La movilidad urbana ha experimentado una auténtica revolución en los últimos años gracias a la aparición y popularización de los patinetes eléctricos. Este sistema de transporte eléctrico y sostenible está modificando la forma de desplazarse en el interior de las ciudades, reduciendo los atascos y acortando las distancias.
Sin embargo, la historia de uno de los pioneros en este campo, el Segway, está marcada por un trágico suceso. Jimi Heselden, un millonario inglés, empresario e inventor de distintos artilugios, murió mientras probaba uno de sus patinetes eléctricos al precipitarse por un saliente en pleno campo.
El empresario probaba el pasado fin de semana un nuevo modelo de los patinetes Segway, empresa de la que era propietario, cuando por motivos desconocidos se precipitó por una pendiente cercana al río Wharfe (Yorkshire), donde fue hallado por un vecino el domingo. Sin duda una muerte surrealista y absurda, más cuando el cuerpo fue encontrado a pocos kilómetros de la fábrica de Leeds, donde el empresario nació hace 62 años y empezó a amasar su fortuna.
Este accidente no fue lo mejor para la imagen de la compañía.
Antes de que un invento pudiera ser comercializado o mostrado en público, los creadores tuvieron que probarlos miles de veces. Por último, tenemos el caso de Jimi Heselden (1948 - 2010), quién era propietario de Segway, falleció mientras conducía uno de sus artilugios. Pero el creador de esta máquina fue Dean Kamen y no Heselden.
Su cuerpo fue hallado a cinco millas de la fábrica de Leeds donde hizo su fortuna hace unos años. Este invento fue el resultado de su experiencia como minero, trabajo que perdió en la crisis del sector en los años ochenta. Heselden compró este año el invento a su creador, Dean Kamen, quien presentó en 2001 lo que muchos llamaron el "patinete del futuro". Sin embargo, su precio, unos 5.000 euros, y la poca autonomía de sus baterías limitaron su difusión.
Sobre la peligrosidad del invento, la empresa siempre ha recomendado utilizar casco.
Cuando el_EXITO_se convierte en_TRAGEDIA: La_VIDA_y_MUERTE_de_JIMI_HESELDEN #JimiHeselden
El Segway: Un Intento de Revolución en la Movilidad Urbana
Este icónico medio de transporte trató de conquistar el mundo a principios del siglo XXI. Se trataba de una especie de patinete individual giroscópico, eléctrico, de dos ruedas laterales, con balanceo automático y aspecto futurista. Cuando lo presentaron en 2001, las expectativas fueron desmesuradas.
Detrás de este proyecto estaba el inventor Dean Kamen, que llevaba desarrollándolo desde los 90. Los rumores rodearon al diseño desde el principio, aunque nunca se llegaban a conocer detalles reales. El CEO de Apple, Steve Jobs, llegó a asegurar que las ciudades serían construidas alrededor de este método de transporte. El inversor John Doerr predijo que sería el producto que más rápido alcanzaría los 100.000 millones de dólares en ventas.
El revolucionario vehículo se presentó a finales de 2001. Aquellos primeros modelos podían alcanzar hasta 16 kilómetros por hora de velocidad. La expectación era tan alta que los 3 Segways utilizados en el evento se subastaron en Amazon, y alcanzaron un precio de 100.000 dólares cada uno.
Sin embargo, el optimismo solo dura unos meses, y pronto se dan cuenta que el éxito no iba a ser tan alto como esperaban. Contaban con vender 40.000 vehículos el primer año... y no vendieron ni 6.000.
Tenía dos problemas graves: el precio, ya que cada uno costaba unos 5.000 dólares, y la autonomía, muy inferior a lo esperado. Y una vez a disposición del público, surgieron más interrogantes: ¿qué pasa si llueve? ¿Dónde se puede dejar?
Mediáticamente sí tiene cierto éxito, y se puede ver, por ejemplo, al vicepresidente Dick Cheney recorriendo la Casa Blanca en un Segway, cuando tenía problemas con su talón de Aquiles. También alcanza un acuerdo con Correos, para que los utilicen sus repartidores, y con Disney, que lo tiene en sus parques de atracciones.
Si las cosas ya iban mal, todo se complica aún más por culpa de la seguridad, que siempre fue su gran déficit. Una imagen del presidente George Bush cayéndose mientras estaba de vacaciones en casa de sus padres no ayuda a la imagen de la compañía. Y solo 21 meses después de su lanzamiento, ordenan la retirada voluntaria de todos los Segway, por un problema de seguridad, reconociendo que, en ciertas circunstancias, sobre todo cuando la batería era baja, podía provocar caídas del conductor.
Los accidentes no eran excepcionales. De hecho, más de 9.000 personas al año resultaron heridas por estos patinetes, solo en Estados Unidos. Era un auténtico peligro en las aceras, teniendo en cuenta su peso, que superaba los 40 kilos, y la velocidad que podía alcanzar.
En 2004 las cosas se empiezan a poner realmente mal. Las ventas no logran remontar, y la empresa se queda sin dinero. Logra cerrar una nueva ronda de financiación, por valor de 30 millones de dólares, e hipoteca la fábrica.
En 2006 lanzan la nueva generación de vehículos, que resolvía muchas de las dudas de los usuarios, y además alcanzaba una velocidad mayor, de hasta 20 kilómetros por hora. Empiezan a fabricar modelos específicos para campos de golf y otros para la policía.
El momento más trágico para la empresa se vivió en 2010. Un año antes, Kamen había vendido la empresa a Jimi Heselden, un empresario británico que había hecho una fortuna con un invento alternativo para los sacos de arena que usaba el ejército.
Con los ingresos menguando y sin un plan de futuro, los herederos de Heselden vendieron la empresa, por 9 millones de dólares.
La aventura no empezó con buen pie, pues en su primera semana al frente de la compañía, Brown decidió acudir a su sede. Mientras recorría la oficina en un Segway, fue advertido por un trabajador: ir así por los pasillos, y sin casco, era peligroso, y no debería hacerlo. Brown no tuvo más remedio que decirle que era el dueño de la empresa, y que si quería, podía hacerlo.
Más allá de esta anécdota, Brown creía en la compañía. Contrató a nuevos ingenieros, buscó reducir los gastos de algunos de los elementos principales, buscó nuevos proveedores, renegoció los contratos de la empresa de baterías... Y funcionó.
En 2015, aprovechando el auge, vendió la compañía, por unos 75 millones de dólares, a Ninebot, una compañía china con la que tenía diversos conflictos judiciales, con acusaciones de no respetar las patentes y sus derechos de autor. Ninebot no solo compró la compañía, sino que invirtió otros 80 millones para potenciarla.
Sin embargo, la llegada de los patinetes eléctricos puso el último clavo en el ataúd de Segway. Ofrecían muchísimas ventajas para los usuarios, desde un precio más ajustado, más comodidad, menor riesgo o una mayor facilidad de uso. Si Segway vendió 140.000 vehículos en sus casi 20 años de vida... el patinete eléctrico vendió más de 1 millón solo en 2018. La batalla estaba perdida.
A pesar de la sensación de fracaso de un proyecto que estaba llamado a hacer historia y que se quedó en nada, se puede considerar que su legado sigue vivo. La nueva era de la movilidad urbana, donde bicicletas, bicis eléctricas y patinetes juegan un papel fundamental, bebe directamente de la profecía de Kamen y su Segway.

Jimi Heselden: De Minero a Magnate de la Innovación
Y es que Heselden tenía un origen muy humilde, y fue gracias a su buen olfato y a su excelente ingenio que consiguió cambiar su trayectoria de vida. Debido a mala situación económica de su familia no llegó a terminar sus estudios y a los quince años empezó a trabajar como minero.
En los años 80, el declive de la minería le hizo reconvertirse, como tantos otros mineros, y fue cuando Heselden empezó a estrujar su cabeza para empezar a vivir de sus inventos. La primera empresa que fundó, y la principal fuente de su fortuna era Hesco Bastion, en Leeds, una compañía de defensas bélicas. Empezó fabricando barreras protectoras y muy pronto el Ejército inglés se convirtió en uno de sus principales clientes.
Su talento le hacía plantearse las cosas y buscar para cada problema soluciones innovadoras y prácticas. Constantemente estaba a la caza de nuevos diseños y en 2001 quedó fascinado con el patinete eléctrico que el inventor Dean Kamen había ingeniado.
Heselden, ajeno a la desgracia que le esperaba años después, no lo dudó y no sólo compró los derechos del artilugio sino que se propuso perfeccionarlo convencido de que sería el vehículo del futuro. Por una vez, su intuición se estrelló, no solo porque falleciera en tan desdichada circunstancia, sino porque además el vehículo nunca tuvo el éxito que Jimi deseaba. Su elevado precio, unos 5.000 euros, la poca autonomía de su batería y en definitiva la falta de costumbre en el uso de este móvil son seguramente las claves del fracaso.
Por desgracia el patinete ‘Segway’ ha conseguido, y en un solo día, la repercusión que Hedelsen buscó con tanto ahínco.
Otros Inventores que Sufrieron Trágicos Destinos
La historia de la innovación está llena de inventores que arriesgaron sus vidas en busca del progreso. Algunos de ellos sufrieron trágicos destinos a causa de sus propias creaciones. A continuación, se presentan algunos ejemplos:
- Franz Reichelt (mediados del 1800 - 1912): Un sastre que falleció al saltar de la Torre Eiffel de París queriendo probar su invención, parecido al paracaídas que conocemos en la actualidad. Era su primer intento con el objeto, pero le había dicho a las autoridades que usaría un maniquí.
- Alexander Bogdanov (1873 - 1928): Un físico que ideó un experimento para rejuvenecer. Para ello debía realizarse una transfusión de sangre de una persona que padecía tuberculosis y malaria.
- Cowper Phipps Coles (1819 - 1870): Un capitán naval inglés que diseñó un barco al que le colocó el nombre de HMS Capitain en 1866.
- Marie Curie (1867 - 1934): La química y física polaca falleció de anemia aplásica, consecuencia de la radiación a la que se vio expuesta durante sus investigaciones sobre radiografías y radiactividad.
- Thomas Midgley (1889 - 1944): El ingeniero mecánico contrajo la polio y esto lo dejó muy mal herido. Esto lo llevó a diseñar un sistema de cuerdas y poleas para poder levantarse de la cama.
- Henry Winstanley (1644 - 1703): Falleció dentro de un faro que él mismo había inventado durante una gran tormenta.
