Este artículo explora la multifacética realidad de la mujer japonesa, desde sus roles históricos hasta los desafíos contemporáneos que enfrentan en la sociedad actual.

Figuras Históricas y su Legado
Chotaro Kawasaki (1901-1985), dedicó gran parte de su obra a describir su experiencia como escritor en los 'barrios de placer' japoneses. En uno de esos relatos, introdujo a un personaje basado en el legendario director Yasujiro Ozu. Ambos frecuentaron y amaron a la misma geisha, Sakae Mori, durante casi una década. Los relatos de Kawasaki han adquirido estatura mítica, convirtiéndose en un documento fundamental para abordar la compleja personalidad del cineasta, hombre de éxito y también antagonista perfecto de Kawasaki.
Mil cosas por aprender: ¿Samuráis mujeres? ¿Samuráis de color? ¿Quién fue el último samurái? ¿Qué hacían los niños samuráis? El texto histórico se lee como una gran narración apasionante. Contenido avalado por especialistas en la historia de Japón.

En el mes de octubre de 1613, cuatro samuráis se hicieron a la mar con destino a México, acompañados de un sacerdote español que debía actuar como intérprete. El propósito de esta misión sin precedentes era negociar privilegios comerciales con el mundo occidental; a cambio, los misioneros europeos serían autorizados a predicar el cristianismo en Japón.
Salud y Bienestar
La historia de la artista visual María Teresa Aravena, conocida como Maritei, es un ejemplo de cómo Japón puede ser un refugio para la salud mental. Llevaba años con una depresión importante en Chile, gatillada en la pandemia. “Terminé en una depre muy profunda donde no veía mucha esperanza de vida, realmente pensaba: si me voy a morir luego quiero ir una última vez a Japón”. El amor por Japón ha atravesado todas las etapas de su vida, por eso cuando se vio al borde del colapso emocional, pensó como su último escape ese lugar que siempre le ha traido felicidad.
Catalina Jiménez García-Tello, otra chilena migrante en Japón, tiene mucha conexión con la de Catalina, no solo porque tienen casi la misma edad y las dos viven en Kawasaki, sino porque Japón ha significado para ambas una especie de bálsamo para su salud mental.
Enfermedad de Kawasaki
En 1961, Tomisaku Kawasaki describió en Japón al primer paciente que reunía los criterios diagnósticos que actualmente se conocen, sin llegar a un diagnóstico definitivo. Luego se presentaron nuevos casos y en 1965 se produjo el fallecimiento de un paciente por muerte súbita; Tanaka realizó la autopsia del caso, descubrió la presencia de trombosis en una de las arterias coronarias y fue el primero que sugirió una relación entre la enfermedad de Kawasaki y anomalías coronarias. En 1967 Kawasaki describió su primera cohorte, estableció los criterios diagnósticos y demostró la relación entre esta enfermedad y las anomalías coronarias (1).
La enfermedad de Kawasaki (EK) afecta a individuos de todas las razas y edades, pero 85% de los casos se presentan en niños entre 6 meses y 5 años de edad, con una incidencia máxima entre los 11 y 12 meses. Actualmente es la principal causa de patología cardíaca adquirida, tanto en los países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo, desplazando a la enfermedad reumática (2). La incidencia es variable; en Japón se producen 134 casos anuales por cada 100.000 menores de 5 años, mientras que en Chile sólo se describen 3 casos por cada 100.000 menores de 5 años (3). En la Fig. 1 se observa la distribución de la Enfermedad de Kawasaki en distintas zonas del mundo: Japón y la Polinesia son las zonas con mayor cantidad de casos por cada 100.000 menores de cinco años; en Sudamérica, sólo Argentina, Brasil y Chile poseen estadísticas confiables y la prevalencia es baja (4).

La EK es 1,3 a 1,7 veces más frecuente en el sexo masculino que en el femenino; la tasa de letalidad es baja, menor de 0,1%, aunque en algunas series inglesas se ha registrado hasta 4% de letalidad, habitualmente en pacientes varones cursando la fase aguda con compromiso coronario (4).
Caso Clínico
Se presenta el caso de una paciente de cinco meses de edad que ingresó el 17 de mayo de 2009 al Servicio de Pediatría del Hospital San Borja Arriarán de Santiago, Chile, por un cuadro de nueve días de evolución de fiebre alta (39ºC), inyección conjuntival bilateral no exudativa y diarrea, que en los primeros día se había catalogado como virosis y tratado con paracetamol y domperidona. Por sospecha de enfermedad de Kawasaki se solicitó ecocardiografía, que se realizó al día siguiente y demostró la presencia de aneurismas saculares en las arterias coronarias izquierda y derecha. Con estos elementos se confirmó Enfermedad de Kawasaki atípico e inició tratamiento con inmunoglobulina endovenosa en dosis de 2 g/k/24 h y aspirina, 100 mg/k/día.
Evolucionó con fiebre leve, intermitente hasta el 23 de mayo. El 22 de mayo la PCR fue <5 mg/L, la VHS aumentó a 109 mm/h y las plaquetas, a 975.000/mm3. El 25 de mayo el ecocardiograma mostró disminución de tamaño del aneurisma de la coronaria derecha y desaparición a nivel de coronaria izquierda, con electrocardiograma normal. Tres días después el recuento de plaquetas disminuyó a 727.000/mm3. La paciente evolucionó favorablemente y se dio de alta el día 30 de mayo.
Desafíos Laborales y Sociales
El mundo laboral para los jóvenes recién egresados de la universidad en Japón es muy competitivo, por eso Yoshiaki Nohara decidió migrar a los Estados Unidos para continuar su carrera de periodismo. Regresó a su país para documentar a una “generación perdida” que no tiene acceso a trabajos estables o seguridad social, y se relaciona con un fenómeno denominado hikikomori.
En 2015 se contabilizaron 3.4 millones de nipones de entre 30 y 40 años que vivían solteros y en casa de sus padres. En 2019 Nohara buscó a uno de los sectores más afectados por el estancamiento de trabajos, son los llamados hikikomori. Se estima que hay 613 mil de mediana edad, aunque se trata de un término usado para describir a los adolescentes que viven enclaustrados en sus habitaciones. Entre los que tenían más de 40 años, uno de cada tres, aseguraron en encuestas que su aislamiento era producto de los problemas para obtener trabajo al terminar la escuela.
Para los medios de comunicación, los ataques de este tipo son raros, y se aludió el crimen al “problema 8050”, una categoría para los japoneses de edad media que viven con sus progenitores. Kono embonaba perfecto en el perfil, un hombre de 45 años, desempleado que vive con sus padres.
Precarización Laboral
Yu Takekawa, revela que se trata de un mercado competitivo y sin crecimiento que precariza las condiciones laborales incluso de los más calificados. Takekawa es una escritora con maestría en literatura alemana y dos libros publicados, está desempleada desde marzo, sobreviviendo de sus ahorros y de las ayudas estatales.
En Japón, las empresas optaron por descargar los costos en los hombros de los nuevos trabajadores, ofreciendo contratos temporales, con menor salario y sin prestaciones. Estos empleos serán los primeros en ser liquidados durante la recesión y los primeros en recuperarse en caso de repunte de la economía. Así se crea un sector de trabajadores precarizados que hoy día representan el 40 por ciento de la fuerza laboral japonesa, y las mujeres fueron el 68 por ciento de este conjunto en 2019, Takekawa una de ellas.
Como contrapunto, en Japón existe el fenómeno llamado Karōshi, que es la muerte súbita por exceso de trabajo, provocada por la política de trabajo de las empresas donde promueven que el trabajador realice horas extras y evitar tomar vacaciones. Así, Japón es un reflejo del capitalismo salvaje en el que mientras unos no tienen trabajo, otros son explotados hasta la muerte.

Ser Mujer en Japón
Sobre cómo se vive siendo mujer en Japón, tanto Catalina, Maritei, Fernanda y Francisca coinciden en que la seguridad que se siente es insuperable. Y es cierto, Japón es uno de los paises más seguros del mundo, Tokio y Osaka de hecho están entre las 3 ciudades más seguras a nivel global, lo que convierte a Japón en un destino idílico para las mujeres que viajan solas.
Pero en términos de igualdad de derechos entre hombres y mujeres la cultura japonesa es muy distinta a la chilena. “Japón tiene una sociedad sumamente conservadora y, en mi opinión, muy atrasada en asuntos de género y feminismo” señala Catalina.
“Las expectativas que se depositan sobre las mujeres japonesas son aún espantosamente desiguales y opresivas en contraste con lo que se espera de los hombres japoneses. Los estándares de belleza son brutales: acá las mujeres son todas preciosas y flaquísimas, para estándares occidentales, pero ninguna mujer japonesa es suficiente para su contexto. Todas deberían ser más flacas, y si son flacas, deberían más voluptuosas o con ojos más grandes, el pelo de un color distinto, piel perfecta, ser más blancas. Acá no existe mucha diversidad de cuerpos. Lo “correcto” es tratar de no destacar demasiado, fundirte con los demás. Y si una mujer japonesa no cumple con algún estándar que se le imponga, se lo hacen notar todas las personas a su alrededor, no solo su familia o sus cercanos. Desde una amiga hasta un jefe le pueden decir “estás gorda”, o “estás flaca”, o “cuándo vas a tener hijos”. Yo lo encuentro violentísimo. Y las mujeres japonesas están socializadas para no responder, no enojarse, no defenderse. También hay expectativas super opresivas en torno al matrimonio y la construcción de una familia: si cumples cierta edad y no estás casada, te transformas en un fracaso para tu familia.
Existen normas sociales rígidas y expectativas tradicionales que pueden limitar las oportunidades y la expresión individual de las mujeres. Sin embargo, muchas mujeres japonesas están desafiando estos roles y buscando nuevas formas de vivir y trabajar.
Conclusión
La mujer japonesa es una figura compleja y multifacética, cuya historia y presente están marcados por la tradición, la innovación y la búsqueda de un equilibrio entre las expectativas sociales y la realización personal.