciudad. Y juntos descubren los lugares, la magia de Roma”. Hay otros puntos en común, personajes como los paparazzi, término que fue acuñado en el filme de Fellini, pero de los que ya habló el de Wyler. También se repiten escenarios, como la Fontana di Trevi, que en ambos casos acaba sirviendo de improvisada piscina, en un caso para un grupo de niños, en otro para una diva etílica y fascinante.

No es la única película que está emparentada con este clásico. En su momento muchos vieron Vacaciones en Roma como una relectura de La Cenicienta con un final inverso, la plebeya se convertirá en princesa cuando termine el encanto. “Wyler consigue insertar elementos de esta fábula antigua en una ciudad como Roma, en la que la escenografía es perfecta”. La escalinata de Plaza de España hace las veces de la escalera donde Cenicienta pierde un zapato. El baile no es en palacio, sino a la orilla del Tíber. “Algunos enclaves de la ciudad se convierten así en lugares mágicos, Roma se convierte en una ciudad de fábula”, señala. Desde el presente es fácil emparentarla con otro clásico de Disney: Aladdin cuenta la historia de una princesa hastiada de la vida en palacio que se enamora de un plebeyo junto con el que descubre la ciudad. Esta inspiración se canibaliza con naturalidad, pues Vacaciones en Roma, en el fondo, es un cuento clásico que encaja a la perfección en el universo de las princesas Disney.

Puede que la película de Wyler tuviera en cuenta la realidad local, aunque no deja de ser una producción estadounidense que idealiza una ciudad extranjera. Ofrece una visión edulcorada y monumental de una Roma en la que las peluquerías tienen vistas a la Fontana di Trevi, las fiestas se hacen a las puertas del Castel Sant’Angelo, y un humilde periodista que no puede pagarse el alquiler vive en un precioso apartamento con terraza en el centro. En este sentido, Vacaciones en Roma también fue pionera, estableciendo una forma de vender las ciudades al extranjero como una sucesión de postales en movimiento, donde la belleza plástica de los escenarios se impone a la lógica de la trama. Un modelo que se ha estandarizado (y rentabilizado) en producciones de todo tipo, desde Emily en París hasta las películas de Woody Allen.

Muchas lo hacen, pero pocas alcanzan la maestría del original, porque Vacaciones en Roma supone la sublimación de la ciudad a los ojos del turista, el disfrute del espectador que descubre la capital de la mano de su protagonista: al darle al play se convierte en Audrey Hepburn recorriendo las callejuelas anónimas del centro de Roma a lomos de una Vespa, quiere un helado en Plaza de España, una copa de champán frente al Panteón. El espectador se convierte en turista y se sorprende como ella ante el despliegue de los encantos de una ciudad mágica.

El 2 de septiembre de 1953 tuvo lugar el estreno de Vacaciones en Roma, la película protagonizada por Audrey Hepburn y Gregory Peck. Vacaciones en Roma fue todo un éxito de taquilla y también de crítica. Además, gracias a esta película comenzó una de las grandes carreras de Hollywood, la de la actriz belga Audrey Hepburn, que recibió un buen número de premios por esta interpretación: el Globo de Oro, el BAFTA y el Oscar. A partir de ahí, encadenó un éxito tras otro: Sabrina (1954), Historia de una monja (1959), Breakfast at Tiffany’s (1961), Charada (1963) y My Fair Lady (1964). Su compañero de reparto, Gregory Peck, era la gran estrella del proyecto, pero tuvo que compartir el protagonismo con Hepburn.

William Wyler tenía claro que para elaborar este clásico del cine en blanco y negro contaba con un actor consolidado como Gregory Peck -que acumulaba actuaciones sobresalientes con grandes directores como Alfred Hitchcock (Recuerda) y King Vidor (Duelo al sol)-; una joven promesa a punto de convertirse en una gran estrella, Audrey Hepburn; y un tercer personaje, igual de importante en esta trama amorosa, Roma. El director de Los mejores años de nuestra vida (1947), ganador hasta en tres ocasiones del Oscar al mejor director, decidió sacar las cámaras fuera del estudio para dar testimonio del amor entre Joe Bradley y la princesa Ana.

Uno de los rasgos más distintivos de Audrey Hepburn fueron sus cejas en forma de alas de gaviota. Al primero al que le ofrecieron el papel de Joe Bradley fue a Cary Grant, que lo rechazó por verse demasiado mayor -tenía doce años más que Gregory Peck- para ese papel. Dicen también que el actor de Arsénico por compasión (1944) tenía miedo a verse eclipsado por la joven Hepburn. La idea inicial de William Wyler era filmar en color, pero no tenía presupuesto suficiente. Seguro que los amantes del cine clásico de los años cincuenta no lamentaron este hecho.

Es una película que no ha envejecido y que puede competir con soltura con cualquier comedia romántica de la actualidad. Gregory Peck y Audrey Hepburn transmiten que el amor no envejece cuando es natural.


Roman Holiday (William Wyler, 1953)


Premios y nominaciones de "Vacaciones en Roma"
Premio Categoría Resultado
Oscar Mejor Actriz (Audrey Hepburn) Ganadora
Oscar Mejor Guion Ganador
Oscar Mejor Diseño de Vestuario Ganador
Globo de Oro Mejor Actriz (Audrey Hepburn) Ganadora
BAFTA Mejor Actriz (Audrey Hepburn) Ganadora

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