Ramón Espinar, una figura que emergió del movimiento 15-M, ha recorrido un camino desde las protestas en las calles hasta ocupar un escaño en la política institucional. Su trayectoria, marcada por la participación en movimientos sociales y la posterior incursión en la política, ofrece una perspectiva interesante sobre la evolución de la izquierda en España.

El Legado del 15-M
Se cumplen 10 años del 15-M, y según Espinar, queda sobre todo una cultura política diferente en toda España, que ha marcado de forma definitiva cómo se relaciona con la política su generación, la que hoy tiene entre 27 y 45 años, pero también cómo ha revisado su relación con la política la generación de sus padres.
El proceso de alfabetización, de construir una gramática política juntos fue el 15-M, además aquel movimiento le puso en cuestión a mucha gente la confianza ciega en las élites que habían hecho la Transición, y eso se acabó. En el 15-M hubo una cosa muy mágica, que es el uso del espacio público, es la gente simplemente haciendo un uso natural de lo que es suyo, y eso es metafórico de lo que fueron aquellos meses y aquellos años.
El 15-M no pedía la dictadura del proletariado, y sin embargo, estaba haciendo cosas que eran absolutamente revolucionarias en nuestro sistema político y democrático porque estaba rompiendo esquemas. El 15-M rompió la caja: nosotros estábamos, como en cualquier sistema social, dentro de unas determinadas categorías y coordenadas, y eso se rompió.
Según Espinar, la catarsis colectiva que supuso esa forma de canalizar el malestar evitó que nosotros petáramos como país de otra forma más violenta y más jodida. España ha sido la gran excepción en toda Europa, porque no teníamos extrema derecha, y eso tuvo mucho que ver con cómo se canalizó aquella crisis y el 15-M.
El riesgo, a toro pasado y 10 años después, es que aquello se convierta en mayo del 68, que estemos dando la turra los próximos 40 años y viviendo -incluso materialmente y muy bien- de contar el 15-M, y con el papá cuéntame otra vez. Los legados políticos tienen que estar vivos, que la conversación permanezca abierta, que no se cierre.
De las Calles a la Política Institucional
De una forma natural y lógica, buena parte de los que estuvieron ahí como activistas dimos un pasito hacia la política institucional.
En los años de la universidad, nosotros éramos activistas sociales y en la Facultad de Políticas había mucha gente afiliada a partidos y, en general, nos parecían unos trepas. Porque éramos muy sectarios también, eh. Pero hay mucha gente militando en todos los partidos que lo hacen por una vocación de servicio, porque se lo creen, por ideología.
El que ve el mundo igual a los 20 años que a los 35 es un gilipollas.
Podemos se funda como una herramienta popular para refundar España y se convierte tiempo después en otro, que juega a la política parlamentaria asumiendo que hay un bloque de izquierdas encabezado por el PSOE y que nosotros vamos detrás. Hay el espacio político todavía para una izquierda mucho más ambiciosa que eso.
Es evidente que nosotros éramos de izquierdas al principio de Podemos. En el eje, nos colocaban a la izquierda de IU. Y sin embargo, nos votaba gente que no se colocaba ahí. ¿Y por qué? Porque entendían que sí, estos chavales son unos rojos, pero dicen algo más que las cosas de rojos.
En el tránsito hacia Unidas Podemos y el Gobierno de coalición, eso se ha ido desprendiendo, porque en realidad hay una vuelta a la zona de confort, a los tópicos de la izquierda de toda la vida. Y creo que incluso por cierto cansancio y pereza intelectual. Porque no puedes estar todo el rato haciéndote las preguntas esenciales. Aunque el problema es cuando no te las haces nunca, porque puede pasar que te deteriores muchísimo, acomodándote.
En 2014, éramos diferentes, menos coherentes, con menos trayectoria histórica, menos respuestas para todo, pero con una capacidad para interpelar a la mayoría social que ahora no hay. Porque ha cambiado la ambición por refundar España por una especie de refundación del espacio a la izquierda del PSOE.
ENTREVISTA | Ramón Espinar: La política hoy
Reflexiones sobre Podemos en el Gobierno
Espinar se considera parte de la decepción, no se puede desligar, ya que era secretario general de Podemos aquí en Madrid cuando se rompió el partido en tres. Y asume por completo su responsabilidad.
Iglesias ha sido capaz de trasladarle a su electorado las tensiones de ese Gobierno, eso lo ha jugado bien. Por tanto, no creo que haya una gran decepción.
Un espacio que venía a refundar este país y que era un outsider de la indignación, que se manejaba en la tensión entre lo que está en la política y lo que está fuera, al entrar en el sistema, ¿ha devuelto lo suficiente? ¿Sale la cuenta? En mi opinión, sale mal. Porque se ha conseguido mucho en términos simbólicos y de reconocimiento, bastante en términos de sillones y poco en términos de programa, aunque hay algunos elementos que también son victorias de Podemos en el Gobierno.
Esta gestón de la pandemia, por ejemplo, los ERTE, las ayudas, no se entienden sin la crisis política de 2011, derivada de la crisis financiera de 2008. Es decir, hay un elemento que ha calado, que ha permeado y que ha sedimentado en la sociedad ¿Cuáles son éxitos del 15-M? Que no nos gestionaran esta pandemia como nos gestionaron aquello. Ahora, el saldo 10 años después, ¿es que hay un proceso de democratización en España? No, el poder está cada vez más concentrado. Por tanto, nuestro saldo neto es un fracaso.
Los grandes cambios de la agenda política tienen mucho más que ver con lo que se ha movido en lo social que con lo que se ha movido en lo político. El primer Podemos era una cosa diferente de un partido político. Habrá gente que diga no, no, vosotros erais lo de siempre, siempre buscasteis lo mismo, queríais el poder. Probablemente, el lector medio de EL ESPAÑOL lo vive así, y yo lo entiendo perfectamente.
Críticas y Controversias
Ramón Espinar, que hablaba así hace dos años y medio, tuvo que reconocer ayer en público que se lucró vendiendo una Vivienda de Protección Pública (VPP). Es más, cuando escribió ese tuit en abril de 2014 ya se había embolsado beneficios por valor de entre 19.000 y 20.000 euros tras comprar sobre plano y vender en menos de un año un apartamento y dos plazas de garaje de los que nunca disfrutó. Una operación especulativa con una vivienda construida sobre terrenos cedidos por el madrileño Ayuntamiento de Alcobendas.
Poco más de un año después, a finales de 2015, cuando Espinar ocupaba ya un escaño en la Asamblea de Madrid en representación de Podemos, aún se permitía el lujo de dar lecciones de ética al entonces presidente de la Comunidad, Ignacio González: "El objetivo final de la promoción de vivienda pública no es venderla", decía sin rubor Espinar desde su escaño, "el objetivo final de la promoción de vivienda pública es garantizar el acceso al derecho a la vivienda de la ciudadanía que no puede acceder en mercado libre".
Por más que el también senador de la formación morada intentase defender en su comparecencia pública la legalidad de su actuación, algo que nadie puso en duda, ayer quedó deslegitimado para seguir ocupando un cargo público en nombre de un partido que defiende la regeneración de la vida política.
La promotora Vitra, impulsada por Comisiones Obreras, concedió a Espinar una vivienda a un precio inferior al de mercado, como todas la construidas en régimen de protección pública. Gracias a la ayuda de su familia, el joven estudiante de 21 años que entonces era Espinar pudo pagar los primeros vencimientos hasta que escrituró la vivienda en 2010. Al año siguiente, se dio cuenta de que no podría pagarla, según su argumentación.
Podría haber renunciado y que otro demandante de vivienda pública accediese a ella. Pero optó por venderla, no al precio que él la adquirió, sino al máximo que la ley le permitía en ese momento. Es cierto que no incurrió en una ilegalidad, porque por desgracia en nuestro país el sentido de la vivienda de protección destinado a las personas con pocos ingresos ha perdido su objetivo de carácter social y de corrección de los efectos negativos del mercado inmobiliario para convertirse en un lucrativo negocio.
Pero a nadie se le escapa que por muy generalizada que esté esta práctica, tolerada por las administraciones públicas, nos encontramos ante una operación de enriquecimiento rápido a costa, en este caso, de la cesión de terrenos municipales.
Espinar, un político fiel a Pablo Iglesias, ha denunciado que esta información sólo pretende interferir en el proceso de primarias para dirigir el partido en Madrid. Pero más allá de las luchas intestinas entre iglesistas y errejonistas, su comportamiento es intolerable y vergonzoso.