Tony Hawk: Historia y Modelos de Patinetas que Marcaron una Época

La historia del skate es un tanto incierta, ya que no hay un momento o una persona única que lo patentara y de la que se pueda decir específicamente que fue el inventor del skateboard. Parece que surgió como algo espontáneo de varias personas al mismo tiempo.

Es en los años 50 cuando se tiene constancia de los primeros monopatines, fueron los surfers de la zona de California los que, para pasar el rato en días sin olas, decidieron acoplar cuatro ruedas de patines a una simple tabla de madera y “jugar” a surfear el asfalto. Obviamente, estos “skates” eran muy rudimentarios.

Por aquellos años, se tiene constancia de la primera fabricación específica de elementos para el skate. En los años 60 la popularidad del skate comienza a crecer y aparecen las primeras compañías especializadas en fabricar patines. Marcas como Jack´s, Hobie y Makaha empiezan a realizar las primeras competiciones. Como es lógico, era un estilo que nada tiene que ver con el skate moderno. Eran años donde las disciplinas reinas eran el slalom y el freestyle.

Sobre el año 65, esta moda del skate cae de pronto y parecía que el skate quedaría como algo residual y que no llegaría a más. Las pocas empresas que había cerraron y, nuevamente, no había material de skate que comprar. La gente, a pesar de las dificultades, seguían patinando por su cuenta. Volvieron al inicio y cada uno se fabricaba su skate como podía.

Cuando parecía que todo estaba perdido, ocurrió uno de esos hechos que cambia el curso de todo. Frank Nasworthy inventó las ruedas de uretano en 1973 y fundó la empresa Cadilla Wheels. Estas ruedas hicieron que mucha gente volviera a tener interés por el skate y se volvió a practicar de forma más habitual.

Entonces llegó el año 75 y en un campeonato de slalom y freestyle en Del Mar, California el equipo Zephyr enseñó una forma de patinar que no se había visto nunca y mostraron lo que el skate podía llegar a ser. A partir de ese día, se dejó de ver al skateboard como un hobby marginal y pasó a ser algo tomado muy en serio y con muchas posibilidades.

En esa fecha, se produjo otro momento histórico. Alan Gelfand, inventó el Ollie.

El Nacimiento del Skate Moderno en los Años 80

Los años 80 supusieron el nacimiento del Skate Moderno, tal y como lo conocemos hoy en día. Se empezó a evolucionar muchísimo en cuento a material y trucos. Podemos decir que los años 80 fueron una de las épocas doradas del patín.

Los 80 coincidieron con el auge del video VHS y los videos de skate hicieron que la popularidad del patín alcanzara cotas internacionales. Mucha culpa de esto la tiene la Bones Brigade, uno de los equipos más legendarios que ha habido y cuyos videos supusieron un antes y un después en la difusión del skateboarding. En dicho equipo había leyendas tales como Tony Hawk, Steve Caballero, Rodney Mullen, Lance Mountain, Stacy Peralta, Mike McGill, etc. Nombres muy conocidos aún a día de hoy y muchos de ellos en activo. También hay que recordar las tablas de aquellos días.


Tony Hawk realizando un McTwist en 2011

En los 90, la popularidad del skate volvió a caer bastante. El patín se asoció mucho al estilo underground, y los skaters no tenían muy buena reputación. El Vert cayó durante años casi hasta el olvido y, en cambio, el street se desarrolló muchísimo. Jóvenes de todo el mundo asaltaron las calles y aprovecharon cualquier obstáculo del mobiliario urbano para hacer sus trucos.

El material, evolucionó hasta prácticamente el skate que conocemos hoy en día. Se fundaron muchas marcas de skate y de zapatillas por los propios skaters.

El Resurgimiento del Skate a Finales de los 90 y la Actualidad

A finales de los 90, se produjo la primera celebración de los X-Games. Este hecho supuso un gran empujón mediático para el mundo del skate, y lo puso frente a las grandes audiencias. Televisiones, grandes marcas, juegos de consola, etc, se interesaron por el Skate como negocio y como deporte y la industria del skate creció muchísimo en todos los niveles.

Ahora mismo estamos en un punto, en el skateboard puede entenderse desde muchos puntos de vista. En Fillow te ofrecemos un completísimo catalogo con cientos de marcas, desde las mas clásicas hasta las mas actuales para que siempre este al día de las ultimas novedades. Te aseguramos los mejores productos y te asesoramos con cualquier duda que te surja.

La tienda Supreme de San Francisco no fue la primera en tener un half-pipe de monopatín en su interior, no. Ya en los años noventa, algunos comercios de deporte españoles, que hasta entonces vendían raquetas de tenis y bañadores de natación, empezaron a contar con marcas de surf y skate. Y no eran nada baratas.

Una de las más grandes fue Free Sports, en Barcelona, cuyo público principal eran chicos entre 12 y 18 años, y en la que, por si fuera poco, había… ¡una rampa! Como es lógico, las madres preferían que las criaturas estuvieran allá que en la calle. De esta manera, los negocios deportivos también se transformaron en puntos neurálgicos de tendencias. Y supieron favorecer la idea de comunidad.

Los responsables de Free ficharon al que hoy es divulgador de la historia del skate, Sören Manzoni. Primero como dependiente, luego como director de compras. Y Sören supo ver el filón al traer marcas que ni se conocían ni se comercializaban en España.

Para Johann Wald, productor de Radio Primavera Sound, que patinaba en la plaza Colón de Madrid, su incorporación a esta moda vino “al comprar mi primera revista Thrasher en 1993. En sus páginas, pude comprobar cómo se llevaban los pantalones de ancho y qué zapatillas molaban en EE.UU.”.

“Las tiendas jugaron un papel fundamental, tenías que pasarte a comprar, aprender de la movida y sentirte parte de ella. Era como ir a la iglesia, los dependientes les dábamos a los chavales la bendición y un adhesivo”, ríe Sören.

Y Barcelona había vivido unas Olimpiadas que le habían abierto la mente hacía el extranjero. Así, la concepción actual del producto como merchandising, esos logotipos de letras blancas sobre fondo rojo que reivindican ser ajenos al lujo, nacieron en nuestro país entre el año 1990 y el 2000 con pegatinas de Pornstar, Carhartt o Dickies, que se enganchaban en cascos de moto (Scoopy) a las salidas de las escuelas elitistas.

La mayoría eran marcas californianas. Sin ir más lejos, el triunfo de Supreme es mérito, en gran parte, de uno de sus socios y creadores, Shawn Stussy. Él inventó el streetwear con su propia marca de surf de culto, Stüssy. Fue en la década de 1980 en el condado de Orange, California.

Y hasta allí se fue Manzoni en 1995, en busca de sol, olas, fiesta, marcas locales y retro del bueno. Buffalo Exchange era y es la cadena de tiendas vintage estrella de la costa Oeste de EE.UU. Y fue la que influyó en la tendencia de vestir con ropa de segunda mano a la chavalada del momento.

Siempre con una selección exquisita de ropa de los años 60, 70 y 80 a precios muy económicos”, asegura. Nota para Travelers: Pacific Beach y Mission Boulevard eran el hot spot, aunque ahora se han convertido en algo parecido a Marbella. Ocean Side sigue siendo auténtico, al igual que el Downtown de San Diego. Y Garnet Avenue era, sin duda, la calle de moda y del momento.

La aventura sirvió a Sören para conocer un universo que llenaba la indumentaria de fantasía: pelo de colores, ropa de trabajador, pantalones anchos de pana, camisas de gasolinero y tatuajes en los brazos, ¡cuando todavía a ningún joven en España se le había pasado ni siquiera por la cabeza semejante disparate!

Sea como sea, la inspiración venía de los adolescentes de los suburbios, nacidos al calor del surf y el monopatín desde finales de los setenta. Con estilo y creatividad, pero escasez de recursos. Manzoni volvió a casa con un sinfín de registros que pronto sedujo a los jóvenes de la zona alta de Barcelona.

Y de repente, todos querían ir a la tierra prometida. Paralelamente, el bar Haceros Especiales fue una clara metáfora de todo este movimiento. En tres o cuatro veranos, ya era el lugar de referencia de los pijos con inquietudes. Allí se escuchaba Millencolin, No Use For a Name, Lagwagon. Fue el sitio indiscutible de peregrinaje de los viernes y los sábados por las tardes para los que no se conformaban con lo establecido.

En este escenario, uno se ganaba la credibilidad con irreverencia.

En Madrid, parece que el tema era más canalla. “La peña iba a la sala Morocco y al Bali Hai”, recuerda Johann. “En cuanto a tiendas, estaba Caribbean Skate Shop, que abrió por primera vez ¡en 1975! Se le atribuye haber hecho aterrizar el skate en Madrid. Respect”.

Ahora resulta curioso que la vestimenta propia de un colectivo instalado en la marginalidad urbana fuera instaurada en España, en general, por hijos de familias pudientes. Iban a California vestidos de Lacoste y Dockers, y volvían con el pelo decolorado y algún piercing escondido.

Más tarde, con el auge de la globalización, se fueron expandiendo esas consignas estéticas. “Yo pasaba temporadas en Reino Unido, que era más accesible y donde había una explosión de ropa streetwear y música. Empezaba a verse gente que no patinaba, pero que usaba zapatillas de skate, como las Airwalk One, para ir a clubs de deep house”, comenta Johann Wald.

En cualquier caso, en una industria donde el storytelling es la clave del discurso, hay que viajar a la California de antaño para entender la génesis indiscutible de parte de la moda actual.

Tony Hawk: 50 tricks at Age 50

En 2016, dentro de su serie Women’s Tales, Miu Miu presentaba un cortometraje dirigido por Crystal Moselle, en el que honraba la amistad femenina entre skaters.

Por otro lado, tras 25 años de historia, Supreme se considera la firma de streetwear más influyente del mundo, colaboraciones con Louis Vuitton mediante. Como un acto antagónico a los orígenes de la marca, que se remontan justamente a las tribus urbanas, la gente ha llegado a comprar billetes de avión para no perderse una inauguración de la firma y sus prendas se revenden mucho más caras que las originales. El caso es que una sudadera de Supreme puede llegar a costar 25.000 euros.

A tal éxito también contribuye que, a las salidas de los desfiles, las modelos e influencers visten camisetas de Supreme y Trasher, deportivas de Vans (o Balenciaga y Alexander Wang imitando el rollo), en un cóctel estético mezclado con Dior o Chanel.

Ojo, Trasher empezó como un magacín sectorial y lo que vemos hoy en estas perchas surgió como puro material promocional. Al preguntarle al director de Trasher qué opinaba del fenómeno contestó contundente: “No mandamos cajas a esos payasos. No nos interesa que se nos relacione con ellos”.

La fiebre es tal que Gosha Rubchinskiy hasta lanzó un perfume que pretendía oler a patinador: aroma de sudor, goma gastada y cemento incandescente.

Según el antropólogo Iñaki Dominguez, estos nuevos consumidores, ajenos a la subcultura a la que pertenecen estas marcas, hacen uso de las constelaciones identitarias, como carpetas del ordenador. Si tú quieres consumir una determinada personalidad a través del vestuario, pongamos ‘fashion-urbano’, puedes elegir, en un menú, el tipo de comida (pizza vegana), la estética (estilo street style neoyorkino), la ideología política (ecología y libertad sexual)...

Tony Hawk’s Pro Skater hizo un trabajo similar al de Wii o Candy Crush, si bien en otra dirección: normalizó la idea de «jugar a la consola» entre un tipo de público que en la frontera con el nuevo siglo todavía podía ver los videojuegos con cierto recelo, como un pasatiempo para raritos o una distracción para niños.

La palabra remake tiene difícil definición cuando hablamos de videojuegos, por motivos que no vienen al caso; la cuestión es que Tony Hawk’s Pro Skater 1+2 está más cerca de Final Fantasy VII Remake que de MediEvil, en el sentido de que, si pudieras pedirle a Tony Hawk que se bajara del monopatín un segundo y pudieras charlar un rato, seguro que te podría hablar de los buenos recuerdos en ese almacén, en el hangar, en las escuelas, porque ya estuvo en esos sitios hace veinte años, cuando tenía menos arrugas que las que tiene ahora.

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