El Rally París-Dakar, conocido como el rally más duro del mundo, ha sido escenario de hazañas increíbles y vehículos inusuales. Desde coches gigantes hasta motos diminutas, la competición ha acogido a aventureros dispuestos a desafiar los límites. Pero, ¿sabías que incluso una Vespa se atrevió a participar?

La Aventura de 1980: Vespas en el Dakar
Pues sí, lo creáis o no, cuatro valientes decidieron disputar la segunda edición del Rally más duro del mundo, en 1980, a los lomos de una Vespa. En 1980, un piloto francés convertido en empleado de Relaciones Públicas del Grupo Piaggio tuvo una idea brillante. ¿Su proyecto? Llevar un cuarteto de Vespa para completar el Rally Dakar, por supuesto. Los héroes (insensatos para otros) se llamaban Yvan Tcherniavsky, Bernard Neimi, Bernard Simonot y Jean-Louis Albera.
En sus manos tenían cuatro Vespas P200E a las que habían modificado para poner ruedas de tacos, un depósito extra de combustible y otro espacio dedicado al agua que había que llevar de forma obligatoria, explican en Motorpasión Moto. Pese a ello, buena parte de las dunas del rally las tuvieron que superar andando, empujando la moto arena arriba.
El intento de estos cuatro pilotos de llegar hasta las orillas del Lago Rosa sigue sorprendiendo más de 40 años después. En este hilo de Threads puedes ver más imágenes de aquellos días. Pero, seguramente, lo más sorprendente es comprobar que dos de aquellos pilotos consiguieron ver las aguas del Lago Rosa en Dakar montados en sus propias Vespas. Efectivamente, Bernard Simonot y Jean-Louis Albera consiguieron llevar sus pequeñas scooters hasta la meta y, además, no quedaron los últimos.
Es un relato casi increíble y completamente real. Ojo al spoiler, porque te anunciamos que al menos una Vespa cruzó la línea de meta en el París-Dakar de 1980 por su propios medios. Muéstraselo a tus amigos o échale un vistazo mientras estás pensando en tu próxima tarea imposible del próximo fin de semana. Y recuerda, sólo tienes que planear bien la cosas y ser valiente... y tal vez reunir a un grupo de tus mejores amigos expertos junto con un grupo de Land Rover de apoyo para respaldarte.
Otros Vehículos Inolvidables en el Dakar
La aventura en Vespa de 1980 fue solo una de las muchas historias fascinantes del Dakar. A lo largo de los años, pilotos audaces han participado con vehículos de lo más variopintos.
El Renault 4
El Reanult 4 es uno de los vehículos más históricos del Dakar. De la mano de los Claude y Bernard Marreau, estuvo presente en su primera edición terminando en quinto lugar de la general.

El Fiat Campagnola
También en la primera edición, en 1979, siete pilotos disputaron la prueba a bordo del Fiat Campagnola.
El Rolls-Royce
Incluso un Rolls-Royce hemos visto en el Dakar. Fue en la edició de 1981 fruto de una apuesta de Thierry De Montcorgé con sus amigos.
El Jules II Proto
Pero Thierry De Montcorgé no se dió por vencido y en 1984 volvió a intentarle a bordo del Jules II Proto, un llamativo coche con un motor Chevrolet V8 y la transmisión del Porsche 935.
El Porsche 959
Tras la sorprendente victoria en 1984 del 953, Porsche se propuso volver a hacerse con el triunfo al año siguiente llevando a tres 959 a la competición.
El Citröen 2CV
Uno de los retos más llamativos en la historia del Dakar es el que se porpusieron los hermanos Marques en 2007, cuando intentaron completar el Rally más duro del planeta a bordo de un Citröen 2CV de 1963.
La Pit Bike
Esa aventura de 1980 en Vespa fue la inspiración para que en 2009 Ivo Kastan se propusiera realizar el Rally Dakar en una pit bike. Usando piezas de una Honda XL200, el modelo incorporaba un motor de apenas 146cc y pesaba 180 kg con el piloto encima.
El Titan
Y pasamos de uno de los vehículos más pequeños en disputar el Dakar a uno de los coches más grandes en hacerlo. Al potente Titan, pilotado Michele Cinotto, lo vimos en la pasada edición del Dakar con su motor twin-turbo Audi 3.0 V6 TDI y un chasis tubular fabricado para la ocasión.
Yamaha XT500
Este es uno: Llewelyn 'Llel' Pavey (Brake Magazine) y el fotógrafo y youtuber Isaac Johnston se plantaron en el terreno del Dakar de 1979 con dos Yamaha XT500 del mismo año para rehacer, a su manera, el París-Dakar que inventó Thierry Sabine. Sin ayudas electrónicas, sin mapas que te lo den todo hecho, sin nada más que un monocilíndrico de arranque a patada y ganas de meterse en líos. XT500, arena hasta en las botas y el eco del París-Dakar original.
La premisa que cuentan en su vídeo es simple y brutal: ¿puede una XT500 de 45 años seguir el ritmo en el desierto? Ciertamente, hoy, cualquier trail media te da ABS en curva, control de tracción y pantallas que parecen tablets. Por su parte, Johnston ha publicado su propia pieza, más corta y con mirada de making-of, que enseña lo que no sale en los carteles: las dudas, los cambios de plan y el trabajo del equipo para que todo tenga sentido cuando la cámara está grabando.
¿Y la ruta? No se trata de clavar kilómetro a kilómetro los 10.000 del París-Dakar original, sino de recuperar su espíritu: Marruecos, pistas rápidas, pedregales que muerden y dunas que, si te equivocas, te escupen hacia atrás. Lo suficiente para entender por qué aquel primer Dakar dejó solo un puñado de motos en meta y por qué la XT500 se ganó su fama de mula incansable.
El detalle técnico también habla: la XT500 es un 499 cc refrigerada por aire que exige ese tacto de moto vieja. Eso significa que nada de ayudas, poco de frenos y mucha inercia. En un mundo de mapas de potencia y control de tracción, ver a dos moteros peleándose con 150 kilos de historia te recuerda que la velocidad no es lo único. A veces se trata de no hundirse, de mantener la rueda delantera ligera y de entender cuándo vale más una segunda larga que un dedito de gas mal dado. Eso, y la terquedad de no rendirse cuando el termómetro se dispara.
Lo mejor es que el resultado sirve de espejo. Si en 1979 muchos salieron con motos que hoy consideraríamos insuficientes, quizá no necesitas 120 CV y 250 kilos para vivir tu particular Dakar de fin de semana. Una XT clásica, una trail sencilla o la moto que ya tienes, con cabeza y preparación mínima, pueden darte más aventura de la que imaginas. "¿Qué Dakar es el tuyo?" preguntan ellos.
Hace ya varias décadas, concretamente en el año 1982, el periodista Joan Porcar se convertía en el primer piloto español que corría el rally París-Dakar en moto. Una prueba de resistencia, considerada como una de las más duras de todo el planeta, dirigida principalmente a algunos de los mejores pilotos del planeta. Después de cubrir el Mundial de Motociclismo para medios como El Periódico o Solo Moto, el protagonista de esta historia se aficionó al mundo de las carreras y comenzó a participar en algunas pruebas que se desarrollaron en África. Un auténtico pionero en todos los sentidos que, con el paso del tiempo, acabaría convirtiéndose en el primer español en participar en una de las carreras más famosa del mundo.
Desde entonces han pasado muchos años y la carrera ya no tiene nada que ver con aquella que mantenía en vilo a millones de personas de todo el mundo. De hecho, a día de hoy ni tan siquiera se celebra en el continente africano, pues el gobierno saudí se ha hecho con sus derechos en un nuevo intento de traer eventos deportivos de clase mundial a su territorio. Ha cambiado el circuito y también la tecnología que se puede utilizar durante la carrera para poder llegar a la meta de la mejor forma posible.
Los Avances Tecnológicos del Primer Dakar
Así lo ha explicado José Antonio Ponseti en el último programa de SER Historia, donde ha hablado junto a Nacho Ares acerca del Rally París-Dakar y de su evolución con el paso del tiempo. Todo ello a raíz de un comentario del presentador del programa, quien ha querido descubrir cuáles eran las medidas de seguridad en los inicios de la carrera: "Hoy con tu móvil tienes una geolocalización, puedes moverte por muchos sitios pero, por aquella época, todo era mucho más complicado. Te tenias que servir de los pocos rudimentos tecnológicos que había pero, sobre todo, por tu intuición y tu saber y conocimiento del entorno como puede ser la posición del sol, que son una serie de cosas que en la situación actual se han perdido".
En ese momento, Ponseti ha recordado la historia de Joan Porcar, quien debutó en el rally con una moto de la marca Ossa: "Él me cuenta que, por aquel entonces, solo era obligatoria la brújula, el mapa y un libro de ruta que te daba una referencia cada 100 kilómetros. Era una locura". Por otro lado, el director de SER Aventureros nos cuenta que los participantes tenían que llevar también un plato de metal y un bote, en el que te servían el rancho: "Joan me contó que se pasó prácticamente la totalidad del Dakar comiendo cuscús y bebiendo café con leche".
Las Medidas de Seguridad del Rally
Respecto a las medidas de seguridad, Ponseti explica que dejaban bastante que desear: "Ahora te vas a reír. Su mayor medida de seguridad era un adhesivo de color naranja en la parte superior del casco por si hubiera un helicóptero o un avión cercano que les pudiera ver".
Varios años más tarde, la prueba añadiría nuevas medidas de seguridad, aunque tampoco es que arreglaran demasiado las cosas: "Ya un par de años después les dieron una bengala que solo podrían usar en caso de que estuviera cerca el avión o el helicóptero, así que imagínate dónde estábamos".
El Dakar es una cosa. Lo explica muy bien Jose Armando Gómez, comentarista de la Fórmula E y periodista en Revista Coches, en este hilo de X. Pero recuerda que, con los años, se ha perdido la esencia del "viaje" que era el París Dakar. Un rally menos profesionalizado con un mayor componente de aventura y que podía presumir de enlazar culturas, países y hasta continentes.
Hace una semana os contamos la historia que nos llevó a ver una suerte de Frankenstein de Rolls-Royce y Toyota por el desierto africano. El día que cuatro amigos se presentaron en la línea de salida en París con cuatro Vespas. Era el segundo año en el que iba a disputarse el "rally más duro del mundo". El año anterior, 80 coches y 90 motocicletas se habían aventurado por primera vez en una competición que los llevaría desde las calles de París a Dakar, la capital de Senegal.
Evidentemente, con las tecnologías de hace 45 años y con la intención de cruzar buena parte de África, el espíritu aventurero estaba estrechamente ligado a una primera edición en la que se trataba, primero, de sobrevivir y luego competir la clasificación. Las exigencias del terreno y los kilómetros acumulados obligaban a tener entre las manos un coche o una moto dura y fiable que garantizara llegar a la línea de meta. Aquel año no había categorías, así que no hubo una clasificación de coches al uso.
Así, la semilla estaba sembrada. Con el abandono de más de la mitad de los participantes, quedaba claro que el París-Dakar no era un rally raid cualquiera.