Nieves Moya, nacida en Madrid, es una figura emblemática en el mundo del ciclismo. Ella fue la primera mujer en incursionar en el periodismo deportivo especializado en ciclismo en España. Su destacada trayectoria y pasión por este deporte la han convertido en una de las periodistas más reconocidas a nivel internacional.

Inicios y Trayectoria Profesional
Nieves Moya, nada más entrar en la Universidad, empezó a escribir de ciclismo y a seguir las carreras por nuestro país. Comenzó su carrera en Radio España, cuna de muchísimos periodistas, y luego pasó por el Diario As y la agencia Europa Press. Durante muchos años, trabajó para el rotativo deportivo italiano Tuttosport y para la agencia internacional France Press. Es una experta en el Giro de Italia y en el Tour de Francia.
En la Vuelta 2019, todos los que se acercaron a la Sala de Prensa pudieron hablar con Nieves Moya y escuchar sus experiencias. Como cubrió muchísimos Giros de Italia y Campeonatos del Mundo tiene anécdotas de todo tipo.
Nieves nos contó que “fui a cubrir la Vuelta al País Vasco por primera vez con una amiga periodista de San Sebastián, Miren Gasca. Éramos dos chicas, pero curiosamente no nos dijeron nada y nos dejaron trabajar.
En estos momentos sigue estando al pie del cañón en la sala de Prensa.
Un Mundo de Hombres: Desafíos y Reconocimientos
Nieves Moya recuerda que “empezamos dos mujeres en un mundo que era muy de hombres. Antes los periodistas podían ir con su coche en carrera, pasar al pelotón, seguir a los escapados y controlar la carrera desde dentro. Radio Vuelta no era la de ahora y por ello los periodistas seguían la carrera metidos en el pelotón.
Ya contamos aquí en la AEPD, relatado por la propia Nieves Moya, que cuando comenzó a cubrir las carreras no podía seguir las etapas porque a las mujeres les estaba prohibido ir en los coches de Prensa, ya que los ciclistas hacen pis en carrera sin bajarse de la bici y eso no querían que lo viera una mujer.
Pero, curiosamente, cuenta Nieves Moya, “fui a cubrir la Vuelta al País Vasco con una amiga periodista de San Sebastián, Miren Gasca. Como éramos dos chicas, no nos dijeron nada. Las mujeres no podían ir en carrera, ni conducir coches, ni ser parte de los equipos como sucede desde hace ya bastantes años.
“Los compañeros de profesión me recibieron muy bien, yo nunca vi ningún desprecio por ser mujer, todo lo contrario. Yo era una más y las que fueron llegando poco a poco también recibieron el mismo trato.
Reconoce que siempre “los chicos me trataron muy bien”. Pero también que los números son muy altos. “Nunca diré mi edad como otros muchos que conozco, pero esta es mi Vuelta número 38”.
A pesar de los desafíos, Nieves ha sido una figura respetada y admirada en el mundo del ciclismo. Su dedicación y profesionalismo han allanado el camino para futuras generaciones de mujeres periodistas deportivas.
El Legado de Nieves Moya en el Ciclismo
El Club Ciclista Nieves de Parla ha dejado una huella significativa en el ciclismo español, promoviendo el deporte y formando jóvenes talentos. A lo largo de su historia, ha organizado eventos importantes y ha sido reconocido por su excelencia en la formación de ciclistas.
La Federación Madrileña de Ciclismo ha elegido a la Escuela Ciclista Nieves de Parla como la mejor de la Comunidad de Madrid, tras ocupar el primer puesto del ránking por puntuación en carreras. Un total de 216 clubes madrileños optaban a este premio.
La escuela de Parla consiguió este trofeo gracias a los grandes resultados obtenidos en las diferentes pruebas celebradas a lo largo del pasado año.
Klasika Primavera-Memorial Federico Martín Bahamontes
La ciudad de Parla se preparó para recibir la primera edición de la Klasika Primavera-Memorial Federico Martín Bahamontes, una prueba ciclista de élite y sub-23. Esta carrera, organizada por el Club Ciclista Ciudad de Parla y el Club Ciclista Nieves, nació con el objetivo de rendir homenaje a uno de los ciclistas más emblemáticos de la historia del deporte español: Federico Martín Bahamontes.
Federico Martín Bahamontes, conocido como el "Águila de Toledo", es una figura legendaria del ciclismo. Sus logros, incluyendo la victoria en el Tour de Francia en 1959, lo han convertido en uno de los deportistas más admirados y respetados de España. La realización de esta prueba en Parla, una ciudad con una larga tradición ciclista, es un reconocimiento a la trayectoria de este ícono del deporte.
La Klasika Primavera-Memorial Federico Martín Bahamontes contó con un trazado de 145 kilómetros que puso a prueba a los ciclistas participantes. El recorrido estuvo salpicado de cortas y exigentes subidas, así como de dos tramos de tierra que "dieron mucho juego" y ofrecieron una carrera "selectiva" en la que se pudieron lucir los más fuertes.
Según los organizadores, Miguel Ángel Molina y Francisco Nieves, el diseño del recorrido fue concebido con la épica del ciclismo de antaño en mente, con carreteras estrechas y tramos de 'sterrato', otorgando a la prueba una peculiaridad y un formato diferente con respecto a otras competiciones de carácter nacional.
La prueba transcurrió por los términos municipales de Parla, Pinto, San Martín de la Vega, Morata de Tajuña, Chinchón, Belmonte del Tajo, Valdelaguna, Villarejo de Salvanés y Colmenar de Oreja, para concluir de nuevo en Parla.
La incertidumbre fue uno de los factores clave de la carrera, ya que resultó difícil que algún equipo pudiera controlarla por completo, lo que abrió la posibilidad a que no haya favoritos claros. Esta característica, junto con el desafiante trazado, prometió una carrera emocionante y llena de sorpresas para los aficionados al ciclismo.

La Klasika Primavera-Memorial Federico Martín Bahamontes nació con la intención de convertirse en un referente dentro del municipio de Parla y, en los próximos años, consolidarse como el ya tradicional Trofeo Chico Pérez, otra de las pruebas emblemáticas de la ciudad.
Para el concejal de Deportes de Parla, Javier González, es un honor realizar este memorial en homenaje a uno de los corredores que más ha marcado la historia del ciclismo español.
El Ejemplo de Superación de Juan Francisco Fernández
Juan Francisco Fernández es un joven ciclista que enfrentó la leucemia con valentía y determinación. Juanfran comenzó en el Club Ciclista Nieves de Parla y se formó como cadete en la Fundación Víctor Sastre, la escuela del padre del campeón español. Ahora, a su temprana edad, es ejemplo de superación.
“Esto lo consigues porque eres deportista, si no no das la cara”, le dijo uno de sus doctores. Y es que en un mes no ha tenido ni fiebre, ni vómitos. De tú a tú desde los primeros kilómetros es su estrategia. Aunque en la travesía no combate solo. Lance Armstrong ha querido formar tándem con él, se ha interesado por su estado y se ha puesto en contacto con él: “Hay que ser fuerte, de todo se sale”, le dijo en uno de los mensajes que le envió.
El Hospital de Fuenlabrada le dio cobijo tan sólo un día. A las pocas horas del diagnóstico, el Hospital Niño Jesús se convirtió en su nueva casa. Un mes y seis días por delante sin abandonar los pedales: “Me dieron permiso, era lo que necesitaba”.
“Si yo lo he conseguido, ¿por qué no lo van a hacer otros jóvenes?” Sin ir más lejos, en el hospital tuvo su primer pupilo. Tiene 13 años y cada bocado que probaba, su cuerpo no lo toleraba. Mientras, veía como Juanfran se alimentaba de yogures y pedaleaba en su bicicleta. Se está recuperando por lo que su vecino de habitación decidió mirarse en su espejo: comenzó a comer más y sin vomitar.
Como en el ciclismo, el detonante de su heroica recuperación es su carácter de luchador. Determinante: “Soy muy cabezota”, dice el ciclista al que le dieron el alta el martes a El Confidencial.
Parla es una de las decanas de las pruebas ciclistas en la Comunidad de Madrid.
Ana José Cancio: Una Voz Femenina en el Periodismo Deportivo
La imagen de Ana José Cancio (Guardo, 1960) es la de una periodista peleando, rodeada de machos alfa, dentro de la caverna más profunda de la prensa: la información deportiva. Desde cuando los pabellones de baloncesto tenían una densa humareda por el tabaco y señores como José María García se sentían amos y señores de lo que ocurría en el deporte español.
Cumple en 2023 cuarenta años de servicio en RTVE. Cuesta que ella hable de su carrera porque pocos profesionales han contado tanto de otros y tan poco de sí misma. Premio Lilí Alvarez en 2019 por su trabajo en favor de la mujer en el deporte, corredora y maratoniana militante, es una voz de la retransmisión deportiva y una documentalista de lujo.
Desde pequeña quería ser periodista, porque era algo que yo llevaba en la tripa. En Guardo viví hasta los dieciséis años. Era la época floreciente de la cuenca minera de la montaña de Palencia y Guardo está rodeado de minas de carbón, una central térmica y la fábrica de Explosivos Río Tinto.
Así que una rebelde como yo tenía ahí mucho donde pelear y compartir. Uno de mis primeros contactos con el deporte organizado fue en el colegio de monjas al que iba: las Montañeras de Santa María. Ahí tenías a las monjas subiendo con el hábito a la montaña.
Sobre todo, me tiraba la curiosidad. En mi pueblo siempre hacía deporte, el poco que había. Además, iba al fútbol con mi padre al Campo de la Estación. Con mis amigos jugaba al fútbol en lo que se llamaba el Campo del Bache y siempre me gustó el deporte y fui muy curiosa. En aquel momento no sabía por dónde, pero me gustaba observar, contar, y sobre todo aquellas historias que llegaban alrededor del deporte.
En abril del 83 me llamaron para cubrir tres meses porque coincidían dos o tres acontecimientos donde iban enviados especiales, Pedro González se iba a la Vuelta a España, y así me salió esa oportunidad. Ya desde la facultad decidí qué parte del periodismo me atraía más. Con la radio te lo tienen que contar pero además pones de tu parte, tienes la capacidad de imaginar.
En los 80 había pioneras, claro. En la emisión local de información deportiva había una mujer en Radio Popular de Bilbao y, en la redacción de RNE, exactamente lo mismo. Mi pasión como oyente de radio me enamoró de cómo retransmitía el baloncesto Luis de Benito.
Para que veas un ejemplo de cómo eran las redacciones de deportes en aquella época, Joaquín Ramos, jefe de deportes, pregunta quién quiere ir al Campeonato de Europa de motociclismo, en el circuito del Jarama. Levanto yo la mano y me dice que cómo voy a ir yo, que ya iré cuando haya un deporte de chicas, gimnasia o así. Y no me acreditó.
Es un paréntesis obligado porque, para conseguir la plaza me había presentado un par de veces a las oposiciones en Madrid pero, finalmente, la saqué para la emisora de San Sebastián. Me incorporé y pasé dos años y medio, muy duros, porque eran los años de plomo del País Vasco. Hice información general en RNE aunque metía cuñas deportivas en Diario 16 porque uno de los redactores de deportes, Oswaldo Menéndez, a quien conocía de Gráfico Deportivo, una revista que duró una temporada, recibía mis crónicas de la Real Sociedad.
Cubriendo la reunión estábamos en la cabina Miguel Angel Escamilla, yo con el inalámbrico por la pista y Santiago Peláez por los estudios. Mi objetivo era entrevistar a la entonces estrella canadiense, que venía con la intención de batir el récord del mundo de los sesenta lisos, cosa que no consiguió.
Fue alucinante, muy sorprendente. Ya había mucha seguridad aunque es algo que luego iría a más en cada Juegos. No te puedes imaginar un evento así en un país tan diferente al nuestro. Éramos un equipo de doce personas en un país en el que no entendías ni los indicadores de circulación.
Juan Manuel Gozalo, entonces jefe del equipo porque era la voz del deporte de RNE, me encargó cubrir lo que pasara por la Villa Olímpica a la que él daba mucha importancia. Iba allí a diario y te encontrabas con todos los deportistas, técnicos, fisios y médicos.
En 1990 me mandan sola a Italia. Tuve la suerte de vivir el Giro en que Gianni Bugno coge la maglia rosa en la primera etapa y la conserva hasta el final, así como la victoria de Eduardo Chozas en la etapa del Vesubio. Total, que me enamoré del Giro. Es una carrera brutal y la afición italiana al ciclismo es especial, vive todo con mucha pasión. También creo que las montañas y los puertos del Giro son más bonitos, menos pesados que los del Tour. Así que, de doscientos y pico periodistas acreditados, la única mujer era yo.
RNE nos daba unos coches para seguir la carrera, aunque el primer año alquilé un coche en Bari, pero luego tú te pegabas tres semanas trabajando en ruta hasta la meta en Milán. Además, tienes que ir moviéndote al mismo tiempo que la carrera.