La Historia y Publicidad Innovadora del Vino Triciclo: Un Icono Gastronómico en Madrid

En el dinámico mundo de la hostelería, la reinvención y la adaptación son clave para sobrevivir, especialmente en tiempos de incertidumbre. Espacios que se transforman, locales que adaptan su concepto, carta u horario, barras reconvertidas y la reconceptualización de formatos son estrategias comunes para enfrentar los desafíos. Un ejemplo destacado de esta capacidad de adaptación es el restaurante Triciclo en Madrid.

Triciclo forma parte del 'distrito TriCiclo' en Madrid. Javier Goya, Javier Mayor y David Alfonso abrieron hace 9 años TriCiclo en el barrio de Las Letras, donde, poco a poco, han ido construyendo un grupo hostelero con esta casa gastronómica de comidas como cabecera. Se añaden La Elisa como una taberna, Súa como asador-espacio de eventos y Tándem, que ha pasado de bar ‘casual’ a Il Giro In Tándem.

Renacido el pasado otoño como “la ‘trattoria’ de TriCiclo”, rige carta de pasta y pizza, platos como el ‘Vitello tonnato’ ahumado o ‘Caponata’ con bonito marinado, con opción de media y tercio (seña de identidad de Grupo TriCiclo), en un comedor con ‘look’ italiano: mesas con manteles de cuadros, carta de vinos del país alpino, música ‘ad hoc’, fotografías antiguas en las paredes… Además, cuentan con ‘delivery’ mixto de Il Giro In Tándem y La Elisa. Horario ‘non stop’.

Cada día se come mejor en Triciclo. Pues eso, que Triciclo es una referencia, un restaurante asentado y funcionando como un reloj, y una cocina muy top con platos que siempre apetecen.

Un Restaurante con Historia y Curiosidad

Triciclo era uno de esos lugares que, por lo que uno lee en la red, consiguió despertar una especial curiosidad, atendiendo a la calidad de la carta, lo atractivo del entorno y, sobretodo, una buena relación calidad precio. El local se sitúa en la zona cero de la ciudad de Madrid, en una calle rabiosamente céntrica como la calle de Santa maría, a escasos metros de la calle Huertas. Tanto en la fachada como en su interior se han conservado elementos propios de los bares de antaño.

Un primer espacio configurado por la barra y un número considerable de mesas altas es la antesala para otro salón de mesas bajas para comidas o cenas de más larga duración. La iluminación por la noche en este salón es tenue y intimista. A nuestra llegada recibimos con algo de sorpresa la noticia que nos ubican en la única mesa alta que hay en el salón comedor.

La reserva estaba hecha de dos o tres meses atrás y nos pareció algo raro que justamente a nosotros nos correspondiese esa mesa. Si un cliente formaliza la reserva con tanta antelación está mandando claras señales que anhela conocer el restaurante y, sin exigir un trato privilegiado ni muchísimo menos, se deben cuidar los pequeños detalles como éste.

Una Experiencia Culinaria Inolvidable

La carta no es excesivamente larga y sin una distinción clara entre entrantes y principales. Una vez la repasamos y acordamos nuestra comanda llega la responsable de sala y nos “canta” otras sugerencias fuera de ésta. Para mí, hubiese sido mejor hacerlo cuando nos entregaron la carta al sentarnos pues, ante estos nuevos platos, tuvimos que reconvertir nuestra comanda.

  • Gazpacho thai: A la mesa llega el plato con los tropezones: una porción generosa de ostra, una bolita de sandia, unas hojas de cilantro... Se vierte el gazpacho ante el comensal.
  • Ceviche nikei: Pedimos media ración y nos supo a poco, La corvina se sirve cortada en finas lonchas con un aliño certero en el que sorprende el uso, aunque en poca cantidad, de la salsa de soja o similar. Ello le da un punto de sal un pelín subido.
  • Nuestro steack tartar: viene servido ya sobre unas tostas de pan crujiente (cuatro, tantas como comensales) y se corona con un huevo de codorniz frito. Se intuye un producto de gran calidad, cortado a cuchillo en porciones adecuadas, sin quedar excesivamente machacado. El aliño, eso sí, muy sutil, sin percibirse a penas los matices agrios, picantes...

Variado de setas cortadas en pequeñas porciones con el huevo escalfado que mezclamos antes de compartir el plato y un fondo del mismo guiso con el que resulta imposible no tomar pan (pan que se cobra, por cierto, a 2,50 euros por persona). Un guiso que, a poco que se cuide la cocción y el sazonamiento, siempre resulta rico.

Láminas finísimas de la carne de ternera extendidas sobre un papel de hornear (una por cada comensal), prácticamente crudas, con un majado de piñones tostados, setas escabechadas y algún trozo de queso, me parece recordar. Cada uno de nosotros enrollamos la loncha de carne haciendo un canutillo.

La base de este bocado es una hoja de lechuga sobre la que se colocan las mollejas de cordero fritas con una especie de rebozado, para mi gusto muy pasadas de punto y los tallarines de calamar frescos con la única cocción del calor que le transmite el contacto con las mollejas recién fritas.

Es casi imperdonable venir a Madrid y no disfrutar de unos buenos callos. Los del Triciclo me parecieron excelentes con una textura muy tierna que facilita su ingesta y una salsa trabada de melosidad extrema.

Realmente se trata de una torrija bastante sencilla en su ejecución, sin acusar un exceso de azúcares ni un caramelizado empalagoso. La base tostada resulta demasiado gruesa pero la crema de queso está realmente deliciosa, ideal para los muy queseros, motivado ello fundamentalmente por el uso del queso azul que deja una sentida huella en el paladar.

Todo lo que pedimos nos gustó, y bastante. Resulta destacable la buena RCP del local, el aire informal y el ambiente que se genera en él. Como contra y creyendo firmemente que se trató de un fallo puntual de ese día, echamos en falta un poco más de “alma” en el personal, tanto en el trato, que fue más bien distante, como en la celeridad o ritmo de servicio.

Plena Semana Santa, con muchos pero que muchos restaurantes cerrados, y cuando menos contaba con ello, sorpresa, Triciclo esta abierto y ademas, sin ningún problema, encuentro mesa. Pues aquí que nos plantamos, dispuestos a disfrutar con la cocina tan variada y bien ejecutada como aquí estilan.

Y es que, estamos en un sitio con una cocina muy abierta, donde cabe desde una clásica cocina de mercado hasta propuestas de corte internacional, y encima lo hacen bien, prueba de ello son las favorables críticas que se pueden consultar en las redes y la afluencia de clientela que hace complicadillo encontrar mesa.

Después de mas de seis meses desde la ultima visita, lo primero que observamos en un cambio en la decoración de las salas, renovación de mesas y sillas, azulejos para depositar el pan en lugar de hacerlo directamente sobre la mesa. Bien por ambos aspectos. Sala sigue en su linea, amable, profesional, explican bien los platos. Carta de vinos interesante, con precios correctos.

Hoy, nos decantamos por un vino blanco lanzaroteño, Bermejo, del 2014, uva Malvasia. Vino del que solo tenia algunas referencias y que nos ha sorprendido gratamente. Carta sugerente y ampliable con las abundantes propuestas fuera de carta, lo cual no ayuda, mas bien todo lo contrario, a la hora de organizar la comanda.

A modo de entretenimiento/aperitivo, comenzamos con unos Nachos con una refrescante emulsion de hierbas con acento citrico y una muy sabrosa porcion de Atun con reduccion de vermut. Ensalada de calçots, bacalao y salsa ronescu. Quizas el plato mas flojo. No estaba mal, pero no nos ha aportado gran cosa.

Cortado a modo de tataki, sobre una base de patata panadera, ajo confitado y rematado con un aceite de ajo, soja y toques citricos. Platazo, para repetir y recomendar. Alcachofas y vieiras ligeramente plancheadas y con una salsita de foie que le aporta un contraste de sabor mas que interesante.

Este plato no me sorprende, ya tuve ocasión de probarlo aquí hace algún tiempo, y si entonces me pareció extraordinario, hoy me reafirmo, es un plato que no debería faltar nunca en su carta. Es un plato redondo, por la calidad de los bichos empleados, rape y langostino, por la potencia del fondo utilizado, por la preparación del fideo y por el resultado final.

Muy buena calidad de carne, pero el punto solicitado no fue el solicitado. Ello no me impide reconocer la calidad del producto. Y ya como postre, uno denominado Marruecos en un postre. Helado de miel, granada, naranja, frutos secos, ras al hanout. Correcto.

Miércoles noche y local lleno, a excepción de una mesa bien grande, lo cual muestra el asentamiento del trío. Cocina de elevada mise en place y temporada con multitud de opciones fuera de carta casi superan a la misma.

Comenzamos con un trío de platos de amplio sentido internacional que desbordan personalidad propia y en un par un perfil muy nuestro. Un gazpacho thai, ideal para abrir las papilas gustativas por esa mezcla de frescor, un punto de acidez y bastante bravura. Le sigue un tataki de besugo a la madrileña de sobresaliente.

En este caso de corvina salvaje con un granizado de rocoto, lima y cilantro y una salsa ponzu a la que se ha añadido yuzu. Producto de altísima calidad. En boca una primera ingestión fue de elevado picor, mientras que en la siguiente se halló un mayor equilibrio entre la acidez, el picante y aliviado por la temperatura del granizado.

La ensalada de cardo, borraja e hinojo con moluscos y huevas me pareció de gran elegancia. Almejas, berberechos, navajas, percebes, todos ellos pelados y en su punto junto con el frescor de las citadas verduras. Un plato de alto perfil gastronómico. Refinamiento en la casa de comidas.

El pulpo con garbanzos en tinta y oreja de cerdo es un ejemplo que aquí se guisa lo que les sale de los fogones (¡Sí, han leído bien!). Es decir, que existe y sienten esa mezcla entre libertad y confianza para llevar a la mesa platos imaginativos cuya propiedad común es su elevada suculencia.

El vehículo propuesto para poner en marcha En bici sin edad es, por lo general, un triciclo adaptado y equipado con dos asientos delanteros para los ancianos, motor eléctrico y frenos hidráulicos para reforzar la seguridad. Cycling Without Age no vende el triciclo (muchas veces es uno de la marca Christiania Bikes), pero sí concede la licencia y supervisa y asesora el proceso: se pretende que el programa sea universal, gratuito y sin ánimo de lucro.

Restaurante Madrid - SUA By Triciclo

Estrategias Publicitarias Innovadoras

Desde la fundación de La Casera®, Felix Duffo supo que apostar por la publicidad era esencial para darse a conocer y optó por campañas revolucionarias para la época. Por ejemplo, contar con una flota de vendedores ambulantes en triciclo que repartían botellas gratuitas entre las familias que, además, cuando lo terminasen ya dispondrían de un envase que intercambiar por el siguiente sin pagar el “casco”.

También apostó por los cupones descuento, que permitían probar La Casera® casi gratis, y por lo que hoy conocemos como branded content: “publirreportajes” en periódicos como La Hoja del Lunes en los que, semana a semana, se iban explicando las bondades del producto, e incluso un peculiar concurso a principios de los 50 en una de las radios más populares de Madrid: Radio Intercontinental.

En el programa “El auto de la fortuna”, una unidad móvil se acercaba a una barriada y elegía un domicilio al azar. Si la persona que abriese la puerta al equipo les presentaba una botella de La Casera® empezada pero no terminada, ganaría un suculento premio de 500 pesetas (que en dinero de hoy equivaldría a más de 200 euros).

En cuanto a la publicidad impresa, en estos primeros años se presenta el producto haciendo hincapié en que era un acompañamiento perfecto para cualquier comida y en cualquier “hogar moderno”, a la vez que se sugiere tomarla sola o mezclándola con vino, por supuesto, pero también con anís, menta, coñac….

También nos llama la atención la insistencia en la salubridad del proceso de elaboración. Los anuncios nos hablan de su “depuración perfecta y esmerada elaboración en modernísimas máquinas especiales”, destacan que está “embotellada con agua doblemente filtrada” o que “se atiene a sus postulados de garantía, higiene y calidad”. Y es que en aquella época las intoxicaciones alimentarias resultaban bastante frecuentes, producto de la falta de legislación sobre controles sanitarios.

Al gusto de la época, estos primeros anuncios televisivos apenas tenían más objetivo que reforzar el nombre de la marca y grabarlo en la memoria de los consumidores, especialmente las madres y los niños, con una canción pegadiza. Esta campaña tuvo dos anuncios televisivos: uno en el que se mezclaba animación e imagen real, en el que unos niños animados interactúan con la botella de gaseosa; y otro en imagen real en el que una madre juega con sus hijos en el parque.

La Evolución de la Publicidad de La Casera®

En la versión impresa, para periódicos y revistas, “A mí La Casera®” fue la campaña en la que se promocionó el lanzamiento de los nuevos sabores de Naranja y Limón, especialmente dirigidos al público infantil. bebíamos agua? Este es probablemente el primer anuncio que marca un tono de humor hiperbólico que se convertiría en parte de la personalidad de la marca.

A finales de los 60, la sociedad comenzaba a cambiar. Llegaban nuevas invenciones, nuevas ideas, músicas y culturas, en gran parte por el boom del turismo, y nadie quería quedarse atrás. Por eso, lo “moderno” era un buen argumento de venta. Y así La Casera® se posicionaba como “bebida de hoy”. La publicidad continúa evolucionando, y una nueva era de anuncios ya reforzaban valores más emocionales.

¿Qué hay más casero que la hora de comer en casa? A finales de los 70, nada. Por eso La Casera® refuerza su nombre a través de la publicidad centrándose en este momento de consumo, visto desde el punto de vista de los mayores y los pequeños. Una curiosa campaña en la que se prueba otro tono de comunicación. Una vez planteado el posicionamiento, otros anuncios nos lo desarrollan en un ambiente familiar.

En una segunda oleada de 1980 y 1981, el atributo “Transparente” cobra importancia. Los anuncios de Navidad no son demasiado frecuentes en La Casera®, una bebida que suele estar más presente con sus campañas en los meses de verano, por lo que este es especialmente curioso. Su ambiente es especialmente acogedor sin caer en el sentimentalismo, con un mensaje optimista y un punto de humor. Curiosamente, 10 años después de aquel anuncio en el que La Casera® era “la bebida de hoy”, ahora es “la de siempre”.

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