Tengo 26 años y estoy viviendo mi primer Campeonato Mundial de Ciclismo de Pista. No en cualquier parte, sino que en casa, en el mismo velódromo donde aprendí a caer, a pararme, a corregir mi línea.
Detrás de este uniforme hay semanas de afinación y años de trabajo invisible, de madrugadas, series que queman, videoanálisis, correcciones que duelen más en el orgullo que en el cuerpo.
Llegar hasta acá no fue fácil. A comienzos de año mi hermano menor estuvo hospitalizado, intubado, al borde de la muerte. Entraba a la pista con un nudo en la garganta, pidiendo que resistiera. Él me dio una lección silenciosa, que la fortaleza también se entrena. Cuando lo vi recuperarse, supe que no tenía derecho a rendirme.
Este año tuve mi primer roce europeo y fue una experiencia dura. Europa te muestra tu medida con frialdad milimétrica, con los tiempos, los watts, las distancias. Pero también te enseña lo que ya tienes y no sabías, como la convicción, la resistencia, una obstinación que no se ve en los cronómetros.
Representar a Chile en todas las pruebas de un Mundial es un hecho histórico. No lo digo por ego, lo digo porque, durante décadas, el ciclismo femenino chileno apenas tuvo espacio para respirar. Mis pruebas favoritas, las de eliminación y ómnium, exigen pensar a alta velocidad. No basta con tener piernas.
Pero nadie llega sola, menos yo. Detrás de cada medalla, y también detrás de cada derrota, hay una red invisible. Mi entrenador Miguel Burgos, mi psicóloga, mi nutricionista, mi masajista y mi pololo Rodrigo (Aedo), que ya vivió su propio Mundial en el balonmano. Cuando quise bajar los brazos, me recordaron que los procesos valen más que un resultado.
Ver el Velódromo de Peñalolén lleno me emociona. Niñas y niños con poleras blancas y rojas, colegios alentando, familias completas en las graderías. Yo también empecé así: mirando desde afuera, soñando con una vuelta más, creyendo que un día me tocaría.
Este Mundial no es solo una competencia, es una prueba de país. Detrás de cada delegación hay recursos, políticas deportivas, estructuras de apoyo. Nosotros tenemos talento y una pasión enorme, pero aún nos falta infraestructura, planificación y una cultura que entienda el deporte como derecho, no como espectáculo ocasional. Por eso agradezco que hayan venido temprano, que aplaudan, que celebren cada vuelta.
Pase lo que pase en el reloj, Chile ya ganó, porque está en cada prueba, en la pista y en el corazón de la gente. Hoy me toca competir, disfrutar y honrar esta camiseta. Si una niña me ve girar y decide que quiere intentarlo, ya habremos ganado.
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Cuando termine, vendrán los Juegos Bolivarianos y el Nacional de Pista. Paso a paso.

Infraestructura del Ciclismo en Chile: Un Desafío Pendiente
El ciclismo chileno enfrenta desafíos significativos en términos de infraestructura y apoyo estructural. A pesar del talento y la pasión de los atletas, la falta de recursos y planificación limita su desarrollo. Es fundamental que se invierta en instalaciones de calidad y se promueva una cultura que valore el deporte como un derecho, no solo como un evento esporádico.