¿Qué moto usaba Carlo de Gavardo en la serie El Cóndor?

La historia del motociclismo chileno está marcada por nombres como Carlo de Gavardo, conocido como el "Cóndor de Huelquén". Su trayectoria, llena de desafíos y triunfos, lo convirtió en un ícono del deporte nacional. Este artículo explora los inicios de su carrera en el Rally Dakar y la moto que lo acompañó en esta aventura.

Carlo de Gavardo en el Dakar 2004

El Comienzo Inesperado

Todo comenzó en un paradero de micro frente al Hospital de la Fuerza Aérea de Chile, en plena avenida Las Condes. Carlo de Gavardo esperaba locomoción, luego de ir a buscar su finiquito a las oficinas de Kawasaki. Después de nueve títulos nacionales de enduro y una medalla de bronce en los Seis Días de Tulsa 1994, a comienzos de 1995 el piloto ya no tenía motivaciones ni horizonte deportivo.

A esa misma hora, Pedro Palacios manejaba por la misma calle. Se dio cuenta de la presencia de Carlo y se detuvo. No eran amigos, pero se conocían. Palacios bajó el vidrio del auto, le preguntó hacia dónde iba y le dijo que lo llevaba, sin esperar la respuesta. El deportista le contestó que se devolvía a su casa, en Huelquén. Palacios se ofreció a encaminarlo, al menos. Sin embargo, no avanzaron ni 200 metros cuando se decidió un cambio de planes: una invitación a almorzar en el restaurant Bavaria, que se ubicaba una cuadra más hacia el poniente.

Mientras comían, De Gavardo le relató lo que había pasado y lo que iba a suceder. Palacios escuchó atento, como quien escucha a alguien desahogarse. Sentía mucho respeto por el piloto y su trayectoria. No recuerda exactamente si el siguiente planteamiento surgió en esa misma conversación o en los días posteriores; lo que sí tiene aún fresco en la memoria es que en ese diálogo lo picó el bichito que le abriría las puertas de Chile a un deporte prácticamente desconocido hasta ahí.

Para el recién jubilado endurista, el Dakar era un viejo anhelo, imposible ya, dadas las condiciones descritas. La propuesta de Palacios le seducía por el objetivo final y también porque se ofrecía a financiarla.

El Sueño del Dakar

En 1990, Pedro Palacios vendió la bomba de bencina Gaspal que tenía en la esquina de Departamental con Vicuña Mackenna, en Macul. Las obligaciones financieras, de varios millones de dólares, quedaban atrás y el empresario, por primera vez en mucho tiempo, podía respirar tranquilo. El otro deseo lo dejaría en los libros de historia del deporte nacional como el segundo chileno en correr el Rally París-Dakar en 1991.

Los dramas que vivió Palacios en su primera experiencia dakariana no fueron suficientes para hacerlo desistir de volver. En un restaurante en Las Condes, junto con Carlo de Gavardo, planeó su regreso.

Giorgio de Gavardo recuerda que el trato incluía el pago de la inscripción, que se cancelaba en tres cuotas, aunque finalmente se haría bajo otro sistema. El huelquenino ya había comenzado a tocar puertas de distintos auspiciadores. Partió por lo básico: una moto. Llegó hasta las oficinas de Aprilia, Honda y Suzuki. Nada. No obtuvo respuesta.

La Moto de "El Cóndor": KTM 620 LC4

Carlo de Gavardo / 1969-2015

Entonces, surge el vínculo con KTM, la empresa de motos austríacas que por esa época, a mitad de los 90, vivía un reposicionamiento luego de ser adquirida por un grupo inversor. Carlo las había visto en acción en Tulsa, cuando junto a un grupo de chilenos viajó a participar de los Seis Días, la prueba más tradicional del enduro. Conoce a Roland Spaarwater, el chileno-austríaco que tenía la representación de la marca en el país. Palacios también tenía vínculos con él desde hacía un tiempo, pues le había comprado una moto.

Spaarwater le entregaría la máquina con que De Gavardo competiría en el Dakar, una 620 LC4 que hasta hoy todos llaman “la morada”, por su llamativo color. Además, lo patrocinaría asumiendo las facturas que le enviaba la fábrica desde Austria con el cobro de los repuestos utilizados durante las carreras.

KTM 620 LC4 "la morada"

Preparación y Entrenamientos

Palacios y el huelquenino se instalaron en Guanaqueros, en la Región de Coquimbo, donde el empresario tenía una casa. Cuando quería volver a Santiago, lo hacía en su avión privado. Durante un mes, partían todos los días a las cinco de la mañana, después de que su esposa Carmen Callegari les preparaba el desayuno a los dos. “Eran 700 kilómetros de ida y vuelta hasta Bahía Inglesa. Nos íbamos por diferentes caminos, por la montaña, por la costa. Él me pasaba todo el rato y se devolvía a buscarme.

Palacios lo resume: “Llevábamos como un mes y medio de prácticas. Estábamos en septiembre, me acuerdo. Un día, de vuelta de Bahía Inglesa, me saqué la chucha. Me pegué en la rodilla y cagué. Fue lo mejor que podría haber pasado para la historia del rally cross country en Chile, porque evité ser un lastre para Carlo y pasar una vergüenza.

El Mecánico Clave: Samuel Barrientos

Paralelamente a sus entrenamientos y a su trabajo consiguiendo más auspicios para costear los cerca de 25 millones de pesos que implicaba el proyecto, De Gavardo había contactado a la persona que sería su sombra en los desiertos africanos: el mecánico Samuel Barrientos. Nacido en Puerto Natales, había llegado en 1989 a trabajar con las motos Kawasaki, justo la temporada en la que el piloto fichó por la marca. Aprendió en el taller, en el inicio de la década de los 80, sin ir a ningún instituto ni nada parecido.

Desde que se conocieron, De Gavardo fue moldeando a Barrientos de acuerdo a sus requerimientos y lograron una amalgama que al motociclista le parecía perfecta. Pese a la distancia y al escaso contacto que mantenían por esos días, al mecánico no le sorprendió el llamado. “A principios de 1995 apareció por Natales. Estuvimos conversando de lo que habíamos hecho durante el tiempo que no nos vimos y le conté que no sabía si quería seguir trabajando en mi ciudad o seguir aventurándome por otros lugares. Además, le mencioné de mis ganas de conocer Europa. Ahí me contó que estaba pensando en ir al París-Dakar, porque era su sueño llegar y terminar la carrera. Me contó que quería llevar un equipo chileno y que estaba pensando en algo. Me dijo que me tenía considerado. Como en julio me llamó de nuevo y me mandó los manuales de la KTM 620. Me dijo que no era nada seguro, pero que me aprendiera de memoria la moto.

El Apoyo Económico

El accidente de Palacios trajo esa cuota de incertidumbre que Carlo le transmitía a su mecánico. “Pedro alcanzó a pagar la primera cuota de la inscripción, pero cuando se cayó nos quedamos sin plata -comenta Giorgio de Gavardo-. Carlo volvió a tocar puertas. Fue a Copec y le dijeron que querían que ganara el Dakar. ¡Imagínate!

“Él había ido sólo a conversar y no lo pescaron. ‘Me fue como las hueas’, me dijo. Fue el primer gran acuerdo que sumaría el plan dakariano del Cóndor de Huelquén. Aun así, era insuficiente. "'No hay plata, papá', me dijo. Ya estábamos en octubre. Entonces, le comenté a mi señora si se acordaba de unas acciones que me habían hecho comprar. Decidimos venderlas y le sacamos un billetazo.

En paralelo, comenzaron a organizarse diversas actividades para recolectar fondos para el proyecto, que pasarían a la historia con el nombre de Carlotón. Se trató de una serie de eventos en que amigos y conocidos del piloto se reunían para rifar implementos que se facilitaban, como ropa especial para motociclista, repuestos para motos y poleras alusivas al viaje de De Gavardo, que su entonces aún polola Pamela Cano vendía e iba a entregar personalmente a todos los conocidos.

Entonces, Giorgio de Gavardo recibió el llamado de Diego Izquierdo, el empresario dueño de Pinturas Ceresita y parte de la acogedora familia del enduro chileno. Estaba molesto porque no habían solicitado antes su apoyo para el proyecto. “¿Para qué están los amigos, tío? A ver, dígame, ¿cuánta plata necesita?”, le preguntó. A KTM, YPF y Ceresita se sumaron otros sponsors de distintos tamaños, como Entel, G. Prohens, Imoto, Río Peumo, Motoservice, la revista S Deportes, además de cientos de aportes por distintos valores hechos por amigos y no tan amigos.

Legado

Carlo de Gavardo no solo fue un piloto exitoso, sino también una figura inspiradora. Su dedicación, perseverancia y espíritu deportivo lo convirtieron en un ejemplo a seguir para muchos. Su legado continúa vivo a través de su familia y de todos aquellos que sueñan con alcanzar sus metas.

Aquí hay una tabla que resume los principales hitos y logros de Carlo de Gavardo en el Dakar:

Año Resultado Notas
1996 - Primer Dakar
1997 14° lugar Fractura de tibia y peroné
2001 - Mejor Dakar en Sudamérica
2002 4° lugar Ganó 3 etapas
2003 8° lugar -
2004 8° lugar -
2005 Abandono -
2006 5° lugar -
2010 - Participó en la prueba de autos manejando un vehículo Hummer

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