Museo del Ciclismo Madonna del Ghisallo: Historia y Devoción

Si el mundo del ciclismo tiene una meca, un lugar al que dirigirse con una devoción casi religiosa, ese lugar es el santuario de la Madonna del Ghisallo. Ubicado en la cima de una colina de la región italiana de Lombardía, allí se ubica una pequeña iglesia del siglo XI que, a principios del XX, comenzó a ser frecuentada por los ciclistas locales.

En 1948, el papa Pío XII proclamó este oratorio situado a orillas del lago Como, en la Lombardía, sede de la patrona universal de los ciclistas. Desde entonces, han sido miles los aficionados a la bicicleta los que han coronado el puerto de Ghisallo. Algunos, para ir a rendir homenaje a la Virgen...

La iglesia de la Virgen de Ghisallo tiene una pinta muy rara. Y no porque el cuerpo principal tenga cierto aire bizantino, pintada de blanco con tres arcos de entrada y frescos, mientras que el torreón del campanario sea de piedra desnuda y tejado de pizarra, de estilo inequívocamente alpino.

Iglesia Madonna del Ghisallo

El Origen del Museo

Junto al santuario existe un museo ciclista en el que reposan toda clase de objetos relacionados con el mundo de la bicicleta que han ido depositando allí sus poseedores originales. De todo ello nos habla Lucia Rota, responsable de comunicación del Museo del Ghisallo.

Fue fundado en octubre de 2006 por Fiorenzo Magni, al que muchos definen como el León de Flandes o el tercer hombre. Un campeón, junto a figuras como Coppi o Bartali.

Y es que ya desde ese mismo 1948 empezaron a acumularse en las paredes de la nave principal bicicletas dejadas por campeonísimos de ese deporte. Los primeros en hacer una donación fueron Fausto Coppi y Gino Bartali, las estrellas más rutilantes de la historia del ciclismo italiano. Les siguieron otros muy destacados como Felice Gimondi o Francesco Moser.

Con el paso del tiempo, llegaron más objetos: por ejemplo, la bicicleta con la que Fabio Casartelli se mató en una horripilante caída en el Tour de 1995. Ese ciclista había nacido en la vecina Como. Al final la colección desbordó al templo, la Virgen parecía no tener lugar ante tanta cacharrería velocipedística. Así que en 2006 se abrió en un espacio anexo un museo del ciclismo al que fue a parar lo que seguía llegando.

El Museo del Ghisallo alberga bicicletas y objetos de todas las épocas del ciclismo. Suele organizar exposiciones temporales, conferencias y presentaciones de libros y documentales.

¿Qué hace especial este lugar?

Más allá del espectacular emplazamiento, todo lo que rodea al museo está dominado por el amor por el ciclismo. Por eso se le llama la casa de los ciclistas. Eso lo convierte en uno de los museos ciclistas más visitados del mundo. Y es importante recalcar eso: este no es un museo de bicicletas, sino un museo de ciclismo. Un lugar dedicado a los hombres y mujeres que han usado y usan el ciclismo en la vida cotidiana y en competiciones deportivas.

Y un sitio para dar a conocer a las personas que trabajan en el mundo de las dos ruedas: atletas, fabricantes, organizadores de carreras, ejecutivos de empresas, periodistas y otras figuras quizás menos conocidas pero igualmente importantes.

El Desafío de la Ascensión

No es fácil llegar a lo alto de la colina… El propio Magni declaró en su día que “subir a la colina de Ghisallo es realmente un desafío. Cuando uno ve el perfil de la iglesia y, hoy, el museo, siente un gran alivio. Especialmente para aquellos que, como yo, nunca hemos sido grandes escaladores”.

El puerto de Ghisallo es duro. Son 9 kilómetros de ascensión, en los que se ganan más de 500 metros de cota. La primera mitad es sin descanso alguno, luego viene un falso llano en el que los ciclistas pueden recuperar un tanto el resuelllo, pero solo para afrontar las rampas finales, que llevan hasta la puerta de la iglesia. Precisamente esta subida se incorporó al Giro de Lombardía de 1919 para endurecer la prueba. Se dice que los ciclistas subían unos días antes a pedirle a la Virgen que les ayudara en la competición.

Hablamos de que el gradiente total del ascenso es de 500 metros, con un promedio de alrededor del 8%, que alcanza el 14% en la sección más empinada. Incluyendo la sección plana, en el medio de la subida, el promedio es de alrededor del 5,5%. Los mejores profesionales suben a Ghisallo en menos de 20 minutos: Paolo Bettini lo subió en 19 minutos y medio en el Giro di Lombardia de 2005.

Mapa del ascenso al Ghisallo

Las Joyas del Museo

¿Qué es lo más especial del museo? ¿Cuál es la pieza más valiosa? No hay una pieza más valiosa que otra: aquí todo el contexto es especial. Pero ya que estamos en el año del centenario del nacimiento de Fausto Coppi, podemos decir que lo más especial de 2019 es la bicicleta con la que el Campionísimo hizo el registro de la hora en 1942. Por otra parte, aquí está también la mayor colección de maglias rosas del mundo gracias a un proyecto en colaboración con la Gazzetta dello Sport.

En el exterior de la iglesia hay varios monumentos, bustos y columnas conmemorativas. En el exterior, podemos contemplar los bustos de los históricos Coppi y Bartali, así como una estatua de unos ciclistas que nos saludan y nos invitan a entrar a un lugar que cualquier amante del ciclismo que se precie de serlo debería visitar al menos una vez en su vida.

Visitantes y el Encanto del Ciclismo

¿Cuál es el perfil de los visitantes de la Madonna del Ghisallo? Tenemos visitantes de muchas clases. Desde aquellos que viajan en bicicleta hasta los que eligen estas colinas para escapar de la ciudad, pasando por aquellos que desean saber todo sobre la historia del ciclismo. Este es un lugar épico para los coleccionistas y fanáticos de este deporte. En 2018 nos visitaron más de 10.000 personas.

Todo lo que rodea al ciclismo clásico emana un encanto especial, ¿El ciclismo moderno ha perdido parte de ese encanto? Conocer la historia nos permite mirar al futuro. Cuando hablamos de ciclismo, o simplemente de bicicletas, hablamos de la vida. Esta es la metáfora perfecta. Magni consiguió que este lugar preservara la historia con emoción y mirara hacia el futuro con serenidad. Muchos niños vienen a pasar varias horas aquí y luego se enamoran de este lugar. No son necesariamente campeones del mañana, sino hombres del mañana formados en los valores que representa el ciclismo.

La iglesia de Nuestra Señora de Ghisallo y el museo se hallan en la cima del puerto del mismo nombre, que pertenece al municipio de Magreglio. Lógicamente, la manera más adecuada de llegar allí es gozando sobre los pedales.

El Museo del Ciclismo abre todos los días entre marzo y noviembre, y en los meses invernales el horario queda a expensas de la nieve que se pueda presentar.

Todos los primeros sábados del mes de junio se efectúa la ceremonia de ascensión del Gigante del Tourmalet que sirve de pretexto para celebrar una gran fiesta del cicloturismo: la «Montée du Géant» en la que se trata de acompañar la estatua del Gigante los 30 km de distancia que lo separan de su domicilio invernal hasta sus cuarteles de verano en el Col du Tourmalet. Fue con motivo de esta deportiva manifestación en junio 2011, que contó con la presencia de grandes campeones ciclistas como Bernard Hinault o nuestro Miguel Indurain, para además rendir homenaje a Laurent Fignon, «el profesor», doble vencedor del Tour (1983-84) fallecido el año anterior, el 31 de agosto de 2010. En su memoria, esta celebración fue rebautizada como «Souvenir Laurent Fignon», ya que además siempre fue un gran embajador de Hautes-Pyrénées y porque en Pirineos fue donde llevó a cabo sus mejores actuaciones.

La escultura tendría que caracterizarse por elementos claramente reconocibles y relacionados con la figura de Marco, destacando el espíritu aventurero y heroico del Pirata en su terreno favorito: el ascenso extremo. Gracias a la aportación de Bianchi, el artista elegido dispondría de 10.000 euros para su construcción. El proyecto enviado por los artistas Michele Biz, Alessandro Broggio y Alberto Pasqual sería el escogido: una hoja de acero inclinada, fijada «cantilever» a una de las paredes en una de las curvas más exigentes del Mortirolo. Y en un pedestal la figura de Pantani, de forma tridimensional y con su postura más clásica y competitiva: de pie sobre los pedales, las manos en la parte baja del manillar y con su mirada buscando a los rivales que había dejado atrás.

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