Uber Bike: El Funcionamiento del Servicio de Bicicletas Compartidas de Uber

Uber ha entrado en un nuevo segmento del mercado: las bicicletas compartidas. La empresa, con Dara Khosrowshahi a la cabeza, está buscando nuevas oportunidades de negocio que supongan fuentes de ingresos adicionales. Por eso ha comprado Jump Bikes.

Uber es probablemente el mejor exponente mundial de las nuevas formas de movilidad, y uno de los principales impulsores del fenómeno del car-sharing. La empresa actualmente se está expandiendo hacia otros nichos del transporte, sin ir más lejos, tienen un avanzado programa de desarrollo de coches autónomos en colaboración con Volvo, que les ha ocasionado varios problemas legales por verse sus coches involucrados en accidentes.

Ahora, la empresa se ha decidido diversificar un poco más: han anunciado la adquisición de la compañía de bike sharing Jump Bikes, por un precio estimado de entre 100 y 200 millones de dólares. Así, esta nueva división de la compañía (que ha sido bautizada ya como Uber-Bikes) podría ser una nueva opción más económica integrada dentro de la actual aplicación de Uber. Una alternativa que será muy útil en algunas ciudades europeas, que a día de hoy se encuentran en pleno proceso de expulsar los coches de sus centros.

Jump, empresa estadounidense de alquiler de bicicletas eléctricas, acaba de ser comprada por la poderosa Uber. Las bicicletas se han convertido en un problema para Uber, el controvertido gigante del transporte privado: dado el número cada vez mayor de ciudadanos moviéndose a pedales, la marca ha llegado a la conclusión de que era necesario mover ficha. Y lo ha hecho.

Con ello, se introduce de lleno en el mundo de las dos ruedas y lleva un paso más allá su modelo de negocio. En lugar de estar aparcadas en puntos específicos repartidos por toda ciudad, las bicicletas de Jump funcionan por el sistema conocido como free-floating: llevan integrado su propio candado electrónico y se desbloquean a través de una aplicación en el teléfono móvil.

¿Qué es Jump Bikes?

Jump Bikes es un proveedor de bicicletas eléctricas con base en Nueva York. La empresa permite a los usuarios alquilar bicis con baterías a través de una plataforma online. Según informa Bloomberg, Uber habría accedido a pagar más de 100 millones de dólares (en efectivo y acciones) para adquirir la compañía.

“Queremos reunir distintas opciones y modelos de transporte dentro de la aplicación de Uber, para que el usuario pueda elegir la forma más rápida o más barata de llegar donde quiera. Ya sea a través de un Uber, una bicicleta, o el metro” ha explicado en un comunicado Dara Khosrowshahi.

Jump Bikes nació en 2008 y actualmente opera en 40 ciudades en seis países. Las bicis eléctricas cuentan con unas baterías que comienzan a funcionar cuando el ciclista comienza a pedalear.

Bicicletas Jump en San Francisco

Integración de Jump en la Aplicación de Uber

JUMP y Uber han estado trabajando durante varios meses en la integración de la opción de compartir bicicletas en la aplicación de Uber de modo que aparezca esta opción cada vez que el cliente la abre.

Se da la circunstancia de que Uber y Jump ya han trabajado juntos en un programa piloto llevado a cabo en Nueva York. Allí, Uber introdujo las bicicletas de Jump como un servicio adicional accesible desde su aplicación. Con esta adquisición, Uber se asegura de poder competir con servicios de alquiler de bicicletas eléctricas, un segemento que le está comiendo cuota de mercado en trayectos urbanos cortos.

El acuerdo refuerza el objetivo de Uber de ofrecer “la manera más veloz y accesible de llevarte a tu destino, ya sea en un vehículo de Uber, en bicicleta o en transporte público”, ha explicado el presidente ejecutivo de la marca, Dara Khosrowshahi.

Actualmente, la propuesta de Jump Bikes es bastante interesante: por apenas 2 dólares tienes 30 minutos de alquiler, y las bicicletas permiten recorrer 16 km en modo eléctrico, sin tener que pedalear.

Uber alquila bicicletas eléctricas "Jump" (23-12-18)

Ventajas de Uber Bike

Las principales ventajas de estos servicios frente a los modelos públicos de bicicletas compartidas que ofrecen varias ciudades españolas son una mayor flexibilidad y libertad de movimiento. Esto es así por la libertad a la hora de dejar de utilizarlas. Con los servicios públicos tienes que llevar las bicicletas a estaciones de aparcamiento concretas, mientras que con los compartidos puedes dejarlas en cualquier aparcamiento de tu ciudad.

Jump también ofrece la comodidad de no contar con estaciones de anclaje de las bicicletas, lo que significa que los clientes pueden dejarlas en cualquier lugar de la ciudad. Sus bicicletas vienen cuentan con un sistema de bloqueo en U incorporado que es obligatorio utilizar para asegurarlas cuando se finaliza el alquiler.

Lo que tienes que hacer para utilizar estos servicios es descargarte sus aplicaciones, que por lo general están disponibles tanto en Android como en iOS. Una vez que llegas a la bicicleta que vas a utilizar, tienes que escanear con la aplicación el código QR que tiene impreso para desbloquear su candado. Entonces vas a donde quieras con ella, y cuando termines la aparcas.

Competencia en el Mercado de Bicicletas Compartidas

Este año han desembarcado en España algunas de las empresas chinas más importantes que han trasladado el modelo de Uber al mundo de las bicicletas compartidas. En septiembre llegó oBike, a la que unas semanas después se unió Ofo, habiendo llegado también la europea Donkey Republic a principios de año.

Uber competirá en Europa con actores como las chinas Ofo (cuenta con más de 10 millones de bicis en todo el mundo) y Mobike, ambas en plena expansión internacional. Ofo, por ejemplo, desembarcó en octubre en España. Su competidor Mobike también está en conversaciones con ayuntamientos españoles para lanzar su servicio.

Estas empresas operan plataformas de alquiler de bicicletas sin estaciones fijas de aparcamiento. Para usar el servicio, los usuarios deben descargarse la aplicación móvil que permite geolocalizar la bicicleta y desbloquearla.

Precios y Tarifas

Los precios que pagas dependen de cada servicio y la ciudad en la que lo estés utilizando. Eso hace que por ejemplo en Madrid cada dos horas le cueste un euro a los usuarios, prácticamente la mitad de lo que cobran servicios como BiciMAD con sus dos euros en la primera hora con la tarifa ocasional y cuatro por los segmentos a partir de la segunda. Por lo tanto, para usuarios ocasionales el modelo chino resulta bastante atractivo, aunque si utilizas estas bicis a diario los servicios públicos suelen ofrecer abonos mensuales y anuales que pueden salir a mucho mejor precio.

  • 0,38€ los 30 min

OBike por su parte sí pide un depósito de 49 euros y tiene una tarifa de 0.50 euros por media hora de uso en todas las ciudades. Tienen además un servicio de puntos que puedes perder si eres irresponsable al utilizar y aparcar la bicicleta. Empiezas con 100 puntos, y si bajas a menos de 60 el viaje pasará a costar 10 euros por 30 minutos. Así, por ejemplo, si se aparca la bicicleta en un área no designada se pierden 20 puntos, y si se violan las normas de tráfico durante un viaje el saldo de puntos se reduce a cero.

Y por último tenemos a Donkey Republic, que tampoco pide depósito pero sí el pago de una tarifa. Tienes dos tarifas de 10 euros al año o al mes, y dependiendo de si contratas una u otra el coste de la media hora variará. Esto es interesante porque le abre la puerta a dos perfiles diferentes de usuario, los que van a usar constantemente las bicis y los que no.

Uber cobra 2 dólares por media hora de trayecto en San Francisco y Washington.

Tabla comparativa de precios

Servicio Depósito Tarifa Notas
BiciMAD No aplica 2€/hora (ocasional) Servicio público
oBike 49€ 0.50€/30 min Sistema de puntos
Donkey Republic No 10€/año o mes Costo de media hora variable
Uber (Jump) No aplica 2$/30 min En San Francisco y Washington

Desafíos y Críticas a los Servicios de Bicicletas Compartidas

Por poner un ejemplo, varias ciudades chinas ya han empezado a mostrar su disconformidad con este tipo de servicios, y también han tenido varios problemas en universidades como Cambridge. Pero ninguna de estas críticas ha evitado su expansión y llegada a otros países como España.

El mayor problema de estos servicios es que las empresas que hay detrás no suelen preocuparse de ellas tanto como deberían. Si tomamos a Madrid como ejemplo, la empresa BiciMAD tiene allí a 50 empleados, mientras que otras empresas como eBike aun no tienen mantenimiento, y prevén tener apenas 10 trabajadores en el futuro. Esta actitud es la que les está trayendo la mayoría de problemas.

El pasado agosto la oficina de transporte municipal de Shanghai envió un aviso a varias de estas compañías exigiendo que se abstuviesen de repartir más bicicletas nuevas por las calles.

Salvo excepciones como oBike, estos servicios suelen delegar en la buena voluntad de la gente, y muchos de ellos se limitan a pedirte que sigas las normas de aparcamiento de la ciudad. La decisión de Shanghai no fue la primera de este tipo en China, ya que en ciudades como Nanjing, Guangzhou o Zhengzhou también han exigido que se dejen de añadir nuevas bicicletas o directamente que se retiren una parte de ellas para quedarse con un número concreto.

El mismo problema están teniendo en otros países como Inglaterra. Allí, en la Universidad de Cambridge se han quejado del gran número de bicicletas abandonadas que se empiezan a acumular a sus alrededores. Los usuarios también se quejan de que cuando llegan a una bicicleta cercana a veces se encuentran con que está inutilizable. Este es el problema de dejar las normas a la buena voluntad de la gente, y que un puñado de usuarios incívicos son suficientes para fastidiarle la experiencia a todos.

Ante esta situación, y con las primeras quejas produciéndose ya en ciudades españolas, la única solución práctica es la de crear una regulación específica para este tipo de servicios.

La Quinta Generación de Bicicletas Públicas y la Gestión de Datos

La distopía ciclista ya está aquí. Millares de bicicletas obstruyendo aceras, colgadas de los árboles o arrojadas en parques y callejones de ciudades de todo el planeta. ¿Es la bicicleta, uno de los iconos universales de la libertad, compatible con ese panóptico en el que la tecnología es el nervio central del sistema de dominación?

Desde la fotografía de John Lennon y Yoko Ono en Ámsterdam con las icónicas bicicletas blancas Witte Fietsen han pasado casi cinco décadas y, con ellas, toda una revolución alrededor de los sistemas de bicicleta pública. La primera generación fue fruto de un experimento contracultural realizado por los provos -autónomos- holandeses en 1964 y que apenas duró un mes: pintaron varios centenares de bicicletas de blanco y las repartieron por toda la ciudad sin candados y para un uso gratuito. La segunda generación (Copenhague) incluyó los sistemas de préstamo de bicicletas con pago por cada uso, y con la tercera generación (París) se inicia la automatización de las estaciones de alquiler que permitió grandes parques de bicicletas y el comienzo de una facturación por el uso mediante inscripción y tarjeta. En los últimos años, la introducción de la bici eléctrica, junto con la incorporación de un ordenador de a bordo, origina la cuarta generación (Londres). A principios de 2017 se superpone la explosión de los sistemas de origen asiático, caracterizados por un nuevo modelo de negocio basado en la comercialización de datos de usuarios. De repente, los recientes manuales globales sobre bici pública se quedan obsoletos. Ha llegado la quinta generación.

Las tendencias globales apuntan a una sustitución del petróleo y los combustibles fósiles como elemento central de los mercados de futuros. La gestión de los datos empieza a constituirse como una fuente de valor de primera magnitud en los mercados. Está conquistando posiciones en la cartera de los fondos de inversión y, en esa lógica, hay que entender su conexión con las start-ups de la nueva generación de bici pública.

Con los candados de apertura remota cualquier programador puede crear un sistema de alquiler de bicis

En algún momento, estos fondos decidieron cambiar su plataforma de recolección de datos a través de los controvertidos vehículos de transporte privado -en guerra abierta con los taxistas- por la bicicleta. Se trata de un negocio en el que la movilidad de los individuos permite la recolección de datos de consumo para su posterior comercialización.

En esta coyuntura, los grandes inversores de capital riesgo chinos promovieron, a principios de 2016, el lanzamiento de cerca de veinte empresas de bici pública. En unos pocos meses, estos fondos de inversión han financiado a las empresas que están en condiciones de dominar ese mercado. Son accionistas mayoritarios de las principales plataformas de redes sociales chinas, empresas tecnológicas que han recorrido el camino inverso que sus homólogas occidentales, desarrollando primero las app y luego la fabricación de bicicletas.

Ejemplos de Empresas y su Funcionamiento

Donkey Republic opera ya en Barcelona, Málaga y Palma de Mallorca. Ofo y Obike tienen licencia para 410 bicis en Madrid

Las empresas Mobike y Ofo son las principales compañías que amenazan con cambiar las reglas del juego global incorporado la fórmula Uber para inundar el mundo con sus bicicletas. Mobike cuenta entre sus accionistas mayoritarios con la empresa de capital riesgo Tencent, dueña de WeChat, la app de mensajería instantánea más utilizada en Asia (800 millones de usuarios). Cualquier persona puede acceder a una bici con solo disponer de su aplicación, porque el objetivo de Tencent es generar valor en los datos de sus usuarios a través de Mobike. Otra de sus accionistas principales es Foxconn, líder chino en producción de hardware tecnológico y primer productor mundial de iPhones. En las mismas fábricas que se producen los teléfonos móviles, Foxconn fabrica 25.000 bicicletas Mobike al día.

Ofo, el otro gigante del sector, está sostenido por otros dos colosos inversores. Dido Chuxing, la competencia de Uber que domina el mercado en China, y que espera mejorar su recolecta de datos de consumo a través de la bici pública, y Alibaba, que pretende ganar la batalla a Amazon como empresa de envío a domicilio y para la que el acceso a los datos de los usuarios de Ofo es estratégica.

El funcionamiento de sus bicicletas es simple: la persona usuaria escanea el código de su app, desbloquea la bici y, cuando termina su recorrido, la bloquea. Los vehículos cuentan con un GPS para estar localizadas a través de la aplicación y el pago -unos 50 céntimos por cada media hora- se realiza también a través de la app según el tiempo transcurrido.

El sistema es sencillo: las bicis llevan un GPS, el usuario la identifica con su app, escanea el móvil y la desbloquea

Con un total de aproximadamente 18 millones de bicicletas de estas características repartidas por el mundo, sobre todo en China, las ciudades han empezado a reaccionar ante este fenómeno que en el gigante asiático está comenzando a convertirse en un problema. En Shanghái ya han sido confiscadas miles de bicicletas estacionadas de forma ilegal y recientemente se ordenó a las empresas que no pusieran más bicicletas en las calles y que gestionaran mejor los estacionamientos incorrectos. Con menos de dos años de vida, la ola ha llegado hace unos meses a EE UU. Ofo aterrizó en Seattle y Boston con mil bicicletas en cada ciudad, y en Washington con “solo” 400 (el máximo permitido por la legislación de la ciudad) aunque su intención declarada es esparcir hasta 10.000.

Este sistema, basado en la mayor disponibilidad posible y en la confianza en el cliente para depositar la bicicleta en un lugar adecuado -cosa que no siempre ocurre- es también motivo de queja creciente en las redes sociales, donde están proliferando las denuncias por la aparición de bicis abandonadas, vandalizadas o en lugares totalmente bizarros. En Mánchester, primera ciudad europea a la que llegó la empresa Mobike, se denunciaron multitud de bicis escondidas en casas o utilizadas de forma privada con candados. En ciudades de Italia como Milán y Florencia, se están produciendo las mismas irregularidades. En Ámsterdam, tras un mes de prueba, se ha prohibido el uso de bicicletas de flujo libre, y lo mismo ha hecho Melbourne con la empresa Mobike acusada de “abandono ilegal de residuos en las aceras”.

La ausencia de estaciones de acoplamiento y su independencia de contratos municipales ha permitido un fenómeno que, en EE UU, ha alumbrado empresas similares, como California’s Spin o LimeBike.

Entre septiembre y octubre, el Ayuntamiento de Madrid ha allanado la entrada de Ofo y Obike en el Estado español con una autorización inicial para 110 y 300 bicicletas respectivamente, y las distintas empresas han mostrado su interés por expandirse a otras grandes ciudades. Entre tanto, la empresa danesa Donkey Republic opera ya en los principales destinos turísticos (400 bicicletas en Barcelona, 100 en Madrid y una pequeña muestra en Málaga y Palma de Mallorca).

A diferencia de las compañías chinas, este modelo solo permite devolver la bicis en los parkings públicos fijados por la compañía, aspecto favorable respecto al sistema invasor de la competencia china, aunque sigue ocupando espacio público y restando espacio a las bicicletas privadas. Precisamente, sus bicicletas fueron boicoteadas por el colectivo juvenil Arran en el marco de su reciente campaña contra la turistificación.

Uber ultima el lanzamiento en Europa de su servicio de bicis compartidas a través de la plataforma Jump, una compañía que adquirió el pasado mes de abril por un importe no desvelado.

Jump comenzó a operar el servicio de bicicletas eléctricas compartidas en San Francisco en enero, una ciudad que precisamente cuenta con una orografía poco adecuada para las bicicletas por sus interminables cuestas. La solución eléctrica de JUMP le da una ventaja competitiva sobre sus competidores, como Ford GoBike de Motivate.

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