Triciclo: Un Viaje Gastronómico Inolvidable en Madrid

A veces, uno comete errores, y para mí, el último fue tardar tanto tiempo en volver a Triciclo. Más que una sorpresa, he tenido una impresión: aquí se guisa muchísimo y muy bien. Me imagino la cocina repleta de cacerolas desde primera hora de la mañana con fuegos lentos, buscando huecos entre unas y otras para que quepa la siguiente. Cocina de elevada mise en place y temporada con multitud de opciones fuera de carta casi superan a la misma. La verdad es que resulta un auténtico gusto que existan tantas posibilidades de elección. Empujan a la temprana vuelta y a reconocer que Triciclo es un lugar para todo tipo de público que se ha hecho un hueco importante dentro de la gastronomía madrileña sin necesidad de zumbidos y alborotos.

Triciclo se ha convertido por mérito propio en una de las mejores opciones en Madrid para disfrutar de la gastronomía de forma directa, sin ruidos ni alharacas que nos distraigan de la verdad, de lo que verdaderamente importa que es ese instante en que te llevas algo a la boca. Triciclo se ha hecho un hueco sin ser un espacio de visita frecuente de la crítica especializada. No cometan el mismo error que me achaco tardando tanto en regresar a madrileña calle Santa María del barrio de las letras. Estoy seguro que les harán disfrutar.

El restaurante Triciclo, bajo la dirección de Javier Goya, ha consolidado una tradición de colaboraciones culinarias a cuatro manos, donde chefs invitados y el equipo de Triciclo fusionan sus talentos para ofrecer experiencias gastronómicas únicas. Estos encuentros permiten a los comensales disfrutar de menús exclusivos que combinan lo mejor de cada cocina en un ambiente de creatividad y camaradería. Por el restaurante han pasado grandes “casas” como O’Pazo, desde Padron, una de las mejores parrillas de Galicia y de España o el mítico Elkano. En esta ocasión el restaurante invitado venía desde Hondarribia, Laia Erretegia, un templo del producto vasco donde la parrilla manda con elegancia y precisión. Los hermanos Ayala han cambiado su caserío en el País Vasco por cocinar en las de El Triciclo en Villa Verbena. Laia está considerado uno de los referentes en cocina honesta, basada en materias primas excepcionales y un dominio impecable del fuego. Los pescados de lonja, las carnes seleccionadas y las verduras de temporada son las protagonistas de una más que llamativa carta.

El grupo Triciclo sigue siendo uno de los referentes imprescindibles de la gastronomía madrileña. Al frente, Javier Goya, junto a Javier Mayor y David Alfonso, llevan tiempo propone una cocina de mercado vibrante, en la que los sabores tradicionales conviven con toques de autor sin perder frescura ni autenticidad. Y del equipo de Discarlux como Joaquín Felipe, Diego Fernández o Carlos González. Este menú será difícil de repetir aunque si te quieres animar al menos a preparar una impresionante chuleta tienes en la tienda online de Discarlux el mejor producto.

Hay experiencias gastronómicas difícilmente encorsetables en la estrechez del lenguaje. Experiencias sembradas en sí mismas de experiencias, de reminiscencias, de arte, de viajes en el tiempo y en el espacio. La que vivimos en Triciclo (una de las aperturas del año en Santa María 25, Huertas) fue una de esas. Y nos marcó, como marca un buen amante: creíamos que sabíamos lo que era comer bien en Madrid, pero nos equivocábamos. Porque nunca tanto como entre el calor vintage que caracteriza al restaurante Triciclo habíamos experimentado el sentido de la expresión que da título a este blog, “come y ama”. En Triciclo comimos (mucho y variado), rememoramos, amamos, suspiramos y vivimos, en definitiva, una experiencia gastronómica exquisita e inolvidable.

Llegamos a Triciclo un sábado a las dos de la tarde. No fue fácil: tuvimos que reservar con tres semanas de antelación para encontrar un hueco en sábado y, con todo, no nos quedó otra que resignarnos a cambiar lo que queríamos que fuese una cena por una comida. La espera, sin embargo, había merecido la pena. Impacientes, nos sentamos a la mesa. Pronto nos cercioramos de que elegir las dos de la tarde había sido un acierto: el local aun se encontraba semivacío, sumido en esa calma que siempre precede a la tormenta (en este caso, una mesa de unos 20 comensales que gozaba en la barra de la obligada sesión de vinos y cervezas que impone toda comilona navideña que se precie). Por fin, la carta llegó a nuestras manos. Respiramos hondo y nos dispusimos a tomar una durísima decisión: ¿Qué no íbamos a comer?

Ante nosotros se desplegaban tres propuestas: una (‘del mercado al Triciclo’), basada en productos de mercado elaborados de forma sencilla, otra (‘un paseo en Triciclo’) inspirada en productos típicos de la gastronomía española y una tercera, más arriesgada, regada de platos fusión con reminiscencias de Tailandia, Perú, Marruecos y otras cocinas del mundo. Por si esto fuera poco, desde cocina se planifican a diario un buen puñado de propuestas fuera de carta. Siempre hemos sido viajeros intrépidos y no nos íbamos a conformar con un paseo turístico: decidimos probarlo (casi) todo.

La carta del Triciclo es ideal para este tipo de hazañas: todos los platos pueden pedirse en medias raciones e incluso en tercios, lo que reduce notablemente su precio y aumenta el numero de exquisiteces sobre la mesa.

Un Recorrido por los Sabores de Triciclo

Comenzamos con un trío de platos de amplio sentido internacional que desbordan personalidad propia y en un par un perfil muy nuestro. Le sigue un tataki de besugo a la madrileña de sobresaliente. Patata, tomate, ajo en pequeños trozos, para que el bocado mantenga su finura. El pescado marinado se remate con un aceite templado que lleva ajo, vinagre, soja y que lo atempera levemente. Si lo escuchan en las recomendaciones fuera de carta, no lo duden. Cerraríamos con la interpretación “triciclera” del ceviche. En este caso de corvina salvaje con un granizado de rocoto, lima y cilantro y una salsa ponzu a la que se ha añadido yuzu. Producto de altísima calidad. En boca una primera ingestión fue de elevado picor, mientras que en la siguiente se halló un mayor equilibrio entre la acidez, el picante y aliviado por la temperatura del granizado. Notable.

La ensalada de cardo, borraja e hinojo con moluscos y huevas me pareció de gran elegancia. Almejas, berberechos, navajas, percebes, todos ellos pelados y en su punto junto con el frescor de las citadas verduras. Un plato de alto perfil gastronómico que probablemente hubiera encajado mejor justo antes del ceviche. El pulpo con garbanzos en tinta y oreja de cerdo es un ejemplo que aquí se guisa lo que les sale de los fogones (¡Sí, han leído bien!). Es decir, que existe y sienten esa mezcla entre libertad y confianza para llevar a la mesa platos imaginativos cuya propiedad común es su elevada suculencia. El pulpo en su punto, los garbanzos ligeramente aldentes y la oreja dando ese punto de grasa y melosidad resultando fina al mismo tiempo. De la rossejat de rape y langostinos me quedo con su la textura del fideo y con la profundidad de su sabor. Se nota que han sido previamente dorados, algunos de ellos están ligeramente crujientes y que se ha trabajado un fumé de categoría.

Javier nos recomienda con pasión, el lomo de vaca (corte picanha) con pan, queso y escabeche de setas. Carne de treinta días con una gran infiltración de grasa, que ha sido marinada durante 48 horas en sal y azúcar y se sirve ligeramente ahumada. El queso ayuda a reforzar el sabor lácteo que en este caso tiene la carne, mientras que el escabeche la da un golpe de sabor con un punto de acidez. Se degusta enrollándolo y casi de un solo bocado.

En Triciclo, existe la posibilidad de degustar medias y un tercio de ración, lo cual provoca que pueda finalizar con un bocado de pichón, foie, trufa y mousse de sus higadillos sobre una tosta de pan de cristal. Poco que decir ante una degustación que se disfruta de pleno sin necesarios análisis.

En lo relativo a postres, el perfil más dulce tiene un corte asturiano por el paso de Javier Goya por Casa Marcial con propuestas como el arroz con leche ó la tarta de queso azul. En este caso se intentó buscar algo más fresco con un postre de naranja sanguínea, frutas y helado de hierbaluisa que no proporcionó el gozo de los anteriores.

Sepionets a la plancha: nos devolvieron a nuestras infancias junto al mar en Asturias y Galicia. Abrimos nuestra sesión de placer con un plato de mar fuera de carta acompañado de una copita de Rueda, ideal -por su ligereza-, para ir calentando los sentidos: unos sepionets a la plancha, exquisitos y fresquísimos aderezados con un toque de alioli y una emulsión de limón que acentuaba la ligereza del plato. El primer bocado nos teletransportó a ambos a nuestras patrias norteñas -Asturias y Galicia-. Los sepionets del Triciclo nos supieron a mar, a verano, a las vacaciones de niños en el pueblo. Si la primera ración nos soprendió, la segunda nos extasió. Rara vez habíamos experimentado nosotros ese temblor que provoca en el cuerpo un plato perfecto, rara vez se nos había erizado la piel llevándonos una cuchara a la boca.

Dicen que lo bueno se hace esperar y, en nuestro caso, así fue. Con algunas pausas de por medio, superando los deliciosos preliminares, recibimos un maravilloso plato fuera de carta: canelones de pollo en pepitoria (con cebolla, huevo, almendras…). Una preparación tradicional con regusto rural que nos supo a casa, a la abuela… a gloria.

Seguimos con uno de los platos más afamados de la carta: el steak tartar: una tostadita de tartar coronada con huevas y un huevo de codorniz, perfecta como tapa. El sabor era muy suave, menos intenso que otros que hemos probado, pero sabroso. Triciclo ya no necesitaba nada más para convertirse en nuestro restaurante favorito: nos habíamos rendido a sus encantos.

Nos pasamos del blanco al tinto con un Toro Flor de Vetus con cuerpo y denso que nos engatusó como compañero de baile. Y llegaron los raviolis con rabo de toro y salsa de setas. Existen platos que llenan antes incluso de engullirlos y el rabo de toro es uno de ellos. Generalmente, huimos de cualquier sugerencia que suene demasiado contundente, pero nos habían hablado de estos raviolis y no sabemos decir que no a una recomendación culinaria fundada.

El plato final fue el contrapunto exótico de una sesión gastronómica gloriosa: taco de rendang (curry indonesio) de ternera, es decir, carrillera de ternera en una deliciosa salsa ligeramente picante condimentada con arroz inflado y con gajos de naranja, servido con tortillas de maíz.

En cuanto el tenedor cayó rendido sobre el plato, nuestros cuerpos requirieron unas caricias dulces. Y las propuestas del Triciclo se nos antojaron tan sugerentes que no pudimos conformarnos -como solemos hacer- con un sólo postre para compartir: así que pedimos una torrija de brioche avainillado con helado de yogur, una crema de chocolate con gajos de naranja y pan crujiente y un arroz con leche al estilo asturiano (cremosísimo y con su costrita de caramelo requemado). Este último postre fue cortesía de la casa: nuestra frustración por no poder degustarlos todos era tamaña que uno de los camareros se apiadó de nosotros y nos regaló una tapa de arroz con leche. Un detalle encantador que nos dejó totalmente noqueados.

Y así, agotados, encantados, felices, dejamos Triciclo. Y volveremos. Somos Susana y Fabio, foodies empedernidos, viajeros y diseñadores de experiencias gastro (eat & love studio). Te recomendamos los mejores locales de Madrid. ¿Te apuntas a comer y amar con nosotros?


Tabla de Platos Destacados en Triciclo

Plato Descripción Comentarios
Tataki de besugo a la madrileña Besugo marinado con patata, tomate y ajo, rematado con aceite templado de ajo, vinagre y soja. Sobresaliente, no dudar en pedirlo fuera de carta.
Ceviche de corvina salvaje Corvina con granizado de rocoto, lima y cilantro, y salsa ponzu con yuzu. Equilibrio entre acidez, picante y frescura.
Pulpo con garbanzos en tinta y oreja de cerdo Pulpo en su punto con garbanzos ligeramente aldentes y oreja de cerdo. Mezcla de libertad y confianza, suculento.
Lomo de vaca (corte picanha) Carne marinada en sal y azúcar durante 48 horas, servida ligeramente ahumada con pan, queso y escabeche de setas. Sabor lácteo reforzado por el queso y acidez del escabeche.
Canelones de pollo en pepitoria Preparación tradicional con pollo, cebolla, huevo y almendras. Regusto rural, supo a casa, a la abuela.

Restaurante Triciclo (Reportaje) | Nuestras sugerencias

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