El Legado del Club Deportivo Thomas Bata: Identidad y Paternalismo Industrial en Peñaflor

Este artículo explora cómo el Club Deportivo Thomas Bata trascendió el progreso industrial introducido por la fábrica Catecu Bata en Peñaflor, Región Metropolitana, durante la fase avanzada del capitalismo en Chile. Este proceso transformó un espacio rural en uno urbano, impactando profundamente a los habitantes.

Peñaflor, Región Metropolitana, Chile

La Transformación Capitalista y el Declive Industrial

Las modificaciones del modelo económico fueron parte de un proceso de configuración del sistema capitalista, donde el aumento de la productividad y la circulación de mercancías eran fundamentales para acumular mayor capital. Sin embargo, aunque la industrialización trajo avances productivos, eventualmente tuvo que adaptarse a un ciclo que priorizaba el consumo y los servicios sobre la producción, lo que llevó a las industrias a emigrar a países con menores costos.

En esta nueva fase, llamada capitalismo tardío, la maximización extrema de la ganancia requirió la eliminación de gastos destinados a beneficios laborales. Además de importar bienes materiales, también se importaron bienes inmateriales, convertidos en mercancía.

Frente a esta nueva fase, la fábrica Catecu fue disminuyendo paulatinamente su producción hasta concretar su cierre. Esto obligó a la mayoría de la población a dedicarse a oficios fuera de Peñaflor vinculados a la nueva ola de servicios. Estos desplazamientos, aparte de generar consumo, incentivaron la aparición de una diversidad de modas e identidades desechables que no tenían ninguna conexión con el legado histórico de los peñaflorinos.

El Club Thomas Bata como Vínculo Histórico

En este contexto, el club Thomas Bata ofrece a los jóvenes que lo integran un vínculo histórico. Su reunión cada fin de semana en los partidos que se disputan crea un espacio para hablar del pasado batino, lo que refuerza los vínculos locales al ofrecerles un acceso a la trascendencia que tuvo la industria Catecu. En tales conversaciones, la experiencia de los sujetos es realimentada mutuamente desde los conocimientos obtenidos a lo largo de sus vidas en sus relaciones sociales y desde sus miradas subjetivas y vivencias.

Esta identidad se consolidó en el marco de las relaciones e identificaciones que emergieron en la fábrica Catecu. Por ello la definimos como una identidad de clase, ya que existe un reconocimiento entre los sujetos adscritos a ella de la similitud que comparten en su necesidad de vender su fuerza de trabajo. Esta identificación, en efecto, constituye la fase básica de la toma de conciencia de clase, pero, al no construirse sobre la idea del alejamiento de un otro alterno, puesto que es intervenida por el paternalismo industrial de Bata, lo que se genera es un reconocimiento que no se restringe a la condición de clase y que es estimulado por otros elementos.

En la actualidad, lo batino es parte de las muchas identidades disponibles y altamente demandadas por los peñaflorinos para demostrar una pertenencia a una comunidad específica.

El Paternalismo Industrial de Bata

En las entrevistas que sostuvimos destacó el reconocimiento expresado a los gerentes checoslovacos que instalaron la fábrica Catecu en 1939. Ello nos llevó a analizar estos testimonios desde el ángulo del paternalismo industrial, un mecanismo de control de los obreros tanto dentro como fuera de la fábrica. Al satisfacer sus necesidades sociales, el empresariado burgués consigue la lealtad de los trabajadores y los mantiene alejados de toda contestación que pueda afectar sus intereses.

Aunque la industria ha dejado de producir en Peñaflor sigue marcando la identidad batina, sobre todo la de las personas e instituciones locales vinculadas con ella. Una de estas instancias es el club deportivo Thomas Bata, que obligado a pausar sus actividades debido a la pandemia, logró no obstante mantenerse con vida gracias al aporte económico de sus socios, quienes en su mayoría son ex trabajadores de Catecu y que saben que la fábrica ya no lo financia.

Tal esfuerzo por mantener una institución deportiva con pasado empresarial nos condujo a investigar los vínculos generados por la fábrica en la localidad y a realizar un análisis sobre el proceso histórico que une a Catecu Bata con la comuna de Peñaflor.

Antes de la llegada de Bata, Peñaflor era una localidad rural. Con el paso de los años la demanda de trigo fue en aumento, al igual que el alza de la mortalidad indígena. Frente a esto se introdujo la figura del inquilino. La relación entre este y el terrateniente fue el sello de las haciendas chilenas, por lo que la mayoría de los peones y gañanes buscaron establecerse como tales.

A inicios del siglo XX el modelo de inquilinaje se había convertido en una traba para la modernización de las haciendas, puesto que la existencia de miles de inquilinos perjudicaba el mercado de rentas. De esta forma se buscó transformar al inquilino en un trabajador asalariado para abolir la servidumbre y convertir las haciendas en empresas modernas.

Frente a la caída de las exportaciones y la vulnerabilidad en la que quedó Chile tras esta crisis, el gobierno de Pedro Aguirre Cerda inició un paquete de medidas para fomentar la diversificación industrial a través de políticas unilaterales para crecer desde dentro. Con ello tomó protagonismo el modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI).

Como beneficiaria de estos impulsos, la fábrica de calzado Catecu Bata comenzó a funcionar el 29 de agosto de 1939 con 80 obreros que tenían conocimientos tanto agrarios como técnicos de zapatería artesanal.

Bata tuvo que asumir que sus trabajadores eran campesinos sin tierra y con poco conocimiento del proceso industrial, por lo que abrió un colegio en la zona con el objetivo de especializarlos en las necesidades productivas de la empresa, además de construirles viviendas de calidad para que arrendasen y evitar así que deambularan por la zona. Pero tales ayudas no fueron nada comparado con los beneficios sociales que se fueron dando los años siguientes: descuentos en calzado, formación del cuerpo de bomberos y de un supermercado, apoyo para la obtención de la vivienda, donación de edificios para la municipalidad, estimulación deportiva, etc.

Esta actitud de construir una ciudad a su antojo era común entre los empresarios batinos, ya que en 1933, año en que se construyó la segunda fábrica Bata, la empresa se hizo cargo del progreso social e industrial de un pueblo holandés llamado Batadorp.

Aunque en Chile no existía una gran historia de procesos industriales sí se contaba con ciertos conocimientos sobre la manipulación de la clase marginal desde el acercamiento amistoso. Según María Angélica Illanes (2002), una de las primeras estrategias fue la demostración de interés de la mujer burguesa por la mujer pobre a través de la enseñanza de cómo cuidar a los recién nacidos para detener el crecimiento negativo de la población dado por los históricos números de mortalidad infantil, lo que implicaba una gran pérdida de fuerza de trabajo para el futuro.

Uno de los primeros casos de paternalismo industrial se dio en Lota en 1920, cuando el dueño de la carbonera estableció este tipo de relación con sus obreros al otorgarles asistencia social. Esta idea de paternalismo industrial provino de los Estados Unidos, donde se creó el concepto de welfare capitalism, funcionamiento capitalista centrado en el antiestatismo, en establecer una mejor política de género dentro de las industrias y en estimular tanto la productividad como la eficiencia del trabajador para hacer frente a un mercado cada vez más competitivo.

A la par que se instauraba el paternalismo industrial en Peñaflor se dieron los primeros números positivos de Bata, lo que demostraba que la población se había acostumbrado a la industria y sus normas, a los horarios arbitrarios y rotativos de trabajo y al modelo de producción en cadena. Esto revelaba que el sistema taylorista se había integrado a la mentalidad del peñaflorino. El trabajador quedaba apartado del saber completo del proceso al capacitarse únicamente en una práctica simplificada.

Aunque Peñaflor estuvo girando en torno a Bata, el elemento rural se seguía manifestando en la localidad, ya que Catecu era solouna industria rodeada por potreros. Después del trabajo, los obreros volvían a una realidad de entorno campesino. Esto, sumado a que la maquinaria pesada llegaría en gran medida recién a fines de la década de 1950, produjo un proceso de industrialización mucho más lento que lo normal, en que se incentivó más el trabajo humano, que era una característica de las labores agrícolas.

Otro punto fuerte, que coincide con el retraso de la implementación de la maquinaria pesada, es la negativa del sector privado a la indicación estatal de aplicar estrategias psicotécnicas a los obreros. Esta idea buscaba que los trabajadores fueran sometidos a evaluaciones para medir sus capacidades de relación con los medios de producción con el fin de potenciar tanto al obrero como a la maquinaria. Tal negativa estaba vinculada al peligro de perder el control sobre los trabajadores, el cual se había concretado a través del paternalismo industrial y de la ignorancia misma del obrero sobre el funcionamiento total del proceso productivo.

Catecu se había construido desde los elementos rurales que aún permanecían presentes y que permitían que siguieran existiendo las jerarquías tradicionales de la sociedad campesina, como la lealtad y la obediencia incondicional hacia la figura del patrón, quien tenía los conocimientos y el poder adquisitivo que, según la cultura campesina, le permitía obtener el reconocimiento de líder.

Todo esto permitió que los gerentes se tomarán atribuciones del terrateniente, como el acercamiento a la familia del trabajador o el control de las actividades que hacían los obreros fuera del horario de trabajo.

Cuando llegaron los gerentes de Bata, ninguna persona en Peñaflor tenía conocimiento sobre su nación de origen o su estilo de vida. Siempre llamó la atención el acento con que hablaban, rasgo por el cual mucha gente se refería a ellos con el apodo de “gringos”.

El acercamiento social entre estos y los habitantes del poblado nunca hubiera sido posible sin un elemento común y este resultó ser la admiración por el fútbol de Jaromir Pridal, gerente técnico de la fábrica. Aunque este deporte no estaba muy desarrollado en el país, la gente de campo tenía una cierta admiración por él. De hecho, los trabajadores agrarios y sus hijos solían jugar en los potreros con pelotas de trapo.

El club deportivo tuvo un gran apoyo de parte de los trabajadores, pero al existir una actitud de paternalismo industrial, las decisiones no recayeron en la directiva del club, sino en el gerente Jaromir Pridal, quien fue el responsable de bautizarlo como Thomas Bata.

Entrevista Jorge Zuñiga Thomas Bata Peñaflor

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