Zen y el Arte del Mantenimiento de la Motocicleta: Un Viaje Filosófico

¿Para qué sirve una moto, más allá de provocar inquietud a los peatones y antipatía a los conductores? Montar en esta máquina diabólica puede suponer penetrar en una nueva dimensión intelectual, permitiendo reflexionar sobre el mundo de una manera más rica. Escritores notables han encontrado en la motocicleta una forma de expresar su ser más íntimo: la liberación, la introversión y la agresión.

Robert M. Pirsig, autor del libro de filosofía más vendido de la historia, representa al centauro meditabundo e introspectivo. A lomos de su Honda Superhawk de 37 caballos, Pirsig realizó un viaje en moto por EE. UU. (de Minneapolis a San Francisco). Como fruto de sus reflexiones surgió Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, un libro que ha batido récords de venta, aunque fue rechazado inicialmente por 121 editoriales.

Este libro, más allá de marcar la comprensión filosófica de la generación post-beat, es un libro de amor escrito hacia su hijo Chris, su copiloto en ese viaje de frustración e incomunicación. Es con ese hijo con el que constantemente dialoga Fedro-Pirsig a lo largo del libro y el que le da la excusa narrativa para convertir lo que sería un árido libro filosófico en un viaje en moto novelado.

Al igual que su hijo, Pirsig fue un escolar superdotado que encontró en la filosofía una salida a su constante indagación sobre la vida. Su Honda le sirvió como motor reflexivo para cuajar Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, una descripción detallada de la incomunicación con su hijo, pero también un camino preñado de hermosos pensamientos.

No sería justo dejar sin resaltar la belleza intrínseca, casi melancólica, que contienen sus páginas en las que canta su amor a Norteamérica, a sus praderas, a las tormentas que parecen querer aplastar a los motoristas incautos que se adentran en absoluta soledad en ellas; un canto a sus carreteras secundarias, a los pájaros que echan a volar a su paso y a los caballos que pastan mientras miran con perplejidad ingenua a tan extraños viajeros.

Cuando vas de vacaciones en moto ves las cosas de forma totalmente diferente; en un coche estás siempre dentro de una cápsula en la que todo lo que ves parece una extensión de la televisión.

La filosofía zen apuesta por que dios está en esas pequeñas cosas que percibimos, y nosotros viajaremos al encuentro de la divinidad precisamente si caemos en la cuenta de que debemos mostrarles nuestro amor accediendo a su comprensión reflexiva. Pirsig se aferra a este principio para desarrollar toda una teoría sobre la Calidad, el bien supremo, a la que nos arrastrará el amor por la Tecnología.

Fedro-Pirsig entiende que un alarde de amor por el mantenimiento de las piezas que componen esa máquina llamada motocicleta, por el equipo de motorista que usa, le conducirán inexorablemente a mostrar amor por los demás hombres… y lo explica de una manera que nos emociona.

En una de sus meditaciones, el autor explica que a pesar de la multiplicación de las máquinas a nuestro alrededor, sin embargo «en este siglo veinte nuestra actitud hacia la tecnología es la de espectadores». Y esto es un error fatal: el hombre, insiste, «se aleja de la realidad tecnológica, de la realidad sin más, sin entender cómo funciona».

Al no querer comprender cómo funciona el mundo, este nos agobia, nos oprime con sus cada vez más sorprendentes situaciones, requerimientos, desequilibrios, productos. «Ayer hablé de preocuparse por las cosas, me preocupo por estos viejos y mohosos guantes; les sonrío volando a través de la brisas porque me han acompañado tantos años y están tan viejos y cansados y mugrosos que tienen un aspecto cómico; se han impregnado de aceite, sudor, suciedad y bichos espachurrados…».

Con su moto Honda le pasa lo mismo: «…con más de 40.000 kilómetros se está convirtiendo en una veterana… a lo largo de los kilómetros uno cultiva ciertos sentimientos hacia la propia moto que solo son para ella y para ninguna otra».

Cuando se alcanza esa compenetración con la tecnología, con la máquina, se puede encontrar el sentido último del zen: la paz mental. Mantener debidamente una máquina es consecuencia de una paz mental adecuada… y viceversa.

Para Pirsig, la manera de resolver el conflicto entre los valores humanos y las necesidades tecnológicas no es huir de la tecnología. La forma de superarlo es romper ese dualismo que entiende la tecnología como una forma de explotar el mundo, y asumirla como una manera de fusionarse con él alcanzando el bien supremo, la preciosa Calidad.

Para nuestro meditabundo centauro, la capacidad de entender la vida través de la ciencia ha convertido al hombre en poseedor «de un imperio de entendimiento de la naturaleza», una conquista que se ha producido «perdiendo a cambio el entendimiento de ser una parte del mundo y no un enemigo del mundo».

Robert Pirsig (1928) esboza su filosofía sobre lo que él llama Metafísica de la Calidad a través de una historia autobiográfica en la cual relata su viaje en motocicleta a través de EEUU. Se publicó por primera vez en 1974 y aún se mantiene vivo en el gusto de los lectores.

Pirsig fue un niño precoz, con un coeficiente intelectual alto (IQ) y con problemas de tartamudez. La escuela formal fue un problema para él, se le dificultaba mucho. Luego estudió en la Universidad de Minnesota en 1943, de la que fue expulsado, y estuvo dentro del ejército de los Estados Unidos en Corea, volvió y recibió finalmente su licenciatura en letras en 1950. Luego asistió a la Universidad Hindú de Benarés en la India para explorar más a fondo la filosofía oriental.

En 1954 se casó con Nancy Ann James, y tuvieron un hijo, Chris, en 1956 y un segundo hijo, Theodore (Ted) en 1958. Se ganó la vida aceptando trabajos como autónomo y enseñando Inglés de primer año, Pirsig estuvo en 1960-1963 entrando y saliendo de instituciones mentales, sufrió en esa época un colapso mental; fue tratado con terapia de electroshock.

Pirsig se divorció de Nancy en 1978, casándose más tarde con Wendy Kimball. La pareja tuvo una hija, Nell, en 1981. Ha publicado algunas cosas más aparte de sus dos obras principales y evita ser el centro de atención, ha viajado a menudo por el Atlántico en barco, ha vivido en varios lugares de los Estados Unidos así como también en Suecia e Inglaterra.

Pirsig plasma en este maravilloso libro el significado mismo de lo que el viaje representa en nuestras vidas: ya sea como el seductor anhelo de experimentar aventuras a través de diferentes lugares en un sentido estrictamente físico, o como el recorrido por parajes de carácter puramente espiritual. Zen y el arte de la mantención de la motocicleta conjunta ambos sentidos, apareciendo a nuestra mirada como un gran viaje iniciático, cuyo vehículo es una motocicleta.

Una de las grandes enseñanzas de este relato, que a la vez es una reflexión sobre la filosofía de todos los tiempos, radica en mostrarnos que de las cosas más simples y a primera vista menos relacionadas con el carácter profundo del mundo, como lo puede ser una motocicleta, podemos extraer la savia misma de la existencia. El viaje de Pirsig, por analogía, es el viaje de todo aquel que de alguna forma esté buscándose a sí mismo.

Y el resultado generalmente es inesperado, sobre todo cuando, como le sucedió al autor, el punto de llegada y el punto de partida se encuentran fuera de él, en un otro, en un alter ego, en este caso llamado Fedro, clara referencia al tipo de locura benéfica de la que habla Platón. Pirsig y Fedro, su doble, son las dos caras del viaje que es la vida misma.

Robert Pirsig

En resumen, Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta es una novela filosófica sobre la búsqueda de los Valores Externos, los Principios, la Calidad y la Excelencia. Es al mismo tiempo un relato de un largo viaje en motocicleta del autor con su hijo de once años por las carreteras del Oeste estadounidense, de regreso a una Universidad donde años antes había sido profesor de retórica clásica.

Tal vez, más importante aún, éste es uno de los escasos relatos que reflejan la relación del hombre con la tecnología en sus aspectos más humanos. ¿Quién puede prescindir en nuestro mundo actual del uso de las máquinas? ¿Dependen peligrosamente nuestras vidas del genio e ingenio inventivo y científico de quienes aplican la tecnología?

Zen es la actitud. La motocicleta puede ser cada uno de nosotros, nuestro medio ambiente e incluso el planeta. Es interesante constatar cómo nosotros, los pueblos latinos adoptamos por naturaleza la actitud "romántica" ante la tecnología. Nos gusta usarla, disfrutarla, alardear de ella e incluso explotarla.

Y sin embargo, pagamos por esto el precio de estar completamente a la merced de quienes tienen la actitud "clásica" -aquellos que utilizan la razón en forma no emotiva y que describen las formas subyacentes a ese organismo que es la máquina que nos presta servicio, aquellos que las diseñan, las fabrican y, finalmente, las reparan. En una situación así, ¿quién domina: el hombre a la máquina o la máquina al hombre?

La moral son un conjunto de normas y creencias establecidas por un grupo social que rigen el comportamiento, la manera de actuar, establecen qué es lo “malo” y lo “bueno” con respecto a una acción. La moral está muy relacionada con la ética. Sólo que la moral va más allá y incluye también reflexiones del tipo metafísico: por encima de lo físico. Tiene que ver con cuestiones más abstractas como el Ser.

Como la moral es un “producto” de un grupo humano está sujeta también a la cultura de dicha gente, a su historia, evolución y origen. Es un convenio de ese grupo, una aceptación, y funciona como una “ley” controladora de la vida pública y en sociedad. Busca que tengamos una especie de guía, de código de acción que permita que las cosas no se salgan de control, en otras palabras REGULA, CONTROLA, OBLIGA.

Los valores son cambiantes, relativos. Los cambios pueden ser para bien o para mal y esa condición sólo es posible saberla más adelante, con el tiempo, no se puede evaluar qué sucede con el cambio de un valor social en el mismo momento en que se produce. La vida emocional del ser humano está llena de valores morales y el saber emotivo está por encima de cualquier otro tipo de saber.

Cuando juzgamos algo no es una acción de la mente únicamente, sino que las emociones son invitadas al juicio y se sienten EN PRIMERA FILA. De allí que las pláticas sobre la moral y la ética, sea un asunto espinoso y que conduce a controversias acaloradas. Inacabables.

Las sociedad antiguas, también las generaciones pasadas, pensamos que fueron más morales, más recatadas que las actuales. Resulta que según Pirsig las sociedades más antiguas son las más estáticas y por ende son menos morales.

Estático significa que los valores morales son más rígidos y menos abiertos a los cambios, esto tiene una finalidad: mantener el orden ya establecido, que la gente y sus actitudes no se salgan de la norma, cuidar la supervivencia, que la gente no ande por allí rompiendo las leyes y la forma “correcta” de vivir, la que socialmente está bien visto.

En cambio, nuestros jóvenes y este mundo globalizado son DINÁMICOS. Están más abiertos a las innovaciones, en todos los ámbitos incluso en el moral, por lo tanto los DILEMAS para todos crecen (incluso para ellos), hay más reflexiones sobre la moralidad porque la gente se cuestiona más, tiene más opciones, y también más información sobre lo que ocurre en otros lados del mundo.

Lo Dinámico está relacionado con la capacidad de introducir elementos nuevos, ideas, maneras de actuar, y especialmente con tener la libertad para probar esos nuevos caminos sin que nadie apruebe que estás haciéndolo bien. Cuando se vive así, no esperas que alguien te diga “ya lo hice y resultó bien”, tú lo haces primero sin esperar que otro lo pruebe o lo apruebe.

Lo Dinámico por sus propias características es más débil (paradójicamente) ante sus propios procesos de auto-destrucción. Ese mismo dinamismo lo hace fuerte para algunas cosas y débil para otras. Está condenado a la destrucción sino opera también de forma estática, si en algún momento de estar dinámico no regresa a lo estático para equilibrar, recomponerse, para su próximo ataque de dinamismo. Lo dinámico es también caótico, porque es un proceso emergente. Lo estático es ordenado, predecible: igual, status quo.

La cuestión clave es la sabia combinación de ambas condiciones en los valores morales.

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Tapa del libro Zen y el Arte del Mantenimiento de la Motocicleta

Lila: an Inquiry into Morals: Libro finalista del Premio Pulitzer de ficción en 1991. La historia trata del viaje del autor (su alter ego Fedro) por el Río Hudson en bote. En su viaje se encuentra e invita a viajar con él a Lila, una mujer problemática, absolutamente DINÁMICA, y que está a punto de un colapso mental. El libro propone una crítica sin parangón al campo de los estudios antropológicos y su «supuesta» objetividad. Pirsig sostiene que esa objetividad es la que convierte al campo antropológico en algo ineficaz.

Utiliza su teoría sobre la realidad de nombre Metafísica de la Calidad para explicar la incapacidad que tienen las sociedades occidentales para entender los valores y perspectivas de las culturas indígenas.

Usando como excusa la crónica de un viaje (metáfora del viaje interior), Lila relata las travesías de Fedro (el personaje central) en su bote por el Río Hudson.

En conclusión, Zen es la actitud. La motocicleta puede ser cada uno de nosotros, nuestro medio ambiente e incluso el planeta.

Zen y el arte del mantenimiento de motocicletas de Robert M. Pirsig: Resumen animado

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